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El señor del Castillo Negro (III)


Relatos de Fantasía, Relatos de Fantasía

08-11-2004 11:11
Por: gippal

En este capítulo de transición, tanto lord Izan como el rey Jámil se preparan para atacar Karadhur, la fortaleza donde se hallan los temidos jinetes nuhams...

El rey estaba en su posición habitual, apoltronado sobre el gran trono. Al ver a Izan, una falsa sonrisa cruzó su rostro.

- ¿Qué te trae por aquí, Izan?
- No podré ir a la guerra, hermano –contestó el Señor del Castillo Negro.

Una mueca de enfado se dibujó en la cara de Jámil.

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- Te he dicho que no me llames hermano, Izan – dijo -; antes que tu pariente soy tu señor. Y bien, dime... hermano... ¿Cuál es el motivo por el que has tomado esta decisión?
- Mi castillo fue atacado a medianoche –informó el hechicero -: he perdido cincuenta hombres y setenta animales. Si queréis que mis hechiceros vayan a la guerra, deberéis conseguirme los wyverns suficientes como para que mis soldados tengan uno cada uno. Tendréis también que apostar soldados en mi castillo para que lo defiendan en mi ausencia.

Jámil meditó unos instantes.

- ¿Quién te atacó, Izan...?
- Los nuhams de Karadhur.

El monarca sonrió.

- Tengo una buena idea – dijo -: acabaré con la amenaza de Karadhur, y tú – señaló a Izan - me ayudarás. Llevarás quinientos jinetes de wyvern...
- Trescientos – interrumpió el Señor del Castillo Negro.
- Cuatrocientos – sentenció el rey -. Karadhur no es rival para un pequeño grupo de soldados tradios; con los hombres del inútil de mi hijo Jemis habrá bastante. Es el peor de mis capitanes, con un poco de suerte me libraré de él...

Izan miró extrañado a Jámil.

- Tuviste ese hijo a los quince años – recordó -... ¿Por qué quieres acabar con él? Es el único que tienes... Además, no es mucho más joven que tú; aunque no lo hayas cuidado, deberías pensar en él como un hermano menor...
- Precisamente, Izan. No quiero que cuando yo muera el que herede el trono sea un viejo al que, sinceramente, no amo; tendré más hijos, y el mayor de ellos gobernará. Cuando acabemos con Karadhur – añadió cambiando de tema - enviaré mil de mis soldados a proteger tu castillo para que tú puedas venir a la guerra sin temer por él. Dentro de unos días enviaré mensajeros a buscarte; prepárate bien.

Con una mueca de repugnancia en el rostro, Izan y Kisten hicieron una reverencia y salieron del castillo. El Señor del Castillo Negro ya sabía cómo trataba Jámil a sus hermanos...

En cuanto llegaron al Castillo Negro su señor y el joven capitán, empezó la ceremonia fúnebre en honor a los hechiceros perecidos en el ataque de la noche anterior. Los cuerpos de los soldados fueron incinerados; sus cenizas, entregadas al lago. El lugarteniente de Izan pronunció un discurso en el que nombró a los cuarenta y tres magos fallecidos, mientras los hechiceros restantes guardaban un respetuoso silencio.

Tres días pasó Izan preparando a sus hombres. Tres días tuvo Gaby para asumir que debería proteger el Castillo Negro durante la ausencia de su amo con un reducido grupo de soldados. Tres días tardaron los treinta wyverns enviados por Jámil desde las montañas del Sur en llegar al castillo, acompañados por dos soldados reales.

- Lord Izan, los mensajeros del rey han llegado – anunció Gaby.
- Perfecto – contestó Izan -; acompáñame.

Gaby e Izan salieron del Castillo Negro. Vestían sus vestimentas de batalla. Un mensajero de pelo rojizo y largo, recogido en una coleta, se acercó a Izan. Hizo una reverencia y anunció:

- Lord Izan, vuestros wyverns están aquí – el mensajero alzó la mano derecha y los treinta animales volaron hacia las torres del Castillo Negro -. Cuando estéis listo, volad con vuestros cuatrocientos soldados hasta los campos de Iaath. Allí os espera el príncipe Jemis con cinco mil efectivos.

Izan asintió. El mensajero se inclinó de nuevo ante el Señor del Castillo Negro y caminó hacia su compañero. Instantes después, el pelirrojo subió a su caballo negro y ambos se alejaron al galope, en dirección a las tierras de Buelah, al oeste.

Gaby se encargó de escoger a los hechiceros que irían a Karadhur. Izan quería perder el menor número de tropas posible, por lo que cuatrocientos de los soldados más poderosos, entre ellos los tres capitanes, fueron seleccionados para participar en el ataque a la fortaleza de los nuhams. Unas horas después, cuatro centenares de magos siguieron a Izan en su camino por aire a Iaath, donde esperaban Jemis y sus soldados.

El humo se elevaba en el cielo desde las hogueras que encendían los soldados; era la hora de la cena. Cuando los wyverns se acercaron al campamento, los soldados del Castillo Negro notaron un intenso olor a carne demasiado hecha, vino y sudor.

Los wyverns del Señor del Castillo Negro y sus hombres aterrizaron a algunos cientos de metros del campamento. Los animales alzaron el vuelo nuevamente mientras sus amos caminaban hacia las tiendas. Izan y sus capitanes buscaron la tienda del príncipe; se acercaron a la más grande de todas, y la más ornamentada también, tras ordenar a los demás magos que buscaran un lugar donde cobijarse. El Señor del Castillo Negro se plantó delante del guardia que vigilaba la entrada y le preguntó:

- ¿Es ésta la tienda del príncipe Jemis?
- Sí... –contestó el vigilante- Y vos, ¿quién sois?

Edhas dio un paso al frente.

- Es el Señor del Castillo Negro, soldado – exclamó, indignado al ver que el soldado no reconocía a su señor -, de modo que déjanos pasar.

El guardia se apartó con un gesto de arrepentimiento mientras Izan lanzaba al capitán una mirada de reprobación.

En el interior de la tienda del príncipe Jemis había un modesto trono que, en opinión de Izan, había sido una estupidez transportar. En dicho trono había un joven de unos veinte años de mirada perdida, cuerpo delgado y aspecto inseguro. Izan, Edhas, Kisten y Abiss lo saludaron con una reverencia.

- Príncipe Jemis – dijo el hermano del rey -, soy Izan, Señor del Castillo Negro.
- Ho... hola, tío Izan.... – al darse cuenta de la funesta mirada que uno de sus guardias le dirigía, el joven agachó la cabeza y murmuró -: quiero decir, lord Izan... ¿Habéis venido a prestarme vuestra ayuda...? Bienaventurado seáis.

El hijo de Jámil tenía una perenne expresión de cansancio en la cara, cosa que no contribuían precisamente a aliviar las ojeras que mostraba bajo sus ojos, del mismo gélido color que los de su tío.

- ¿Qué plan debemos seguir, mi señor? – preguntó Izan.
- Pu... pues... decidí esperar a que llegarais vos para decidir la estrategia a seguir... Mi... mi segundo me dijo que erais un sensacional estratega... Y, bueno, yo también tengo los míos, pero... Oh, lo siento, perdonadme.

Izan observó las miradas de lástima y compasión que se dibujaron en los rostros de Edhas y Kisten, respectivamente. El Señor del Castillo Negro asintió y, poco después, los cuatro hechiceros salieron de la tienda.

- Buenas noches, lord Izan – dijo Edhas.

Izan se despidió de los capitanes, y éstos le dejaron solo en su tienda. El mago se quedó dormido tras unos minutos de reflexión. Al día siguiente, mandó mensajeros a sus tres capitanes para que le ayudasen a planear el ataque a Karadhur. Cuando Kisten, el último en llegar, cruzó la entrada con cara de sueño, el Señor del Castillo Negro empezó a hablar.

- Capitanes, como bien sabrán, Karadhur es una simple fortaleza dentro del territorio de Buelah, ahora desprotegido debido a la invasión que su rey lleva a cabo en Ilania, una tierra de mucho más valor estratégico que el actual reino de los nuhams. No podemos hacer nada por detener a Grahnuk ahora; Ilania será totalmente conquistada dentro de muy pocos días, pero deberemos pararle antes de que ataque nuestro reino. Bien, expongan sus opiniones sobre el futuro ataque.

Kisten se levantó de su silla, con los ojos ya completamente abiertos.

- Yo creo que tendríamos que conquistar toda Buelah ahora que los jinetes de Karadhur son casi su única protección, empezando por esta fortaleza – dijo.
- En mi opinión – dijo Edhas, despegando el trasero de su asiento -, esa conquista nos retrasaría demasiado.

Abiss imitó a los otros dos capitanes.

- Tenemos que acabar con los jinetes de Karadhur – dijo - y dejar a las tropas del príncipe a cargo de la invasión del resto del reino; con la ayuda de los demás lores, conseguiremos reconquistar Ilania, e incluso puede que expulsemos a los nuhams definitivamente del continente.
- Capitanes – dijo Izan -, no tratamos de acabar con todos los nuhams, sino de proteger el Castillo Negro en nuestra ausencia, si bien es cierto que esas bestias son una amenaza continua...
- El rey nunca dejaría que el Castillo Negro fuese destruido – dijo Kisten.
- ¡NO PODEMOS FIARNOS DEL REY, MALDITA SEA! – gritó Abiss, enfurecido - ¿QUIÉN CREES QUE DESTRONÓ AL PRIMOGÉNITO DEL REY KIRK...? ¿QUIÉN DESTERRÓ A LOS HECHICEROS COMO SU HERMANO AL CASTILLO NEGRO...? ¿QUIÉN...?
- ¡Cállese de una vez, Abiss! – reprendió Izan - Mi hermano es una odiosa persona, en eso tiene usted razón, pero no se arriesgará a dejarnos sin residencia; sabe muy bien que somos los mejores guerreros del reino. Volviendo al plan del capitán Abiss – siguió -, creo que podremos fiarnos del príncipe. Su plan será el que empleemos, capitán. Por último, creo conveniente decir que Karadhur será un lugar fácil de conquistar; los nuhams no se arriesgarán a salir, así que nuestros wyverns no serán útiles como monturas. En su lugar, serán usados para destrozar a los enemigos de las torres y a los cobardes que huyan durante el asedio. ¿Alguna objeción? – ninguno de los capitanes respondió - Perfecto. Hablaremos con el rey ahora; mañana por la noche atacaremos, y al mediodía, la fortaleza de los jinetes nuhams ya habrá sido tomada.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Muy interesante
03-12-2004 03:46
aunque no he leído las partes anteriores por falta de tiempo, me ha parecido muy interesante. De todos modos, a primera vista, sólo con este fragmento, parece un relato de fantasía muy estereotipado. Pero me han gustado las maniobras políticas y las reacciones de los personajes. ¡Gracias por compartirlo!

   HeHe
08-11-2004 14:20
Otro muy buen capítulo, Gippal. Como ya te dije si hicieras apaerecer otra historia a parte de esta, y no solo centrarse en la guerra, podrías jugar con el tiempo y demás, no se haría pesado el relato, que a mi me parece así solo contando una guerra.
De igual forma, con originalidad y talento (que creo que tienes) puedes hacer una buena historia.

Veamos como se desarrolla todo... Saludos ;-)

   RE: HeHe
08-11-2004 19:37
Lo tendré en cuenta. Gracias por pasarte a leerlo ;-) .



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