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El Demonio Rojo (15)


Relatos de Fantasía

05-11-2004 10:39
Por: Gandalf_Mithrandir

Empieza el viaje de Lance y sus amigos a las tierras del norte, pero antes tienen un gran obstáculo, La Barrera de Hielo. ¿Será capaz Lance de destruírla con el hacha que encontró en la Mina Maldita?

Capítulo 15: La barrera de hielo

El camino que tomó la compañía volvía a ascender, lo que molestaba a Lance, Kara, Lot y Lobo, pero no a Lung, Elmer, Parsh, Drutt, Atcor ni Tamik. Leonel era completamente indiferente a estas sensaciones, porque iba volando convertido en murciélago. El primer día de viaje caminaron a un ritmo pausado, siempre en dirección norte. No hablaban mucho. Ni siquiera preguntaron por el lugar al que se dirigían. Tan sólo se dejaban guiar por los cinco proscritos. Elmer no dio explicaciones del destino ni los seis compañeros sintieron necesidad de preguntarlo. El día transcurrió rápidamente y, a media tarde, llegaron a las estribaciones de una cadena montañosa. Continuaron ascendiendo por la ladera hasta que los árboles empezaron a escasear. Entonces, los seis amigos pudieron ver que el camino serpenteaba entre montañas de afilados picos. El camino volvía a bajar y se situaron en el medio de la cadena de montañas. Elmer miró al cielo, y al descubrir que era muy tarde, decidió que era el momento apropiado para acampar.

Como siempre, Leonel se encargó de encender un fuego y todos se colocaron alrededor. Lot se sentó al lado de Tamik y empezó a hablar con él. Realmente le interesaba escuchar algo sobre Rondor. En el Bosque de los Trolls había escuchado la historia de Lung sobre el Rey Dragón y quería saber más sobre el que fuera otrora un reino oscuro.

- Puedo aseguraros que Rondor es muy distinto a como era antes – decía Tamik -. Los Fosos de Rondor han sido tapiados hace ya mucho tiempo. Deberíais ver los preciosos jardines que adornan ahora mi país.
- Pero, ¿no quedó ningún rastro del antiguo mal? – preguntó Lot con renovado interés -. ¿No dejó el Rey Dragón de algún modo su huella?
- Bueno – respondió Tamik -. Naturalmente, algo quedó. En determinadas zonas, la tierra quedó negra y estéril para siempre. Nunca podrá crecer nada en esas zonas.
- Bien – dijo entonces Elmer -. Será mejor que descansemos ya. Mañana será un día muy duro, mucho más que el do hoy.
- Sí, mi señor – dijo Parsh -. Mañana llegaremos al río Germión, y no es algo sencillo.

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Pasaron la noche en medio de las montañas, rodeados por el aroma del aire puro. Durmieron tranquilos y sin sueños. Al amanecer, los cinco guías de la compañía los llevaron a través de la cadena montañosa y accedieron a una de las montañas por un empinado desfiladero. El barranco terminó abruptamente en una pared de la montaña llena de huevos y surcos. Lance y sus compañeros no sabía qué hacer, hasta que vieron que Elmer, Parsh, Drutt, Atcor y Tamik empezaban a escalar la pared vertical. Resignados, los miembros de la compañía hicieron lo mismo. La mañana había dejado paso a la tarde cuando llegaron a la cima de la elevada montaña. Lance, jadeante como todos sus compañeros excepto Leonel, se paró un momento a descansar. Se le ocurrió mirar al norte y divisó, muy cerca, el gran río Germión atravesado por un estrecho puente. Más lejos aún, pudo llegar a ver la enorme y terrible barrera de hielo, desde el este al oeste, sin que llegara a ver el fin. Elmer se detuvo y le indicó al joven guerrero que siguiera caminando. No era menester detenerse en ese momento.

El camino no ofrecía mayores dificultades cuando empezaron a descender de la montaña. Los rayos del sol eran cálidos y reconfortantes, y poco a poco empezaron a olvidar las durezas del camino escogido por Parsh. Al igual que el día anterior, Elmer no dio ni la más mínima explicación sobre la razón de ese camino. En cambio, no había tanto silencio. Drutt, Atcor y Tamik conversaban amistosamente con los miembros de la compañía.

Cuando el crepúsculo envió los primeros indicios de su llegada, el grupo llegó a las tranquilas pero profundas y peligrosas aguas del río Germión. Acamparon en un pequeño prado junto al río. El grupo no habló nada y decidieron dormir debido a lo cansado que había sido el día. Sin embargo, Lance no conseguía dormir. Cuanto más se acercaban al objetivo, más inquietud sentía. No era la barrera de hielo lo que le preocupaba, era algo más. Algo más al norte. Era el Bosque Gris. Sentía una presencia, un presentimiento quizá, que no podía explicar ni comprender. Al final, después de dar muchas vueltas en el suelo, cayó en un sueño intranquilo.

A la mañana siguiente, el grupo cruzó el raquítico puente que pendía sobre el río Germión y continuaron avanzado por el camino, rumbo al norte. El día era cálido y luminoso, pero más frío que el día anterior. Era extraño. Cuanto más al norte iban, más se iba enfriando el ambiente. Rápidamente dejaron atrás la visión del río y siguieron de nuevo un camino despejado. Pero unas nubes negras empezaron a formarse en el firmamento y terminaron por cubrir todo el cielo. Una fuerte lluvia cayó sobre ellos, empapándolos por completo. La marcha se hizo más lenta, y la tibieza y luminosidad de los días anteriores desaparecieron de sus memorias. A media tarde la lluvia perdió intensidad, aunque no remitió completamente.

Ya estaba avanzada la tarde cuando la lluvia cesó y pudieron ver los rayos del sol entre las nubes. Elmer fijó su atención en los árboles cercanos y vio un gran roble que les serviría de refugio mientras comían. Ya llevaban algún tiempo sin detenerse a comer algo para ahorrar tiempo y llegar lo antes posible al destino. El veterano guerrero les entregó a sus acompañantes una pequeña ración de la comida que había preparado con amor su padre. Lobo, que tenía su pelaje completamente mojado, se acercó a Elmer y le preguntó:

- ¿Cuándo llegaremos a la barrera?
- Eso pregúntaselo a Parsh. El conoce muy bien estas tierras. Parsh, ¿te molestaría contestar a la pregunta de Lobo?
- En absoluto – respondió el guerrero -. Yo diría que llegaremos mañana. ¿Por qué? ¿Te cansa mucho el viaje?
- Bueno – dijo Lobo -, sí que me cansa, pero no es por eso. Quiero llegar de una vez a Tauton y poder secarme un poco el pelaje. Voy a coger una pulmonía.
- Tranquilo – rió Elmer -. Podrás secarte cuando acampemos, con el fuego que encienda tu amigo el demonio.

Después de la rápida comida, el grupo reemprendió el viaje y se adentró en un bosque cubierto de maleza, ramas y trocos caídos. El terreno se transformó en una serie de surcos y agujeros que dificultaban el avance. Se esforzaban en caminar sobre el barro y los obstáculos, con Parsh a la cabeza, guiando a los demás. Lobo gruñía, molesto. Los mosquitos no dejaban de molestarle y tenía el pelo cubierto de barro.

Era media noche cuando el grupo dejó atrás el bosque y Elmer decidió acampar en un prado relativamente seco. Lobo se acercó todo lo que pudo al fuego hecho por Leonel y estornudó. Lung sonrió ante esto y el hombre-lobo le miró, irritado. Elmer les concedió a sus compañeros una pequeña cena, que acabaron con rapidez, y se durmieron de nuevo.

El día siguiente amaneció soleado, cosa que agradeció todo el grupo, en especial Lobo. Y así, descansados, la compañía y sus cinco guías se pusieron de nuevo en camino. El terreno todavía no estaba seco del todo, pero no había tanto barro como el día anterior. El ambiente era tranquilo, el viento estaba en calma y el camino estaba despejado. Siguieron caminando y vieron a muy poca distancia un gran valle. Cuando pisaron la tierra del valle, encontraron el bosque sorprendentemente limpio de maleza y madera muerta. Continuaron su avance por el bosque durante varias horas, en silencio y con paso regular.

Era media tarde cuando vieron que el valle estaba bloqueado por una terrible muralla de hielo blanco, increíblemente grande en altura y longitud. Era la barrera de hielo. Lance cogió el hacha que llevaba atada a la espalda y vio asombrado que la hoja emitía un enigmático resplandor verdusco. Lance se volvió a Elmer y, antes de que pudiera formularle la pregunta al guerrero, éste dijo:

- El hacha de los enanos brilla cuando se acerca a la barrera de hielo.
- Aún no estamos tan cerca – comentó Lance -, ¿cuándo llegaremos?
- Al anochecer – dijo Parsh -. Eso si seguimos a este ritmo.

Cuando llegó la noche cerrada, aún no había llegado al objetivo. Caminaron por la oscuridad durante algún tiempo, mientras la luz de la luna bañaba los terrenos despejados. La muralla parecía más y más grande conforme se acercaban a ella, y Lance no estaba seguro de que el hacha fuera a funcionar. ¿Qué arma de cualquier tipo podría ser capaz de destruir algo como eso? Casi sin darse cuenta había llegado junto a la barrera y, de no ser por Lung, el joven guerrero habría chocado contra ella. Lance agarró con ambas manos el hacha y estaba dispuesto a utilizarla, pero Elmer le detuvo, diciendo:

- ¡Espera! Aún no es el momento.
- ¿Qué? – exclamó Lance -, ¿por qué?
- Deberíamos esperar a mañana – dijo Elmer -. Te recuerdo que sólo tienes una oportunidad para destruir esa barrera. Si fallas, el hacha desaparecerá para siempre y no podrás llegar al Bosque Gris nunca. El Demonio Rojo habrá ganado.
- ¿Por qué crees que podría fracasar? –inquirió Lance.
- Se te ve visiblemente cansado –respondió Elmer -. Hemos recorrido una gran distancia hoy. Temo que te fallen las fuerzas en el momento del impacto y que se te escape el hacha de las manos. Eso haría fracasar nuestra misión.
- Está bien – accedió el joven guerrero -. Acampemos, pues.

Las llamas provocadas por la hoguera que Leonel había prendido se reflejaban por toda la superficie de la barrera. Lance era incapaz de dormir, atormentado por las dudas que le acosaban. El joven guerrero cerró los ojos y respiró profundamente, intentándose relajar, pero el sueño se negaba a llegar a él. Lance cambió de posición para evitar la escena de la barrera, pero tampoco conseguía ni tan siquiera dormitar. El Maestro Lung se despertó de repente y miró fijamente al joven guerrero.

- ¿Qué te pasa? – le preguntó en un susurro -. ¿Te inquieta algo?
- La verdad, sí – respondió Lance -. He visto muchas clases de magia a lo largo de mi vida – señaló a la barrera -, pero nada lo suficientemente poderoso como para destruir esto.
- Eso es porque ahora sólo hay magia humana – dijo Lung -. La de los elfos era mucho más poderosa que la nuestra. Recuerda que esa hacha está fortalecida con magia élfica.
- Creía que elfos y enanos no se llevaban bien – dijo Lance con repentino interés.
- Y es cierto – respondió el Maestro -. Pero hubo clanes de elfos y enanos que llegaron a congeniar y a ayudarse mutuamente en momentos de necesidad.
- Entonces – empezó a decir Lance -, ¿crees que esto funcionará? ¿Lo conseguiremos?
- Si lo haces correctamente, sí – dijo Lung -. Escucha, Lance, yo mismo he visto hacer a los elfos cosas verdaderamente prodigiosas.

Lance miró rápidamente a la cara del Maestro.

- ¿Conociste a los elfos? – exclamó.
- Pues claro – dijo Lung, arqueando las cejas y soltando una carcajada -. Y a los enanos también. Recuerda que soy un Maestro. Yo fui quien encerró al Rey Dragón en la Otra Dimensión. Pero no es momento de hablar de ello. Ahora, duérmete.

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Lance se recostó, ya más tranquilo, y cerró los ojos. Se sumió en un mundo de sueños intranquilos y continuamente daba vueltas en el suelo. Durmió mal aquella noche. Todavía era de noche cuando un ruido le despertó. Abrió los ojos y vio a Parsh, mirando fijamente a la barrera de hielo, como si viese alguna extraña visión que los demás no pudieran ver. El guerrero se volvió y Lance hubiera jurado que sonreía con maldad. Cuando Parsh vio que el joven le observaba, le sonrió con amabilidad y le dijo:

- ¿Te he despertado? Lo siento mucho.
- ¿Ocurre algo? – preguntó Lance, desconfiando un poco del guerrero.
- No – respondió Parsh -, nada que no pueda esperar a la mañana. Pero eso no me dejaba dormir.
- ¿Qué es?
- Si no te importa, preferiría decirlo cuando todos estés despiertos. Será mejor que sigas durmiendo.

El guerrero volvió a acostarse cerca de Elmer y se quedó profundamente dormido, entre ruidosos ronquidos. Lance se recostó más tranquilo y se sumió también en sueños. Apenas había caído dormido cuando llegó el amanecer. Lance despertó cansado, aunque no tanto como por la noche. Se irguió con dificultad y vio que todos ya estaban levantados, prestando atención a Parsh. Lance se acercó al grupo y el guerrero dijo:

- Bien, ahora que Lance se ha despertado, os contaré mis temores. El camino que hay detrás de esta gélida barrera no se utiliza desde hace más de 1000 años. No sabemos lo que nos vamos a encontrar ahí. He estudiado los mapas antiguos y he descubierto que había un camino directo hasta Tauton, pero la vegetación crece y el camino estará con toda seguridad cubierto de maleza. Nos podríamos perder y no encontrar jamás Tauton.
- Entonces, tendremos que abrirnos paso – dijo Elmer -. Habrá que cortar la maleza con las armas e ir buscando el camino. Será duro y lento. Lance, ¿estás listo para derribar la barrera?
- No estoy muy seguro – respondió el joven guerrero -. Me siento algo cansado y entumecido, pero habrá que intentarlo.
- ¡Espera! – exclamó de repente Lung -, ¿por qué no pruebas el líquido que nos dio Trogg? Según él, nos daría fuerzas.

Lance accedió y el Maestro le entregó la botellita. El joven guerrero observó con desagrado el negro líquido antes de destapar el tarro. Un olor nauseabundo salió de su interior, obligando a Lance a taparse la nariz. El hijo de Lux se llevó la botellita a los labios, todavía con los dedos tapando su nariz, y dio un gran trago al líquido. Notó como si algo le estuviese quemando la garganta pero, en cambio, sintió renacer sus mermadas fuerzas. Lance devolvió el frasco a Lung y cogió el hacha con ambas manos. El joven guerrero se acercó lentamente a la barrera de hielo e izó el hacha, sin apartar la vista de la gélida muralla. Dudó por un instante, pero el sentimiento remitió al instante.

Entonces, bajó el hacha con un raudo movimiento y la hoja impactó contra la barrera en un violento golpe. Una profunda brecha apareció en el lugar del choque, pero no sucedió nada más. Lance miró decepcionado a la gran muralla y se volvió cabizbajo a sus compañeros. En ese momento, la brecha se fue agrandando más y más. El ruido del hielo al quebrarse y las miradas asombradas de sus amigos, hicieron que el joven guerrero mirara de nuevo a la barrera. La pared de hielo se derrumbó con violencia sobre sus cimientos, dejando libre el camino. Tal como había indicado Parsh, una espesa maleza ocupaba todo, ocultando el camino. Lance echó un vistazo al hacha y vio asombrado que la hoja había desaparecido. El joven guerrero arrojó el mango al suelo y desenvainó su espada, para ayudad a Parsh, Drutt y Atcor a cortar maleza.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Un poco corto.
18-12-2004 18:46
El viaje es bastante interesante, pero los de que son guiados por cinco proscritos no lo entiendo demasiado bien, aunque posiblemente lo hayas dicho en alguno de los capítulos anteriores y a mí se me ha pasado.
El camino hasta la muralla de hielo se me ha hecho bastante corto, tal vez no tendrías por qué hacerme caso, pero puede que hubiese quedado mejor describiendo más los lugares por donde pasaban, e incluso poniendo algo de acción, en un sitio donde hubiera ido bien algún accidente o algo así hubiera sido al cruzar el río Germión. Y de la barrera de hielo lo único que me ha quedado claro es que es gélida y muy grande, podrías haberla descrito un poquito más, pero me ha gustado el suspense que me has hecho pasar cuando pensé que no se derrumbaría.
Espero que la siguiente parte sea igual o mejor que esta.

   Esta bastante bien
19-11-2004 18:37
Has tenido algunos fallos ortograficos mas que de costumbre jeje pero sin importancia, as introducido algun termino del castellano antiguo que a mi parecer no encaja en la historia como por ejemplo lo de menester no es un termino que encaje porque no sigue la linea de los demas relatos en los que no hay introducidos ningun termino de esa clase, aunque por otra parte tambien pude ser parte de ese personaje pero entonces tendras que llevar dos formas de escritura distintas cada vez que hable este personaje.

Un saludop.

   RE: Esta bastante bien
23-11-2004 16:06
Sí, cometí el error de no revisarlo más a fondo, como hice con las demás partes. Gracias por el comentario y un saludo :-)



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