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Elvián en Las intrigas de la corte(VII)


Relatos de Fantasía

29-12-2003 10:36
Por: Gandalf_Mithrandir

El rey ha muerto asesinado, y todas las sospechas recaen sobre Elvián

Capítulo VII: Elvián, acusado



Al día siguiente, la reina Eranisha llamó con urgencia a la Guardia Real. Gelian se presentó en su puesto, con sus demás compañeros. La reina quería que fueran a buscar a su marido, pues la noche anterior no había acudido a sus reales aposentos, y eso era muy extraño. Se decidió ir primero al despacho de Brath, donde estaba siempre con sus cosas.

Cuando llegaron, el Capitán General se acercó lentamente y llamó a la puerta. Como no recibió respuesta, el hombre agarró la manilla del portón y lo giró. La manija rotó, pero la puerta no se abrió, lo que significaba que estaba cerrada por dentro. El Capitán volvió a golpear con más fuerza, mas seguía sin obtener respuesta.

Después de varios intentos fallidos, empezó a preocuparse por el estado del rey y ordenó a sus hombres derribar la puerta. Tras diez acometidas de los soldados, el portón cedió y cayó hacia dentro, provocando un gran estruendo. Poco a poco los guerreros, con su Capitán a la cabeza, fueron pasando al interior del despacho. Lo que vieron les heló la sangre en las venas.

La mesa de Brath estaba totalmente desordenada, con trozos de pollo desperdigados por su superficie y valiosos pergaminos impregnados de grasa. Estaba claro que allí había sucedido algo. El Capitán de la Guardia Real bordeó la mesa y vio la bandeja y la silla del rey tiradas en el suelo. A su lado había unas extrañas cenizas rojas, las cuales desprendían un hedor insoportable.

-Tú –dijo el Capitán a uno de los soldados, mientras se tapaba la nariz con el dedo índice y pulgar de la mano derecha-, ve a llamar a Astral. Aquí ha sucedido algo, y creo que él podría sernos de ayuda.

El guerrero asintió y salió corriendo del despacho de Brath. Alrededor de diez minutos después, el guarda regresó, seguido del viejo Mago. El Capitán se acercó al hechicero y le mostró lo que había encontrado. Cuando Astral vio el extraño manto de ceniza roja, sus ojos se llenaron de pesar.

-Lo que me temía –murmuró-, es el Veneno de Fuego. Me temo que el rey ha sido asesinado.
-¿Quién pudo haber hecho algo así? –exclamó el Capitán, horrorizado-, ¿y dónde está el cuerpo del rey?
-Eso lo descubriremos en su momento –respondió el Mago-. En cuanto a su cuerpo, me duele decir que esas cenizas son todo lo que queda de él.

Astral se acercó a penado al polvillo rojo y lo palpó con la mano. “Aún está caliente”, pensó, “, no puedo imaginarme lo que debió sufrir”. El anciano suspiró con tristeza y, mientras tocaba la ceniza, empleó sus poderes de vidente. Quizá contemplar lo último que había visto Brath antes de morir les ayudaría a resolver el enigma.

En su visión, Astral vio la buen monarca escribiendo los últimos versos de uno de sus poemas. En ese momento, Elvián entró en el despacho y le entregó la bandeja con su cena. Cuando el joven príncipe se retiró, Brath empezó a cenar y fue entonces cuando el resto del rey se convulsionó de dolor y cayó al suelo.

Astral contemplaba piadoso y horrorizado la visión. No se podía creer que Elvián hubiera envenenado a su padre, no tenía sentido. ¿Por qué hacerlo? ¿Por el trono? Y, ¿cómo había podido elaborar aquel terrible veneno mágico? No, en realidad tampoco era tan difícil. El joven príncipe había estado de vez en cuando en el laboratorio del Mago y, tal vez, sólo tal vez, había leído su libro de magia. Pero no podía imaginar a Elvián haciendo algo así.

Al pensar en la hechicería, su mente se centró en Zelius. Su arrogante aprendiz también tenía acceso al libro, y a él si que le veía capaz de algo así. A él y al príncipe Fleck, por su puesto.

Astral se volvió al Capitán de la Guardia Real y le relató lo que había visto en la visión. El hombre se mostró menos comprensivo y dudoso que el Mago y dio por sentado que Elvián era el culpable. El anciano calmó al Capitán y le comunicó sus preocupaciones y sus dudas.

-Está bien –accedió el hombre, refunfuñando-. Interrogaré a Zelius y al príncipe Fleck pero, si no encuentro nada sospechoso, me dio veré obligado a arrestar al príncipe Elvián.
-Estoy de acuerdo –dijo Astral.

Cuando el príncipe Fleck recibió la noticia de la muerte del rey Brath, se derrumbó sobre la mesa de la taberna donde se hallaba, sollozando. Por supuesto, el joven estaba fingiendo. Las lágrimas que se deslizaban por su rostro eran fruto de un polvo mágico elaborado por Zelius para la ocasión. El Capitán de la Guardia Real apoyó su enguantada mano derecha sobre el hombre de Fleck, intentando consolarlo. Sin embargo, Astral podía percibir algo extraño en el joven príncipe. No parecía estar realmente apenado.

 

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