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El Demonio Rojo (16)


Relatos de Fantasía

26-11-2004 11:48
Por: Gandalf_Mithrandir

Una vez destruida la Barrera de Hielo, los compañeros se adentran en las regiones del Norte, que no habían sido exploradas desde hacía 1000 años. Pero no todo es bueno...

Capítulo 16: La traición de Parsh

El grupo tardó casi todo el día en dar con el camino, que discurría entre los matorrales y demás vegetación rumbo al norte. Los miembros del grupo, exhaustos, se dejaron caer sobre la hierba y observaron cómo la noche se iba acercando. El frío les empezaba a hacer tiritar y en esa zona no era posible hacer un fuego. Leonel se sentía completamente inútil por este motivo. Entonces, Tamik se levantó, sonrió a sus compañeros y dijo:

- No os preocupéis, creo que puedo hacer algo.

litartura, fantasia
El Guerrero del Dragón cerró los ojos con fuerza e hizo un extraño gesto con la mano derecha, a la vez que movía el brazo zurdo de diestra a siniestra. Inmediatamente, surgió en el suelo una extraña llama verde que les proporcionaba calor pero que, milagrosamente, no afectaba para nada a la vegetación. Más tranquilos, los amigos se tumbaron en el suelo y se quedaron profundamente dormidos.

A la mañana siguiente, retomaron la agotadora tarea de ir despejando el camino, a la vez que avanzaban hacia el norte. Agradecían el frescor del día para una actividad tan desagradable. Pero lo peor era que se sentían observados. Sentían que desde que habían atravesado la barrera de hielo, alguien, o algo, les estaba siguiendo. Parsh encabezaba el grupo, dando poderosos tajos a la maleza, que parecía interminable. Los que no portaban espadas se limitaban a observar cómo Lance, Drutt, Atcor y Parsh iban cortando los obstáculos con lentitud. La marcha se hacía extremadamente lenta.

Ya avanzada la tarde, el grupo llegó a un claro en medio de la maleza. Elmer se adelantó a los cuatro que iban abriendo camino y les ordenó detenerse. Estaba claro que se merecían un descanso. Lance, Drutt y Atcor se sentaron juntos, exhaustos, pero Parsh prefirió establecerse en otro lugar. Era curioso. Aunque Parsh había sido el que más había trabajado a la hora de cortar maleza, parecía menos cansado que, incluso, los que no habían participado en esta desagradable tarea. Kara fue a junto a Lance y le limpió el sudor de la frente con una pequeña pañoleta. El joven guerrero se lo agradeció con una sonrisa y le devolvió el pañuelo. Elmer dejó descansar diez minutos a los cuatro guerreros y después les animó a seguir con su tarea, con palabras de victoria y alegría.

Lance recogió su espada, que había clavado en el suelo, delante de él. Suspiró al pensar en lo que le esperaba y se puso manos a la obra. La marcha era agotadora y lenta, tanto que en cinco minutos tres de los cuatro guerreros se encontraban jadeando. Solamente Parsh parecía resistir la exhaustiva tarea que se les había encomendado. La espesura iba cayendo a los lados del camino a medida que Lance, Drutt, Atcor y Parsh la cortaban. Cuando los tramos eran verdaderamente difíciles, Lung, Kara o Tamik les ayudaban con su magia.

Fue en ese momento cuando oyeron el gruñido. Los últimos rayos del sol estaban desaparecieron ya en el horizonte, cuando algo sobresaltó a los cuatro hombres que cortaban la breña. Lance detuvo su espada y miró alrededor. Oyó un gruñido que poco a poco se convirtió en un rugido. Drutt y Atcor se quedaron mirando el uno para el otro, mientras Parsh estaba paralizado observando la maleza. Su expresión era una mezcla de pánico, sorpresa e ira. Era algo que no había esperado. El gruñido se hacía más claro y cercano, y fue audible para el resto. Elmer ordenó retroceder a Lance, Drutt, Atcor y Parsh, y se adelantó a ellos, blandiendo su lanza de doble filo con ambas manos. Una monstruosa criatura surgió de entre los matorrales y saltó hacia Elmer. Tenía dos musculosos brazos terminados en dos garras de tres dedos cada una. Las patas traseras parecían las poderosas extremidades anteriores de un enorme canguro y terminaban también en garras de tres dedos. La cabeza del monstruo contaban con una gran boca llena de enormes colmillos y grandes cantidades de baba brotaban de ella. El hocico y los ojos recordaban a un lobo monstruoso. Elmer saltó hacia atrás, esquivando el ataque del monstruo, y esperó a que la criatura se incorporase. El monstruo rugió de ira y saltó otra vez hacia el guerrero, con las patas delanteras en posición letal. Entonces, Elmer volvió a eludir a la bestia y clavó profundamente la lanza en el vientre del animal. Entonces, le dio vueltas al arma y desgarró los órganos vitales del monstruo con el doble filo. La criatura aulló una última vez, y murió.

- ¡Por Seth! – exclamó Lance, acercándose a Elmer -. ¿Qué es esta cosa?
- Es un desgarrador – contestó el guerrero -. Un animal muy peligroso. No temáis, nunca van en compañía. Seguro que era el único de este bosque.

Tras el ataque, Elmer había demostrado que era un ágil y poderoso guerrero, al dar muerte al desgarrador. El líder de los proscritos ordenó que siguieran con la tarea y Lance, Drutt, Atcor y Parsh continuaron cortando la maleza. Cuando la oscuridad de la noche cayó sobre sus cabezas, Elmer detuvo la marcha y ordenó acampar a todos. Tamik volvió a usar su magia para crear de nuevo la llama verde, ante el desaliento de Leonel. El Guerrero del Dragón se fijó en esto y, acercándose al demonio, preguntó:

- ¿Qué te ocurre?
- Nada – respondió Leonel -. Sólo me siento un poco inútil.
- ¿Inútil? Y eso, ¿por qué?
- Soy un patán cobarde – dijo el demonio -, y no tengo el poder suficiente para ayudar a Lance ni a los otros.
- Pero eso no es culpa tuya – dijo Tamik -. El Demonio Rojo te robó gran parte de tu poder y de tu inteligencia. Pero no temas. Presiento que no sólo los recuperarás, sino que serás decisivo en la historia.
- ¿De veras lo crees? – exclamó Leonel.
- No es que lo crea – dijo Tamik, pacientemente -. Te he dicho que lo he presentido. Cuando un Guerrero del Dragón presiente algo, hay más posibilidades de que ocurra a que no ocurra.
- Gracias, Tamik – dijo Leonel, sonriendo estúpidamente -. Me has ayudado muchísimo.

El Guerrero del Dragón le devolvió la sonrisa y se levantó con dificultad. Miró a un lado y vio dormidos a Lance, Drutt y Atcor, pero no vio por ningún lado a Parsh, hasta que lo descubrió junto a Elmer. Ambos estaban estudiando con atención el mapa que debería llevarlos hasta Tauton. “Es increíble”, pensó Tamik, “, ni siquiera se ven signos de cansancio en los ojos de Parsh, y eso que fue el que más duramente ha trabajado”. Fue en ese momento, cuando Tamik empezó a desconfiar en el guerrero.

Al día siguiente, los cuatro guerreros se levantaron e empezaron de nuevo a cortar la maleza, aunque no por mucho tiempo, porque en seguida descubrieron con alegría que el frondoso bosque estaba próximo a su fin. Lance, Drutt, Atcor y Parsh envainaron sus espadas y esperaron por el resto del grupo. Elmer fue el primero en llegar, seguido del Maestro Lung. Detrás de ellos estaba el resto de la compañía. Elmer se adelantó unos pasos a los guerreros y contempló el horizonte, descubriendo en seguida que no se encontraban muy lejos de Tauton. Dejó descansar diez minutos a los hombres que retiraban la vegetación y en seguida empezaron a seguir el camino, que descendía a lo largo de un desfiladero. La marcha era ahora amena y el grupo avanzaba a un ritmo pausado. El único problema era que hacía bastante frío, debido a que estaban cercanas las gélidas regiones del Bosque Gris.

Cuando llegó la tarde y los rayos del sol no pegaban tanto, toda la compañía empezó a tiritar de frío, por lo que Tamik volvió a invocar los poderes de Erioss y sobre la mano surgió la llama verde, que sostuvo mientras seguían rumbo al norte. Todos se pegaban a él para aprovechar el calor de la llama, aunque Lobo no se aproximaba tanto, porque su espeso pelaje lo protegía del frío. El camino seguía descendiendo por el desfiladero, hasta llegar a un bosque, aunque no era tan espeso como el primero después de la barrera de hielo. En algunas zonas había árboles talados, por lo que dedujeron que los habitantes de Tauton usaban leña y madera de ese boscaje. Caminaron con precaución por el camino que zigzagueaba entre los árboles, por si se encontraban con otro desgarrador. No fue así, y a la noche Elmer detuvo la marcha junto a un río que discurría paralelo al camino, hacia el norte. En ese momento hacía un frío espantoso que afectaba a todos menos a Lobo, lo que obligó a Tamik a intensificar su magia y crear una llama más grande y calurosa. Elmer distribuyó algo de la comida que les quedaba y el grupo se sentó alrededor de la llama verde.

- Bien – dijo Elmer -. Mañana llegaremos a Tauton, así que os diremos adiós. Antes de que os acostéis, quiero desearos buena suerte. Debéis tener mucho cuidado en el Bosque Gris, aunque mucho más en el Templo de la Gran Bestia. Hace tiempo que Satán controla esa región. Nos gustaría poder ayudaros, pero ya tenemos suficiente con contener a las fuerzas del Demonio Rojo, que se expanden inexorablemente por todas partes. Lance, tienes que conseguir derrotar a ese malvado tirano y traer de nuevo la paz. Sé que lo conseguirás, lo veo en tus ojos, aunque creo que Tamik es mejor que yo en el arte de descubrir el destino de las personas.
- Eso es cierto – intervino entonces el Guerrero del Dragón -, aunque el destino del joven Lance está borroso, es incierto. Creo que no podré ayudaros en esto.
- No importa – dijo Lance -. Lo más importante es esforzarse lo máximo posible, y nos esforzaremos para entrar en el Templo de la Gran Bestia, recuperar su poder y destruir al Demonio Rojo.
- ¡Ésa es la actitud que me gusta! – apremió Elmer -. Eres muy valiente, Lance. Se nota que eres hijo de Lux. Tu padre estaría orgulloso de ti, te lo aseguro.

Lance miró ruborizado al líder de los proscritos y se fue a acostar. Durmió bien aquella noche hasta que, ya muy tarde en la noche, el joven guerrero se despertó sin una razón concreta. Entonces, se incorporó y miró al río, descubriendo a Parsh, que observaba fijamente las cristalinas aguas. Parecía absorto en lo que hacía y se sobresaltó cuando Lance lo llamó.

- ¡Ah, Lance! – exclamó el guerrero cuando se volvió hacia el joven -, ¡me has asustado!
- ¿Qué estás haciendo? – preguntó el otro, intentando mantener su tono de voz sereno.
- Yo… - titubeó Parsh, inseguro -, yo… estaba observando los peces.
- ¿Los peces? ¿Qué tienen de especial los peces?
- ¡Oh, acércate! – exclamó Parsh, más animado -. Nunca verás unos peces como los que hay aquí, te lo aseguro. Son únicos de estas tierras y te afirmo que, aparte de la gente de Tauton, nadie los ha visto desde hace más de mil años.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   No sé si estoy triste o enfadada.
18-12-2004 19:01
Al principio dices que no se podía hacer fuego, y es una buena idea usar magia, porque supongo que es magia. El desgarrador, si esa era tu intención, daba miedo, y la baba le daba un toque viscoso, como a los de la peli de aliens. Solo hay una cosa que no me gusta, que al personaje que me ha gustado, entre otros, le hagas lo que le has hecho, mira que matarlo, y lo digo por Parsh.
Hay que me llama la atención en tu forma de escribir y que me gusta mucho, y es que usas palabras poco utilizadas, como la de boscaje, solo hay otra persona que hace eso, y es una amiga, que le encanta escribir relatos extraños.
¿Oye, qué es escamar? Es que no encuentro su significado.
Ahora solo me queda la última parte, antes de que publiques otra. Y antes de ir a la otra, decirte que es el capítulo que más tristeza me ha provocado.

   RE: No sé si estoy triste o enfadada.
23-12-2004 18:22
Es que Parsh era malo, pero se hacía el guay ;-)



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