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Un informe de batalla verídico a la vez que inaudito entre orcos e imperio.
Esta batalla fue jugada hace unos meses como preparación para un torneo posterior (en el cual quedé en semifinales). Me ha parecido que al ser tan asombrosa merecía la pena colocarla aquí. Siento no poder incluir los planos del campo y las imágenes que tiene el que hice originalmente, pero espero que os podáis guiar suficientemente bien con las explicaciones. Hasta otra.
¡Alla vamoz!
Fer: Bien, podríamos decir que con esta partida empieza mi camino hacia el torneo que jugaremos en Septiembre. Tal vez ahora los lectores estéis pensando cosas como “éste no sabe lo que le espera” mientras lloráis de la risa, pero comprended que de la ilusión vive el hombre y vosotros leéis esto cuando ya sabéis el pasado, pero yo lo escribo cuando no sé el futuro. Que Dios nos asista.
Una cosa que tengo clara en estas partidas de preparación es que ni por asomo voy a utilizar en ninguna el ejército que he diseñado para el torneo. ¿Qué queréis saber cuál es?
Pues aunque yo ya lo tengo totalmente pensado, me temo que tendréis que leer todas las batallas hasta que empiece el torneo, porque esta página del libro está muy poco numerada para revelar mis secretos en ella. Baste decir que es un ejército totalmente equilibrado y con el que he procurado tener opciones reales de victoria independientemente del ejército al que me enfrente. Con esto quiero decir que no hay necesidad alguna de probarlo, y que si pierdo probablemente sea por un error táctico absurdo o por (y esto es mucho más habitual) un saco de mala suerte. Y ante eso, ya puedo jugar tres millones de partidas de preparación.
Sin embargo, esto no quita que las partidas de preparación sean de eso, de preparación, y por tanto me he asegurado de que todas las unidades que utilizaré en el torneo estén presentes en una partida o en otra.
Realmente he ido más lejos, porque he colocado a lo largo de las batallas pretorneo a todos los tipos de tropa de los que dispongo en mi colección, incluso aquellos que llevan años condenados en el fondo de montañas de tornillos, como la vagoneta de ataque snotling o el caudillo orco en serpiente alada. Así cojo un poco de práctica con todo lo que puedo llevar algún día.
Por tanto, he realizado todas mis listas pensando en diferenciarlas lo más posible de la lista final, con el único fin de volver locos a todos mis adversarios (divertido, ¿verdad?). Sí, tenéis razón, tal como estáis pensando, la lista final es una lista lógica y equilibrada, y por tanto, me vi en un dilema al intentar diferenciarlas de ella. Y por tanto, ¡lo habéis adivinado! Decidí hacer ejércitos completamente basados en una idea extrema: proyectiles, combate cuerpo a cuerpo, miniaturas montadas, etc...
Con estas listas me aseguro partidas más divertidas y emocionantes, y al mismo tiempo me aseguro que probablemente perderé muchas de las partidas de preparación, porque flaquean de bastantes puntos. Sin embargo, no me desagrada la idea de que mis adversarios se confíen y se vean sorprendidos al final, donde verdaderamente importa. Además, todas las listas tienen posibilidades más que notables contra el rival al que se enfrentan, porque al menos en eso sí que me he fijado. Es decir, no he organizado un ejército de carros contra un ejército lleno de cañones ni nada por el estilo.
Bien, por cuestiones laborales y estudiantiles parece ser que mi primer rival disponible será mi querido amigo Lázaro. Esto no está mal, ya que así me lo quito de encima. Para los que no sepáis de lo que hablo he de aclarar que Lázaro me ha ganado al menos un 90% de las batallas que hemos jugado hasta la fecha. Nunca he sabido con certeza si es que Lázaro me tiene tomada la medida tácticamente o es que la suerte me abandona como el desodorante en esos días calurosos de partidas bajo el sol.
En realidad creo que Lázaro me gana, simplemente, porque tiene que ser así, porque lo manda el destino o porque es el elegido. A veces tengo la sensación de que Lázaro podría ganarme mientras se toma una coca-cola al tiempo que manda mensajitos a su novia y se lee uno de esos cómics obscenos que compra por su “calidad narrativa”. Pero es cierto que no me vendrá mal empezar por una prueba de fuego de este calibre.
¡Ah! Tal vez os estéis preguntando que lleva Lázaro. Pues está al mando de un ejército color gris y plateado del Imperio. Tal vez para cuando empiece el torneo haya pegado ya su cañón de salvas, lo espero con ansiedad. De momento, he de conformarme con ver como un montón de hierros apiñados que ni siquiera tiene peana me masacran cada día. Es bastante humillante.
Pero vamos al grano. De todas las listas estúpidas que tengo en mente, he considerado que las más adecuada para enfrentarse a Lázaro es la que se sostiene en los ataques a distancia. He llegado a esta conclusión después de pensar que el ejército de Lázaro siempre se ha apoyado sobre sus dos unidades de caballeros. Cuando Lázaro pierde a sus caballeros, acostumbra a perder la partida. Como todo el mundo sabe, los caballeros son tropas poco resistentes pero de mucha armadura, y que desde luego, hacen mucha pupa en combate.
Todas estas características hacen idóneo a un ejército plagado de cosas que atacan de lejos y que atraviesan las armaduras como al papel higiénico usado. Mi idea se ve apoyada por los sudores fríos que pueblan la frente de Lázaro cada vez que incluyo contra él un par de máquinas de guerra.
En realidad, si pensase con claridad, se daría cuenta de que si consigo una mayor potencia de fuego es sólo a costa de perder pegada en combate, y creo que esto puede aprovecharlo si avanza con su ejército como bloque (algo que casi nunca hace, y que por tanto, hará hoy sin duda).
A pesar de todo, es evidente que el espíritu orco me obligará a avanzar hacia el enemigo, pero intentaré hacerlo despacito mientras lo ablando con métodos más sutiles que los puñetazos (¿cómo una roca en la cabeza?).
Bien, todos los que hemos ido al colegio sabemos que lo único que no debe hacerse jamás en ninguna batalla es basar la estrategia en las máquinas de guerra. Tal vez puedan hacerlo los garbanzos peludos con sus todopoderosos garabatos luminosos, pero no cualquier otra raza. Como eso es exactamente lo que voy a hacer yo, no me cabe la menor duda que hoy mis máquinas de guerra decidirán que es un día muy adecuado para explotar, desviarse o no herir ni a los chicles que el enemigo lleve en las suelas. Esto tendría como resultado la aniquilación total de mi ejército, así que ya sabéis, no lo hagáis en casa. Es el riesgo a correr en los ejércitos extremos.
Vale, al organizar mi ejército sólo tenía una cosa en mente: disparar. Así que no lo dudé ni un instante. Mis dos opciones de unidades singulares fueron ocupadas por sendas catapultas lanzagoblins.
Ellas solas han aniquilado más de una vez a unidades enteras de caballería, y Lázaro las odia especialmente. Para no dejarlas desamparadas, las unidades especiales redondearon la artillería con dos lanzapiedroz y dos lanzapinchoz.
Lázaro iba a querer suicidarse antes de empezar (dudo que después siga con esa idea).
Es indudable que con tanto tirachinas en mesa, y en el utópico caso de que todas hiciesen bien su trabajo, podría acabar con una unidad completa cada turno. Esto no va a pasar, claro, pero uno se siente bien cuando lo piensa. Ya que mi ejército se mueve en torno a estos seis kacharros, los acompañé a todos con un ezpabilagoblins con el fin de dar un puntito más de liderazgo por si acaso.
Ante este despliegue artillero, probablemente Lázaro empleará su cañón en obtener de mis máquinas piezas para amueblar su nueva habitación, así que redondeé mi capacidad de ataque a distancia con la magia. Mis máquinas no podían perder el tiempo apuntando al cañón mientras los caballeros se acercan, pero esto es algo que sí se pueden permitir los hechizos. Mi comandante sería un gran chamán goblin nocturno.
Me gustan los goblins nocturnos porque disponen de setas de chamán que pueden llegar a ser decisivas provocando fuerzas irresistibles. Ya, provocan más disfunciones que fuerzas irresistibles, ¿pero eso qué importa?. Lo equipé con el baztón rugoso de Buzgob por si acaso me pasaba con las disfunciones (a veces la repetición de tirada te da hasta fuerzas irresistibles) y como opción de última hora lo equipé con las zetaz zombreroloko, por si los caballeros lograban acercarse con pocos agujeros en las armaduras a mis tropas.
Para apoyarle, incluí un chamán orco de nivel 2 con un pergamino de dispersión, ya que me causa mucha intranquilidad ir a las batallas sin ninguna protección de este tipo.
Aún me quedaba una opción de unidad especial, así que decidí empezar a formar mi “centro de batalla” para aguantar un combate que tarde o temprano iba a tener que llegar. 20 orcos negroz equipados con el estandarte del beztia de Nogg (+1 ataque a todos los miembros de la unidad una vez por batalla) harían a las mil maravillas este trabajo y proporcionarían mamporros a todos los desgraciados supervivientes de la lluvia que se acercasen demasiado. (Espero que no sean muchos).
Empecé mi elección de unidades básicas por una gran unidad de arkeroz. Esta vez los equipé con armadura ligera, ya que en anteriores batallas me los han matado sin darme opción a hacer una tirada de salvación. Probablemente la fallaría, pero lo cierto es que odio la sensación de impotencia que produce el no poder tirar ni siquiera.
Su función verdadera es, como los orcos negros, enfrentarse en combate a los que consigan llegar enteros, pero sus arcos proporcionarán algún disparillo más al ejército. Si consiguen hacer alguna baja con proyectiles, Lázaro acabará subiéndose por las paredes de frustración.
Incluí dos unidades de goblins nocturnos con tres fanáticos cada una. En cierto modo, los fanáticos son también una forma de ataque a distancia que ablanda al enemigo (y ablanda bastante) antes de llegar al combate. Incluí dos unidades porque sabía que Lázaro tendría exploradores que me sacarían a los fanáticos de una de ellas, y así al menos me aseguraba de que tres fanáticos por lo menos le darían quebraderos de cabeza. Lázaro lleva mucho tiempo amenazando con comprarse una unidad de herreruelos, y tal vez ya lo haya hecho, pero creo que éstos son demasiado útiles para que se atreva a sacrificarlos. De todos modos, si lo hiciera tampoco estaría mal acabar con ellos y llevarme sus puntos.
Una vez suelten los fanáticos, intentaré que los goblins apoyen por el flanco algún combate. Lázaro acostumbra a cometer el error de avanzar a todo trapo con sus caballeros dejando atrás al resto de su ejército, por lo que suelen quedar desprotegidos. Esta vez intentaré aprovecharlo. Incluso, llegado el caso, los goblins han demostrado ya que pueden aguantar una carga de caballería por el frente, siempre que no les caiga un proyectil de mortero en la cabeza antes.
Como opciones finales incluí dos unidades de jinetes de lobo que intentarían entorpecer el avance de Lázaro para dar más tiempo de machacar a mis kacharros.
¿Os ha gustado mi plan ultratáctico pre-partida? No importa, os aseguro que no va a salir nada tal y como os he contado, y probablemente Lázaro vuelva
a machacarme aunque yo haya preparado esta partida durante días y él venga ahora directamente de dormir la siesta. C’est la vie.
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