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La batalla continúa en Ingrus. Jarek y sus guerreros luchan junto a las tropas de la inquisidora Sera Heflan. Un guerrero ancestral esta apunto de despertar. Los siervos del caos cuentan con Bochulaz entre sus filas, la Gran Inmundicia parece muy entretenido.
Jarek clavó su espada sierra en el pecho del último hereje, este tuvo una serie de violentas sacudidas antes de morir. Después, se deslizó el filo del arma, cayendo al suelo con un sonoro golpe.
- ¡Hermanos, que no decaiga el ánimo, hoy no moriréis!
Los Lobos Espaciales rugieron, los feroces guerreros lucharían hasta el fin. Como el mismo Jarek.
- ¡¡Hoy la muerte temerá a los Lobos Espaciales!!
Y se abalanzó sobre un grupo de herejes dirigidos por un enorme ser de piel rosa.
Bochulaz estaba riéndose descontroladamente de las travesuras de sus nurgletes, cosas como meterse dentro de los mutantes y comerlos desde dentro era muy divertido para la Gran Inmundicia, y qué decir de aquella deliciosa broma de infectar a los desertores con las mil bendiciones de Nurgle. Fue tan grande el ataque de risa de Bochulaz, que de sus cuatro culos salieron despedidos varias docenas de nurgletes.
Bochulaz recogió a uno de ellos, y con su larga lengua saboreó el amargo sabor de las heces con las que estaban recubiertos los demonios.
- Ahora ir a jugar.
Los nurgletes se dirigieron hacia el campo de batalla vociferando como locos. Bochulaz se llevó la mano a la frente y mando un comunicado mental a la inquisidora.
- Lo vas a lamentar, nadie desafía a las legiones de los Dioses sin morir por su osadía. Sera, ríndete y gozarás de mis encantos y los de Nurgle para toda la eternidad.
- Te llevaré de vuelta al immaterium, trozo de pus.
- Gracias.
- Que te jodan.
Cuando la inquisidora cerró la psi conversación, Bochulaz volvió a reír, pariendo varios nurgletes.
- Esto va ha ser muy divertido.
El sacerdote de hierro Harkar estaba terminando pintar el símbolo de Russ en el sacro armazón del hermano Aurror, un enorme y muy anciano dreadnought venerable que había luchado junto al 1º Señor de los Lobos Espaciales desde la desaparición de Russ, Borj Garra Implacable. El impresionante y antiquísimo guerrero yacía conectado al aparato mecánico. De sus garras crepitaba energía eléctrica, aquello era señal de que estaba despertándose.
Cuando terminó de pintar el símbolo de Russ, recitó el Despertar de la Máquina, Aurror despertó.
Una explosión de energía se hizo dueña de la sala. La electricidad recorrió el cuerpo del tullido marine, y sus servos de combate tronaron cuando Aurror volvió a caminar sobre el reino de los vivos. Su mecánico brazo se movió violentamente para despertar a los espíritus que en el habitaban, y su cañón de asalto se calentó girando sobre si mismo. Un rugido de rabia resonó en la oscura sala.
Aurror volvió a vivir.
En el oscuro interior del sarcófago del dreadnought, un cuerpo anciano y tullido se revolvió. La electricidad recorrió su cuerpo herido por las garras mecánicas de un enorme Kaudillo orko. Sus destrozadas piernas recuperaron la sensibilidad, y un dolor atenazante golpeó su columna vertebral machacada. Los ojos mecánicos de Aurror brillaron con fuerza, y de su descuartizada garganta surgió un grito de guerra primitivo y brutal.
Cuando recuperó su serenidad, una sonrisa surgió de sus desgarrados dientes, si ese dolor era el precio por servir a Russ y al Emperador, que así fuese. Miró al sacerdote que le había despertado, un joven de rubios cabellos, que portaba las bendiciones de la Máquina.
- Guíame a la lucha.
El sacerdote asintió y le condujo por los oscuros corredores hasta el nivel bajo de la Fortaleza de Plata.

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Sera Heflan disparó su bolter al mutante que le había atacado con una sierra eléctrica, éste murió en el acto. Soltó un suspiro al ver el desastre que había surgido de su falta de agallas, una rebelión a escala planetaria y un poderoso demonio morando en su mundo.
¿Acaso no valía para servir al Emperador y a su gente?, puede que esta fuese su primera batalla, puede que nunca fuese diestra con el bolter y la espada sierra, pero su verdadera arma siempre había sido su mente. No sólo porque era un psíquica de elevado nivel, sino porque era inteligente. Ella había desenmascarado a los Siervos de las 9 Mentiras en Fir 4, y descifró el Librum Caóticas cuando aún era aprendiz del Gran Kharaf, Guardián del Conocimiento, cuyo cuerpo descansaba en el interior de la Fortaleza de Plata.
Un lágrima surcó el rostro de Sera, Kharaf había sido el único que había confiado en ella como inquisidora, cuando los otros inquisidores pensaban que era demasiado débil para ser una miembro del Ordos.
Juró por el alma inmortal de Kharaf que hoy se ganaría la confianza de su señor inmortal y de su maestro.
- ¡¡Bochulaz, eres mío!!
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