Desde el comienzo (I):De las dos primeras guerras |
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03-07-2003 19:51
Por: Darth Cable
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Este relato es el primero de una breve serie basada en el comienzo del mundo de mis relatos de la venganza del cazador. Cuenta la historia de la creación del mundo hasta el final de la Segunda Guerra y el castigo a los dioses.
En un principio el cielo y la tierra se encontraban mezclados. A aquella sustancia que ocupaba el espacio se le llamó Caos. Durante eones permaneció en ese estado, hasta que un ser, tal vez un dios, intervino y le dio forma. Primero separó tierra y cielo. En el cielo colocó las estrellas, los grandes astros y los planetas. En la tierra puso aguas, montañas, valles, volcanes, hielos perpetuos y así una larga lista de creaciones. Tras terminar tan colosal trabajo cogió once pedazos de barro y los moldeó a su imagen y semejanza. Al darles forma les otorgó la vida. Allí les habló, contándoles lo que se esperaba de ellos, y les dio poder para controlar el mundo y reformarlo como quisieran. El Creador se despidió y desapareció, pues su objetivo estaba cumplido, y ya nada lo retenía. Los dioses se maravillaron ante el espectáculo que suponía observar el mundo; pero, algo le faltaba para que en realidad fuese perfecto. Decidieron entre todos crear algo que diese vida al mundo y se maravillasen con lo que este ser pusiese en la tierra y en las aguas. Así los dioses concibieron a la madre naturaleza, en perfecta armonía con la Creación, liberó en el mundo a las plantas y a los animales.
Satisfechos con su trabajo, los dioses reformaron los cielos. Dieron un movimiento ordenado a los astros y a las galaxias, dispusieron los mundos en un orden perfecto, y por último, crearon un lugar desde el cual observarían por siempre el universo. El Reino Bendecido se llamó a aquella morada, y en ella residían los hijos del Creador. Se bautizaron con nombres a si mismos: Balzaum, Barauk, Atekementh, Pyros, Arqua, Terram, Ventum, Freum, Iorm, Zeraph y por último Gorath. De entre todos, Gorath era uno de los más poderosos y sabios. Pero con el tiempo, ambicionó demasiado la obra que había construido con sus hermanos, y trató por todos los medios de corromperla y dominarla.
Para ello, intentó enfrentar a sus hermanos entre si. Debido a sus mentiras y engaños, se produjo la Primera Guerra entre los dioses. Pyros, Arqua, Terram y Ventum, los cuatro dioses que más se habían esforzado para crear la naturaleza, se enfrentaron al resto de los dioses, pues creían que estos conspiraban para apartarlos de la Creación. Durante muchos siglos el mundo se vio sacudido por violentos choques entre las deidades. Los cuatro dioses engañados veían como sus poderes en el mundo eran muy superiores a los del resto. Finalmente se descubrió el plan de Gorath, y la guerra cesó. Los prolongados años de batalla habían consumido todo lo vivo; la naturaleza estaba al borde de la muerte. Los cuatro dioses se entristecieron hasta tal extremo que decidieron fundirse con la naturaleza, y con ella reparar todo el mal que habían causado. Aquello suponía el fin de su libertad y su existencia divina; pero eso no les importaba, así vivirían para siempre en el mundo que tanto amaban.
Había llegado el momento de decidir un castigo para Gorath. Esperaron a que el mundo se reparase para crear en la parte más lejana del mundo un inmenso abismo, en el que encerraron al oscuro dios por el tiempo de cuatro eones. En ese periodo, reconstruyeron el mundo. Gran parte de la tierra fue llenada con agua para tapar las inmensas grietas producidas tras la Primera Guerra. El Reino Bendecido conoció su etapa de mayor esplendor, pero no tardaría mucho en volver a llenarse de tinieblas. La pérdida de Pyros y el resto supuso un serio golpe para ellos. Por ello concibieron a cuatro seres, a los que dotaron de una infinita cantidad de magia. Les dieron los mismos nombres que a sus hermanos y un lugar en el trono que el Creador les había concedido.
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