Incursión vampírica |
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16-07-2003 19:53
Por: arkaninger
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partida de warhammer, imperio vs condes vampiro, 1500 puntos
Cuando el Sol se oculta bajo las montañas occidentales del Imperio, la gente de Hergig ya sabe que debe encerrarse en sus casas y atrancar las puertas, pues se exponen a que pequeñas bandas de no-muertos les ataquen e incluso les reconviertan en zombis o esqueletos andantes para engrosar sus filas.
Estos pequeños ataques suelen ser bastante aislados, pero de vez en cuando se producen incursiones mayores en las tierras Imperiales por parte de algún ejército no-muerto, por ello siempre suele haber unas pequeñas tropas de aguante en esa zona para resistir las embestidas nigrománticas.
Una noche del año imperial 2543, una Incursión Vampírica tuvo lugar en Hergig.
Uno de los vigilantes nocturnos de la ciudad atisbó a ver una avanzadilla de unos cuantos caballeros tumularios que, tras observar un rato las defensas de la ciudad, volvían unos cientos de metros sobre sus pasos.
Este hecho fue aprovechado por el vigilante para informar a las autoridades de la ciudad, que dieron la alarma para que las tropas que estuvieran cerca se personaran lo antes posible en el centro de la ciudad para preparar la defensa.
Entre las tropas que al rato aparecieron en la plaza se contaban un grupo de espadachines que se encontraban realizando un entrenamiento nocturno, unos cuantos alabarderos que estaban de guardia en la ciudad, unos pocos caballeros que marchaban hacia Altdorf, unos Grandes Espaderos que precisamente volvían de Altdorf y estaban descansando en Hergig… por suerte, muchas de las ciudades del Imperio cuentan tras sus murallas con un par de cañones o morteros para estos casos, y siempre hay algún sacerdote que reanima la fe en Sigmar en todos los pueblos, y algún valiente dispuesto a representar a su querida patria. También había un pequeño aprendiz de hechicero cuya mayor ilusión era encontrar un hechizo para evitar que los cadáveres pudieran ser corrompidos por los levanta-tumbas. Esta sería una buena oportunidad para practicar contra esos vampiros. Siempre suele haber en cada pueblo unos cuantos aldeanos que, sin ser soldados, cogen sus arcos de caza y salen a defender sus murallas.
Cuando se dispusieron las defensas en los límites exteriores de la ciudad (para evitar daños en los edificios), se vieron llegar incontables zombis, guiados por un corpulento vampiro, cadáveres reclutados por sin duda el nigromante que estaría al frente de todo aquello, y un buen puñado de caballeros tumularios, negras armaduras montadas sobre negras armaduras… dentro de ambas, se podían apreciar un montón de huesos.
Pocos fueron los que se percataron de la presencia del emisario oscuro en el bando no-muerto.
Era fuerte la fe en Sigmar de los soldados imperiales, pero más fuerte era el temor ante aquellas bestias recluta-cadáveres, por lo que a pesar de la lentitud de los muertos andantes, estos fueron los que tomaron la iniciativa en el combate, más aún teniendo cerca a sus líder inspiradores, tanto Nicodemus el Caido, famoso nigromante de los reinos no-muertos, como el vampiro neonato Lerthac.
La presencia sobre el campo de batalla del oscuro Erasmus Miradamuerte les venía bastante bien a la legión de no-muertos, pero no era algo que pareciera importarles mucho…
TURNO 1 CONDES VAMPIRO
La batalla se presentaba bastante cruel, por ambas partes, y eso se pudo observar en que todas las tropas de los no-muertos avanzaron sin pensárselo nada más llegar al campo de batalla. Erasmus Miradamuerte, el emisario que apoyaba a los no-muertos, intentó una jugada que hubiera supuesto, desde el principio, una tremenda ventaja para los vampiros, y es que en la mente de la dotación del cañón de salvas intentó crear la ilusión de unas abominaciones monstruosas, pero el hechicero imperial se percató del hecho y alzando la voz, leyó un pergamino que llevaba entre sus hábitos con lo que la energía mágica del emisario se dispersó.
Ante esto, fue el nigromante el que intentó resucitar unos pocos zombies ante el propio cañón, intentando evitar así que este disparara, pero al ser el comienzo de la batalla, no estaba lo suficientemente concentrado, por lo que el hechizo no surtió efecto.
TURNO 1 IMPERIO
Viendo que iba a ser una lucha difícil, Linus Torvalds, el famoso revolucionario de los sistemas imperiales, que se encontraba al frente de los Grandes Espaderos, mandó avanzar a estos, a la caballería (situada a su siniestra) y a los alabarderos que los apoyaban a su diestra, un pequeño grupo de 10 que intentaron simplemente servir de apoyo a esta tropa de élite.
Más a su derecha, avanzaron los espadachines dirigidos por el sacerdote, y los arqueros-cazadores que los acompañaban. Estos, mientras avanzaban, tensaron sus arcos y dispararon contra la unidad más cercana de zombis, derribando a uno.
Siguiendo su ejemplo, los arcabuceros apuntaron contra esa misma masa de cadáveres putrefactos, disparando todos a la vez… cuando se levantó el humo de los arcabuces, seguía en pie el mismo número de zombies, y los fusileros se miraron los unos a los otros a sus armas, extrañados por tan mala puntería.
El hechicero al parecer había gastado todas sus energías en dispersar el hechizo del emisario, ya que cuando intentó lanzar su propia magia, se dio cuenta de que los poderes le habían abandonado momentáneamente (disfunción mágica, resultado: 8)
La mala suerte parecía reinar entre las filas de los vivos, ya que al intentar disparar el mortero, los artilleros no fueron capaces de hacer que la mecha se encendiera (problemas, resultado: 4).
Esto no podía seguir así, y por Sigmar que no siguió. Después de tantos fallos en disparos, y con la suerte de que no hubieran tocado al cañón de salvas, era casi obligatorio para este causar bajas en la caballería tumularia. Y así fue. Dos caballeros cayeron a lo lejos, mientras seguían avanzando sin importarles.
TURNO 2 CONDES VAMPIRO
De nuevo avanzaron todos los no muertos, los caballeros haciendo resonar sus pesadas armaduras y los zombies con sus putrefactas porciones de carne cayéndoseles de los huesos.
Parecía que la batalla iba a decidirla la magia, ya que los hechiceros vampíricos no se cansaban de lanzar energías místicas, y el emisario oscuro lanzó un rayo de energía oscura que impactó de lleno en el destacamento de alabarderos, lo que mató a cuatro de ellos e hizo huir al resto. Como si de un duelo mágico se tratara, ahora era el turno del nigromante, que intentó invocar de nuevo unos zombies ante el Hellblaster, pero los artilleros, sumidos en el éxito de su anterior disparo, dieron buena cuenta de los que empezaron a salir, por lo que el hechizo no surtió efecto alguno (aparecieron 4 zombis y el mínimo son 5, por lo que no se hizo el hechizo).
TURNO 2 IMPERIO
Las oraciones que el sacerdote recitaba con clara y alta voz, fueron escuchadas tanto por Sigmar como por los alabarderos, que dejaron de huir y se decidieron a volver a la batalla, mientras veían como los espadachines, midiendo mal el terreno, intentaban cargar contra la unidad de zombies que lideraba el vampiro neonato Lerthac, pero no consiguieron llegar, por muchos rezos que el sacerdote guerrero implorara. Los que si llegaron a cargar contra los tumularios fueron los caballeros de la orden imperial del Lobo Blanco, que arrasaron con sus martillos de guerra destrozando armaduras y huesos, tanto de jinetes como de monturas. Las tropas a distancia del imperio seguían en sus treces, a ver cuál fallaba más disparos. Esta vez ganaron los artilleros del mortero, que olvidando que en el anterior intento no se encendió la mecha, introdujeron más pólvora de la que ya había, haciendo que este explotara (problemas, resultado: 1).
Por su parte, los arqueros y los arcabuceros mataron a 1 y 3 zombies respectivamente.
Nuevamente fue el macro destruyehombres por multitudinaria precipitación de plomo letal de von Meinkopt, también conocido como Cañón de Salvas, quien volvió a hacer estragos entre las filas de los caballeros tumularios, destruyendo esta vez a 4 caballeros más.
Lo que no se esperaba Erasmus Miradamuerte era que el aprendiz mago imperial le lanzara con tantísima fuerza y rapidez un hechizo que le plantó una explosión incendiaria en su propio cuerpo, que gracias a su espiral de protección, solo le causó una herida (deflagración infernal, fuerza irresistible).
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