|
Aquí tenéis la segunda parte de "El destino de Sundir". Espero que os guste, y sobretodo, decidme los fallos que hago!
Desde la batalla, Sundir no había dormido una sola noche, una sola hora, un solo minuto. Sus ansias de venganza y sangre no lo dejaban tranquilo. Su rostro estaba ya demacrado por la desesperación, dolor, y cansancio. No comía, no bebía, no dormía. No amaba ya la vida. Pero aun tenía una esperanza.
Decidió ir con sus doloridas piernas a ver a uno de los grandes sabios del bosque, al druida Thundor.
Thundor, de profunda mirada, nariz aguda y segura voz, imponía respeto. De él emanaba sabiduría y comprensión.
-Mi joven Sundir…que horrible maldición han pronunciado sobre ti! Me temo que nada puedo hacer para ayudarte. Solo te puedo decir una cosa: ve a lo más profundo y oscuro de nuestro amado bosque y medita. Aíslate del mundo exterior, y encuentra en lo más profundo de tu ser que mal te corroe. Suerte, y que Orión te proteja.
Sundir permaneció mudo, escuchando atentamente las palabras del sabio. Nada dijo, tan solo hizo una mirada de agradecimiento al sabio. Sin él saberlo, su recuperación había empezado.
A media que el joven elfo se acercaba a su objetivo, la luz dejaba paso a la oscuridad impenetrable, aumentaba la humedad y calor, el ambiente se hacía opresivo. No se oían ya las melódicas voces élficas, ni el alegre cantar de los pájaros. Los esbeltos árboles era substituidos por otros mucho más grandes, de corteza negra, antiguos y salvajes.
Centenares de extraños ojos observaban al intruso que osaba adentrarse en su territorio, donde hacía ya incontables años que no era pisada por pies élficos.
Pero Sundir no retrocedía, seguía avanzando. Aunque no tenía miedo, sentía un profundo respeto hacía aquel sitio desconocido para él. No lo quería admitir, pero le pesaba la soledad.
En intervalos regulares, oía extrañas voces, profundas y lejanas, seguidas de un ligero estremecimiento que recorría todo el bosque. Sin duda, se acercaba a su objetivo.
Y por fin, lo vio. Después de haber recorrido durante largos días el bosque, había llegado. Un gran tótem se alzaba en medio de un pequeño lago rebosante de luz. Al verlo, Sundir se alegró. Se acercó, se respaldó en él, y por primera vez en mucho tiempo, durmió en paz. Su curación estaba ya más cerca.
Durante su descanso, tubo un sueño. Una voz le habló:
-Bienvenido, Sundir. Te esperaba.
-Quien eres tu?
-Que importa eso? Acaso sabes quien eres tu?
-Yo…yo soy Sundir, defensor de nuestro sagrado bosque, Loren.
-Estás seguro? Acaso sabes de donde vienes, a dónde vas? Sabes que es lo que quieres de tu vida?
Sundir se tomó su tiempo para responder.
-La verdad es que no. No, no sé quien soy, ni lo que quiero hacer, ni porque existo. Yo no sé nada.
-Eso está bien. Y bien, sabes porque estás aquí?
-Si. He perdido las ganas de vivir, ya no siento nada. Nada me importa.
-Otra vez te equivocas. No te has dado cuenta, pero poco a poco vas recuperando tus emociones, sentimientos y sensaciones. Acaso no has estado agradecido a Thundor? No has sentido soledad en tu viaje? No te has alegrado al llegar aquí? No has dudado cuando te he preguntado quien eras? No es todo eso sentimientos y emociones? Tu corazón se está recuperando poco a poco, pero tu solo no lo podrás lograr. Yo te ayudaré.
-En verdad, si que me siento mejor. Dime, como me ayudarás?
-Ve a nuestro bosque hermano, el bosque de Skarloc, donde hay un pequeño lago igual que este. Estos son lagos “hermanos”, de gran poder, capaces de curar cualquier enfermedad. Pero separados son ineficaces. Así pues, viaja hacia el centro de Skarloc y llena un frasco de su agua.
-Y luego tendré que volver aquí, no?
-Exacto. Una vez hayas vuelto, llámame y te ayudaré.
-Pero, como te llamaré? Quien eres? Como te podré nombrar?
Entonces Sundir despertó. Todo había sido un sueño. Se levantó, fresco y descansado. Y vio a su lado un pequeño frasco de un puro cristal, transparente, casi invisible.
-O sea que ha sido real- pensó Sundir.-¡Entonces, adelante! El bosque de Skarloc me espera.
En el rostro de Sundir brillaba ahora. Su cara era alegre, y sus ojos llenos de esperanzas.
Ahora su destino le enviaba a su bosque hermano.
El camino era largo, pero lo lograria. Estaba dispuesto a todo.
Y Sundir empezó a correr.
Continuará.
|
 |