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Rescate (Capítulo 2.- Thalia, la hechicera)


Relatos

06-09-2004 13:36
Por: Criatura del Averno

El segundo capítulo de Rescate. Los cuatro compañeros ya han emprendido su misión, pero el viaje puede verse truncado por varios encuentros, entre ellos, la aparición de una misteriosa joven...

-Pues bien, nos queda un pedazo de pan seco, algunas nueces y dos pellejos de agua –dijo Durgin, un tanto deprimido.

Hacía ya nueve días que los compañeros habían salido de Hinnuvel. Tras inspeccionar el lugar donde Neigeborne había encontrado los escasos restos de la pelea en la que se produjo el secuestro, el grupo había decidido seguir la intuición de Kalos y viajar hacía las ciudades de los orcos, grandes poblaciones construidas sobre y bajo la superficie terrestre, en el interior de un espeso bosque, a unas tres semanas de viaje. Por desgracia, pese al racionamiento de sus provisiones, estas no llegaban ni de lejos a la cantidad necesaria para esta travesía. Y aunque Finzo, eternamente animado, aseguraba que pronto tenían que encontrar un pueblo, los ánimos de los demás aventureros estaban muy bajos.

Ahora era de noche, una hoguera ardía en el centro de un campamento improvisado, y Durgin revisaba las existencias de comida. Junto a la semidrow, estaba de guardia, mientras Pook y el mago dormían tranquilamente al lado del fuego.

-Nueve días sin probar una sola gota de cerveza... ni una gota.

-Tranquilo, enano. Finzo tiene que estar en lo cierto. Pronto encontraremos un pueblo.

Durgin suspiró y miró a su compañera. El reflejo de la hoguera sobre su piel azabache creaba una especie de luminosidad dorada, bastante hermosa, pero también un tanto siniestra. Su amistad con Tinieblas había aumentado desde que iniciaran el viaje, y ahora agradecía no haberle partido la cabeza con su hacha en el Gremio de ladrones. Finzo había hecho bien en detener la pelea, pues (el guerrero no tenía ninguna duda), ese había sido el fin de la estruendosa risa del mago. El gnomo era inteligente, y además, astuto como un zorro.

-Más nos vale. Porque como ese pequeño idiota se equivoque, nos moriremos de hambre... y de sed. Tengo la garganta más seca que un maldito desierto.

-¡Oh, vamos, no seas gruñón! –dijo Tinieblas, mirándole con esos ojos carmesíes-. Te podrás comprar un barril entero de cerveza cuando lleguemos al pueblo. Pero por ahora, de nada te servirá quejarte.

Ella nunca lo admitiría, pero casi prefería pasar hambre que llegar a una población. Pook, Finzo y Durgin habían aprendido a aceptarla como era. Podía hablar con ellos, al descubierto y francamente. Pero cuando se volviese a encontrar rodeada de humanos, tendría que volver a encasquetarse la capucha, mirar hacia abajo, y rezar por que nadie reparase en ella.

Neigeborne había pasado los primeros seis años de su vida encerrada en una choza de madera, sin que el sol pudiese brillar sobre ella. Su madre, que había sido violada por un drow, quería ocultarla, que nadie la viera, por el propio bien de su pequeña. Y un día... ¡No! No, no quería recordarlo.

De pronto, el agudo oído de la semielfa captó un sonido. Estaban acampados en una elevación, pero estaban rodeados por unos cuantos matojos y algún que otro árbol, y alguna criatura podía haberse acercado sin ser vista. Con un acto casi involuntario, las ágiles manos de Tinieblas echaron la capucha sobre su rostro.

Durgin ya había aprendido lo que ese gesto significaba. Agarrando con fuerza su escudo, y echando mano a su hacha, permaneció sentado, esperando que, fuese lo que fuese lo que la ladrona hubiese percibido, se acercase un poco más. Pero nada ocurrió. El sonido no se volvió a repetir.

-¿Estás segura de haber escuchado algo?

Como toda respuesta, Neigeborne se encogió de hombros. Estaba empezando a dudar. Nadie, ni siquiera Pook, se podía mover tan sigilosamente como para pasarle desapercibido.

Rekhar alzó su horrible cabeza. ¡Habían estado a punto de descubrirlo! Llevaba el puñal enfundado, ahora acariciaba su arco. Desde este ángulo, podría tirar sobre los dos centinelas sin problemas. Los mataría rápida y silenciosamente y luego degollaría limpiamente a los dos durmientes. El trasgo les seguía desde hacía dos días (desde que, por casualidad, escuchó la dirección que seguían los compañeros) y nunca había tenido una ocasión como esta. El joven espía cargó en su arco la primera flecha... un flechazo, rápido y mortal sobre la semidrow. Lo tensó con cuidado... el menor crujido, y el fino oído de Tinieblas lo descubriría. Rekhar apuntó... justo a la nuca. El golpe era mortal de necesidad.

-¿Crees que el Príncipe sigue vivo, Durgin? –murmuró la semielfa con un murmullo-. ¿Crees que podremos rescatarlo?

-Si sigue vivo, lo rescataremos –dijo el enano. La respuesta era, claramente, evasiva. Él conocía a los orcos y, si ellos habían cogido al joven, las posibilidades de que continuase con vida eran ínfimas.

El espía bajó el arco. En ocasiones, se odiaba, por no ser capaz de hacer este tipo de cosas. ¡Por Maglubiyet, esto era lo que se suponía que debía hacer un trasgo! ¿Por qué no había podido soltar esa flecha? ¿Por qué no podía matarles, así, sin más? Finalmente, Rekhar decidió renunciar. Dándose la vuelta sobre sí mismo, aferró con una mano la garra que colgaba de su cuello, mientras comenzaba a murmurar unos versos. Era un viejo objeto mágico, una herencia familiar. Lo sacaría de allí sin peligro de que lo capturasen.

Los dos compañeros se levantaron cuando escucharon un ruido a sus espaldas. De un árbol cercano brotaba una tenue nube de humo verdoso. Corrieron tan rápido como pudieron, pero cuando llegaron, allí no había nada. Sólo un árbol bajo las estrellas nocturnas.

-¡Nada! –murmuró, exasperada, Neigeborne. ¡Alguien había conseguido burlarla!

-No estés tan segura... –dijo Durgin-. ¡Mira!

Tenuemente tallado sobre una rama del árbol, alguien había escrito una inscripción en común. Apenas podía leerse, pues su ejecutor no se había atrevido a hacer ningún ruido al labrarla, pero fijándose (y gracias a su poderosa visión en la oscuridad), Durgin recitó con voz grave una frase:

"DESDE AQUÍ OS VIGILÓ REKHAR EL VALIENTE
QUE PUDO MATAROS Y NO QUISO"

Durgin miró a Tinieblas. Ningún comentario pudo ser más explícito.

-¡Vaya una guardia! –chilló Finzo, consternado, después de que lo despertaran-. ¡Podían habernos aniquilado!

No es fácil imaginar a Neigeborne sonrojada, pero lo cierto es que lo estaba, además de terriblemente avergonzada. Nunca antes habían burlado su vigilancia. Nunca antes la habían insultado de tal modo.

Pero si ella se encontraba mal consigo misma, Durgin no podía soportarlo. Se había sentado delante del árbol, frente a la inscripción, y no parecía reaccionar ante nada. Tenía las manos crispadas, apretando el mango de su hacha de tal modo que algunas de sus venas habían reventado, amoratándole el puño. La mano del escudo, literalmente, sangraba. Su rostro, habitualmente impasible, estaba rojo de furia. Los dientes le rechinaban. Su honor, su orgullo, habían sido pisoteados. Le habían humillado, un golpe físico le hubiese dolido mucho menos. Pero es que, además, el guerrero había reconocido la raza a la que pertenecía el nombre. Y eso... ese conocimiento... estaba apunto de acabar con su vida. Parecía que el corazón estuviese apunto de estallarle.

-Rekhar es nombre de trasgo –le dijo Finzo a Tinieblas, como si eso lo aclarase todo-. Los enanos los odian tanto como a los orcos. Que un trasgo se haya burlado de él de tal modo lo debe haber... bueno, puedes verlo tu misma.

-Me temo que necesita un buen trago. Espero que Pook traiga buenas noticias.

-Las traerá –dijo Finzo-. Hay un pueblo a solo unos kilómetros de aquí. ¿No dudarás de mí?

El gnomo nunca dijo por qué estaba tan seguro, pero lo cierto es que el mediano había partido para saber si sus afirmaciones eran ciertas. Ahora mismo, Pook recorría las planicies en busca de cualquier núcleo de población. Por desgracia para ellos, no tenían un mapa, y necesitaban un pueblo urgentemente, porque las provisiones escaseaban. Además, una noche durmiendo en una posada no le haría daño. Y un puñado de gente incauta con la bolsa fácilmente accesible, todavía menos, pensó el mediano.


Rescate (Capítulo 2.- Thalia, la hechicera)
Era un paraje más bien seco, sin más vegetación que algún que otro pino aislado y unos cuantos matojos que le arañaban las piernas. Pero unos cuatro kilómetros más allá, el mediano vio el correr de un río y supuso que, si había alguna población, allí debía estar. Y en efecto, al acercarse más pudo ver una aldea de ciento veinte o ciento cincuenta habitantes, no más, elevada en una de las orillas de la corriente. Bastante aliviado, dio media vuelta y corrió a avisar a los suyos.

-Durgin... ¡Durgin cálmate! –exigió Finzo, exasperado-. Mira ¡Pook vuelve! Y muy pronto, lo que quiere decir que yo tenía razón.

Poco a poco, el enano volvió la cabeza. Por la seca planicie, una figura diminuta llegaba a la carrera. Inspirando tan hondo como pudo, el enano se apoyó en el hacha y, como lo haría un hombre con el corazón roto, se levantó. Mientras tanto, el mediano llegó hasta la elevación.

-Un pueblo, al Este de aquí –dijo, mientras se esforzaba por recuperar el aliento-. No es demasiado grande, pero tampoco es muy pequeño y, como mínimo, lo sufientemente poblado como para encontrar una posada y con ella unas cuantas provisiones y una cama.

Finzo sonrió con una mueca que claramente quería decir “¡os lo dije!”. O quizá “¡comida!”, era difícil saberlo a ciencia cierta. A lo mejor simplemente sonreía. De todos modos, nadie le prestó demasiada atención, porque Pook estaba terriblemente emocionado, indicando por donde se iba al pueblo, y Tinieblas estaba tendiendo la mano a Durgin, para incitarlo a moverse. Pero cuando él la miró como si no la viera, ella lo agarró del brazo y tiró.

-No seas cabezota. El maldito trasgo me burló tanto de mí como de ti. Y tarde o temprano nos volveremos a cruzar con él. Piensa en eso, enano. Piensa en la paliza que le darás cuando lo encuentres.

Poco a poco, en el cerebro del guerrero se abrió paso la cordura. No recuperaría su honor quedándose mirando un estúpido árbol. Más le valía caminar y continuar con la misión que le habían encargado. Además, la posibilidad de un trago de cerveza en ese pueblo que había encontrado el ladrón era, cuanto menos, reconfortante. Y si alguna vez se volvía a cruzar con ese Rekhar... bueno, entonces le iba a enseñar quien era él. Por supuesto, Durgin no podía imaginar entonces lo equivocado que estaba.

Solo Finzo pensó en por qué un trasgo, una criatura cobarde y traidora por naturaleza, no les había robado y matado cuando tuvo la oportunidad. Barajó mil posibilidades, pero ni siquiera su privilegiada mente pudo concebir la idea de un trasgo compasivo. Eso no existía.

-Maldita cerveza humana, siempre está aguada –gritó Durgin, mientras trataba de mantener el equilibrio sobre el taburete.

-Pues quién lo diría, hombretón barbudo –murmuró Pook, que apenas podía levantar la cabeza de la mesa de madera-. Porque llevas doce jarras...

Los aventureros habían pasado gran parte de la mañana en la taberna, “haciendo tiempo” hasta que llegase la hora de comer. Es decir, Durgin y Pook, porque Finzo no era demasiado amigo de las borracheras y Neigeborne no se atrevía a mostrarse. Ambos estaban en cada una de las habitaciones que respectivamente habían alquilado. Estas no eran demasiado espaciosas, ni tampoco muy confortables. Estaban sucias y despedían un desagradable olor pero... ¡que demonios! era mejor dormir en una cama que entre las raíces de un árbol. Al menos, ellos tenían habitaciones. Porque solo había dos. De modo que Pook y Durgin tendrían que dormir en el suelo de la posada con una manta raída y, a ser posible, llena de piojos.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Me ha absorbido!!
10-06-2005 09:30
He leído esta segunda parte más sencillamente que la primera, quizá por el menor número de descripciones. Me encanta el modo en que vas hilando pequeños diálogos con retazos de acción.

Poniéndome un poco quisquilloso te diría que marcases un poco más los cambios de contexto para entender la primera frase del nuevo contexto a la primera, quizá con asteriscos o simplemente con un mayor espaciado entre párrafos.

Hay un par de momentos en los que alguna expresión tanto en narración como en diálogo me han rechinado un poco, pero la verdad es que la calidad general del texto diluyen esos pequeños fallos estupendamente.

Me he propuesto leer un fragmento por día y ya estoy deseando que llegue mañana para leer el siguiente, estos personajes y sus aventuras me recuerdan a cuando me leí la Dragonlance por primera vez, me encanta!!

   MU BEN!
08-09-2004 13:16
Esta mu ben la historia espero ue enseguida pongas la 3ª parte que a leeré en cuanto pueda. SALUD!

   Sin prisas, desde luego
07-09-2004 11:24
La historia va avanzando tranquilamente, bien narrada y sin exabruptos. Me gusta el ritmo que llevas y cómo se van consolidando los personajes. Todavía no hay nada especialmente sorprendente, pero es una magnífica adaptación de una aventura. Buen trabajo.

   Enhorabuena
06-09-2004 17:47
Sigues en la línea. Enhorabuena por el ritomo de narración y el conseguir que estemos pendientes de la historia. Sólo te recomendaría que marcases de alguna forma el momento en el que la narración cambia de escenario, así que daría nikelao (por ejemplo con asteriscos o cosas así).

Un saludo y a ver cómo se presenta la tercera entrega! :-D



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