Lo que ocurre en Aguas Profundas a los forasteros que no extreman las atenciones |
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28-10-2004 18:46
Por: sleater
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Un forastero arriva a Aguas Profundas con el banal propósito de conseguir un alojamiento discreto. Su sospechoso empeño por obtenerlo le acarreará un serio altercado con el hampa local.
Una fría ráfaga de aire nocturno penetró de improviso en el caldeado ambiente de la Taberna cuando el forastero abrió la puerta.
El recién llegado lanzó un rápido vistazo al interior del abarrotado local antes de cerrar tras de sí: la sala estaba inundada hasta tal punto del humo de las pipas, que, de la mitad de la habitación hasta el fondo, todas las figuras eran borrosas y confusas. Algo más cerca de la puerta, un enano de aspecto aburrido limpiaba la mesa con la barba mientras trasegaba su décima pinta de la noche. Un tipo del tamaño de un armario ropero, un semiorco según le pareció al forastero, le trajo dos nuevas bandejas a rebosar de jarras llenas hasta el borde, lo cual pareció animar parcialmente al cabizbajo bebedor.
El forastero se desenvolvió un poco de la gruesa capa de piel que lo protegía y se dirigió con paso firme a la barra. Se sentó entre un ciudadano que estaba totalmente fuera de combate y un individuo envuelto en una fina aunque ya vieja capa de viaje, y trató de sobreponerse al bullicio reinante para llamar la atención del tabernero.
Después de tres intentos, el dueño vio de casualidad las gesticulaciones de su nuevo cliente y se dirigió sin prisa a atenderle.
-¿En qué puedo serviros, señor?
-Me gustaría una pinta y una habitación para pasar la noche ¿es posible?
-La cerveza es posible, pero mucho me temo que esta noche no me quedan habitaciones libres, lo lamento.
-¡Hombre...! ¡algo tendréis!
-Imposible. Aguas Profundas ha estado muy frecuentada durante todo el mes. Buscar alojamiento aquí es como buscar vino élfico en una cervecería enana.
-Bueno –replicó el forastero- no estamos hablando de un alojamiento muy lujoso, de hecho estoy interesado en algo... discreto. ¿No sería posible....?
-Esa clase de alojamiento es precisamente el que más se solicita por estas fechas, Maese, la mayoría de las gentes que vienen a esta villa no parecen querer que su presencia sea advertida.
-Entonces ¿no hay arreglo posible?
-Me temo que no, Maese. –concluyó el mesonero mientras posaba la pinta frente al forastero.
-¡Angus, parece mentira! ¡Eres un vejestorio demasiado tacaño incluso para decirle al pobre hombre que busque en otra posada! –interrumpió el individuo de la capa de viaje bajándose la capucha para mostrar la amplia (y algo achispada) sonrisa de un bello y joven rostro de elfo- ¿tienes miedo acaso de que ese egregio pro-hombre de “El Bárbaro Arrepentido” te quite más clientes de los que ya te ha quitado?.
-¡Cierra la boca, borrachillo de medio pelo! ¡Esta conversación no va contigo!
El forastero también pareció ofenderse y, dejando de lado su cerveza, increpó al joven elfo:
-¡Caballero, siéntome ofendido por tal comentario! ¡Ni yo soy un pobre hombre ni vos quién para juzgarlo! ¡Os exijo que retiréis de inmediato tamaña baladronada!
-¡Por el amor de todos los dioses buenos! ¡habéisme malinterpretado en mala forma, Maese! ¡Pártame en el acto un rayo si pretendiera yo antes hacer alusión a vuestra condición moral o económica con mi desafortunado comentario!
El forastero pareció calmarse un poco:
-¡No hacía sino referencia a la suerte que os ha tocado en desgracia, pues si requerís una habitación en esta posada, un único medio hay de obtenerla!
-¿Existe pues una posibilidad de arreglo para mi alojamiento?
-Existe señor, y es labor de este afable tabernero indicaros cuál.
El dueño atravesó al elfo con la mirada y se giró para seguir sirviendo al otro extremo de la barra.
-Mas, como no parece muy dispuesto a ello, yo mismo os indicaré: ¿veis aquella mesa en el centro de la sala donde un variopinto grupo juega cartas? El hombre del peto blindado apuesta su habitación contra el dinero de sus contrincantes, y, aunque hasta ahora no ha perdido en toda la noche, ¡su racha debe de acabar de un momento a otro!.
-¿Habláis en serio? ¡Paréceme una apuesta harto absurda por parte de ese hombre!
-¡El alcohol y la necesidad obran milagros, Maese! Cuando alquiló la habitación, a ese hombre no le quedaba para el desayuno, y ahora.... esta pagando nuestras rondas.
Dicho esto, el elfo se desentendió y volvió a agacharse sobre la barra para pedir más bebida, quedando su rostro oculto a cualquier réplica por su gran mata de pelo blanco.
El forastero, con aire decidido, depositó el importe de su consumición sobre la barra y se dirigió, jarra en mano, hacia la mesa que el elfo le había indicado, y de la que uno de los jugadores, agobiado por las deudas, acababa de retirarse. El resto de jugadores hicieron ademán de imitarle mientras se palpaban sus doloridos bolsillos, a lo que el hombre de la coraza, que al parecer se llamaba Fritz, reaccionó quejándose amargamente:
-¡Como! ¿Ya abandonáis? ¡No podéis dejarme así! ¡es mi gran noche!
Haciendo caso omiso de las quejas, los jugadores se levantaron y abandonaron sombríos la posada en medio de farfulleos y maldiciones ininteligibles.
-Paréceme que esas gentes carecen de la bravura necesaria para enfrentaros –bromeó el extranjero mientras tomaba asiento en la mesa de juego.
-¡Ah! ¿vos jugareis? –preguntó Fritz.
-Con una condición –apuntó el extranjero- que aposteis la habitación que teneis reservada esta noche.
Fritz sacó su mejor sonrisa de borracho indecente y aceptó con un asentimiento:
-¡Sea! ¡Todo para que pueda continuar mi racha!
-Dadme cartas.
El forastero tomó asiento en un taburete del cual, pronto se dio cuenta de que había sido calentado a conciencia, a propósito y a base de pedos por su anterior inquilino. Sin atreverse a mostrar su disgusto por tan violenta situación, tomó las cinco cartas de su mano y las miró con admirable inexpresividad antes de descartarse de una. Fritz esgrimió una pésimamente fingida mueca de alegría, para después desechar tres cartas de su mano.
Las nuevas cartas salieron de la baraja: el extranjero retiró la suya con aire seguro y altanero, sólo un pequeño temblor imperceptible delataba sus nervios. Fritz cogió sus cartas con un movimiento torpe y frenético, como el de quien se agarra a su ultima tabla de salvación en un naufragio. Otra impecable cara de póquer, otra mueca de alegría mal fingida.
-Por cierto, Maese: olvidasteis indicar la cuantía de vuestra apuesta –objetó Fritz con rostro compungido.
-Asumo que no aceptareis el coste de la habitación como contrapartida a la vuestra ¿cierto?
-¡Cierto pardiez! No arriesgo sólo la habitación, arriesgo un lecho caliente y seguro para aquesta noche. Calibrad vos mismo el coste de eso.
-¡Cuatrocientas Piezas de oro! –dijo el forastero arrojando una pesada bolsa sobre la mesa- con eso veo el valor de vuestra habitación y lo subo. ¿Qué me decís?
Fritz se quedó anonadado ante la mirada discretamente satisfecha del extranjero: seguramente el pobre desgraciado no había visto tanto dinero junto en su vida.
El silencio se hizo en torno a la mesa de juego. Aquel forastero debía estar muy seguro de sí mismo en más de un aspecto si apostaba esa cantidad en una taberna, así como así.
-¡Lo veo! –exclamó Fritz con el rostro sudoroso echando su propia bolsa sobre la mesa-
Todos los ojos se volvieron hacia el suertudo de la noche: ganara quien ganara, lo que pasara esa noche iba a acabar como una historia memorable entre los jugadores de la ciudad. ¡Qué tal cantidad de dinero se apostase así, tan a la ligera, en un lugar como aquella tabernucha! ¡nada menos que ochocientas...!
-¡Subo a quinientas! –espetó el forastero arrojando una nueva bolsa.
-¡También lo veo! –escupió Fritz con voz temblorosa.
¡...mil monedas! ¡En una partida, a una sola mano! ¿Qué cartas podían tener ese par de locos, que les permitían hacer semejante locura? Uno de los dos estaba faroleando, y parecía bastante obvio que era el pobre Fritz.
-¡Lo van a desplumar! -Exclamó un enano con voz preocupada (Fritz le debía pasta).
-¿Pero de donde ha salido ese? –saltó un hombre con camisote de mallas-
-Creo que andaba buscando habitación –puntualizó un mediano de cabellos negros cuya atención se había desviado del todo de su jarra de cerveza-
El silencio pesado volvió a caer sobre el local. Los dos jugadores se miraron fijamente a los ojos. Fritz intentó conseguir una expresión severa de seguridad, pero la determinación que habitaba en los negros ojos del extranjero era inconmensurable:
-Bien, se acabó la lid: mostrad vuestro juego o retiraos.
Fritz abrió la boca para responder, pero antes de poder hacerlo, el Elfo de la barra, el que le había indicado al forastero la mesa de juego, apareció en escena y cogió a este por un brazo:
-¿Vos? ¿qué pretendeis? ¡Soltadme, voto a....!
-Maese, aquí, se juega entre caballeros.
El joven fatadeudo introdujo dos hábiles dedos por debajo de la manga del forastero y descubrió dos cartas de ases. Luego retiró hacia atrás su capa y dejó al descubierto dos bolsillos cada uno con una baraja de distinto reverso.
-Y aunque los tramposos también son caballeros, pierden su estatus de tales cuando son descubiertos –dijo el elfo soltando la capa y tirando los ases con gesto teatral- quizá aún estéis a tiempo de... correr.
Las cartas cayeron sobre la mesa como si fueran de plomo. La mano del extranjero era bastante peor que la de Fritz. El farol magistral había sido de aquel extraño, y nadie se había dado cuenta.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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La historia es buena... |
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13-11-2004 21:09 |
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La redacción, no obstante, podría ser mejor. Hay palabras que hacen pesada la narración en algunos momentos, mientras que hay veces que lo hace el estilo en sí. El diálogo entre el tabernero y el forastero me ha parecido muy simplón, creo que deberías meter algunas cortas descripciones por ahí enmedio.
"El recién llegado lanzó un rápido vistazo al interior del abarrotado local antes de cerrar tras de sí: la sala estaba inundada hasta tal punto del humo de las pipas, que, de la mitad de la habitación hasta el fondo, todas las figuras eran borrosas y confusas."
Esos dos puntos yo los cambiaría por un punto y coma.
Todo cuanto puedo decir de la lucha es que está bien narrada, ya que original no es. La historia en general me ha parecido correcta.
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interesante |
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04-11-2004 11:53 |
aunque a mí tampoco me gustan demasiado las historias ambientadas en mundos ya creados y mucho menos cuanto más definidos son (yo tb he escrito las mías
Pero me ha gustado la historia y el estilo.
Gracias por compartirlo!
PS: Y yo sí que había entendido que eran todos tramposos ^_______^
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muy bueno |
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02-11-2004 14:43 |
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Para mi está claro quien es el tramposo desde el principio y luego creo queda bien explicado cuando hablan los dos, la historia en si es muy rolera me ha gustado mucho, nos vemos en el jabali.
Krum Cramble el enano.
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Muy bueno |
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31-10-2004 22:59 |
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Me ha encantado. Buenos diálogos, una narración fluida... Pero bastantes faltas, al parecer.
De todos modos, a pesar de la confusión que ocurre entre quién hace trampas, la historia ha estado muy bien.
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Muy bueno |
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31-10-2004 22:58 |
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Me ha encantado. Buenos diálogos, una narración fluida... Pero bastantes faltas, al parecer.
De todos modos, a pesar de la confusión que ocurre entre quién hace trampas, la historia ha estado muy bien.
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A ver |
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31-10-2004 15:48 |
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Mira que en cuanto vi que era "AD&Dero" lo rechacé de plano, peor algo me dijo que lo leyera...
No me arrepiento, buena ambientación y buenos dialogos.
Eso sí, no dependas de otros universos para escribir.
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Está bien |
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29-10-2004 16:36 |
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Buen ambiente, tensión, personajes sugerentes. Está bastante bien. Veo problemas de ortografía y puntuación, pero nada que no se pueda arreglar con una revisión.
Pero al final, la cosa está algo confusa. De hecho, no sé quién es el que hace trampas... El forastero, supongo.
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RE: Está bien |
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30-10-2004 00:08 |
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Yo tb me he dado cuenta de ese problema y paso a explicarlo: AMBOS HAN HECHO TRAMPAS, Laucivian hace de gancho y Fritz les pela a todos hasta el ultimo cuarto, pero durante la partida, Laucivian se da cuenta de que el forastero también hace trampas, y decide intervenir porque -como explica despues- sería muy sospechoso que los dos sacasen a la vez repóquer de ases (en la baraja no hay tantos ases) y la gente de la taberna probablemente se habría indispuesto contra Fritz, que era el que llevaba toda la tarde ganando.
PD: ¿Y el duelo a espada que os parece?
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me ha gustado. |
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28-10-2004 21:47 |
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buen relato.
me parece que tendre que ser mas cuidadoso en mi proxima visita a aguas profundas.
un saludo
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