Siniestro (2 de 2) |
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13-09-2004 16:43
Por: Valente
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El final de este relato de suspense, que espero que os agrade.
Andrés mantenía la tostada en la boca mientras trataba de ponerse la camisa a saltos. ¡Qué tarde se le había hecho! Apenas había dormido aquella noche y cuando consiguió cerrar los ojos, el despertador no había conseguido abrirlos de nuevo.
Su mujer no estaba en casa y su hijo debía estar en el autobús, camino del colegio. Y eso equivalía a desayunar rápido y mal. La corbata. ¿Dónde había dejado la corbata? Se tragó prácticamente la tostada y empezó a rebuscar en el sofá, tratando de hallar la prenda que había extraviado. Inclinado sobre el respaldo, en un raro escorzo, escuchó el sonido del timbre.
Se puso en pie y su mirada se dirigió instintivamente al espejo apoyado sobre la pared, justo al lado de la puerta. Había encontrado la corbata, que colgaba enredada entre sus dedos, y tras mirarla un segundo sin saber qué hacer, se acercó a la puerta en un par de saltos. Al abrirla se encontró cara a cara con el señor Carvajal. Tuvo que agarrarse al pomo de la puerta para no saltar hasta el piso de arriba. Allí estaba el fulano, mortalmente serio, con unos negros, profundos y hundidos ojos que hubieran asustado a la madre que lo parió.
-Eh, hola… ¡Hola! –saludó, tratando de mostrarse amigable ante aquella inexpresiva mirada.
-Hola. –fue la lacónica respuesta del señor Carvajal. Vestía como un sepulturero. Un traje negro, camisa blanca y corbata negra. Bajo las mangas de su chaqueta asomaban dos manos delgadas y huesudas, con unos prominentes nudillos, que acentuaban la imagen de extrema delgadez del hombre. Su rostro, con los ojos cubiertos por profundas ojeras e incrustados bajo dos prominentes pómulos, reforzaba esta impresión. Parecía un esqueleto recubierto con una fina tira de piel.
-¿Qué le trae por aquí? –Andrés apoyó el brazo en el marco de la puerta, cortando el paso al interior de su hogar. Su mirada se había desviado durante un breve instante al espejo, que se encontraba a escasos centímetros de su posición.
-Oh, nada importante, –contestó el interpelado, alzando una ceja ante el brazo que se cruzaba en su camino- tenía una pregunta que hacerle.
-Dígame.
-Verá, ayer, por error mi esposa depositó un objeto en la valla de mi casa. Se trata de un bonito marco antiguo que contiene un espejo. Como ya le he dicho, se debió a un error que lo abandonara allí. Le tengo especial estima y me disgustaría terriblemente perderlo –el hombre puso especial énfasis en estas últimas palabras. Sus ojillos se habían clavado en la pared, como si fueran capaz de atravesar los ladrillos y ver todo cuanto éstos escondían tras de sí-. Como somos vecinos, he pensado que ustedes podrían haberlo visto o saber de su paradero, ya que, segundos después de que mi esposa lo hubiera abandonado en el exterior de nuestro hogar, había desaparecido. Probablemente alguien lo recogiera, pensando lógicamente que lo habíamos tirado.
-Ah, ya veo. Pues la verdad es que… -la verdad era que no quería devolvérselo. Andrés buscó rápidamente una respuesta y trató de adoptar una pose inocente que resultara convincente- no sé nada del objeto del que me habla. Lo lamento mucho.
-Oh, lástima. Esperaba que lo hubiera visto –dijo lentamente, mostrando la pesadumbre que le causaba este descubrimiento-. Pensé que así había sido, ya que mi mujer me aseguró que usted recorría el camino de vuelta a su casa cuando ella dejó el espejo.
Andrés se quedó en silencio, tratando de digerir aquella revelación. ¿Le habrían visto llevarse el marco? Si era así, ¿por qué no se lo decía claramente? No, no le habían visto, pero debían suponer que había sido él ya que había pasado frente a su casa. No tenía motivos para mentir y, sin embargo, había decidido desde el primer instante que no quería entregar aquel espejo. Lo irracional de aquella actitud le intrigaba a él mismo, pero no tenía tiempo para detenerse a considerarlo. Tenía que contestar rápidamente si no quería delatarse.
-Vaya, pues ni siquiera me fijé en el espejo, lo siento. Iba paseando, pensando en mis cosas. Lamento no poder ayudarle…
-No se preocupe, espero que alguno de los vecinos sepa algo de él. Es importante para mí, como ya le he dicho. Daría cualquier cosa por recuperarlo. Además… bueno, nada, es igual. Simplemente sería mejor que estuviera en buenas manos –el hombrecillo hundió la cabeza entre los hombros y volvió a clavar sus pequeños y hundidos ojos en la pared, justo en el lugar donde reposaba el espejo-. Muchas gracias por haberme dado estos minutos.
-De nada. Hasta pronto. Lamento no poder haberle ayudado. –se despidió Andrés, cerrando la puerta.
Suspiró con alivio. Creía haber interpretado bien el papel. Entonces recordó; ¡Llegaba tarde al trabajo! Cogiendo la cartera del ordenador, salió a toda prisa, tratando de pensar alguna excusa que darles a sus jefes.
***
Esther cerró los ojos, dejando que la música se introdujera suavemente en su conciencia y apagara los pequeños ruidos de la calle. Durante todo el día había estado dándole vueltas a un maldito informe y ahora por fin disponía de tiempo para relajarse, mientras esperaba a que su hijo saliera del colegio para ir a recogerlo. Sólo eran los quince minutos de espera a la puerta del edificio, pero le sabían a gloria. Quince minutos de verdadera paz.
Un par de golpecitos contra la ventana hicieron que volviera a abrir los ojos. Su momento de relajación había concluido. Su hijo golpeaba insistentemente el cristal del coche para que le abriera. Cuando entró, murmuró un apagado “hola” y se puso el cinturón, sin siquiera mirarla.
-Eh, ¿Qué te pasa? –le preguntó la madre con dulzura, acariciando el pelo del niño-. Pareces triste.
Alberto se volvió hacia ella. Se mantuvo en silencio unos segundos hasta que por fin se decidió a hablar:
-Nada –dijo, lanzando una desganada sonrisa.
-Bueno, no parece que te pase nada. Venga dímelo y seguro que te puedo ayudar.
-He perdido mi “Spiderman” –admitió, con el rostro mortalmente serio el niño. Así que era eso. Había perdido su muñeco favorito. Parecía realmente triste por el suceso, así que la madre decidió animarlo.
-Bueno, no es tan grave. Después me cuentas dónde lo has perdido y si no conseguimos recuperarlo, te compraremos otro. ¿De acuerdo?
El niño volvió a mirar a la madre, con un brillo en los ojos que la mujer interpretó como de satisfacción. Se le notó más animado y al poco estaba con el bloc de dibujo entre las piernas y cogiendo los lápices con la mano izquierda para empezar a pintar. Esther frunció el ceño, como si algo en aquella imagen no funcionara bien, pero cuando quiso descubrir qué era lo que le causaba aquella sensación, un pitido de uno de los coches que estaba tras ella le obligó a arrancar. Sumergida en la conducción, relegó al olvido cualquier cosa que hubiera podido llamarle la atención.
El camino hasta su hogar se hizo relativamente rápido al no encontrarse con demasiado tráfico. Aún así, tardaron veinte minutos en llegar hasta el camino de tierra que daba acceso a su garaje. Esther descubrió que había alguien esperando frente a la entrada. Abrió puerta automática e introdujo el coche en el garaje, pidiéndole a su hijo que entrara directamente a casa desde allí. Ella, por su parte, salió al jardín para encontrarse con el visitante.
La descubrió esperando frente a la entrada, moviéndose nerviosamente de un lado a otro. Estaba de espaldas a ella, pero su figura le resultó familiar. Era una mujer. Al acercarse, alertó a la extraña, que se dio la vuelta, saltando como un resorte. Esther reconoció a su vecina, de cuyo nombre no logró acordarse. “Señora Carvajal” era la manera habitual con la que solía referirse a ella cuando hablaba con su marido sobre sus vecinos.
-Hola. ¿Quería algo? –preguntó Esther. La señora Carvajal, que parecía haberse dado un susto tremendo con su llegada inesperada y, aunque había tenido tiempo para tranquilizarse, se mostraba muy nerviosa. Abría y cerraba las manos y lanzaba miradas atemorizadas hacia cualquier rincón, como si temiera que alguien apareciera de improviso.
-¡Hola! –contestó en un suspiro histérico- Hola, hola. Eh, um ¿qué tal? Venía a verla –siguió diciendo, atropellándose al hablar, aunque poco a poco trataba de recuperar la serenidad.
-Usted dirá.
-Verá, mi marido… dejé un espejo al que le tenía especial cariño. Sí, bueno, estaba siempre con él, no sé si me entiende. Pero el caso es que yo lo dejé porque él era un poco extraño.
-Perdón, no le he entendido. ¿Quién era un poco extraño?
-Pues él, quién va a ser. Mi marido no lo acepta, pero es extraño, siempre se lo digo. Bueno, extraño, sí, pero también tiene algo más, a mí no me gustaba… era siniestro. No te puedes fiar de eso. Lo sabe ¿sí? Da igual, no es lo más importante.
-Lo lamento, pero sigo sin entender. ¿Ha perdido usted ese espejo? –Esther pensaba en el espejo y en el confuso discurso de la señora Carvajal. ¿Qué quería decirle? La mujer daba síntomas de locura o enajenación. Pensó en devolverle el espejo para quitársela de encima, pero antes de que pudiera decir nada, su vecina ya estaba de nuevo hablando.
-Sí, es decir, no. Dejé el espejo. No me gustaba, ya se lo dije. Mi marido no quería y lo hice a sus espaldas. Mejor, me dije; pero se ha enfadado. Pero era tan… tozudo, que lo consideré lo mejor. Me entiende ¿verdad? Ahora me arrepiento, mi marido está muy molesto. Él está terriblemente enfadado, también, bueno, como siempre. Pero… -la mujer se detuvo, con los ojos desorbitados. Como si hubiera visto algo realmente terrorífico. Esther, algo inquieta, se dio la vuelta, tratando de descubrir qué había motivado aquella reacción, pero no encontró absolutamente nada.
-Eh, lo siento, tengo prisa… tengo que hacer cosas mientras él esté dentro. Por favor, si ha visto el espejo. Usted o su marido, le rogaría que me lo dijeran. Estaré en mi casa –la mujer comenzó a andar apresuradamente pero, al pasar por al lado, se frenó y cogió el brazo de Esther, mirándola por primera vez a los ojos directamente-. Tenga cuidado, –dijo, con la voz quebrada- él es, parece otra cosa. Es siniestro, tenga cuidado, lo reconocerá porque es siniestro… sí, por eso.
Dejando a su vecina con la palabra en la boca, la extraña mujer desapareció tras los setos del cercado. Mientras se alejaba seguía barruntando oscuras cavilaciones y gesticulando como si quisiera apartar algo; tal vez alguna mosca o idea molesta.
***
Andrés dejó la maleta del portátil en el suelo y se derrumbó sobre el sofá. ¡Por fin era viernes! Tenía todo el fin de semana para descansar y olvidarse del trabajo.
Se preguntó si su mujer habría llegado. Ella y Alberto debían estar en el piso de arriba. Lanzó una mirada al salón, sin decidirse a levantar y se encontró con el espejo, apoyado contra la pared, justo en el mismo lugar donde lo había dejado el día anterior. Su reflejo le mantuvo la mirada, prácticamente tumbado sobre el sofá. Podía aprovechar para colgarlo en alguna parte antes de cenar. Pero antes tenía que saludar a su familia.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Muy bien llevado!! |
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28-03-2005 19:40 |
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Y muy bueno. El tema del espejo lo utilicé yo también para un relato de terror "El extraño caso de Elías Fosco", se ve que no somos nada originales.
La atmósfera está bien construida, es claustrofóbica al final, y me gustó el ritmo que le diste. Para un relato de terror se debe empezar con algo sencillo que parezca natural y luego ir metiendo detalles que abran el camino hacia lo terrorífico. Exactamente lo que hiciste con este relato.
Un saludo
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Experimento exitoso |
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05-11-2004 17:46 |
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A ver, la redacción me ha parecido algo menos fluida, o regular, o quizá es que ciertos momentos me han parecido algo rasposos y me han cortado, aunque el nivel sigue siendo muy alto. Y de lo recargado…pues un poquillo, como la otra vez, jeje, pero no me ha molestado.
Coincido con otros en que el juego final, con lo del apagón y la separación de acciones, te ha quedado muy bien.
Así que no me hayan gustado mucho hay dos cosas:
–La insistencia con la mano izquierda y el juego diestro/Siniestro.
–La parición de la vecina, que no me la he creído del todo.
Lo peor para mí ha sido la explicación final, que es algo que siempre me mata y rara vez veo bien traída.
En fin, experimento exitoso, felicidades.
Esa es mi opinión.
Un saludo.
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Wow |
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13-10-2004 22:11 |
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Pocas veces un relato me ha encanchado tanto como este. No sé qué más añadirte a las alabanzas dispensadas en la primera parte.
A mi me parece bien que hagas la alusión a que ha habido un cambio, por ejemplo en "saludó con la mano izquierda". Resulta evidente que si has puesto "mano izquierda" es porque hay algo raro en ello. Más cuando dice "toma, cójelo fuerte con la derecha". Pero lo encuentro adecuado, porque así el lector se crea una teoría que puede ver comprobada al final. Eso siempre deja una cierta satisfacción xD.
Me ha encantado el final, con esa metáfora de la rosa que se deshoja. Fantástico.
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RE: Wow |
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14-10-2004 12:33 |
Muchas gracias Bochan, la verdad es que siempre es muy agradable recibir una buena crítica. Me alegra que el relato te haya entretenido, es lo que pretendía y parece que medio ha salido bien.
Ahora a ver si todos seguimos aprendiendo y escribiendo cada vez mejor.
Un saludo y hasta la próxima.
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Muy Bueno |
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12-10-2004 01:56 |
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Muy buena conclusión. El final es impactante y no completamente concluyente. Deja ese saborcito final.
Creo que el tema del relato se pudo desarrollar en menor extensión, sin embargo no se ha hecho pesado de leer en ningún momento.
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RE: Muy Bueno |
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12-10-2004 14:59 |
Sí, tal vez se haya hecho algo extenso. Ahora entiendo que debería haberlo comprimido o metido directamente en una única entrega.  Eso me servirá para próximas ocasiones. (Espero, que soy muy pesado).
Muchas gracias por tu comentario Babilonia, me agrada que te haya gustado en líneas generales. Creo que poco a poco consiguiré ir madurando el estilo. Dentro de dos o tres décadas, más o menos.
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Ejem... |
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20-09-2004 05:16 |
... perdón por la tardanza.
El desarrollo y los ambientes me gustan, ya sabes. Sentía curiosidad por el final, y la verdad es que me ha sido agridulce. Por un lado no me ha sorprendido, por otro me ha gustado mucho. El niño siniestro, el brillo del abrecartas, la delicadez del cuello violado, las rosas... Argh, haces que me sienta macabro.
Por esta vez lo doy por bueno, pero no te acostumbres.
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RE: Ejem... |
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12-10-2004 15:01 |
Sin problema, hasta ahora yo no había encontrado tiempo para contestar todos vuestros comentarios, así que imagínate. Los asuntos de la página siempre consumen bastante tiempo.
Veo que te parece bien mi relato, aunque ya te di un avance, pero me hubiera encantado un acribillamiento como en la anterior parte.  Como me la diste por Messenger, te perdono, pero que no vuelva a pasar.
Un saludo.  Y Muchísimas gracias, por supuesto.
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Muy bueno |
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16-09-2004 13:30 |
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Excelente atmósfera, personajes interesantes y un final aterrador. En definitiva, un gran relato.
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RE: Muy bueno |
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12-10-2004 15:03 |
Gracias jerjes, como siempre eres puntual a la cita. Es un detallazo, en serio, que siempre me estés ayudando.
Precisamente ahora me tengo que pasar por un relato que tú y yo sabemos y que está en su quinta entrega. A ver si saco el látigo :P
Un saludo y muchas gracias.
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Muy bueno! |
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14-09-2004 21:35 |
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Me ha gustado mucho el texto. He quedado con sabor a poco, pues no quería que se acabara.
Lo más que te puedo reclamar es que es bastante obvio, tanto por los 'Siniestros' como por el desarrollo en sí. Me hubiera gustado algo más de desarrollo post-descubrimiento, pero ni modo.
Por qué lo separaste en dos partes? Creo que si logras condensarlo en una, el efecto será más logrado.
Felicidades!
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RE: Muy bueno! |
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12-10-2004 15:05 |
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Apunto lo de Siniestro. Tienes razón, demasiadas alusiones. Temía que el final no quedara claro y me he dado cuenta que puedo haberlo estropeado. Eso lo tengo que cambiar. Con una alusión, a lo sumo dos, debería bastar y así el final será más impactante.
¡Muchas gracias!
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Concluyendo... |
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14-09-2004 12:26 |
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... una gran primera parte con esta se tiene un buen texto. Me ha gustado por el hecho de transmitir temor.
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RE: Concluyendo... |
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12-10-2004 15:09 |
No sólo vas a ser tú el que haga pruebas de escritura. Hay que pasearse por varios géneros para ir aprendiendo poco a poco a describir todo tipo de situaciones.
En cambio, mi próximo relato es más de mi estilo, es decir ninguno
Un saludo.
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Demasiada mano izquierda |
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14-09-2004 11:05 |
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Creo que insistes de un modo demasiado obvio en lo de que es diestro y usa la zurda. Podrías haberlo dejado más sutil u optar por la otra vía: decir claramente que la madre no lo percibe.
En cualquier caso es un buen cuento de terror, bastante clásico pero bien contado. Llevas buen ritmo y consigues transmitir auténtica confusión con el apagón. No obstante, deberías echarle un vistazo al primer párrafo: le faltan palabras.
Un buen relato juvenil. Buen trabajo, compañero.
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RE: Demasiada mano izquierda |
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12-10-2004 15:12 |
Pues sí, es un relato juvenil, me parecía que merecía la pena hacerlo y probar qué tal.  La verdad es que han sobrado varias alusiones; quedan clarísimas y desvirtúa el final. En la versión corregida (Valente´s cut) habrá que quitarlas, creo que el relato ganará algo con ello.
De todas formas, veo que al menos ha sido entretenido, lo cual me agrada. A ver si el siguiente sale mejor.
Un saludo.
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:-) |
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13-09-2004 20:40 |
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Está muy bien, y da miedo, no mucho, pero lo da. Si te soy sincera creo k no es la primera vez k leo sobre algo así, me refiero a lo del espejo, y a la persona k lo toca y entra dentro de él.
Tengo una pregunta, el padre tb se muere?
P.d.: No pienses que solo me e leído esta parte, para enterarme de k iba el asunto me e leído las dos.
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RE: :-) |
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12-10-2004 15:18 |
Vaya, me alegra que te haya gustado. La verdad es que a mí no me suelen dar miedo los relatos de miedo... ni las películas, ni los libros, ni los cuentos. Ni nada de nada. Y la verdad es que añoro aquellos días en los que sí lo pasaba. Era una sensación muy adictiva.
Muchas gracias por leer todo el ralato Ceres, de verdad, me alegra ver que te ha gustado lo suficiente como para léertelo. Por cierto, que tú me has sorprendido por tus buenas maneras. Espero ver más trabajos tuyos.
Un saludo.
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