|
El primer juego Star Wars para GameCube, Rogue Leader es, además de un videojuego, un acontecimiento. Al placer de encontrar el ambiente de la célebre trilogía de Georges Lucas, se le ha de añadir el de la técnica: las capacidades de la consola están bien explotadas. ¿Será Rogue Leader el gran killer-app de la GameCube? No lo tenemos tan claro...
 |
Mario, Zelda y Donkey Kong no figuran
en la lista de los principales invitados de la nueva consola de Nintendo (de momento, claro) y por
ello resaltamos la ausencia de juegos insignia en la primera serie de juegos
GameCube, aunque hay que reconocer que Pikmin, Wave Race, Luigi y
Super Monkey Ball son títulos extremadamente cuidados y capaces de
responder a lo que esperan los primeros compradores. Este punto de vista es
necesario para explicar por qué Rogue Leader se ha convertido en el
estandarte de la GameCube, el juego que cualquier "cubista" tiene que
tener en su consola, y dirán algunos: "si no lo tiene querrá decir que no
ha entendido nada". Pero la pregunta es: ¿un "simple" shoot'em
up en 3D, creado por los autores de los míticos Turrican, puede
pretender conseguir el rango de juego estrella de una consola? Para algunos de nosotros, no. El juego
es bueno pero no excelente. Para formar parte de los "más grandes", como Halo
de Xbox o GT3 de PS2, el juego tiene que responder al menos a tres
criterios. Debe explotar perfectamente el nuevo hardware disponible,
el tema del juego ha de ser atractivo y la jugabilidad no debe tener ni un solo
error. Por muy brillante que sea, Star Wars no reúne todas estas
condiciones. Intentaremos demostrarlo.
El tema es atractivo ya que Rogue Leader es un producto
derivado de la saga Star Wars. Para el jugador, este aspecto es a la vez una
garantía de seguridad y un estímulo: está seguro de que va a encontrar un
universo que le gusta y de que se va a convertir en piloto en medio de los
combates espaciales más increíbles de la historia del cine. ¿Cómo se
puede resistir uno al placer de pilotar 13 naves diferentes, que van desde el X-Wing
de Luke Skywalker al Tie Fighter Advance X1 de Dark Vader? Sin contar con los no
menos conocidos B-Wing, Snowspeeder, Y-Wing, Twin-Pod Cloud Car, Tie Fighter,
Lanzadera Imperial, Naboo Starfighter, y el Slave 1. Cada aparato tiene sus
propias características, tanto en velocidad, resistencia y armamento, pero hay
que saber utilizar el modelo adecuado en función de la situación. La
lanzadera imperial es completamente inútil en algunas misiones si lo comparamos
con un B-Wing o un Snowspeeder mejor adaptados para misiones concretas.
Por ejemplo, el Snowspeeder es el único aparato capaz de acabar con los
cuadrúpedos AT-AT imperiales gracias a su arpón. Por suerte, cabe la posibilidad
de cambiar de nave en pleno vuelo en algunas misiones (sin tiempos de carga),
para tener más posibilidades de éxito. Todos los aparatos están perfectamente
modelados, con sus especificidades internas y externas: aerofrenos, movimientos
de las alas, tablero de a bordo, disparos de láser, etc. Todo este pequeño
mundo evoluciona en el ambiente Star Wars tradicional (primera
trilogía), sobrevolando planetas muy conocidos (Hoth, Tatooine, y la Estrella
de la Muerte) o combatiendo en el espacio: campos de asteroides, ataques a una
buena distancia de la Estrella de la Muerte... La escenificación es
magnífica y la impresión que da estar allí de verdad es asombrosa.
El universo lo conocemos muy bien, y lo hemos visto y
jugado en otras consolas. Y no es únicamente por el simple hecho de respetar el
ambiente de las películas por lo que Rogue Leader resulta atractivo.
También por el aspecto técnico; está claro que Factor 5, el desarrollador,
conoce a la GameCube como la palma de su mano y la domina a la
perfección. Ya sean los menús o el débil sonido de una bandada de
cazadores Tie que pasan a lo lejos... todo está pulido al máximo. Con ese
juego la GameCube demuestra todo lo que vale, con prestaciones que no tienen
nada que envidiar a las de los mejores juegos de la Xbox. Reflejos, bump mapping,
iluminaciones dinámicas, efectos de partículas... son sólo pequeños detalles
de una puesta en escena extremadamente brillante. Naves inmensas, campo de
asteroides denso y animado, suelo plagado de un montón de aparatos, al mismo
tiempo que los escuadrones patrullan por el cielo... El juego está continuamente
en movimiento lo que le da más autenticidad a la obra de teatro que se está
interpretando bajo nuestros ojos. La GameCube consigue hacer callar a todos
los que aún dudaban de su potencial. Como que el universo se ha respetado y técnicamente se la
hace justicia, Rogue Leader podría ser la estrella que quieren
hacernos creer si no fuera porque la jugabilidad podría haber sido un poco
mejor. Lo que nos lleva a hacernos la pregunta de si hubiera sido posible
hacerlo mejor en el universo impuesto por la licencia Star Wars. En términos
generales, el control es instintivo, Rogue Leader se juega como un Ace
Combat (de Namco en PS2). Pero se distinguen dos fases de juego: los
combates espaciales un tanto caóticos, y los ataques en la superficie, bastante
más conseguidos. En definitiva, si bien en las escenas espaciales, giramos y
giramos hasta perder el sentido de la orientación, las escenas en la superficie
ofrecen acción a menudo más variada: bombardeos, infiltración, enrollamiento
de cables, disparos en la grieta de la Estrella de la Muerte, etc. Aunque no
sean demasiado originales, estas misiones necesitan un mínimo de destreza y de
reflexión, ¡lo que es bastante más agradable que el disparo a lo loco! En
cualquier caso, este contraste entre las fases espaciales y terrestres es lo que
impide a Rogue Leader conseguir el estatus de juego imprescindible. El
ritmo entrecortado de las misiones (varios actos por nivel) y la diferencia de
sensaciones que puede haber de una escena a la otra, impiden que nuestro placer
sea completo. Sin contar con que, a pesar de las instrucciones que se
reciben antes de emprender el vuelo, a Rogue Leader le faltan
indicaciones y no es nada extraño tener que empezar el nivel varias veces para
conocer los lugares y el orden de las oleadas de enemigos. Esta es un
característica más que aceptable del shoot'em up puesto que alarga la
duración del juego. Star Wars Rogue Leader no es, sin embargo, un
vulgar shoot'em up tan simplista como para dejarlo cerrado en el armario
tan pronto como lo hayamos terminado. La progresión está dividida en 10
misiones principales en las que se analizan tus habilidades y saber hacer. En
función de tu precisión al disparar y del tiempo que tardas en cumplir con tu
deber, el programa te da una puntuación y te otorga una medalla (de oro, de
plata o de bronce), y para los que no son tan buenos... nada. Estos trofeos
aportan un cúmulo de puntos que permiten comprar misiones bonus. Como que la
dificultad es bastante elevada, acabar el juego al 100% demandará una buena
dosis de voluntad y de perseverancia.
Para acabar diremos que Rogue Leader es un juego de tiros en 3D bastante
convencional en cuanto a universo y acción, pero que destaca por su
realización brillante que constata las posibilidades de la GameCube. Apreciar
el juego es, pues, una cuestión de edad y de experiencia lúdica: los que
jamás han jugado a un shoot'em up Star Wars pueden ir corriendo a comprarlo,
¡disfrutarán de lo lindo! Pero aquellos que ya tienen muchas horas de
vuelo espaciales se preguntarán por qué se hace tanto ruido sobre un juego
más conseguido técnicamente que lúdicamente.
|