El Señor de Los Anillos |
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25-05-2004 19:14
Por: babilonia
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Un cuento oscuro sobre un alma opaca que se torna brillante, y un popular mito que se hace realidad.
"He visto al gato de una familia en el acto mismo de chupar el aliento de un niño, tendido sobre el pecho de éste, con una zarpa a cada lado de la boca del bebé, oprimidos los labios sobre la criatura, y el rostro del infante tan pálido como un cadáver, sus labios con la lividez de la muerte".
Dr. J. Long
Diario Nebraska State Journal (1929).
La madre de Teo siempre había sido una mujer muy sensata. Le había enseñado a su hijo buenas costumbres, excelentes modales y nunca se olvidaba de repetirle los mismos consejos que le había dado su ya difunta madre, treinta años atrás.
--Nunca aceptes nada que provenga de un extraño --le solía decir con total seriedad--. ¡Nada! ¡Ni siquiera una cosita tan pequeña como una hormiga! Y tampoco hables con ellos.
Teo, como todo buen niño, se había asegurado de que su infantil cerebro recordara las palabras de su madre, con la misma entonación imperativa con que las había pronunciado. Siempre que un extraño se le acercaba, el pequeño se ocultaba o corría junto a sus compañeritos del kinder, evitando en todo momento romper las reglas.
--Mami dijo que no debo hablar con extraños --se recordaba, obediente y correcto.
Durante los recreos en su colegio, Teo permanecía aislado, sentado en uno de los columpios rotos; ésos que los otros niños habían olvidado cuando instalaron los caballitos eléctricos y el tobogán. No era un niño popular. Los niños populares se sentaban con la niña de los rizos dorados para recibir sus besitos del día, o se ponían a jugar a las escondidas en los jardines detrás del manzano.
Tal vez fue por su aparente invisibilidad que Teo se sorprendió cuando aquel hombre se acercó a él, en pleno recreo, con una sonrisa que le recordaba a la comisura del hocico de un gato complacido al ver su plato de comida lleno. Aquel hombre, entre todos los niños del recreo, lo había escogido a él.
El extraño, un anciano vestido con una extraña bragueta de payaso, combinada en colores rimbombantes que captaron por completo la atención de Teo, se acercó hasta él, sin prisas, casi en cámara lenta, hasta aparecer por arte de magia a su lado.
--Hola, Teo --le dijo, con una voz que Teo reconoció como la de un gato (¡claro, si los gatos pudieran hablar!)--. ¿Sabes quién soy?
Teo negó torpemente con su cabecita.
--Soy El Señor de Los Anillos --respondió el hombre-gato, moviendo la cabeza con la melosidad de un felino que juguetea con su bola de estambre--. ¿Quieres uno?
Teo volvió a negar, recordando con claridad las palabras de su madre. Pero luego, otra voz apareció en su mente; una voz nueva, diferente a la suya y a la de su madre.
--Tómalo --le dijo la voz aterciopelada--. Si lo tomas, sólo tú lo tendrás y todos los niños te envidiarán.
El anciano extrajo de sus pantalones una cajita de madera que parecía demasiado pequeña para el gran contenido que había dentro de ella. La cajita estaba repleta de anillos. Anillos de oro, plata y bronce, similares a las joyas que la mamá de Teo le había mostrado en alguna tarde lluviosa.
--El oro vale más que la plata, y la plata vale más que el bronce --le había dicho su madre, enseñándole una joya de cada metal--. ¿Verdad que es hermoso el oro?
Teo observó los miles de anillos con los ojitos saltones, brillantes por los reflejos que tantos metales producían en sus retinas. El anciano, con un leve gesto, lo instó a elegir. El niño, algo inseguro, tomó un anillo de bronce, recordando las palabras que su madre le había dicho:
--El bronce no vale demasiado. Las conservo sólo por el valor sentimental que representan.
El anciano estudió al niño por un instante, admirando cómo la pequeña criaturita se colocaba en el dedo el anillo, el cual había encajado con tal perfección que parecía una extensión de su propia piel.
--Elegiste uno de bronce, ¿eh? --dijo El Señor de Los Anillos--. Eres un niño muy tímido --agregó con un guiño y, enderezándose con la agilidad de un felino, salió corriendo hasta la cerca del patio de recreos, saltándola como un animal de cuatro patas.
Desde ese día, Teo no se quitó el anillo. Lo llevaba puesto a todas partes, luciéndolo con orgullo, sin notar que iba creciendo con él. Sus compañeritos de clases dedicaron varios días a comentar sobre la brillante joya; pero perdieron el interés cuando instalaron un nuevo tobogán en el patio.
Era extraño, porque su madre, a pesar de haber tocado y visto el anillo mil veces, nunca parecía notarlo; y ese hecho tan inexplicable hacía que Teo se sintiera divertido, pícaro, como si rompiera las reglas sin que nadie lo supiera, como si el anillo fuese ese amigo de travesuras que nunca había tenido. Su madre jamás entendió las risitas de su hijo cada vez que lo tomaba de la mano --la mano que lucía el anillo--. Ella había asumido que su pequeño tenía muchas cosquillas en los dedos.
Pasaron los años, y Teo fue trasformándose, tal como cualquier niño. Pero en él había otro cambio que muy pocos dejaron de notar; un cambio que lo llevó de ser el niño en los columpios rotos, a ser el centro de atención de los jardines detrás del manzano.
Teo ya no era el pequeño solitario y tímido de antes; con los años se había convertido en el jovencito de las grandes ideas, de los mejores juegos, de las más altas calificaciones y el que más besos había recibido de los labios de la niña de los rizos dorados.
Hasta lo habían seleccionado para ofrecer, ante el resto de la clase, el discurso de despedida de su último año de colegio; justo cuando cumplía quince años de edad. Algunos escucharon embelezados, mirando al adolescente pronunciar su discurso con total elocuencia y seguridad, mientras su anillo destellaba con la luz del sol, casi tan brillante como la luz que el mismo Teo irradiaba. Parecía que toda su alma estaba a flor de piel esa tarde, expuesta a la vista de todos, casi tan próxima que cualquiera podía tomarla.
Aquí es donde la historia se torna confusa, pues el prometedor Teo, el chico de las mil oportunidades, pareció morir esa misma tarde. Toda esa luz que había irradiado por diez años se apagó, como si una aspiradora se la hubiese arrebatado, absorbiéndola desde sus entrañas.
Teo sólo recuerda una turbia imagen de aquel día. La imagen de un gato vestido de payaso que, parado en cuatro patas sobre su pecho, le aspiraba el aliento, ávido y salvaje, hasta dejar en él un hilo de vida delgado y frágil. Recuerda haber visto al gato arrancándole el anillo, ahora gris y sin brillo, y recuerda haber escuchado unas confusas palabras que hablaban de almas de bronce en total madurez, y del poco aliento que poseían. Pero también había escuchado una frase que se residenció en los oscuros rincones de su mente para siempre; una frase pronunciada por la inconfundible voz de un gato (¡claro, si los gatos hablaran!):
--Pero tu alma de bronce llegó a ser más brillante que cualquiera de oro --había dicho la voz aterciopelada; una voz que había escuchado el día en que se había puesto el anillo.
Si la madre de Teo tuviera ocasión de escribir la moraleja de esta historia, diría que nunca se debe aceptar objetos provenientes de extraños; o quizás, diría que no se deben tener gatos cerca, porque podrían quitarte más que el aliento. Tal vez diría que no hay moraleja y que todo fue un triste y lamentable accidente. Lo cierto es que la ya anciana madre de Teo no tiene tiempo para escribir historias. Consume todas las horas del día en cuidar a su hijo, quien, con el rostro tan pálido como un cadáver, y los labios tan lívidos como la misma muerte, permanece sentado en su silla de ruedas, recordando lo brillante que era su anillo de bronce.
Babilonia.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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ta bueno |
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02-02-2005 09:22 |
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ta bueno
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RE: ta bueno |
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02-02-2005 09:25 |
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ta bueno
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waw |
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25-01-2005 16:33 |
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wowowo!
¿De ke mineral sería mi alma?
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Me quito el sombrero!!! |
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22-01-2005 22:42 |
Sencillamente genial!! Da gusto leer algo tan bueno. Quizas se hacelere todo al final, o tal vez sea que no quería dejar de leer
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inhw |
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19-11-2004 22:15 |
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hjjjjjjj
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Excelente |
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12-11-2004 10:04 |
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Muy buen cuento, muy bien narrado, aunque pierde un poco de ritmo cuando todo empieza a irle mal al muchacho, pero aún así genial.
Un saludo.
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RE: Excelente |
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19-11-2004 22:14 |
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muy buno
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Muy bueno... |
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24-08-2004 10:42 |
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Estoy releyendo relatos antiguos ahora que tengo un poco más de tiempo y me ha encantado...gracias por compartirlo! ^_^
Me gustan mucho los relatos de miedo y creo que es un género que te apasiona y que... se te da muy bien. Ni una pega!
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Inquietante |
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12-07-2004 01:40 |
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Me ha gustado el cuento. El párrafo final ha sido un buen colofón, aunque la última frase me ha vuelto a recordar a ESDLA, y me ha mosqueado...
Un saludo.
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Bastante bueno |
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11-07-2004 15:39 |
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Coincido con jerjes en "y a partir de aquí la historia se vuelve confusa" esa frase rompe el ritmo metiendo a un narrador... por lo demás me ha encantado el relato, escribes muy bien babilonia, felicidades :P
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excelente |
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24-06-2004 13:46 |
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De verdad un relato excelente, como ya han dicho inquietante pero, si queris infundir miedo o algo similar creo que no lo has conseguido.
Aun así es sublime. Espero leer mas cosas tuyas, eres de lo mejor escriviendo en OJ,
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Precioso. |
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21-06-2004 18:31 |
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Resulta pasmosa la naturalidad con la que está escrito. No se si tendrá algún tipo de errata o algo, porque he sido transportado de la primera a la última línea como en un trance.
El argumento es bonito y con detalles surgiendo aquí y allá. Incluso al final, cuando creí que me iba a encontrar con una moraleja algo ñoña, me he llevado una grata sorpresa.
No dejes de escribir por nada del mundo.
Un saludo.
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Me ha gustado |
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12-06-2004 16:12 |
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La atmosfera esta muy bien conseguida, me ha enganchado desde el principio y es muy fácil de leer.
Solo constato lo que ya han dicho, el final me ha parecido demasiado "raro". Y el cambio de tono que hace el narrador, como sabiendo el futuro rompe la dinámica, por lo demás ¡genial!
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Gracias |
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13-06-2004 03:32 |
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Gracias de nuevo a los que se han acercado para leerlo y dejar sus comentarios.
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Bien hasta la mitad |
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30-05-2004 03:36 |
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En realidad muy bien. Personajes y ambientes bien introducidos y narración fluida.
Pero la frase "y a partir de aquí la historia se vuelve confusa" es desafortunada. Rompe el ritmo y crea confusión, introduciendo a un personaje narrador del que no sabíamos nada hasta ahora. El final tampoco está bien resuelto. Supongo que quieres que el lector se imagine los acontecimientos, pero al terminarlo, a mí me ha quedado la duda de si el protagonista está muerto, enfermo o inválido, o todo a la vez.
El caso es que creo que no escribes mal, y que merece la pena que revises la historia. El cuento es un género que se te está dando bien, así que sigue en ello.
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Muchas Gracias |
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28-05-2004 19:49 |
De nuevo, gracias por leerlo y dar sus opiniones.
Lo primero que se me ocurrió fue el nombre. Quise aprovechar la familiaridad del título y llamar al lector con ella (aunque después descubriera que no tiene nada que ver con Tolkien). Luego se me presentó la cita del inicio y se me ocurrió lo del gato-hombre. La verdad, la intención del cuento era dejar una especie de neblina detrás del supuesto mito de los gatos succionando el aliento. No quería ahondar en quién es El Señor de Los Anillos ni por qué succiona las almas, etc... Sólo quería crear un ambiente mágico y que el lector se creara lo demás a partir de la cita inicial.
Sí, claro que se pueden hacer mejoras. Todo en este mundo es mejorable. Creo que al final mi intención no fue completamente alcanzada, porque yo quería que fuese un cuento muy oscuro y macabro, más que lindo.
Gracias.
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Un bonito relato |
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28-05-2004 11:13 |
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Sí, de esos que considero mágico, con un desarrollo ameno, sin complicaciones. Es una historia que te hace soñar, muy visual por su "simplicidad" y a su vez te hace pensar.
De todos modos, quizás una mejora en el final no le vendría mal, algo que lo reafirmara en la idea que quieres transmitir, o quizás no, porque quieras que el propio lector lo interprete como quiera.
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No mola el título, |
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28-05-2004 09:39 |
... pero es lo único que no mola. Interesante, inquietante... Me ha gustado
Propicios días.
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Ameno. |
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28-05-2004 01:04 |
Coincido con Akhul en lo del título.
El texto parece que resbala al leer, llegas al final casi sin enterarte (y no porque no se entienda  )
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Me ha gustado |
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26-05-2004 14:56 |
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Los diminutivos me han roto un poco el ritmo, pero por el resto excelente
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