El guerrero aúreo, 4a parte |
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15-11-2004 10:58
Por: gippal
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Cuarta parte del relato, escrita esta vez por mí solo. En esta ocasión, Shaal y sus guerreros son capturados por los terráseos. Deberán luchar por escapar, aunque muchos se sacrificarán...
Allí estaba el barbudo criado de Halass de Terras, el que había conducido a los Guerreros Áureos al palacio del gobernador. No parecía tan viejo ni tan débil con un cañón en miniatura en la mano, pensó Illian.
- He dicho que soltéis vuestras armas – repitió el terráseo. Parecía disfrutar habiendo engañado de tal manera a Shaal y a los suyos.
El general soltó su espada tras un segundo de incertidumbre. Gil le imitó, y después lo hicieron todos los demás guerreros, exceptuando a Zhorik, que agarraba su martillo de guerra con una expresión de rabia en la cara que Illian jamás había visto.
- Vaya – dijo el sirviente de Halass -, parece que tenemos a un valiente entre nosotros... Suelta tu martillo, sucio medio hombre.
Zhorik alzó el martillo dispuesto a lanzárselo al viejo terráseo, pero Illian le lanzó una mirada de súplica. El hurgán dejó caer lentamente su arma, para el alivio de Shaal.
- Está bien – dijo el terráseo -; ¡soldados, agarradles!
Los soldados de Terras que acompañaban al criado de Halass se apresuraron a inmovilizar a los Guerreros Áureos. Illian miró con cara de lástima al joven terráseo que le ataba las manos detrás de la espalda. Debía tener unos dieciocho años, puesto que su rostro azulado era el de un adolescente.
- Me llamo Braddah, Shaal... – informó el viejo criado con prepotencia - No olvides que fui yo quien te capturó, general.
Siguiendo a Braddah, los Guerreros Áureos llegaron al palacio de Halass. Los aldeanos con que se encontraron por el camino se reían a carcajadas de ellos, de lo estúpidos que habían sido por pensar que los terráseos eran sus aliados. Zhorik estaba cada vez más furioso, y se dedicaba a insultar y a amenazar a los habitantes de la capital; si seguía así, pensó Illian, acabaría consiguiendo que los soldados acabaran con él, si no lo hacían antes los habitantes de la ciudad, que habían empezado a arrojarle piedras. Una vez en el palacio, los guerreros fueron conducidos a los calabozos mediante una puerta que ni Illian ni Shaal habían visto antes, una puerta de madera que se hallaba en una de las paredes laterales de la residencia.
Los Guerreros Áureos fueron encerrados en las pequeñas y ruinosas celdas de dos en dos. El joven aprendiz de Shaal fue encarcelado junto a su maestro, mientras que Gil y Fork consiguieron entrar cada uno en una de las celdas que colindaban con la del general. Cuando acabaron de aprisionar a todos los Guerreros Áureos, tanto Braddah como la mayoría de sus hombres salieron de la mazmorra, dejando solo a uno de ellos como guardia en la puerta de madera.
- ¿Qué haremos ahora, general? – susurró el capitán Fork, acercándose a Shaal.
- Debemos matar a ese guardia, claro está – dijo.
- ¿Cómo...? – inquirió Gil - Nos han despojado de nuestras armas...
- Debemos usar la magia – informó Shaal.
- El único mago del que disponemos solo sabe usar la magia de curación, general – informó el elfo.
- Te equivocas – dijo el general, sonriente -; Illian sabe usar magia de ataque.
- ¿Qué...? –exclamó el enano - ¿Acaso ha sido instruido por el general Darx...?
- En efecto – contestó Shaal -. Está en proceso de aprendizaje, pero pronto se convertirá en un gran hechicero.
Illian miró estupefacto a su maestro.
- Yo... yo no sé usar la magia, Shaal... – murmuró - Soy un negado.
Si no hubiera sido porque no debía alertar al guardia, el general habría empezado a reír a carcajadas. En su lugar, sonrió levemente.
- No digas tonterías, chico – ordenó -; ¿te ha enseñado Darx cómo se usa el hechizo de la estrangulación?
- Sí... – contestó Illian.
- Prúebalo.
El muchacho, vacilante, estiró el brazo derecho apuntando al guardia. Bajó sus párpados y, con gran rapidez, cerró también la mano. El soldado de Terras se agarró el cuello en un vano intento de volver a respirar, y cayó al suelo unos cuantos segundos después. Tan impresionados como Illian estaban Gil y Fork; miraban al muchacho con los ojos abiertos de par en par. Illian sonrió y miró a su maestro.
- ¡Lo he hecho! – exclamó - ¿Pero cómo...?
- Los hechizos deben usarse por primera vez en ocasiones en que tu mente se siente en peligro; a partir de ahí, podrás usar esa magia tantas veces como te plazca – contestó Shaal -. Ahora, debemos encontrar la manera de salir de estas celdas.
El general dirigió una sonrisa a Illian. El muchacho sonrió también.
- El hechizo de fundición... – murmuró.
El chico abrió las manos y estiró los brazos en dirección a los barrotes de la celda. Cerró los ojos y una enorme llamarada surgió de las yemas de sus dedos, impactando contra el hierro y quemándolo a gran velocidad. Cuando Illian abrió los ojos, había un gran espacio por donde cabía un hombre del tamaño de Shaal agachado.
- Sin duda, este muchacho tiene potencial – dijo Fork, admirado.
- Vamos – ordenó Shaal, orgulloso del progreso de su alumno.
Illian salió por el agujero con gran facilidad, seguido por su maestro, que, aunque algo dificultosamente, también logró abandonar la celda. Por orden del general, el aprendiz de Guerrero Áureo se acercó al cadáver del terráseo que vigilaba el calabozo, y buscó las llaves con las que se abrían las celdas. Las encontró bajo el delgado torso del soldado, y se las entregó a Shaal. Éste abrió las celdas tan rápida y silenciosamente como le fue posible; unos pocos minutos después, todos los Guerreros Áureos eran libres. Zhorik se acercó a Illian, y le dijo sonriente:
- Mi señor, sois un poderoso mago. Conseguiréis superar al general Darx sin dificultades con un poco de entrenamiento.
- Sólo si conseguimos salir de esta ciudad de traidores – anunció Shaal -; démonos prisa y huyamos de aquí.
El general hizo una seña a uno de los Guerreros Áureos para que abriera la puerta y se asegurara de que no había nadie cerca. Era un hombre moreno, de unos treinta y cinco años, de baja estatura pero fuerte complexión. El guerrero asintió y abrió ligeramente la puerta. Horrorizado, Illian vio cómo explotaba la cabeza del hombre, y el resto de su cuerpo caía al suelo, dejando la puerta de madera manchada con su sangre y sus sesos. El joven Illian sufrió una arcada.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Sigue así. |
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19-12-2004 17:16 |
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Me ha gustado mucho, como las otras, siento no haber podido leerlo antes, pero es que no he tenido tiempo para nada, como he estado de exámenes, espero la siguiente.
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muy interesante pero... |
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07-12-2004 11:28 |
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aquí tb me da la impresión de que a veces condensas los escritos y la acción transcurre demasiado deprisa...
pero tienes un estilo muy bueno y que engancha!
gracias por compartirlo!
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RE: muy interesante pero... |
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07-12-2004 11:35 |
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no se leen los comentarios...
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La mejor |
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06-12-2004 12:41 |
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En mi opinión esta ha sido la mejor parte de todas, y con un poco de diferencia debería añadir. Sigo viendo el estilo un poco simplón pero de todas maneras, veo que esta vez te lo has currado más.
La muerte de Shaal se me antoja harto típica, pero las historias necesitan de estas muertes.
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RE: La mejor |
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08-12-2004 20:27 |
Pues muchísimas gracias por pasarte a leerlo y a comentarlo.
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