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Lance fue a junto el guerrero y contempló las aguas del río. En ese momento vio los pescados más raros que había visto en su vida. Había peces de todos los colores inimaginables, algunos con pequeñas cornamentas y los más extraños contaban con patas. El joven empezó al olvidar los recelos que sentía hacia Parsh y, dándole una amistosa palmada en la espalda, se fue a dormir.
Amaneció una mañana despejada y soleada. Con los primeros rayos del sol, los miembros del grupo se despertaron y recogieron sus bártulos, listos para una nueva jornada de viaje. El camino se internaba más y más en el bosque, y seguía paralelo al río. La sensación de que alguien los estaba siguiendo desde que habían destruido la barrera de hielo aumentó de forma alarmante. En ese momento, esa sensación se convirtió en certeza. Todos miraban para todos lados, viendo ojos rojos en cada punto, imaginándose atacados por criaturas de nombre innombrable. Elmer sostenía su lanza con ambas manos mientras miraba nerviosamente de un lado para el otro del camino. El único que paseaba con despreocupación era Parsh, que incluso se animaba a sonreír.
Poco a poco, el bosque se iba haciendo más espeso. Afortunadamente, la maleza no obstaculizaba la marcha y continuaron a ritmo regular por el despejado camino. Observaron que había huellas de carros en el lugar, por lo que supusieron que no se encontraban muy lejos de Tauton. Entonces, el grupo llegó a un claro del bosque y Elmer decidió hacer un alto para descansar. Drutt y Atcor se sentaros juntos y descargaron sus espadas. Lance se reunió con los miembros de la compañía para hablar de la misión, mientras Tamik sacaba brillo a su yelmo con forma de dragón. Entonces Elmer, que se disponía a distribuir algo para comer, se fijó en que Parsh miraba con atención al río, que todavía circulaba a la vera del camino.
- ¿Ocurre algo? – preguntó.
- Me está hablando – contestó Parsh con tono ausente.
- ¿Quién te está hablando? – replicó Elmer.
Parsh se volvió hacia el líder de los proscritos y mostró la sonrisa más terrorífica que Elmer había visto en un ser humano.
- El Demonio Rojo – respondió.
Todos habían oído las palabras de Parsh y se giraron alarmados hacia él. El guerrero soltó una sonora carcajada y desenvainó su espada, dispuesto a matar. Los compañeros cogieron sus armas para hacerle frente, pero el guerrero volvió a reír con fuerza y ondeó su espada en el aire. En ese momento, un numeroso batallón de orcos surgió de las zonas más espesas del bosque, rodeando por completo a la compañía. Los orcos desenvainaron sus cimitarras mientras reían con vulgaridad y se iban acercando poco a poco al grupo. Elmer miró al batallón y miró furiosamente a Parsh.
- ¡Eres un perro traidor! – estalló colérico - ¿¡Cómo has podido!?
- No me guardes rencor – dijo Parsh con tranquilidad y con una sonrisa burlesca dibujada en el rostro -. Si te digo la verdad, ya estoy harto de la guerra. Prefiero todo el poder y gloria que me ha prometido el Demonio Rojo – se volvió a los orcos -. ¡Vosotros! ¡Acabad con esos idiotas!

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Los monstruos se lanzaron sobre los miembros del grupo, que tuvieron que usar una gran destreza para defenderse y contraatacar. Leonel, aterrado, so transformó en murciélago y voló alto para ponerse fuera del alcance de los sables de los orcos. Pero Parsh volvió a sonreír maliciosamente, apuntó con el dedo índice de la mano derecha y de él brotó un rayo que alcanzó al demonio y lo hizo caer al suelo. Los amigos miraron asombrados al traidor, mientras éste volví a reír con fuerza.
- El Demonio Rojo me concedió algunos poderes – dijo entre risotadas -. No podréis salir vivos de este bosque.
Los orcos volvieron a acometer, y el grupo hacía lo posible por imponerse en la batalla. Lot hendió las cabezas de tres orcos que se abalanzaron sobre él y corrió en ayuda de Lobo, que se encontraba rodeado por un pequeño grupo de monstruos. Juntos les hicieron frente y lograron repeler el ataque del enemigo, tras lo cual fueron a ayudar a sus amigos. Los metales de las armas al entrechocar sonaban por todas partes, y poco a poco la compañía se fue imponiendo al ejército de orcos. Lance cercenó la cabeza de dos de ellos y se reunió con Drutt, que tenía en frente a diez fornidos orcos. Lucharon espalda con espalda y mataron a muchos, mientras iban retrocediendo. Kara y Lung estaban juntos, y usaban su magia para enfrentarse a las malvadas criaturas, logrando acabar con muchos de ellos. Mientras tanto, Tamik, que luchaba heroicamente, esmagaba las cabezas de los orcos con su impresionante maza de guerra. Era el que más orcos había matado, pero muchos de ellos le atacaban, obligándole a retroceder hacia las zonas más espesas del bosque. Elmer observó cómo el Guerrero del Dragón desaparecía en las espesuras de la floresta y temió por su vida, por lo que atacó con más furia, atravesando a los orcos con su lanza de doble filo. Mientras tanto, Atcor tenía la firme intención de acabar con la vida de Parsh y, espada en mano, ondeó su arma matando a muchos orcos, a la vez que avanzaba directamente hacia el guerrero. Parsh le observaba con una sonrisa maliciosa, son mover un solo dedo para evitar que su contrincante llegase hasta él. Atcor cercenó la cabeza de un orco que se interpuso en el camino y le cortó un brazo a otro, hasta que al fin alcanzó a Parsh, que le esperaba sonriente.
- ¡Éste es tu final! – aulló Atcor mientras descargaba un poderoso mandoble al estómago del guerrero.
Ante la incredulidad de Atcor, su espada se partió en dos mitades, e lugar de abollar la armadura de Parsh. El malvado guerrero soltó una carcajada y agarró a su adversario por el cuello.
- Creo que no lo sabes – dijo -, pero ahora mi armadura es de Mithril. Ahora vas a morir, pero no seré yo quien te mate.
Parsh lanzó al desarmado guerrero hacia un grupo de orcos, que lo cogieron y se divirtieron arrancándole los brazos y las piernas con las manos. Atcor chillaba de dolor, hasta que el grito se que quebró cuando uno de los orcos le arrancó la cabeza. El resto de la compañía observaba espantado e impotente el desarrollo de los sucesos. Elmer sentía que la furia le dominaba y blandió su lanza frente a Parsh, que miraba divertido al líder de los proscritos. Era una locura. Atcor había muerto, y seguramente Tamik también, pues le habían rodeado demasiados orcos. En ese momento, se oyeron unas fuertes explosiones en las zonas más espesas del bosque que sobresaltaron tanto a la compañía como a los orcos. Incluso Parsh parecía un poco intimidado. Un fuego azul y blanco surgió de entre los árboles más lejanos del bosque, y del fuego emergió Tamik, con una cabeza chamuscada de orco en la mano izquierda. En la derecha portaba la maza de combate, envuelta en llamas. En seguida se lanzó de nuevo al ataque, moviendo su arma de un lado para el otro y destrozando literalmente a los orcos.
Mientras, Elmer estaba decidido a enfrentarse y matar a Parsh. Pero el traidor rió de nuevo y sus ojos se volvieron rojos como la sangre. Saltó por encima del líder de los proscritos y cayó sobre Lot y Lobo con la agilidad de un gato, ignorando a Elmer completamente. El traidor pilló por sorpresa a los dos amigos y no pudieron evitar que el guerrero les golpease con la empuñadura de su espada. Saltó de nuevo, esta vez hacia Lance y Drutt, dejando a los otros dos en el suelo, sangrando abundantemente. Ni Lance ni Drutt pudieron hacer nada para defenderse de la brutal fuerza física de Parsh ni de su espantosa agilidad. El guerrero, después de tumbar al hijo de Lux y al amigo de Elmer, saltó de nuevo, esta vez en dirección a Tamik. Pero el Guerrero del Dragón tuvo la destreza suficiente para agacharse cuando Parsh le iba a cercenar la cabeza en pleno vuelo. Cuando Parsh hubo aterrizado, Tamik alzó la maza de combate con un movimiento limpio y preciso y, sin necesidad de levantarse del suelo, la lanzó con un movimiento rotativo directa a la coraza del malvado guerrero. Por desgracia, la maza rebotó en la armadura sin hacerle el menor rasguño. Parsh contraatacó con tal furia que incluso los pocos orcos que aún quedaban huyeron despavoridos al ver la monstruosa mueca del guerrero. Parsh cayó junto a Tamik, que ya se había levantado, y lanzó un terriblemente poderoso mandoble a su armadura. Pero la espada del traidor se partió por la mitad al producirse el impacto. Entonces, Parsh recordó que la armadura del Guerrero del Dragón también era de Mithril y, lleno de furia, invocó los poderes del Demonio Rojo para lanzar despedido por los aires a Tamik, que cayó varios metros más adelante. Kara y Lung lanzaron sendos rayos mágicos, pero contra la armadura no podrían hacer nada, y Parsh volvió a reír. Entonces, algo aprisionó el cuello del guerrero, impidiéndole respirar. Era Elmer, que usaba su lanza para estrangular al malvado traidor. Parsh se desembarazó de su atacante, dándole un puñetazo en la cara, se volvió y, con una ira visible en sus ojos, le clavó lo que le quedaba de la espada en el estómago.
- ¡Elmer! – gritó aterrado Drutt, que se había incorporado junto con Lance -. ¡No!
Parsh miró al guerrero y, tras extraer la espada del moribundo cuerpo del líder de los proscritos, lamió la sangre de la hoja. Drutt, furioso, alzó su arma y se preparó para atacar, pero una potente voz le ordenó detenerse. Era Tamik, que se había levantado, no con facilidad. El Guerrero del Dragón cogió su ballesta con forma de dragón que llevaba a la espalda y extrajo una flecha de metal del cinturón. La colocó en la ballesta y apuntó. Parsh soltó una carcajada ante la absurda idea de Tamik. Una flecha no sería capaz de atravesar su armadura de Mithril. Pero el Guerrero del Dragón no se acobardó y disparó y, milagrosamente, la flecha atravesó la coraza de Parsh y se clavó profundamente en su pecho. El guerrero rugía de sorpresa, furia y dolor, sin poder creer lo que había sucedido.
- ¡Idiota! – siseó Tamik -. ¡Mis flechas también son de Mithril!
Con una velocidad asombrosa, el Guerrero del Dragón recargó la ballesta con otra flecha de metal y disparó nuevamente. El nuevo proyectil se clavó en el corazón de Parsh, y su cuerpo sin vida cayó al suelo.
Entonces, Drutt corrió hacia el moribundo Elmer y lo abrazó, sollozando.
- ¡No te mueras! – jadeó -, ¡aún podemos salvarte! ¡Podemos pedirle a esa sacerdotisa, Kara, que te ayude con sus poderes curativos!
- Escucha, Drutt – dijo Elmer con dificultad -. Eres mi mejor amigo, pero sabes que es demasiado tarde – el moribundo guerrero tosió con fuerza e hizo un rictus de dolor -. Los poderes de Kara ya no me podrán ayudar. Pero no temas, siempre estaremos juntos y un día nos encontraremos de nuevo, en el Marhäman. Drutt – tosió de nuevo e intentó aclarar la voz -, ahora tú eres el líder de los proscritos. Quiero que hagas algo por mí. Quiero que me lleves junto a mi padre, quiero que sepa que luché valientemente. ¿Lo harás? ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo – respondió Drutt.
- Gracias, amigo mío – dijo Elmer.
La mano del guerrero se deslizó, y murió.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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No sé si estoy triste o enfadada. |
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18-12-2004 19:01 |
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Al principio dices que no se podía hacer fuego, y es una buena idea usar magia, porque supongo que es magia. El desgarrador, si esa era tu intención, daba miedo, y la baba le daba un toque viscoso, como a los de la peli de aliens. Solo hay una cosa que no me gusta, que al personaje que me ha gustado, entre otros, le hagas lo que le has hecho, mira que matarlo, y lo digo por Parsh.
Hay que me llama la atención en tu forma de escribir y que me gusta mucho, y es que usas palabras poco utilizadas, como la de boscaje, solo hay otra persona que hace eso, y es una amiga, que le encanta escribir relatos extraños.
¿Oye, qué es escamar? Es que no encuentro su significado.
Ahora solo me queda la última parte, antes de que publiques otra. Y antes de ir a la otra, decirte que es el capítulo que más tristeza me ha provocado.
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RE: No sé si estoy triste o enfadada. |
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23-12-2004 18:22 |
Es que Parsh era malo, pero se hacía el guay
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