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Durante toda la diatriba me di cuenta de que mi Bestia estaba sumergida sin aguijonearme en ningún momento. También observe que el padre James se le iluminaba la cara cuando hablaba de la piedad y comprensión que había que tener con los campesinos que se esforzaban tanto para luego recibir una buena atención espiritual. Este hombre era sin duda una buena persona, y sus orígenes: huérfano educado en el priorato, que fue criado por monjes gentiles y humildes que le habían transmitido esa forma de ser y de sentir. Comencé a urdir un plan… tal vez podría funcionar…
Nació una relación de confianza entre nosotros, supe que si este hombre conseguía llegar a Prior dirigiría el priorato con sabiduría y de forma comedida, y que sería un amigo veraz en el que podía confiar. También noté que el se fiaba de mí desde el momento en que me vio tratar bien a su animal de carga. En el futuro siempre pude contactar con él para tratar cualquier tema que necesitará comentar.
Les ayude a sacar la rueda, tarea harto fácil con mi fuerza y se ofrecieron a llevarme en la dirección en la que viajaba, que evidentemente era la misma que la del priorato, aunque les dije que me tenía que desviar hacia el oeste antes de llegar. El viaje no hizo más que confirmarme lo vil que era el Prior y la buena fe de estos monjes que se esforzaban para que los campesinos sí tuvieran su reconfortable “alimento espiritual”. Me parecían ideas extrañas pero habían buenas ideas, aunque no comprendía de que servía tantas escrituras y palabras y luego se dejaba que mandará alguien cómo el prior… Pero las palabras de mi amigo Kievler venían a mi cabeza recordándome la engañoso y pérfido de este mundo.
Cuando divisamos el priorato me separé de los monjes deseándoles la mejor de las suertes:
- Subprior James no dudes que la verdad prevalecerá y se hará justicia… y antes de lo que piensas dirigirás estas tierras sin iniquidades de ningún tipo –le rece a modo de despedida.
- Dios te oiga Hijo Mío, y que el peso y la responsabilidad que nunca quise tener caiga sobre mí para que no se cometan más injusticias. Ve con Él–Sentenció.
Esperé a que se perdieran de vista escondido en el bosque y busqué al cuervo que había mandado antes. Cuando lo localice le pedí que me indicara donde se encontraba la mujer, aunque después de la charla con el subprior ya sabía donde era lo más probable que estuviera.
El cuervo se posó en la torre más alta del priorato. Una torre recientemente construida para darle al priorato el aspecto de fortaleza. Otro despilfarre del ego del prior. Sin perder más tiempo me puse manos a la obra. La torre estaba sobre la esquina más alejada del conjunto de construcciones, porque el plan del prior era dejarla justo en el centro de lo que sería “el priorato más importante de la zona” Cuando llegue allí me escondí en las sombras y estuve vigilando un buen rato. Después hice uso de mis poderosas disciplinas y mis ojos me permitieron comprobar con perfecta nitidez que sólo había dos guardias ebrios en la puerta principal, que de vez en cuando hacían la ronda alrededor del perímetro de la torre. El fulgor de mis ojos no llamaría su atención si el alcohol funcionaba tal y cómo Kievler me había explicado, y por ahora todo era cómo el me había dicho.
Esperé a que volvieran a pasar y puse mi plan en marcha. Dejé mi espada, las hierbas y los frutos silvestres que había recogido en un escondite dentro de un árbol y le indique al perro que le había inducido a que me siguiera que me esperará ahí. Mi sangre potencio mi fuerza y mi destreza. Las garras se extendieron a través de las uñas de mis pies y manos. Con mi fuerza excepcional me lance contra la piedra que cedió con facilidad ante mis poderosas garras y empecé a escalar a una velocidad vertiginosa. Sólo había una ventana y estaba tenuemente iluminada. La había visto al rodear la torre, pero yo escalaba cerca de un lateral para que no pudieran divisarme desde allí si alguien se asomaba y las sombras me daban cobertura desde el suelo, pues estaba todo muy oscuro, y seguramente los demás guardias también estarían ebrios tal y cómo me había dicho el futuro prior James.
Cuando llegue a la altura de la ventana, me encontré con que estaba cerraba. No tendría problemas para traspasarla pero primero me paré a escuchar. Oía unos sollozos y unos gritos de deleite… seguidos de chasquidos… los gemidos pertenecían a una mujer, y las risas a un hombre. La mujer sería sin duda quien buscaba como me confirmaba el cuervo posado en la cornisa de la ventana. Movido por la curiosidad me asomé con cuidado para que no me descubrieran. Vi una atroz escena. La chica estaba sin ropa en el suelo con la espalda ensangrentada mientras el prior llevaba un látigo que zarandeaba contra ella y tenía una expresión de frenesí asesino pintada en su rostro. Rápidamente me volví a escabullir y espere antes de echar otro vistazo.
Cuando miré habían variado de posición y el Prior me daba la espalda. Sin pensármelo dos veces introduje una garra por en medio de las dos ventanas y corte sin dificultad el pequeño pestillo. Potencie mi celeridad y entré casi al mismo tiempo que abrí las ventanas situándome detrás de su espalda antes siquiera de que llegará a sentir un escalofrío por el viento que había traspasado el umbral de la ventana. Mis garras ya no estaban en mi mano y usando de nuevo mi velocidad le atice con mis puños en el costado varias veces. Cuando cayó le volví a golpear asegurándome de que no le daba tiempo a girarse para verme la cara. Cuando acabo la escena tanto él como la chica estaban inconscientes. Sin perder el tiempo use las sabanas para crear dos correas que até a las cinturas de ambos y a la mía propia, dándole además vueltas por mi cuello y hombros. Bebí ligeramente del prior (y me di cuenta de que Kievler tenía razón, otra vez, al haberme dicho que la sangre de humano es más exquisita que la de animal) para recuperar fuerzas para la arriesgada tarea que aún me quedaba y comencé a potenciar mi fuerza de nuevo. Cuando los dos cuerpos que tenía colgados no eran más que dos bultos sin peso en mi espalda salí a la ventana y descendí por donde había venido.
Esperé a que pasarán los guardias pero no ocurrió, así que use mi velocidad para escabullirme de allí lo más rápido posible una vez me decidí a descender los últimos metros hacía el suelo. Cuando llegué al linde del bosque mi fuerza disminuyo y dejé el cuerpo de la chica junto al escondite de mi espada. Sin demora le aplique las cataplasmas que le cicatrizarían las heridas y le puse adormilera en la nariz para que descansará. La tape con un lecho de hojas y recogí el otro bulto que ya empezaba a despertar. Sentía que no quedaba mucho para el amanecer, por lo que debía darme prisa. Coloque al prior desnudo en medio del rellano y le di instrucciones al perro salvaje para que se escondiera detrás de un árbol grande que había a su espalda después de que el prior despertará y esperará nuevas órdenes. Así lo hizo y cuando el horrorizado prior vio el perro salvaje absolutamente quieto delante de él y vio cómo se metía detrás del árbol haciendo caso omiso de este se dispuso a levantarse. Aprovechando mi celeridad mágica aparecí delante de él desnudo, con las garras extendidas y los ojos con un brillo rojo, los colmillos con su máxima extensión y rugiendo en su dirección marcándolo claramente como mí objetivo.
Con un grito horrorizado intento escabullirse corriendo en dirección contraria pero le superé fácilmente y le corté el paso. Tapándose la cara cayó al suelo de culo y empezó a suplicar piedad y balbucir oraciones. Sin dejarle tiempo para que se recuperara, a parte de un manotazo sus manos, con cuidado de no cortarle con las garras. Y aumente mi expresión de monstruo mientras pronunciaba, con la voz amplificada por mi fuerza potenciada:
- Abandonarás está diócesis para no volver jamás y delegarás todas tus funciones y potestades en el subprior James. Quien se convertirá en el Prior James tras tu muerte… o abandono…
- No por favor… Dios bendito ayudadme… -balbució el hipócrita prior.
- Jajaja, Dios me ha enviado no para oír tus suplicas sino cómo última oportunidad para que abandones tu orgullo y soberbia y te conviertas en un penitente por el mal que has sembrado… o si veo, gracias a la poderosa visión divina de mis ojos más falsedades y mentiras en tu corazón… despedazarte con estas mortíferas garras que también me ha otorgado…- acto seguido use mi velocidad para golpear una piedra junto a las partes reproductoras del prior de las que saltaron chispas antes de hacerse añicos.
- No por favor… me haré monje y pediré perdón durante el resto de mi vida… perdonadme por favor… -sollozaba y comenzó a hacerse sus necesidad encima mientras pataleaba sin apenas poder contener las convulsiones de los gemidos.
- Dios te estará observando…
- ¿entonces me dejarás vivir?
- ¡¡¡¡Que Dios decida!!!! –grite abalanzándome sobre él.
Ante semejante espectáculo de colmillos y garras no me extrañó que intentara meterse bajo tierra. Fácilmente me escabullí saltando por encima de él y me escondí detrás del árbol grande usando mi velocidad. Cuando volví a capturar los ojos del perro le di instrucciones de que le guiará a través del bosque, evitando el mini campamento de la hija del granjero hacia el priorato, para después ir allí y vigilarla y seguirla hasta el anochecer (suponía que el perro no haría caso todo el tiempo, pero debía probar, al menos hasta que consiguiera uno ghoul tal como me había explicado Kievler). Acto seguido me sumergí en tierra. Esperé un tiempo que me pareció prudencial y me desperté conciente de que el amanecer era inminente. Cuando salí divise que el perro guiaba al prior hacía… ¿un caballo? Me quede muy sorprendido cuando de repente un oso enorme apareció junto al prior y lo agarro subiéndolo al caballo para acto seguido comenzar a difuminarse. Se convirtió en una cortina de niebla que empezó a perseguir al horrorizado prior quien huía agarrado al cuello del caballo que corría velozmente hacía el priorato. Cuando estuvo junto las murallas vi como la niebla se escabulló del asustado jinete para volver a toda velocidad hacía donde yo estaba. Se plantó junto a mí y comenzó a perfilarse una enorme figura.
-¡Kievler!- exclamé con una alegría que no pensaba poder manifestar después de una noche tan movida.
Su aspecto era ojeroso y tenía los pelos de todo el cuerpo crispados.
- Yo también me alegro de verte… pero he superado con creces mi límite de aguantar despierto… Quizás esté un tiempo durmiendo bajo está tierra tranquila así que no me esperes en el próximo anochecer… -dijo sonriendo casi por obligación.
- Has sido cómo un padre para mí… -y lagrimas carmesíes acudieron a mis ojos sin que pudiera evitarlo.
- Escúchame… cuando trates con demonios tendrás que comportarte como ellos… -asiéndome con sus enormes manos por los hombros me atrajo en un abrazo y dijo:
- Recuerda que la denominación de Caitiff es despectiva entre los arrogantes vástagos… -separándonos continuo- estaría orgulloso de que fueras mi chiquillo… y ojalá siguieras mi “camino”… estaré orgulloso si dejas tu cabezonería y te haces pasar por un Gangrel… y cuando te presentes ante alguien digas: Soy Jim, Chiquillo de Kievler… para ahorrarte humillaciones.
- Sabes que no mentiría salvo que fuera para salvar inocentes, y que buscaré la herencia perdida de mi clan… aunque siempre diré que mi mentor es Kievler, el Gangrel más grande que recorre el bosque…
Estas últimas palabras se perdieron en la neblina del letargo. Cuando desperté me despedí del lugar donde estaba enterrado mi mentor y me dirigí al campamento de la hija del granjero. Me la encontré tal y cómo me la esperaba: los frutos silvestres habían sido devorados. Estaba en una posición distinta a como se durmió la noche pasada y su respiración era rítmica. Se agitó y se despertó, era muy bella, a pesar de la suciedad que enmarcaba su rostro y sus manos recias pero pequeñas, y sentí un extraño deseo de poseerla que no había sentido nunca (o quizá sí y no lo recordaba) ella abrió los ojos y me sonrió
- He tenido un sueño de aventuras misteriosas en el cual el extraño del bosque que siempre nos protegía y tranquilizaba a nuestros animales por las noches venía y me salvaba de un malvado hombre y por fin nos convertíamos en protagonistas de historias de príncipes narradas por juglares hasta el fin de los días. Entonces comenzamos a abrazarnos y a realizar un acto olvidado por mí pero que sin duda practiqué antes de mi amnesia, pues sabía perfectamente que era lo que tenía que hacer. Antes de entregarme al juego de la pasión con ella recordé que su marido no estaba muerto y esto podría afectarnos así que la detuve suavemente y le dije:
- El nuevo prior James os ayudará en todo a ti, a tu hija y a tú esposo…- tras lo cual se detuvo en seco y levanto los ojos hacía mí.
Se quedó mirándome y se incorporó. Yo estaba esperando alguna reacción cuando terminó de anudarse la sábana a modo de vestido, se giró y dijo: ¿vamos?
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