|
Nemo Von Carstein condujo a la centuria sangrienta hacia los enanos del caos. Mientras, el ejército orco avanzó muy tímidamente, consciente de que más valía ablandar a los enanos antes de entrar en combate contra ese considerable conjunto de hachas de batalla. La pequeña unidad de goblins nocturnos penetró en la iglesia con la intención de acabar con los humanos que se escondían en ella.
El conde vampiro proyectó de nuevo los mortíferos rayos de energía negra contra los orcos negroz, fulminando a seis de ellos al instante. Ante el efectivo ataque mágico, los orcos huyeron.
Aprovechando la dirección favorable de los vientos de la magia, Szyus Kossuth, el nigromante, lanzó un conjuro a los jinetes de la muerte que vigorizó a los muertos vivientes. No consiguió, por el contrario, lograr invocar zombis detrás de los enanos del caos con trabuco. Pero Maléficus triunfó donde Szyus había fallado gracias al consumo de una de las piedras arcanas que transportaba. Con unos rápidos movimientos de manos, once zombis surgieron de las profundidades en la retaguardia de los enanos. Para redondear el éxito, el maestro nigromante comenzó a leer unas citas de su ancestral libro de conjuros, pero el aura de resistencia mágica que desprendían los cientos de enanos del campo de batalla disipó su hechizo.
El chamán goblin nocturno volvió a intentar acabar con los martilladores con rayos de pura energía waaagh, pero una vez más no logró alcanzar su objetivo. Un crepitar en el cielo predijo la llegada de Gorko. El gran brujo en Lamassu logró dispersar el primer hechizo, pero el chamán orco renovó su energía y finalmente superó las defensas del enano. El dios pisoteó al Lamassu, pero este continuó en pie mientras la sangre le chorreaba por los costados.
Los intentos de los hombres bestia por dominar la magia fueron inútiles en esta ocasión. Los conjuros del portaestandarte de batalla y el demonio mayor no encontraron el favor de Tzeentch. El beligor, por su parte, logró penetrar en las mentes de los espadachines, que comenzaron a atacarse entre sí. Sin embargo, los humanos no estaban totalmente poseídos y pudieron evitar la mayor parte de sus golpes, por lo que sólo murió uno de los seguidores del Imperio.
Con un sonoro chasquido, el lanzapiedroz disparó, pero la roca cayó metros antes de llegar a su objetivo, el cañón estremecedor. Uno de los goblins voladores se estrelló también antes de llegar a los martilladores, mientras que la otra katapulta fue obligada por la confusión de los goblins de su dotación a disparar a su desafortunado proyectil de cabeza al suelo. El cráter resultante fue espectacular. Cuando parecía que Gorko y Morko habían abandonado a la artillería orca, los lanzapinchoz ensartaron al gran brujo en Lamassu con ambos proyectiles, derribándolo de su montura y matándolo en el acto. El lamassu, sin embargo, no se vio afectado en absoluto por la pérdida de su jinete, y mantuvo su posición.

|
Los lobos espectrales y los necrófagos no lograron penetrar las férreas armaduras de los enanos del caos, que a cambio acabaron de un limpio hachazo con uno de los necrófagos. Sin embargo, el superior número de muertos y el penetrante olor a putrefacción sembró el pánico entre los enanos, que fueron cazados por los lobos en su huida. Al lado de la masacre, los jinetes de la muerte llegaron a las posiciones de los orcos, aplastando a dos de ellos. Los pielesverdes no dañaron a ninguno de los caballeros, pero mantuvieron su posición. Más a la derecha, los hobgoblins no lograban alcanzar a ninguno de los escurridizos murciélagos, mientras que uno de ellos cayó cubierto de una apabullante masa de pequeños mamíferos voladores. En el combate central, Dragan, el Señor tumulario, decapitó con su arma funeraria a uno de los enanos del caos con trabuco para luego ver cómo su unidad caía cuando la esencia de la no vida los abandonó.
La lucha entre los esqueletos y los guerreros del clan fue poco espectacular. Ninguno de los dos bandos, ni tan siquiera el vampiro neonato Sade Von Carstein, logró infligir herida alguna a su rival. A pesar de ello, los enanos huyeron ante la visión de los muertos atacando, mientras que los esqueletos permanecían en su posición a la orden del vampiro.
El gigante siguió saltando arriba y abajo y aplastó a cinco matadores más. Esta vez el matagigantes logró propinarle un hachazo en uno de los pies, que empezó a sangrar salpicando en todas direcciones. Sin embargo el coloso no se dio por aludido y continuó saltando.
En la colina, los aulladores empalaron a los humanos que defendían el cañón con sus afilados colmillos, mientras que más abajo el demonio mayor seccionaba el cuerpo de otro arcabucero a la altura de la cintura.
El carro de tuskgors acabó con dos caballeros del lobo blanco en su ataque por el flanco, pero no logró que los bravos humanos perdiesen su valor. Al tiempo que esto ocurría, los flagelantes blandían sus mayales y hendían el cráneo a cinco gors. El capitán y los caballeros se deshicieron de otros cuatro, a lo que el beligor contestó acabando con los dos caballeros de la Reiskard que quedaban con vida. Esto no fue suficiente para que los hombres bestia conservasen la compostura, y fueron arrasados todos en una brutal persecución que llevó al capitán (ahora sólo) y los flagelantes a chocar contra los tzaangors.
Turno 3 del bien
Ante la vuelta de la gigantesca serpiente alada, los guerreros del clan cercanos a ella se vieron dominados por el terror y huyeron. Para compensar la fortuna, el regimiento que había sido derrotado por los lanceros esqueleto dejó de correr y se plantó firmemente para volver a hacer frente a los no muertos. Del mismo modo, tanto los centauros enanos del caos como los orcos negroz olvidaron sus temores y recuperaron las composturas.
En el otro extremo del campo de batalla los herreruelos cargaron al carro de tuskgors que estaba en combate con los caballeros del lobo. Al verse desprotegido, el pánico se apoderó del beligor que lo conducía, y el carro huyó perseguido de cerca por los caballeros de elite. Los herreruelos quedaron rezagados.
El destacamento de compañías libres de los espadachines se armó de valor al ver a los herreruelos y cargaron al carro que huía frente a ellos. El bestigor giró y cambió su dirección de huida lejos de los humanos.
Los batidores, viendo la entrada de las dos decenas de goblins nocturnos, salieron de la iglesia a campo abierto. La infantería imperial se preparó para recibir la carga de los caballeros del caos con garantías y una de las unidades de guerreros del clan enanos se aproximó al gigante.
El mago azul intentó reunir todo el poder de los cielos para descargar una lluvia de rayos sobre los caballeros del caos, pero el demonio mayor dispersó su intento. El cometa de Casandora destinado a caer entre las unidades de jinetez de jabalí no llegó a caer gracias a la lectura de un pergamino mágico por parte de uno de los chamanes goblins nocturnos, mientras que el hechicero de fuego tampoco fue capaz de levantar un muro de llamas delante de los caballeros. Con dos brujos enanos del caos muertos, esta raza no tenía un gran poder arcano y no pudo inquietar a los vampiros.
Viéndose en una situación de riesgo, el lanzacohetes disparó un proyectil sobre los jinetes de la muerte que combatían con los guerreros orcos. Pero la mala suerte se alió con los condes vampiro, y el cohete detonó justo sobre los hobgoblins, acabando con seis de ellos. La catapulta, disparada a los mismos jinetes, no logró alcanzar a nadie y la roca se estrelló sin consecuencias. El proyectil del cañón estremecedor tampoco alcanzó a ninguna criatura, pero la tierra tembló desequilibrando a toda la infantería imperial y a los caballeros del caos. Los dos cañones que quedaban dispararon a los esqueletos buscando a los nigromantes que ocultaban tras sus filas, pero ninguno logró alcanzarlos.
Mientras tanto, los ballesteros fijaron su objetivo en la amenazante serpiente alada. La lluvia de flechas que le calló encima la alcanzó en un ojo y el monstruo rugió de dolor mientras el caudillo era herido en un hombro. El gran tauro exhaló una lengua de fuego que acabó con un goblin de la dotación de la katapulta de la colina.
Los jinetes de la muerte, con Cain Von Carstein a la cabeza, destruyeron a seis guerreros orcos, que aterrorizados intentaron huir sólo para ser borrados del campo por los muertos. Los caballeros se trabaron en combate con los centauros en una reedición de ese enfrentamiento. A la derecha, los hobgoblins repartieron hachazos en todas direcciones, acabando en el proceso con varios murciélagos.
Finalmente, los enanos del caos con trabuco dieron buena cuenta del señor tumulario Dragan, Acabando de una vez por todas con los caballeros negros de ese sector del campo de batalla.
El gigante continuó saltando sobre los indefensos enanos, matando en el acto a cinco más.
Los flagelantes continuaron su orgía de destrucción acabando con tres tzaangors mientras el capitán mataba a dos más. Los bestigors huyeron y fueron alcanzados en su huida y destruidos, tras lo cual las dos unidades llegaron hasta los orcos grandotez. En la colina, el demonio mayor clavó una de sus garras en el corazón de otro arcabucero. Sin embargo, uno de los valientes humanos logró clavarle una pequeña daga entre los ojos, y con un rugido sobrenatural, el hijo de Tzeentch se desvaneció.
Turno 4 del mal
Nemo Von Carstein estaba furioso. La incompetencia de los hombres bestia estaba poniendo en peligro el plan de batalla. Los hijos del caos, que habían perdido a todos sus líderes, estaban vagando por el campo sin aportar excesivas ventajas. Pero el vampiro no había contado con el hándicap que suponían los pielesverdes.
Cuando los orcos zalvajes jinetez de jabalí se disponían a lanzarse contra los martilladores enanos, los goblins nocturnos de su izquierda lanzaron una pequeña piedra hacia ellos con tan mala suerte que el brutal jefe de la unidad interceptó el proyectil con uno de sus ojos. Hasta el más inexperto de los seres vivos sabe que no debe irritarse a un orco zalvaje, y menos si éste va sobre la grupa de un furioso jabalí de guerra. Con una rápida contraorden , los orcos se lanzaron contra los sorprendidos goblins y comenzaron a zurrarles. 8 goblins cayeron al suelo pisoteados o atravesados por las lanzas, tras lo cual los demás aprendieron la lección y adoptaron una actitud mucho más sumisa. Los orcos zalvajes, cumplida su venganza, se calmaron.
Al ver la roja masa del gran tauro ante ellos, los goblins voladores y la dotación de la katapulta de la colina abandonaron sus posiciones y huyeron del campo. En la misma colina, los goblins del lanzapiedroz dejaron su máquina al ver al carro de tuskgors huyendo ante ellos. En un santiamén, los orcos y goblins habían perdido a dos máquinas de guerra y se estaban matando entre sí. Estaba claro que todo empezaba a quedar en manos de los no muertos.
Con la idea en mente, Maléficus ordenó a los zombis que acababa de invocar que cargasen por la retaguardia a los enanos del caos con trabuco.
El caudillo espoleó a su montura y se lanzó contra los ballesteros que los habían dañado. Los enanos recibieron a orco y montura con una nueva lluvia de flechas. Dos alcanzaron a la serpiente en el pecho. El monstruo se convulsionó y cayó derribando a su jinete. El caudillo surgió ileso de entre los restos de la serpiente alada, muerta.
El carro de tuskgors del flanco izquierdo cargó contra la unidad de hobgoblins que combatía con los murciélagos. Los murciélagos vampiro bajaron de la torre y se dirigieron hacia la catapulta enana.
Al lado de la iglesia, los jinetes de lobo se lanzaron contra los batidores que salían por la puerta. Los jinetez de lobo que acababan de cazar a los atronadores arremetieron contra el lanzacohetes de muerte.
Los aulladores de Tzeentch cayeron en picado sobre los arcabuceros que minutos antes habían dado muerte al demonio mayor. El carro de tuskgors del flanco derecho cargó a los herreruelos por la retaguardia, mientras que los otros dos carros continuaban huyendo, uno de ellos abandonando el campo de batalla.
Los orcos continuaron avanzando muy tímidamente, mientras que las doncellas espectrales llegaban a la colina y le bosque respectivamente. Dos de los fanáticos chocaron entre sí y el restante siguió moviéndose por el centro del campo de batalla.
El conde vampiro, que había acabado ya con varios orcos negroz, volvió a lanzar contra ellos rayos oscuros, pero esta vez no les causó daño alguno. Ante esto, volvió a despedir haces de oscuridad con energía renovada, pero los rayos no encontraron poder en los vientos de magia y apenas avanzaron unos metros antes de desvanecerse. Tampoco logró reunir la energía necesaria para carbonizar a alguno de los orcos el maestro nigromante, que frustrado intentó engrosar las filas de los zombis, una vez más sin éxito. Para terminar, sacando una piedra de su bolsillo, invocó un poderoso hechizo mientras el mineral se consumía en un constante crepitar. Los guerreros enanos del caos comenzaron a envejecer instantáneamente y uno de ellos murió consumido por los años.
Una vez más, el chamán goblin nocturno intentó canalizar energía Waaagh para acabar con los martilladores, pero su resistencia a la magia era demasiado potente para ser atravesada. El intento de mejorar la capacidad de combate de los grandotez, que se encontraban en problemas, tampoco dio fruto gracias a la presencia de una runa mágica en el martillo del señor de las runas que absorbió toda la energía en el aire. En ese momento el gran chamán, cuya unidad estaba en combate, invocó a Gorko sin que nadie pudiese impedirlo. El enorme dios pisoteó al comandante enano del caos en gran tauro y al lamassu, hiriendo a las dos bestias aladas, pero sin acabar con ninguna. Tras esto Gorko dejó el campo,y cuando el orco lo invocó de nuevo sólo apareció un pie que cayó de nuevo sobre el gran tauro, aunque esta vez el duro pellejo del monstruo lo protegió del golpe mágico.
La doncella espectral del bosque aulló. Los hobgoblins no habían oído nada parecido en su existencia, y se les heló el corazón. Dos de los pielesverdes sufrieron un paro cardiaco y murieron.
Los lanzapinchoz dispararon al lamassu, pero uno de los proyectiles salió muy desviado y el otro se clavó en uno de los cuernos de la bestia sin causar daño aparente.
El carro de tuskgors que había cargado a los herreruelos arrolló a los cinco humanos y a sus respectivas monturas para luego seguir su camino hacia la colina. En la colina, los aulladores lograron en unos segundos lo que el demonio mayor no había logrado hacer en la batalla. Tres arcabuceros murieron bajo los colmillos de los demonios, y el resto hicieron un amago de huir, pero fueron aniquilados antes de que pudiesen alejarse demasiado. Los aulladores furiosos se lanzaron a por el flanco de los caballeros del lobo blanco.
Los enloquecidos flagelantes acabaron con tres grandotez y el capitán ensartó a dos más. Los grandotez huyeron a pesar de los gritos del gran chamán y fueron aniquilados junto al mago por sus perseguidores.
En ese momento los jinetez de lobo acababan con uno de los batidores y los hacían huir. Al ver a los orcos huir, los goblins fueron presa del pánico.
Tras mucho tiempo de agonía, los matadores fueron aniquilados por el gigante. Al ver los restos esparcios por el suelo, los guerreros del clan que había al lado huyeron.
Los enanos del caos con trabuco lograron acabar con dos de los zombis que les atacaban por la retaguardia sin sufrir bajas. Los jinetes de lobo de la colina mataron a los dos enanos que protegían el lanzacohetes y se perdieron fuera del campo de batalla entre ladridos y gritos de euforia.
El carro pasó por encima de cuatro hobgoblins mientras los tuskgors empalaban a otro más. Los murciélagos acabaron con otros dos y los restantes huyeron para ser arrollados por el carro, que se estampó contra los centauros mientras que los murciélagos se lanzaban sobre los orcos negroz.
Los jinetes de la muerte atravesaron a uno de los centauros de parte a parte. En el contraataque, los centauros acabaron con otro de los caballeros.
Turno 4 del bien
Con un brutal rugido, el lamassu herido se lanzó sobre los zombis que atacaban a los enanos del caos con trabuco. En la colina, los ballesteros enanos empuñaron sus hachas y cayeron sobre la doncella espectral.
Los dos regimientos de guerreros del clan que huían se reagruparon cuando el odio que sentían hacia los pielesverdes venció al miedo. No fue así en el caso de los batidores humanos, que continuaron su carrera hacia los límites del campo de batalla.
El resto ejército del bien permaneció estático con la excepción del comandante enano del caos en gran tauro, que voló hacia la retaguardia del ejército orco.
El mago de los cielos invocó una lluvia de rayos con unos gritos estridentes, pero la magia le sobrecargó y tras unas convulsiones cayó al suelo sangrando por la boca. Sin embargo, el hechicero herido no desistió y con las pocas energías que le quedaban dirigió una señal al cielo. Las nubes se separaron y dejaron paso a una gigantesca bola de fuego, que cayó sobre los jinetes de jabalí. Cuando iban a ser aplastados, el cometa estalló en un sinfín de chispas y el mago pudo ver cómo uno de los chamanes goblins nocturnos acababa la lectura de un pergamino. Finalmente, el hechicero pudo invocar el poder de Amul para conceder la fortuna a su ejército.
El cañón enano apuntó al gigante que había acabado con los matadores y disparó. La bola rozó la cara del coloso, arrancándole una oreja en el proceso. Mientras el monstruo rugía de dolor, la catapulta enana disparó sobre los jinetes de la muerte, pero no los alcanzó.
El cañón estremecedor, en cambio, tuvo más tino. Su proyectil cayó justo en medio de la peña de jinetes de jabalí, aplastando en el acto a cinco de los orcos. Los demás huyeron despavoridos hacia la posición del gran tauro, que en ese momento escupía una ola de llamas contra los jinetez de lobo y achicharraba a dos en el proceso.
El carro de tuskgors embistió, atropellando a uno de los centauros enanos del caos sin dar opción a la réplica. Uno de los tuskgors empaló a otro mientras los caballeros negros acababan con uno más. Los centauros acabaron con un caballero pero su ataque no fue suficiente para parar a sus atacantes y se vieron obligados a huir del campo de batalla. A la derecha del combate, los murciélagos vampiro acabaron con un orco negro, pero el empuje de los pielesverdes acabó con el lazo mágico que unía a la vida a varias de las criaturas.
A pesar de lo inesperado de su carga, el lamassu no logró herir a ninguno de los zombis. Los enanos del caos con trabuco devolvieron a la tierra a tres de las criaturas y dos más se deshicieron.
La carga de los ballesteros enanos acabó con la unión al mundo material de la doncella espectral. Los enanos apenas se pararon y chocaron contra el caudillo que acababa de perder a su serpiente alada.
En el flanco derecho del campo de batalla los aulladores embistieron atravesando la armadura y la carne de un caballero del lobo. Los humanos blandieron sus martillos y uno de los monstruos voladores fue herido. Los demonios, superados en fuerza y número, se difuminaron volviendo al abismo del que procedían.
Resultado provisional al final del turno 4 Fuerzas del bien: 4856 puntos
Fuerzas del mal: 3909 puntos
Diferencia: 947 EMPATE
|
 |