Carnages |
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31-07-2003 01:06
Por: Kalisté
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Un torero en el ruedo; una actriz desorientada; una profesora asustada; una madre con secretos; una niña que tiene nombre de animal; un filósofo que es patinador artístico, una pareja que está esperando quintillizos; un taxidermista enmadrado... Todos con un nexo común: las partes de un toro.
La directora de la película, Delphine Gleize (29 años) ha escrito y dirigido numerosos cortometrajes, a pesar de su juventud, entre los que destacan "Sale battars" (1998), premiado en los festivales de Brest y de Angers, y que obtuvo el Premio César 2000 al mejor cortometraje; "Un château en Espagne" (1999), incluido en la Quincena de Realizadores, y "Les méduses" (2000), presentado en la Semana de la Crítica. En el año 1999 dirigió cinco cortometrajes en el marco de la operación Jóvenes Talentos organizada por ADAMI (sociedad para la administración de los derechos de artistas y músicos).
"Carnages", del que además de directora es guionista, es su primer largometraje. Gleize se inspiró para escribir el guión en sus propias experiencias infantiles: "De pequeña iba a verlas (corridas de toros) en vacaciones en Mont-de-Marsan. La primera vez que vi una me afectó enormemente, pero enseguida me pregunté a dónde iba el toro una vez muerto. Esta situación me interesaba, y lo que he hecho ha sido inventarme un destino. Me gusta el toro de lidia: es salvaje y al mismo tiempo está condenado de antemano". Tras acabar esta película se ha entregado a la tarea de escribir el guión de su segundo largometraje, "Lilly of the Valley", y está terminando una colección de relatos, "Le chemin des dames". El film del que ahora os hablamos, ha sido estrenado en España el 30 de julio y es una coproducción de Bélgica, Suiza, Francia y España. Fue estrenada en los países francófonos el 13 de noviembre de 2002, por lo que llevamos varios meses de retraso.
Argumento
Varias historias se entrecruzan en "Carnages": un joven torero en el ruedo que es cogido por el toro al que iba a matar; el propio animal que es despedazado y cuya carne va a Francia; una actriz que intenta descubrir el sentido de su existencia porque ha perdido la pasión; una profesora, cuya madre le esconde un terrible secreto, se cree espiada por una niña de cinco años que piensa que los animales son más grandes que ella. La pobre niña tiene nombre de animal (Winnie) y comparte habitación con un enorme dogo alemán con nombre de niño y corazón frágil; un filósofo se reconvierte a patinador artístico por la frustración que supone no poder ayudar a sus alumnos a aprobar la selectividad; una pareja que está esperando quintillizos deja de comunicarse y un taxidermista, hermano del feliz padre, recibe un regalo de su madre...¿Qué tienen que ver todas estas historias? Pues, no mucho: algunas se relacionan fuertemente con otras y otras no tienen nada que ver con ninguna. Es una relación meramente casual, en el que el azar tiene más que ver que la lógica.
La propia directora reconoce la complejidad de la historia: "Esta película es un prisma, y esto no quiere decir que sean cinco historias que van hacia una sola con algunos vínculos entre ellas. Más bien es una bola de cristal que movemos para ver el reflejo del otro, y poco a poco una sola historia aparece en el centro de la bola... No hay una relación de seducción con el espectador, sólo una invitación al combate, deseos de decirle que no me deje sola".
Reparto
Entre los actores hay que destacar a la estupenda Ángela Molina que hace un papel breve pero intenso en el que despliega su naturalidad y saber hacer. Pero, ¿cómo no va a ser buena actriz viniendo de la familia que viene y habiendo trabajado con Luis Buñuel en "Ese oscuro objeto de deseo"?, Ángela Molina más que interpretar, respira. La niña que interpreta a Winnie, Raphaëlle Molinier, primeriza, al igual que la directora, también demuestra una naturalidad fuera de lo común que bien le vendría al resto del reparto. Porque el resto del plantel, que cuenta con algunos nombres ilustres como Chiara Mastroiani, hija del maestro Marcelo Mastroiani, se siente algo perdido en la confusión del guión y de la personalidad de sus personajes. Aún así, suplen estas carencias con el saber hacer que proporcionan los años y el trabajo con directores tan ilustres como Robert Altman o François Ozon.
Conclusión
Resulta difícil saber qué decir de esta película, quizá que tanta carne de toro es indigesta. No sé si este malestar es causado por el excesivo metraje, las historias confusas y simples que pretenden ser complejas por su tendencia al absurdo o, simplemente, porque la película es francamente aburrida. Puede que lo que realmente pase es que a la directora y guionista, Delphine Gleize, le falte oficio. No todos los directores primerizos pueden hacer "Ciudadano Kane", y eso lo hizo Orson Welles, que además de ser un genio, no volvió a repetir una hazaña semejante. Por eso, no hay que desanimarse, y volver a intentarlo una y otra vez hasta que se consiga hacer una obra maestra; Quien piense que esto va con mala intención, piensa mal porque no es así. Así que no terminaré sin hacer hincapié en los buenos detalles de humor que hay hacia la mitad de la película y en un final bien resuelto. Si la directora¸ Delphine Gleize, sigue ese camino puede que en un futuro se haga un hueco entre las vacas sagradas del cine actual. Pero, por ahora, debe conformarse con este "tirón de orejas".
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