Justicieros de la noche (I y II) |
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01-10-2004 09:37
Por: Selene16
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Aquí teneis la segunda entrega junto con la anterior ya completamente corregida a mi gusto. Espero que os agrade tanto como la primera.
Somos asesinos. Sí, es eso lo que somos y nada más. Es esta verdad quizá la única que he descubierto tras este lento errar sobre la faz de la tierra. Me encantaría poder cerrar los ojos y no volver a abrirlos más; dejar de sentir; morir al fin. Pero otra de las cosas que me ha quedado clara en este sinfín de días eternos es que es esa una quimera inalcanzable para nosotros. ¡Dios, ni siquiera se cuando fue la última vez que soñé algo! Quisiera soñar, imaginar en mi descanso aquella vida que dejé atrás, tan lejana ya... Y tan cercana a mi corazón sin embargo. La alegre y sencilla muchacha que fui, mi inocencia y brío perdidos, esa fuerza sin nombre que me envolvía como un manto protector, que cambiaba aquello que tocaba. No obstante todo esto quedó extraviado en el tiempo y ahora solo soy una mera sombra de lo que fui antaño.
Mi leyenda comienza tanto tiempo ha que muchos de los detalles los he olvidado así que perdonadme si paso por alto alguna nimiedad. ¡Ja! ¿Minucias? ¿Qué es la vida sino un cúmulo de detalles más o menos importantes? En fin, trataré de poner en orden mis pensamientos para afrontar de una vez por todas aquello que he tratado y quizá logrado relegar a lo más recóndito de mi alma.
La sangre, ¡oh, sí!, ella es la verdadera protagonista de mi historia. Esa oscura y resbaladiza amiga que me tiene hechizado el ser, y es que la oigo latir allí donde voy. Sonido embriagador y salado. El hálito se me escapa tenue y ronco cuando la presiento cercana a mí. La sed, siempre la sed, tan eterna como yo misma. Pero aquella noche, aquella nefasta y oscura noche en que todavía no podía oírla y por ello no me obsesionaba como ahora, en el cuerpo de un anciano detuvo maliciosamente su marcha. Su corazón sencillamente paró. Y fue este el comienzo, el detonante, de una serie de sucesos que quisiera no haber vivido. Él, ese anciano, mi padre, mi amadísimo padre, murió. Su alma se elevó entre los vapores del incienso y las beatas oraciones de vecinas y cotillas, se detuvo enredado entre las sábanas que cubrían los espejos, sonrió a mi ausente y abatida madre, dirigió su mirada al cielo y sonriéndome en un guiño (que solo yo comprendí) nos abandonó para siempre yéndose a fundir con sus adoradas estrellas.
- Ha fallecido.- Murmuró el doctor en un tono que pretendía respetar las hipócritas oraciones que elevaban unas falsas plañideras a un dios sordo.- Lo siento.- Concluyó recogiendo sus útiles y saliendo lenta y silenciosamente de la habitación, como un ladrón, como el criminal que había matado o dejado morir, al menos, a mi padre.
Fue entonces cuando lo vi claro pero esperé, me contuve un poco más aún había que todavía quedaban sicarios en la habitación.
- No te angusties hija mía.- Inició el párroco en un tono que creía condolerte y que en realidad denotaba un profundo aburrimiento.- No temas.- Prosiguió la farsa.- Tu marido está ahora en un lugar mucho mejor.- Los sollozos de mi madre ahogaban, asfixiaban, el ambiente enrarecido de la pequeña habitación. Quería irme, desaparecer, que la tierra se abriera en dos y me tragara para no tener que seguir escuchando mentiras de boca de aquél charlatán, los lloros interesados de esos buitres negros que acudían a la carroña, a mi madre y mi hermana convulsionándose sin lágrimas en los ojos como en un carnaval grotesco.- Porque Dios es justo y misericordioso y Él en su infinita sabiduría mandó a su hijo a morir por nosotros en la cruz.- Satisfecho consigo mismo continuó el sermón.- Dios...
- Dios no existe.- Musité.
- ...es amor...- Exponía el sacerdote.
- Dios no existe.- Repliqué algo más alto que la vez anterior.
- ...y acogerá en su seno...- Sostenía inmutable el religioso.
- ¡Dios no existe!- Grité.- ¡¿Es que nadie lo entiende?! - Quería hacerme oír. ¡Oh, sí, aquella vez me escucharían! No continuarían aseverando algo que era tan perfectamente mentira.- ¿Qué dios todopoderoso, misericordioso y amoroso mandaría a su propio hijo a morir en la cruz?- No permitiría que el clérigo, aquel político con sotana, engatusara a mi impresionable y débil madre.- Si Él existiera mi padre no habría muerto hoy, así pues: Dios no existe.- Zanjé. Todo entorno a mí había trocado su color por el más absoluto luto: las velas escondían su candor y brillantez tras oscuros y pesados velos negros, mi madre había envejecido al menos quince años, mi hermana se había marchado sin remedio, su juventud, simplemente, se había esfumado, ya no continuaba la pantomima de aquellas curiosas y chismosas pues ahora me miraban con incredulidad, boquiabiertas como peces que esperan una bocanada de aire fresco, el párroco, amedrentado tras tamaña sarta de blasfemias, encogido en el pequeño sillón de casa esperaba lívido el seguro castigo divino, persuadido por entero de que este no tardaría en llegar en forma de rayo, plaga o catástrofe de algún tipo que me borrara de la faz de la tierra para siempre para siempre, para que enterrara en las profundidades del infierno a este alma impía. Pero el rayo no llegó, esperé y los segundos se escurrieron entre mis dedos pegajosos y lentos como la dorada miel. Viví.
- Bien.- Dije saliendo rápidamente de mi mutismo.- ¿Veis?- Afirmé rotunda, ya completamente convencida.- Dios no existe.- Tras estas últimas palabras dirigí mis pasos a la puerta principal de mi, hasta entonces, casa. Sin volver ni una sola vez la vista atrás.
- Hija.- Escuché una voz vacilante, ahogada, sofocada, exhausta, la de mi madre, pero ya no me detendría.
Vague sin rumbo durante horas seleccionando fríamente, como tanto tiempo atrás, la forma más rápida y fácil de morir, porque era aquello lo que me esperaba ¿no? ¿Qué mejor manera de reunirme con mi padre? Y recordé todo lo que había acontecido aquella noche y entrelazados a estos recuerdos llegaron otros muchos, más agradables y sin embargo ahora tristemente dolorosos. Suprimiendo con esfuerzo estos postreros me concentré en los sucesos de aquel principio del fin.
Y es como si el tiempo no hubiera pasado desde entonces. Lo evoco con total nitidez, cual si en este preciso instante viviera una vez más aquello que me trato de ocultar.
“¡Palabras, palabras! Se ahogan en mi pecho y no ven la luz del día. ¿Tan difícil es lograr aquello que pretendo? A mí no me lo parece. Apenas un cuchillo, una ventana o un balcón, demasiadas pastillas, un golpe certero en el cráneo, cruzar temerariamente una calle, cortar unas delicadas muñecas... Ver alejarse la vida y abrazar con fervor la muerte, besarla dulcemente en los labios y hacerla tu amante perpetua. Te arrancará el corazón, me susurran, te arrancará el corazón, me cantan, te lo arrancará y se lo tragará. ¿Y qué? ¿No es eso lo que ansío desde hace tanto tiempo? No lo consigo y me desespero. No es valor lo que me falta sino lo que me sobra. ¿No es un desafío acaso el vivir cada día? Un reto que me está calcinando el alma y agostando el cuerpo.”
“¡Tantos son los que huyen de, mi pretendida amante! Y otros tantos los que no lo consiguen y yo que busco desposarme con ella soy firmemente rechazada una vez tras otra.”
Estos, mis amargos pensamientos, que se alzan con torpeza y débilmente tropiezan, se tambalean al igual que mis trémulas piernas. Me hacen caer. “Es posible que esta vez ya no me levante”, se me ocurre con indiferencia. “Ahí, tendida en la calle, me encontrarán algún día y no sabrán mi nombre ni me procedencia, ni quién fui ni nada sobre mi persona y no les importará lo más mínimo. Ya no queda nadie que llore a muertos ajenos.”
Presiento un magnetismo, una fuerza que me obliga a levantarme. Aturdida me incorporo con lentitud, observo la angosta y mal iluminada callejuela en que me encuentro. Mis vacilantes pasos me han llevado a una sucia calle de París, nadie transita por ella y no obstante me siento atemorizada, en peligro, todo mi ser trata de advertírmelo. “¡Corre!”, me insta. “¡Corre y no mires atrás!”. Pero sabe que la carrera está perdida de antemano así pues se yerge en toda su estatura y entre desafiante y sumisa mira pausadamente la noche esperando el fatal desenlace de tan siniestra situación. “¡Vaya!, al parecer la que tanto anhelaba se ha dignado visitarme”. Me digo fría, sardónica, triste; dejando traslucir una media sonrisa que no es más que una helada mueca de desprecio hacia mi propio temor y ese sentimiento, ese afán que me niego a reconocer, ese natural instinto de supervivencia que no me deja morir tranquila y resignada, que mantiene mi lucidez hasta el último momento.
- ¿Quién hay ahí? - Pregunto sin mucha convicción. El silencio es el único que me responde y el universo parece haberse detenido un instante. Recuerdo aquello que me dijo una vez mi padre, mi anciano padre, él, que ahora se ha marchado y que ya no volverá para contarme nada.
“Hija mía, ¿ves esas hermosas estrellas que tanto se parecen a tus brillantes ojos?” Un asentimiento mudo por mi parte es la única respuesta que facilito. “Pues también ellas saben cantar y danzar al son de una música que pocos han logrado escuchar.” Mi mirada perdida en el infinito corresponde a la sonrisa que flota juguetonamente sobre los labios de mi querido padre. Es en este momento cuando comprendo la totalidad de aquello que me dijo él. Sí, me parece escuchar algo. Una musiquilla lejana, casi como la de un carrusel pero mucho más enigmática y majestuosa. Me invita a girar y girar, dar vueltas con la cara vuelta a las estrellas ese espacio donde ahora habita mi papá. Y danzo y salto suavemente con los brazos extendido dejando que esa fría y ligera llovizna, que desde hace rato está cayendo, me moje los labios y el corazón, los hombros y mi suntuoso y caro vestido, mi cabello de hada embrujada, como suele llamarlo mi madre, y mis párpados entornados. Y el frío que anidara en mi alma alza el vuelo hasta las distantes estrellas para avisar a mi padre que ya no estoy triste, que un tibio calorcito se adueña lentamente de todo mi interior. Sé que me observan pero no quiero parar, si lo hago este momento mágico se irá, no volverá, se elevará junto con mi miedo y mi confusión, con esa tristeza que hace tan poco me ha dejado y tornará a formar parte de las altivas estrellas que se ríen de mí en la seguridad de su distancia.
Una mano se desliza con soltura sobre mi engalanado talle y con igual facilidad sigue el ritmo que nadie me ha marcado y que a cada momento cambio, a mi antojo. Me estrecha poco a poco contra sí este ser que adivino varón por la forma de moverse y de guiar mis pasos, ¡los hombres siempre tan dominadores!, más que por la delicada mano que me mantiene en cautiverio permitido. Un miembro tan fino y delgado, tan culto que temo equivocarme y estar bailando con una esbelta jovencita de cabellos dorados. Y no sé por qué razón sigo y sigo bailando, ese vals endemoniado, que me deja sin resuello y se va tornando, a cada momento, más frenético. Agotada y enfebrecida tras tan singular acto me detengo con la esperanza de que aquella mano sólo haya sido un sueño y con el deseo de que me sostenga si, por casualidad, me desvanezco.
Me planteo sin embargo la identidad del sujeto poseedor de tan singular y enigmática mano. Mi corazón salta, brinca, está desbocado. ¿Un príncipe o un mendigo? ¿Quién sabe? Puede que los dos o ninguno. Escucho el sonido rítmico de una respiración pausada. El cálido hálito se me clava en la espalda. Él aparta mis mechones uno a uno y deja al descubierto mi frágil cerviz. Se acerca levemente aspirando mi fragancia y como estoy congelada, como clavada en el suelo, no me muevo sino es en el último momento. Trato de desasirme y compruebo que no puedo así pues me giro lentamente, como haciendo perdurar el misterio que en breve será desvelado y lo que me encuentro me deja la mente en blanco: Un joven de no más de veinte años que me toma tranquilamente las manos. Me escruta con unos ojos que no son de este mundo. Unos ojos duros, metálicos, grises, opacos, me observan desde el vacío que es la oscuridad de esta calle y me aferro a ellos, a esa mirada, para no caer, para permanecer cuerda un momento más al menos. Una sonrisa asoma a sus perfectos labios que se abren como una rosa al sol, como rubíes engarzados en blanco y perfecto mármol. Se entreabren, digo, y lo hacen con pereza como la sonrisa de un felino; blancas perlas se advierten tras tan delicado ramo. Su marfileño color alumbra más que las agraciadas estrellas. Percibo mientras tanto unos colmillos largos, blancos, afilados. Dos pequeños puñales, minúsculas dagas que se muestran con descaro despreocupado; y la nívea piel con la que compiten tersa y lozana, joven, fresca, se ve realzada por unos rizos azabachados, negros como la noche, como boca de lobo, como las pestañas que adornan, tupida y profusamente, ese par de cuevas gélidas que son sus profundos ojos. Sonríe con picardía, me recorre un escalofrío similar a una descarga eléctrica y sus cabellos ensortijados se ríen de mí desde la alta raíz hasta las bien acomodadas puntas y es que este particular joven deja reposar sus lindos adornos sobre sus fornidos hombros. El esbelto y atractivo cuerpo que posee se me aproxima con sigilo y me acorrala contra una inoportuna pared. Un fulgor significativo en los ojos y los colmillos del individuo me informan de que no seguiré contemplando a este ser durante mucho más tiempo.
- Volvemos a vernos.- Que afirmación más extraña. Me alegro de la breve interrupción que me otorga la oportunidad de pensar, sin percatar cuanta verdad hay en sus palabras.
Una última voluntad me digo y repentinamente siento la imperiosa necesidad de conocer el nombre de mi muerte.
- ¿Co...cómo te llamas?- Vacilo, me tiembla la voz y él lo advierte ¡maldición!...¡en fin! ¿qué más da? En breve estaré muerta.
Se aparta imperceptiblemente de mí y me sonríe y soy feliz pero no sé si a causa del insignificante aplazamiento que he logrado o de la hermosa sonrisa que he obtenido.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Largo... |
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30-11-2004 23:02 |
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Y eso me gusta. Un relato largo da pie a una historia larga; con más o menos fallos, pero suele ser buena.
Además me encanta tu estilo. Tal vez el único problema que le pondría sería el tamaño descomunal de algunos párrafos, que acaba pesando en la lectura. Pero aún así, esta muy bien.
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Buen relato |
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30-11-2004 22:57 |
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A mí este relato me gusta, más por el tema, por la redacción. Se siente trabajada, pero... creo que sería mucho mejor si se le quitan las ornamentaciones. Hay muchas cosillas que no son necesarias, repeticiones de palabras que sólo se agragan para hacer el texto más bonito y que le quitan ritmo.
Yo lo reescribiría de nuevo. Es un muy buen relato, pero creo que sería mejor si se pule un poco.
Muy buen relato.
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leido |
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24-11-2004 11:26 |
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Un poco mas flojo si que está, pero ya me gustaria a mi escribir parecido.
Gracias.
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Piedad!!! |
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08-10-2004 12:23 |
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Siento sobremanera que esta 2ª parte no haya entusiasmado tanto como la 1ª, pero era necesaria, completa, absolutamente necesaria. Sin ella la historia no funcionaría.
Aunque los mendigos sean personajes secundarios en este fragmento terminan por ser esenciales para describir el estado de desesperanza que embarga a la pequeña prostituta, y es esto tan importante porque ella saldrá de nuevo en la historia y desempeñará un papel muy significativo en la transformación paulatina de la protagonista.
Alexgodmir, no juzges todavía, esta parte era solo un puente necesario; también era una opinión un tanto personal que quería reflejar... pero bueno, eso es ya otra historia...
Las críticas son tan importante (puede que más) para mí que los alagos y me alegra que me aconsejeís con tanto interés.
Terminaré de contestaros en otro mensaje que ya se me acaba el tiempo (estoy en clase) y me piden que apage el ordenador.
Bye!
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Muy bueno |
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06-10-2004 19:03 |
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De verdad que me ha gustado mucho.
En mi humilde opinion creo que el primer relato es mucho mas reflexivo y lirico que el segundo, y casi esperaba que este ultimo fuera del mismo estilo. Aun asi me he quedado absorto leyendo, deseando que no se acabara.
Lo unico que no acabas de dejar claro es la intencion de los personajes al ir al bar, aunque ese giro que hay al final ayuda mucho a reencandilar el relato.
La verdad es que si que es un texto un tanto denso, pero creo que intercalas tanta descripcion en los dialogos para reflejar como se siente en cada momento la protagonista. Personalmente no me ha dificultado la lectura.
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Bueno..... |
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06-10-2004 01:35 |
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Para ser sincera contigo me aburrio un poco, pero eso si disfrute más la primera parte que la segunda.
pero siento que tu texto no tiene casi dialogos lo que hace un poco pesada su lectura.
Con respecto a la historia pues esta muy bien y yo nunca me cansaré de leer sobre vampiros.
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Veamos k te ponemos. |
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03-10-2004 19:55 |
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Como ya te dije, me gusta más la segunda parte que la primera, en relación de los diálogos, ya sabes lo poco k me gusta leer cualquier cosa k apenas los contenga. Y aunke en la segunda tampoco haya demasiados, me parece k te ha kedado "bien", como siempre.
Te recuerdo k la puntuación debes mejorarla, y k la parte k más me gusta es la del bar. Un kissito pá tí.
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Veamos |
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01-10-2004 19:13 |
tienes mucha fuerza poética, y creeme, es algo que rebosas.
Por otra parte, el tema de los vampiros es uno que simplemente está ya muy visto, y que además no me causa demasiado atractivo. Sin embargo has logrado engatusarme, y te aseguro que engatusarme a mi con una de vampiros es algo difícil.
Pero no todo van a ser rositas. Se nota que tu estilo tiene fundamentos de Anne Rice. Tienes la misma pasión por la descripción del físico de las personas y por la indumentaria cara y elitista, pero obviamente aún te queda un trecho para llegar a la maestría que esta demuestra a la hora de tratar temas superficiales.
Por otra parte, si, muy poético, muy bonito, con mucha fuerza, pero ten cuidado, algunos párrafos se me han hecho muy largos y cargantes, y no deberías hacer esto a menudo, y menos en mitad de un diálogo, por que el lector se puede perder. Por ejemplo, en mi caso, no he llegado a comprender el "insulto" del color del rubí. Para solucionar este aspecto, ya que veo que tu, como Rice, te basas en la descripción, te aconsejaría que desplazaras ésta fuera de los diáloos, o que si la incluyes, que sea sensiblemente mas corta cuando interrumpa una conversación. Entre una frase y otra se pueden encontrar muchas acciones y detalles sutiles, pero si estamos leyendo, mas vale que no te detengas demasiado a la hora de describir un paso hacia atrás o una mirada de piedad. ¿Capichi?
La estructura si que reconozco que es perfecta, inicio bien explicado, nudo y desenlace repentino que reengancha cuando ya te aburres de los sucesos del bar.
Por cierto, no era preciso que describieras a los mendigos con tanto detalle, ya que son solamente secundarios sin más importancia. sobretodo el mendigo que muere, cuya descripcion creo que llega a destiempo y en su gran mayoría sobra. Bastaría con describirlo brevemente cuando le pregunta a Letrio por el precio de la chica.
Me hubiera gustado que te hubieras detenido a describir un poco el París de entonces, pero esto ya es personal, disfruto de las ambientaciones.
Por cierto, un pequeño tirón de orejas, el desafortunado comentario que haces sobre los hombres (Siempre tan mandones). Se entiende que es un pensamiento efímero de la protagonista (¿O quizá una creencia de la autora?). Pero mas de un escritor ha visto su obra sin publicar por haberse considerado "dura con las mujeres". Me viene a la mente un escritor que tuvo que remodelar medio libro por culpa de un sólo párrafo. Así que ya que el mundo es así, un respeto, por que a tí, por hablar mal de los hombres, no te dirán nada en la crítica (quizá incluso te alaben, sabiendo como son las cosas), pero el respeto se agradece, y más en estos tiempos en que se nos considera poco mas que animales estúpidos y obsesos.
Pero bueno, tampoco es que quiera echarte una bronca ¿eh? solo era una reflexión personal. Si bien es cierto que ese comentario tambien tiene un valor de caracterización del personaje.
Y bien, a pesar de todo, a pesar de que mi crítica puede haberte parecido demasiado dura (si he sido duro o me he explayado demasiado es por que creo que debes seguir adelante, de todas formas pido disculpas), te lo diré, no te votaré 5 estrellas, pero si 4, por que en realidad tienes un buen estilo, y por que has conseguido que una historia de vampiros me interese, lo cual ya es MUY DIFICIL.
Por cierto, se te da bien describir. Y si resuelves el problemilla que comenté sobre las descripciones en los diálogos, verás como estos tienen mucha mas fuerza. Por que en realidad tus diálogos la tienen, lo que pasa es que las descripciones entremedias los enmascaran, y es un poco una pena.
Eres buena, sigue escribiendo, que me ha gustado.
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RE: Veamos |
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01-10-2004 19:16 |
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Claro, que sobre esa simple frase que comenté sobre los hombres, ahora que pienso mi comentario pudo ser algo repentino, quizá no deberías borrarla, cada uno es libre de escribir lo que quiera, la literatura ha de ser libre y el escritor aún mas. Pero no nos pongas verdes muy a menudo :-P
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Algo se perdió en el camino |
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01-10-2004 09:53 |
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La primera parte (como ya dije) me caló hondo, pero esta segunda y los retoques le han quitado algo de magia al texto.
Los párrafos ciplocepos disfrazados de diálogos se me antojan cansinos y la senda por la que transcurre la historia no me convence.
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RE: Algo se perdió en el camino |
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22-12-2004 16:10 |
Me parecio "Grande" y "Buenisisisisisisisimo" aunque algo recargado si... es cierto.. esta muy bien sigue adelante....
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