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La gran batalla de las llanuras oscuras (II)


Batallitas

20-10-2004 11:14
Por: Davidelgnomo

Desarrollo del gran enfrentamiento entre seis ejércitos.

Turno 2 del mal


La cosa pintaba mal. Si bien los proyectiles orcos habían mostrado su efectividad, la muerte del gigante y el caudillo había comenzado a desmoralizar a los hombres bestia, que ahora estaban sin líder. Los centigors comenzaron a lanzar rugidos incoherentes fruto del alcohol mientras amenazaban a sus rivales. Ante esta situación, Nemo Von Carstein decidió que era momento de que su ejército comenzase a tomar parte decisiva en la contienda.

warhammer, Orcos y Goblins, Caos, Condes Vampiro
Los murciélagos vampiro del flanco izquierdo cargaron contra el cañón enano situado en la torre. Al mismo tiempo, los jinetes de la muerte se lanzaron contra los centauros enanos del caos, que prepararon sus hachas.
Las otras unidades de caballeros negros cargaron a la vez contra las dos unidades de guerreros enanos del caos que les hacían frente. Los enanos aguantaron la posición firmemente.

Sobrevolando todos estos movimientos, la serpiente alada cayó sobre el lanzavirotes hobgoblin de la colina, mientras que el gigante corría hasta estrellarse contra los ansiosos matadores.

En el flanco derecho, los ogros dragón levantaron sus hachas y arremetieron contra los flagelantes, que ajenos al peligro gritaron de emoción. A su lado, el demonio mayor rugió y voló hacia los arcabuceros de la colina, que al ver surgir al monstruo de entre las piedras dispararon. El demonio de Tzeentch resultó herido, lo que le enfureció aún más.

El carro de tuskgors que apoyaba a los no muertos intentó alcanzar a la unidad pequeña de enanos del caos, pero los tuskgors se agotaron antes de llegar. Algo similar ocurrió a los aulladores, que no lograron alcanzar al cañón imperial que había acabado con el gigante. Mientras tanto, los jinetez de lobo continuaron huyendo quedando cerca de los orcos negroz.

En ese momento de confusión y criaturas corriendo en todas direcciones, los goblins nocturnos se adelantaron y sacaron a tres endiablados fanáticos de entre sus filas, que comenzaron a girar y girar a toda velocidad mientras se acercaban a los martilladores. Dos de los enfermos goblins llegaron hasta la unidad, pero la mayor parte de enanos, acostumbrados a las batallas contra los goblins nocturnos, esperaban el ataque y lograron apartarse a tiempo. Sólo uno de ellos murió en una explosión de sangre y dientes.

Los lobos espectrales del flanco izquierdo se adelantaron hasta acompañar al carro, mientras que la otra unidad de lobos espectrales se pegaba al bosque junto con las bandadas de murciélagos. Los necrófagos avanzaron a saltos hasta ponerse a la par que el carro de tuskgors.

Las centurias de esqueletos llegaron hasta la torre de Khorne y comenzaron a rodearla, y las doncellas espectrales siguieron su avance sin ser molestadas.
En el flanco contrario, carro de tuskgors y centigors avanzaron con precaución para no exponerse a la mortal carga de los caballeros del lobo blanco. Otro de los carros avanzó a la par que los caballeros del caos y el carro restante se encaró hacia el gran tauro, con la esperanza de lograr acabar con el causante de la muerte del caudillo.
El ejército orco avanzó en bloque. Los jinetez de jabalí rodearon a los asustadizos jinetez de lobo y los orcos grandotez, al mando del gran chamán, junto con una de las pequeñas unidades de goblins jinetez de lobo se encararon hacia la derecha. Los goblins nocturnos de la retaguardia se acercaron a la iglesia.

El portaestandarte de batalla hombre bestia, viendo como un peligro inminente a los caballeros de la Reiskard intentó reducir su número, pero las llamas que debían haber consumido a los humanos no aparecieron al no conseguir encontrar la energía suficiente. Tras esto, intentó entrar en las mentes de los grandes espaderos para dominar su voluntad, pero el gran hechicero de los cielos sacó un pergamino de los recovecos de su túnica y el hechizo no sólo se dispersó, si no que el hombre bestia tuvo que hacer un gran esfuerzo de concentración para no olvidarlo.

Más éxito tuvo el beligor y unas lenguas de fuego rojo aparecieron en sus manos, pero uno de los hechiceros de batalla logró formular el contrahechizo correcto y el fuego se extinguió. Como ya había intentado su compañero, el beligor intentó penetrar en las mentes de los humanos. Esta vez el hechizo tuvo éxito, y los grandes espaderos perdieron provisionalmente todo vestigio de razón. Comenzaron a atacarse entre sí frenéticamente, y para cuando recuperaron la conciencia de sí mismos once de sus compañeros yacían en el suelo con diversos miembros seccionados por las colosales espadas. Al fin Tzeentch se había manifestado con todo su poder, y el beligor de Tzeentch (ahora al mando del ejército tras la muerte del caudillo) se carcajeó mientras los humanos lloraban sus pérdidas.

Uno de los chamanes goblins nocturnos intentó concentrar la energía Waaagh en sus manos. Los débiles rayos que surgieron de sus finos dedos fueron dispersados con facilidad por el aura de los enanos. En el momento en que la energía se disipaba, un molesto crepitar surgió sobre las cabezas de los martilladores, pero Gorko no logró materializarse una vez más gracias a la extraordinaria resistencia a la magia de esa ancestral raza.

Sin embargo, el gran chamán no se rindió, y volvió a llamar a Gorko con mayor fuerza. Cuando un gran pie verde comenzaba a aparecer sobre los enanos, el señor de las runas elevó su martillo al cielo. Las tunas presentes en él comenzaron a brillar y absorbieron toda la energía Waaagh del aire. Gorko desapareció tal como había aparecido.
Más a la derecha el conde vampiro intentaba lanzar rayos de muerte a los atronadores, pero los enanos seguían mostrando una extraordinaria resistencia a la magia y los vientos seguían sin ser favorables. Maléficus, el maestro nigromante, intentó revitalizar a una de las unidades de caballeros negros, pero uno de los brujos enanos del caos lo impidió con un simple gesto. Esto relajó indebidamente a los brujos, ya que el nigromante de nivel 2 aprovechó la calma para lanzar con éxito el mismo hechizo a la misma unidad. Los caballeros comenzaron a moverse más rápidamente y a mostrar más fuerza ante los ojos de los enanos.

Animados por su anterior éxito, los pequeños goblins de la katapulta dispararon a uno de su hermanos. Los caballeros de la Reiskard, veteranos de decenas de batallas, no pudieron evitar que se les helara la sangre cuando oyeron de nuevo el grito de la muerte alada. El goblin volvió a caer entre ellos, acabando con tres más, reduciendo la antaño espectacular unidad a dos efectivos comandados por el capitán. La otra katapulta, que había apuntado al mismo objetivo, no consiguió alcanzar a los caballeros y el goblin aullante pasó muy por encima de las cabezas de los humanos. Mientras los goblins volaban, el lanzapiedroz despidió una roca de considerable tamaño que voló hacia los martilladores. Sin embargo, el disparo no fue del todo preciso y apenas dos matadores recibieron pequeñas chinas resultantes del impacto sin sufrir daño alguno. La artillería goblin terminó su show con los disparos de los dos lanzapinchoz. El primero de ellos se clavó en el suelo delante de su objetivo, la unidad de traidores hobgoblins montados en lobos. Cuando estos ya suspiraban de alivio, el otro proyectil alcanzó el cráneo de Uno de los pielesverdes de lleno, atravesándolo y ensartando a dos más. Ante esta horrible visión, los hobgoblins abandonaron el campo sin siquiera haber participado en la batalla.

Ya cerca de su enemigo, las doncellas espectrales entonaron un canto estridente. Pero tanto los orcos negroz como los enanos del caos se encontraban inmersos en el combate y las doncellas no lograron captar su atención, ni su miedo.

Tras haber sido castigado por los arcabuces humanos, el demonio mayor llegó furioso al combate y decapitó a dos de los humanos con un golpe de una de sus garras. Ninguno de los contrincantes abandonó su posición, dispuestos a continuar el combate el tiempo que fuese necesario. Tras el demonio, el comandante enano del caos repartía martillazos por doquier. Tres gors cayeron con las costillas hendidas y uno más fue fulminado por el gran tauro.
No muy lejos, los ogros dragón hicieron muestra de su brutalidad y destrozaron a cinco de los flagelantes. A cambio, el fanático líder de los humanos hirió en un brazo con su mayal a uno de los monstruos.

El gigante comenzó su festín barriendo a dos matadores con su garrote. El matagigantes no pudo hacer ninguna herida al coloso y ninguno de los dos rivales cedió ni un paso.

Los orcos negroz acabaron con dos murciélagos en una lluvia de hachazos. Los murciélagos restantes perdieron su conexión con la no vida y cayeron al suelo.

Los caballeros negros entraron en contacto con los enanos del caos y el caballero infernal ensartó al campeón enano. Además, el brujo de la unidad y dos de los enanos también fueron atravesados, pero a pesar de todo los enanos del caos se mantuvieron firmes.

Más a la izquierda los jinetes de la perdición tuvieron más fortuna. El señor tumulario acabó con la vida de uno de los enanos, mientras que dos más caían a manos de los caballeros y el brujo resultaba herido. El caballero infernal, en una copia del combate vecino, ensartó también al campeón de la unidad. Ante esta masacre, la unidad se giró para huir pero los jinetes los cazaron uno a uno y les dieron muerte arrollándolos para luego estamparse contra la otra unidad de enanos del caos. Los orcos negroz no pudieron resistir la visión de la matanza y fueron presa del pánico.

En la colina, la serpiente alada acabó de dos poderosos mordiscos con los hobgoblins y siguió su vuelo sin inmutarse hasta trabarse con uno de los lanzacohetes.

Los jinetes de la muerte no lo tuvieron tan fácil ante los potentes centauros enanos del caos. Caín Von Carstein acabó con uno de ellos, mientras que los caballeros acababan con otros dos. Por su parte, los centauros levantaron sus pesadas hachas y las descargaron sobre los frágiles huesos de los muertos, desmontando a dos de sus pesadillas. De momento, el combate estaba empatado.
Los murciélagos vampiro de la torre desangraron a uno de los enanos que protegían el cañón, mientras que el restante lograba herir a una de las aberraciones aladas. Sin embargo fue dominado por el miedo, y Cuando el enano se dio la vuelta fue cazado sin piedad por los murciélagos.

Turno 2 del bien

Con un rugido, la serpiente alada devoró al último de los hobgoblins y atacó al lanzacohetes. La inmensidad del monstruo hizo perder la fe a los atronadores, que huyeron de la escena de sangre bajando de la colina.

El pequeño regimiento de enanos del caos del flanco izquierdo cargó a los necrófagos, mientras que los hobgoblins a pie se lanzaban sobre los lobos espectrales. Los enanos del caos con trabuco cargaron por el flanco a los caballeros negros que combatían con los guerreros.

Viendo el fin del lanzacohetes, los ballesteros enanos quisieron lanzarse al combate contra el caudillo orco y su feroz montura, pero en el último Momento las fuerzas les fallaron y no pudieron moverse presos del miedo.

No fue así en el otro lado del campo, donde el capitán y los dos caballeros de la Reiskard que quedaban con vida cabalgaron contra el flanco de los ogros dragón. Los caballeros del lobo blanco cargaron al carro de tuskgors, pero este, al ver sus pocas posibilidades, huyó lejos de su alcance.

Pasado el recuerdo reciente de la muerte de sus amos, los orcos negroz recuperaron el dominio de sí mismos y volvieron a encararse hacia el rival.

El hechicero de los cielos dejó a la maltrecha unidad de grandes espaderos para refugiarse en las proximidades de la torre, mientras los miembros de la unidad se reorganizaban en dos filas.

El gran brujo en lamassu sobrevoló el ejército orco para posarse en su retaguardia, desde donde podía sembrar la incertidumbre y el terror. En la vanguardia, los enanos apretaron el paso moviéndose en bloque como un auténtico puño. En un extremo del campo de batalla, los herreruelos hicieron uso de la gran velocidad de sus monturas para flanquear al regimiento de centigors.

El mago de fuego, viendo a los centigors en posición de carga, intentó levantar un muro de fuego entre ellos y la unidad de caballeros del lobo blanco en la que se encontraba, pero una vez más la energía mágica presente en el aire resultó insuficiente para llevar a cabo el conjuro. Frustrado, el hechicero del colegio rojo materializó una bola de fuego sobre sus puños, pero el conjuro se disipó en el viento con un ritual del beligor.

El mago que acompañaba a los caballeros de la Reiskard se concentró para robar la esencia de la vida a uno de los bestiales ogros dragón, pero no encontró tampoco el favor de la magia de la muerte y no logró su propósito. Tampoco tuvo suerte el mago azul, que desde su nueva posición no logró hacer caer rayo alguno sobre los caballeros del caos.

Definitivamente, los vientos de magia no estaban hoy cargados. El gran brujo enano del caos, que había perdido el apoyo de uno de sus brujos, no consiguió materializar la bola de fuego que pretendía dirigir a los jinetez de jabalí orcos zalvajes. Lleno de ira, comenzó a pronunciar las arcanas palabras de un poderoso conjuro de fuego, Innumerables llamas comenzaron a envolverlo, pero la energía acumulada resultó ser demasiado poderosa y el brujo perdió el control del hechizo, viéndose obligado a luchar para apagar las llamas que habían prendido en su barba y sus ropajes.

El lanzador de rocas enano apuntó al carro de tuskgors del flanco izquierdo, pero la roca cayó lejos del rudimentario vehículo.

El cañón estremecedor, atendiendo a la petición de ayuda de los humanos, disparó su pesado proyectil con la esperanza de hacer temblar el suelo bajo los caballeros del caos. La gigantesca bola pasó de largo para caer sobre los Tzaangors, acabando con cuatro de ellos y haciendo tambalearse también al carro de tuskgors cercano, la unidad de gors comandada por el beligor y los caballeros del caos.

El lanzacohetes que no se encontraba en combate disparó al centro de la trifulca entre los caballeros negros y los enanos del caos. Cuatro caballeros explosionaron cuando el cohete detonó. En la esquina del campo de batalla, el lanzavirotes de la torre vio perfilados a los lobos espectrales y los hobgoblins no lo dudaron. El proyectil atravesó de parte a parte a dos lobos antes de perder la fuerza.

Pero aún quedaba la archiconocida artillería imperial. El cañón de la colina más baja decapitó a dos jinetes de jabalí antes de que la bala se incrustase en el suelo, mientras que el otro no lograba hacer daño alguno al carro que esperaba cargar contra el gran tauro. Pero lo más mortífero estaba por llegar. El disparo del mortero volvió a caer en el centro de la unidad de bestigors, y esta vez Tzeentch no los protegió. Seis hombres bestia cayeron con las armaduras y la piel agujereados. Después de recibir dos veces el impacto directo del mortero y una vez el del cañón estremecedor, los bestigors decidieron que aquella era una zona peligrosa y huyeron.

Los batidores quisieron aportar su semilla al caos reinante, pero sus flechas no atravesaron la escasa armadura de los jinetez de lobo. Mucha más puntería demostraron los herreruelos, que llenaron de plomo nada menos que a cuatro centigors.

Como última acción antes de que el cañón humano desapareciese, el cañón enano disparó una lluvia de fragmentos de metal a los aulladores, acabando con uno de ellos.

En el combate de la colina, el demonio mayor entró en un estado de frenesí y sus garras cortaron las gargantas de cuatro arcabuceros, que a pesar de todo se mantuvieron en su lugar.

Entre las piedras de la manada el comandante enano del caos abrió el cráneo de otros cuatro gors y el gran tauro acabó con otro de un poderoso mordisco. Finalmente, los gors no aguantaron y huyeron, pero fueron aniquilados por el monstruo. Al ver esto, los centigors huyeron hacia el borde del campo de batalla, sin ninguna esperanza de victoria en sus embotadas cabezas.

Ni el capitán, ni el mago, ni los caballeros ni los flagelantes lograron penetrar las recias escamas de los ogros dragón. Los monstruos a cambio acabaron con el mago de la muerte y dos flagelantes, pero no fue suficiente. La masa de humanos locos comenzó a hacer retroceder a las criaturas, que fueron presos por el pánico y huyeron para acabar aniquilados por sus perseguidores. Los caballeros y los flagelantes colisionaron en su persecución con los gors.

Ajeno a lo que ocurría a sus aliados, el gigante comenzó a saltar sobre los desprotegidos matadores, convirtiendo en masas sanguinolentas a seis de ellos. El matagigantes no hizo honor a su nombre y volvió a verse incapaz de herir al monstruo.

En el combate frente a la colina, los enanos del caos con trabuco no lograron dañar a los protegidos caballeros negros. Los guerreros, en cambio, desmontaron a dos de los tumularios de sus pesadillas, sin sufrir baja alguna a cambio. La derrota provocó la desaparición de los jinetes de la perdición y de la mitad del otro regimiento. La suerte del combate empezaba a invertirse.

Los hobgoblins a pie lograron clavar un hacha en la cabeza de uno de los lobos espectrales, mientras que los demás no lograron herir a ninguno de los pielesverdes y perdieron la vida que el nigromante les había concedido. Los hobgoblins, pisoteando los cadáveres, llegaron al combate con las bandadas de murciélagos.

En la colina, el caudillo en serpiente alada mutiló sin problemas a los enanos del caos de la dotación del lanzacohetes, y el monstruo levantó el vuelo fuera del campo de batalla en busca de más víctimas.

Los jinetes de la muerte acabaron con un centauro, mientras que Caín Von Carstein desangraba a otro en un breve lapso. Los centauros, ante el temor irracional que produce el luchar contra guerreros muertos, dieron media vuelta y huyeron. Los caballeros negros no lograron darles caza, pero mientras los perseguían quedaron en combate con los guerreroz orcos.

Los enanos del caos del regimiento de menor tamaño atravesaron con sus hachas fácilmente los cuerpos de dos necrófagos. Los necrófagos acabaron con 3 enanos, pero ninguno de los dos bandos se retiró.

Turno 3 del mal

Al ver a los poderosos bestigors huyendo en estampida, el carro de tuskgors cercano fue dominado por el pánico y huyó hacia las líneas enemigas. Tras haber superado todo el campo de batalla, los aulladores cayeron sobre el cañón imperial, cuya dotación se preparó para defender la máquina con su vida. El carro de tuskgors que pretendía haber cargado contra el gran tauro antes de que éste acabase con los gors definió un nuevo objetivo. A una señal del bestigor que lo tripulaba, el carro arremetió contra el flanco de los caballeros del lobo blanco.

En ese momento, los dos jinetes de lobo que quedaban vivos bajo la torre de Khorne, y de los que todo el mundo se había olvidado, cargaron contra los atronadores. Asustados por la serpiente alada, los enanos no pudieron ver el número de goblins que les atacaban, y cundió el pánico. Mientras huían fueron atacados por la espalda y murieron poco a poco.

La unidad de esqueletos al mando de Sade Von Carstein cargó a la de guerreros del clan que tenían ante ellos. En la torre, los murciélagos vampiro acabaron con los restos del enano que protegía el cañón y se lanzaron a por el lanzavirotes hobgoblin. Los pequeños pielesverdes fueron vencidos por el miedo y echaron a correr para ser aniquilados por los vampiros. Abajo, los lobos espectrales se abalanzaron contra el flanco de los guerreros enanos del caos que combatían con los necrófagos.

En el otra extremo del campo de batalla, el bestigor logró parar a los enloquecidos tuskgors y calmarlos. El carro se dio la vuelta preparado para volver al combate. A la par que éste, los bestigors lograron dominar sus miedos y se reorganizaron. No lo lograron en cambio los centigors, que abandonaron el campo de batalla sin haber realizado nada mencionable.

Los jinetes de lobo goblins consideraron que ya estaban bastante lejos de los iracundos martilladores y se atrevieron a dejar de correr, aunque permanecieron encarados al brujo en lamassu, que amenazaba a la retaguardia del ejército.

Dos de los fanáticos se alejaron del combate central, no sin antes acabar con dos martilladores desafortunados que se cruzaron en su camino. El otro se dirigió peligrosamente al centro del campo de batalla, donde amenazaba a las fuerzas de los dos ejércitos. El caudillo en serpiente alada volvió al campo de batalla posándose en la retaguardia del ejército enano.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   enano barriendo
10-06-2005 08:52
un enano portugues barriendo en Lisboa

   RE: enano barriendo
20-10-2005 15:49
Small cars

   Épica.
21-10-2004 04:24
Me reafirmo en la opinión que expuse antes: esto es una batalla como Dios manda, no esas escaramuzas de patio de colegio. Por cierto, los enanos del Caos (y su comandante) se están cebando; respecto a sus hermanos de las montañas del Fin del Mundo (que son mi ejército predilecto), no están haciendo mucho de momento. Espero que eso cambie al final de la contienda, porque ¡es la segunda vez que me encuentro con que un gigante masacra toda una unidad de matadores! ¡Para qué demonios están, si no es para matar engendros así! ¡Pero si hieren al gigante a 4+! Definitivamente, no fue su día.

Espero con suma impaciencia el desenlace. Y, como proferirían los enanos, "¡Kazhuk!".

   RE: Épica.
21-10-2004 18:44
Yo lo he visto al menos otra vez más en directo. Es el triste destino de los matadores

   MOLA....!!!!
20-10-2004 21:34
No esta nada mal la batallita. Pero en el tercer turno con tanto mamporro me perdi.

   ¿Cuántos van?
20-10-2004 18:42
Dada la magnitud de la batalla, me ha sido imposible contar los muertos... impresionante.

Me da que si Nagash se pasa por ahí después de la batalla, se va a hacer con una buena tropa de muertos vivientes...

   RE: ¿Cuántos van?
20-10-2004 20:22
una tropa buena con el ejercito k hace conkista todo el mundo y parte del universoxDDDDDDDDDDDDDD

   JoDeL...eSTo es uNa BaTaLLa.....
20-10-2004 14:17
lo dicho esto es una batalla y no la guerrilla esa de los 100 años, jejejeje

la proxima vez q se juege una partida asi, hacedlo en abietro y con publico

   In crescendo
20-10-2004 11:17
En esta batalla se reparten más ostias que en el Vaticano... y todavía queda el desenlace ;-)

   RE: In crescendo
20-10-2004 11:32
Qué bestia! Nunca he jugado una batalla tan grande, pero me gustaría conseguirlo en unos añitos.



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