La Hermandad de Golksh |
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04-05-2004 14:32
Por: babilonia
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Una narración basada en una experiencia personal, un sueño y uno de los tantos relatos de Lovecraft.
La primera vez que escuché hablar sobra La Hermandad de Golksh tenía dieciséis años. Acababa de entrar a la Universidad Simón Bolívar, e iniciaba mis estudios de ingeniería, cuando uno de los alumnos próximos a graduarse, de nombre Andrés Fond, me habló de las reuniones secretas que se desarrollaban en los sótanos del edificio de Matemáticas y Sistemas, conocido como MYS.
Nunca supe a ciencia cierta el porqué este estudiante, con el que comenzaba a entablar una ligera amistad, me confió tal información que, tiempo después, descubrí como ocultista y antigua, más arcaica y primordial que los mismísimos cimientos de la humanidad. No diré que sus palabras sonaron creíbles a mis oídos desde el primer momento, pero debo reconocer que hallé cierta fascinación en todo lo referente a esa agrupación que, en las horas de la noche, y debajo de las narices de los demás estudiantes y profesores, se dedicaba a venerar los mundos de lo oscuro y desconocido.
Tiempo después, cuando mi amistad con Andrés se volvió más cercana y rutinaria, pude inferir que su revelación se debió principalmente a mis intereses por todo lo relacionado con las viejas civilizaciones, la magia, los antiguos dioses y la teosofía. Mis escritos basados en los famosos relatos de Lovecraft, mi amor por la hermosa e injustamente vilipendiada civilización babilónica, y mis estudios autodidácticos sobre cultos ocultistas, fueron la clave para que La Hermandad de Golksh y yo uniéramos nuestros caminos en uno solo. Unión que con el paso de los años se convertiría en una opresión interminable que incluso hoy sigue asechándome en lo más profundo de mis pesadillas nocturnas.
Fue el viernes 13 de enero de 1995 cuando, por primera vez, puse mis pies sobre la oscura sala de reuniones de la hermandad. Andrés, quien me había prometido interceder por mí ante la hermandad para lograr mi ingreso, me vendó los ojos y las manos tal como la tradición lo disponía, antes de permitirme el acceso al desconocido sótano. No recuerdo muy bien cuánto tiempo pasó entre ese instante, y el momento en que escuché los cánticos de bienvenida que la agrupación de adoradores de Golksh emite cada vez que una de las reuniones es iniciada, pero sí recuerdo con total claridad que descendí varios pisos desde la planta baja del edificio de MYS hasta el recinto.
Siempre sonrío al recordar el trayecto que tuve que descender, pues nadie en la comunidad universitaria, ni el rector, ni las demás autoridades, ni siquiera los arquitectos que diseñaron sus instalaciones, conocen la existencia de tal sótano que, incluso antes de que se habitara El Valle de Sartenejas y se convirtiera en un área agrícola para luego dar paso a una ambiciosa urbanización residencial, ya se erigía entre las numerosas cavidades subterráneas que aún persisten en la zona, y que en milenios anteriores habían sido utilizadas como vías por razas portadoras de poderes inimaginables, hoy desconocidas.
Sugestionada por diferentes relatos, mitos e historias ocultistas, esperaba que los miembros de la hermandad me sometieran a algún tipo de prueba o ritual que demostrara mi valía como potencial miembro; pero para mi desconcierto, después que una joven estudiante de física a la que había visto varias veces en el campus, desatara la venda que me cubría los ojos, todos los presentes alzaron sus manos en señal de aceptación, y otro miembro, vestido con una larga túnica negra similar a la del resto, pero adornada con runas plateadas en sus puños y cuello, se acercó a mí y me tomó por los hombros pronunciando el saludo que, desde ese momento, se convirtió en las dos palabras más importantes de mi vida: "Rhekja Nomuns".
El lugar en el que me encontraba lucía, por decir menos, siniestro. Era una habitación amplia, cavada en piedra roja que había sido pulida con extraordinaria maestría y que, contra las teas que brillaban con una luz vibratoria y lívida, parecía moverse de un lado a otro, danzando al ritmo de los cánticos bajos que brotaban de las cabezas encapuchadas. Lo que más captó mi atención y produjo en mí esa sensación de miedo y pánico contenido que casi me obliga a correr desenfrenadamente, fue la imagen que se levantaba como punto focal de la cueva. Una sombra antropomórfica que se elevaba de piso a techo, pintada con oscuros colores sobre la rojiza pared. La forma, que parecía a primera vista un hombre de aspecto implacable y diabólico, era en realidad la imagen de miles de hombres con rostros aterrorizados y torturados que, superpuestos de una manera bastante repugnante, resultaba en la amenazadora ilusión de un gran rostro de filosos colmillos de víbora e insipiente hocico atigrado, con la mirada de un predador hambriento, dispuesto a atrapar a su presa en el momento en que él lo dispusiera.
La mirada de aquella ilusión óptica fue más de lo que pude soportar. Aunque intenté calmar mi vista y posarla detenidamente sobre aquella maléfica obra de arte, no pude conseguirlo. La presión que aquellos ojos imponía sobre mí era tan intensa que, aunque no lo preví ni emití mentalmente ninguna orden a mis miembros inferiores, mis rodillas se alabearon y me vi postrada, sumisa, ante la imagen que despertó en mí un terror atávico.
Después de esa temible experiencia me tomé el tiempo para pensar en la manera de escapar de esa hermandad. Andrés, quien había tenido que ausentarse debido a una posibilidad de trabajo en Maracaibo, me llamaba por teléfono todos los días para discutir las visiones y sueños extraños que, según él, le eran develados por la imagen del sótano del edificio de MYS; y me anunciaba, con ferviente entusiasmo y esperanza que, cuando yo estuviera preparada para recibir el mensaje, los sueños se presentarían como el invitado que siempre anhelé.
Por un lado, mis miedos inundaban mi mente, incitándome a evadir a todos los miembros de la hermandad, haciéndome contar, con total consternación, los días que faltaban para el próximo día trece, fecha en la que se realizaban todas las reuniones.
Comencé a tomar caminos alternos del campus, poco frecuentados, para no correr con el riesgo de encontrar a Félix, líder de la hermandad y excelente estudiante de biología, o al reconocido profesor de termodinámica Víctor Bustamante, único no-estudiante miembro de la hermandad con el que, años después, me tocó realizar algunos trabajos de investigación, justo durante los meses de su inexplicable desaparición.
Sin embargo, no puedo negar que bullía en mí una curiosidad incontrolable, un deseo de inundarme cada vez más con esa corriente ocultista y plena de conocimientos que me hacía sentir tan especial y privilegiada. Era ese el deseo que me impulsaba a consultar los libros prohibidos de la biblioteca, disponibles sólo para los miembros de la hermandad y guardados en un pequeño cuarto de la azotea que se camuflaba como un simple almacén de herramientas.
Fueron muchas las horas que pasé en aquel pequeño centro de conocimiento de la azotea de la biblioteca, leyendo viejas legendas sobre civilizaciones más avanzadas que la egipcia, maya o griega que se habían establecido en tierras venezolanas en tiempos prehistóricos, y cuyo esotérico legado yacía oculto, tal vez para siempre, debajo de miles de kilómetros de tierra, roca y sedimentos.
La noche del lunes 13 de febrero de 1995 llegó más rápido de lo que esperaba. Feliz me había entregado la túnica ceremonial que todo miembro debe lucir durante los rituales, y las sandalias de cuero que debían atarse alrededor de las piernas hasta la altura de las rodillas para evocar las vestimentas de la antigua y desaparecida raza que había labrado la cueva. También me habían dotado con una pequeña cadena de plata, de la que colgaba un pequeño dije con forma de ojo de reptil. Era una especie de fetiche, pues los miembros solían tocar el dije, murmurando una serie de palabras ininteligibles que debí memorizar, para luego besarlo antes de penetrar la cueva; acción que, mecánicamente y por pura imitación, repetí.
Durante mi segunda visita a la cueva ?mi primera reunión formal?, noté pormenores de la arquitectura del lugar que no había detallado antes. Los pisos, por ejemplo, decorados con figuras abstractas que recordaban a los diseños de bacterias tan de moda en los setentas y finales de los ochentas, eran de mármol gris, muy pulido y suave, y en las esquinas se encendían fogones sobre pailas de metal que fulguraban con una luz rojiza, difuminándose en el similar color de las paredes.
En el centro de la habitación descansaba una gran mesa redonda con más de cincuenta puestos, de madera oscura y brillante, adornada con hermosos bajorrelieves que rememoraban piezas babilónicas o persas de exquisita belleza.
También admiré la poderosa imagen de Golksh, ahora ubicado a un lado de donde se me había sugerido sentarme. Aunque era la misma figura que había visto un mes antes, encontré un nuevo trazo en su diseño, un trazo que no desarmonizaba en lo más mínimo con la imagen global. Traté de concentrarme en el trazo para estudiarlo de manera individual. Pude notar que tenía una forma familiar, una silueta humana y femenina, conocida; pero me resultaba casi doloroso posar mis ojos sobre aquella demoníaca imagen, y pronto me vi forzada a desviar la mirada y poner mi atención en las palabras del líder.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Bien |
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02-07-2004 02:47 |
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Está bien, pero creo que te ha quedado confuso, como si en ningún momento de la redacción hubieras tenido del todo claro le que querías hacer. Aún así, como pasa en todo lo que he leído tuyo por aquí, resulta agradable de leer.
Un saludo.
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Oscuramente hermoso 2 |
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28-05-2004 03:07 |
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Perdón, quise decir «se deja leer con hambre», o sea, eso, pero puse «no se deja». Sorry, je, je
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Oscuramente hermoso |
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28-05-2004 03:02 |
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Hermoso. Aunque en la parte en que la chica es iniciada en aquel sótano, cuando se queda ante la imagen y todo eso, no me quedó claro qué pudo haber pasado después, es decir, hay un corte demasiado brusco. Suponiendo que es la primera experiencia de una chica normal en una especie de secta, experiencia que por lo demás fue bastante aterradora, como para desmayarse, me hizo cortocircuito no saber qué pasó inmediatamente después, que si violaron a la chica, que si le hicieron firmar un libro negro con su propia sangre, etc, por último, que de la impresión entró en un estado de shock y sólo despertó días después. Es una idea, pero una forma de solucionarlo sería que la misma chica contara que se quedó en blanco varios días, no sé. Pero el argumento, la idea, está buenísima, bien narrada, engancha y no se deja leer con hambre. Felicitaciones
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Muy bueno |
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08-05-2004 12:55 |
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no lo he termiando de leer peor me gusta mucho
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Muy bien escrito |
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05-05-2004 17:12 |
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Excelente escrito. Me agarró de principio a fin. Además, como también estudié en la USB, añadió algo de morbo el imaginarme todo ello en los sitios que tan bien conozco.
Felicitaciones, y sigue así!
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RE: Muy bien escrito |
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05-05-2004 19:13 |
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Gracias, Oscuridad. ¿De qué cohorte eres? Bueno, mejor me lo respondes por email.
Y gracias por leerlo.
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Ojo a los detalles |
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05-05-2004 16:24 |
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Me gusta mucho el planteamiento y el desarrollo. Lovercraft y Algernoon en estado puro. Pero deberías vigilar algunos detalles que se me antojan mejorables (a veces soy puntilloso)
- El punto de reunión está muy bien expresado pero me parece poco verosímil, sobretodo por la sensación de tamaño. ¿Algo tan grande oculto entre las narices de mucha gente y no se dan cuenta?
- Cuando explicas lavida de Bustamante lo defines como de "menos de treinta años". Pero unos párrafos más adelante dices "aún no cumplía los treinta y cinco" (sólo habían pasado tres años, así que se me antoja punto de posible confusión).
- En dos párrafos separados en el tiempo Bustamante comienza a hablar de las puertas. En cada uno da la sensación que es la primera vez que lo hace. Esto es otro posible punto de confusión).
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RE: Ojo a los detalles |
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05-05-2004 19:00 |
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Gracias por los comentarios, Alexgodmid.
Cuando digo que Bustamante no llega a los treinta y cinco lo hago como referencia para enfatizar que no debería verse y tan viejo, como de hecho lucía en sus últimos momentos.
El recinto es extenso, pero oculto bajo tierra. De hecho, cuando escribía, eso es uno de los aspectos que me parecieron más realistas, porque ese valle (El Valle de Sartenejas) está rodeado de mucha vegetación y hay muchos mitos... Que si se ven ovnis, que si hay pasadizos subterraneos, etc, etc...
Bustamante encuentra la ciudad; pero, años más tarde transita las escaleras hacia la puerta nodriza que se presenta como algo nuevo para él.
Gracias por leerlo.
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Excelente, hasta el final... |
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05-05-2004 11:39 |
Coincido con Akhul...Lovecraft va creando atmósfera hasta el final, que suele ser la parte culminante, y suele acabar con esa sensación paranoica de "me están buscando..." Tal vez deberías haber tratado con más detalle la muerte de Bustamante (¡que bien suena eso!  )para hacer más terrorífica la historia.. pese a todo, me ha gustado mucho mucho... excelente estilo.
Un saludo.
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RE: Excelente, hasta el final... |
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05-05-2004 19:03 |
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No describí la "muerte" de Bustamante, porque en realidad no murió, atravesó la puerta...
Quería dejar eso como una interrogante, por eso no aparece el cadáver...
Gracias por leerlo.
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Muy bueno |
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04-05-2004 21:23 |
Muy bien redactado, y excelentes descripciones (me gusta la adjetivación). Como te ha dicho Akhul, tiene un final ligeramente débil, pero sé perfectamente lo que pretendías. Supongo (cómo no), que habrás leído "El Grito del muerto", de Lovecraft. Tu final me ha recordado mucho a ese, aunque claro está más en lo formal que en el contenido. Me gusta intentar terminar mis relatos de esa manera, pero reconozco que es muy difícil. No obstante, has tenido la elegancia de no dar más pistas de las necesarias para que no se convirtiera en una intuición "semi-obligada" por el autor al lector.
Plas plas plas. Aplauso.
¡Salud!
P.D.: Perdón por el ladrillo.
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RE: Muy bueno |
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05-05-2004 19:10 |
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Gracias por leerlo.
Claro que he leído "El grito del muerto" y todos los relatos sobre el demente -o el genio- del doctor Herbert West.
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Hipnosis Colectiva |
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04-05-2004 18:07 |
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Sientes los ojos muy pesados... muy pesados... muy pesados...
A la cuenta de tres, donde dice "Feliz", leerás "Félix"... Uno... Dos... TRES!!!
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Otra vuelta de tuerca |
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04-05-2004 16:03 |
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Me ha gustado tu historia, pero creo que deberías haberla narrado de un modo más angustioso o haberle dado un final más explosivo. Si querías basarla sólo en la atmósfera, ésta debería haber sido todavía más opresiva.
No obstante, un relato muy entretenido y bien escrito. Un saludo.
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RE: Otra vuelta de tuerca |
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04-05-2004 17:35 |
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¡Esa es la foto de mi biblioteca! (snif, snif, --->babilonia se está secando las lagrimitas y sonándose la naricita<---)
Gracias, Ahkul. Esto lo escribí en mi etapa "quiero ser como Lovecraft, vivir como Lovecraft, oler como Lovecraft, etc...) Quería escribir un relato abordando un tema que siempre me ha entusiasmado; pero quería escribirlo con esa especie de calma aparente con la que Lovecraft escribe sus relatos. Ya sabes, como si ya estuviera muerto, a salvo, y escribiera sus recuerdos antiguos.
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