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La taberna de Rood


Batallitas

05-06-2002 11:25
Por: Elrohir

Ésta es la historia de cómo, en una taberna de Rood, el más inmundo lugar de Arthedain, los PJs se encontraron en serios apuros, y lograron escapar gracias a la ayuda de una astróloga que no dudo en dar la vida por ellos.

Grims el enano se levantó dolorido aquella mañana. Era evidente que el tabernero les había estafado cobrándoles, a él y a sus dos compañeros, 3 monedas de bronce por aquellas viejas camas. Era la peor posada en el pueblo más indeseable de todo el reino de Arthedain.

Grims despertó a Obarm, un cazador Lossoth del frío norte, y a la hermana de éste, Idraem, una astróloga con dotes de mando, y los tres compañeros bajaron al salón de La Jarra de Plata.

Desayunaron copiosamente y volvieron a la habitación para recoger sus cosas antes de partir. Debían hacerlo cuanto antes pues, desde hace dos días, los soldados del rey los buscaban por todo el reino porque le habían propinado una severa paliza a un influyente mercader, que les había estafado por unas pieles de oso. Ahora debían volver al norte antes de que los soldados diesen con ellos.
Pero pronto fue demasiado tarde para escapar, cuando bajaban las escaleras tres soldados del rey, acompañados por el detestable Troms, otro esquimal Lossoth que tenía un lejano pleito con ellos, aparecieron en el salón de la posada. No pudieron esconderse, todo fue muy repentino, y no podían volver a la habitación, el posadero, que se escabullía escaleras abajo, tenía ahora la llave.

Grims el enano hechó mano de su maza tan rápido como pudo, mientras Obarm el cazador se aferraba a su lanza como quien no tiene otra cosa. Bajaron al salón y al pie de la escalera les hicieron frente a sus perseguidores. El despreciable Troms los señalo y los tres soldados cargaron a por ellos. Bajo la maza del enano cayó el cuerpo mal herido de un soldado y la lanza de Obarm perforó el brazo de otro. Pero ambos quedaron mal heridos, el enano se limitaba ahora protegerse con su escudo de los envistes de las espadas, mientras Obarm solo podía mantener a sus oponentes alejados con la lanza. Entonces apareció el rayo de luz salvadora de Idraem la astróloga desde lo alto de las escaleras, que impactó sobre uno de los soldados, que quedo conmocionado en el suelo. Había quedado bastante exhausta y solo tenía fuerzas para otro rayo más. Eso lo sabía bien el despreciable Troms que, golpeando al enano con furia, se abalanzó escaleras arriba tras la astróloga.

Idraem se dio la vuelta y corrió, daga en mano, por el pasillo del segundo piso. Viendo una cerradura bastante gastada la golpeó con la daga hasta romperla, entró y cerró la puerta tras de sí con una cadena, justo cuando Troms la alcanzaba. Mientras Troms golpeaba la puerta intentando abrirla, Idraem movió una cama cerca de la venta y ató una sábana a una de sus patas. Agarró con fuerza el otro extremo de la cuerda y se lanzó por la ventana. Se dio un buen golpe, pero tuvo fuerzas para correr mientras Troms aullaba desde la ventana.
Pero algo le brilló en el corazón en aquel momento, no podía huir así, abandonando a su hermano y a su compañero enano. Y recordó cuando su hermano le salvó de las fauces del oso, o cuando, los tres juntos derribaron al troll. Todo el viaje hasta Arthedain había sido muy duro, no podía abandonarles ahora.

Volvió corriendo sobre sus pasos. Troms ya no estaba en la ventana. Entró de nuevo en la posada y vio a uno de los soldados tendido, inconsciente, en el suelo. Los otros dos soldados pateaban al enano, gravemente herido, y Troms golpeaba a Obarm con la espada. Entonces Idraem lanzó su último rayo contra uno de los soldados, que cayó al suelo calcinado. Sacó la daga y se abalanzó sobre el segundo en una acción totalmente desesperada. Pero la joven esquivó la espada del soldado y hundió su daga en el cuerpo de su enemigo. Pero cuando Troms atacó a la joven con la espada fue demasiado para ella. Solo dejó un leve en el aire quejido antes de morir.

Troms sonreía tras su victoria, pero no vio como el enano, tendido contra la barandilla, había sacado la ballesta de su mochila y le apuntaba. Cuando se dio cuenta fue demasiado tarde para él.

Malheridos, Grims y Obarm llevaron el cuerpo de Idraem a varias millas del pueblo, y sobre una hermosa colina, bajo un roble, sepultaron el cuerpo de la joven. Con ella se fueron su hermosa daga, su collar engarzado y su enorme valentía.

 



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