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Rescate (Capítulo 8.- El Despertar del Lobo )


Relatos

25-11-2004 17:22
Por: Criatura del Averno

El viaje continúa. Tras la derrota de Gablag en la jaula, los compañeros dependen por completo de que Finzo los guíe a través de la nieve, en busca de un nuevo enemigo... Naukhell Alma Gélida, que según el gnomo, es el captor del príncipe DeMoreby.

La bota de Durgin se hundió profundamente en la nieve, mientras el enano luchaba por avanzar, fundiendo el blanco manto con su hacha cubierta por llamas rojas, que se había apropiado tras la derrota de Gablag. Había llamado a su arma Dágnal, un antiguo nombre enano.

-No sé como te había llamado ese monstruo –había dicho Durgin-, o que nombre te otorgó el herrero que te sacó de su forja, pero mereces un nombre de enano. Tienes que recordar tu linaje tras tanto tiempo en manos de un orco.

Así, el guerrero encabezaba la marcha, seguido por Finzo, Thalia y Neigeborne, que ya se había recuperado del veneno (pues por fortuna, solo había sido preparado para debilitar, no para matar). El enano llevaba a Pook colgado de su espalda, sin hablar, sin moverse. El mediano no había mejorado, sino todo lo contrario, unas finas líneas rojas recorrían su cuerpo desde la herida, y un siniestro olor de carne putrefacta era claramente perceptible en el ambiente. La gangrena era un asesino veloz. Thalia había dado ya por muerto a Pook hacía tiempo, pero los compañeros seguían cargándole. No iban a abandonarlo... ni iban a abandonar la esperanza de salvarlo.

Se dirigían hacia el Norte por consejo de Finzo, mientras el frío se les clavaba en la carne como cuchillos afilados. Ante ellos se alzaban inmensas moles de piedra, nieve y hielo. Era la cordillera de los Picos Nevados, su parte Este al menos. Por alguna razón que los compañeros no podían llegar a entender, el sol nunca parecía llegar a tocar estas montañas. El cielo estaba a perpetuidad cubierta de negras y espesas nubes de tormenta.

Pero Finzo no había aconsejado en vano esa dirección. Conocía el ser que habitaba entre esas montañas, la criatura que vivía allí, entre el frío y la roca. Sin alimento, sin agua. En un castillo de oscura piedra, sobre las altas crestas. Algo le decía al gnomo que era él el responsable. Que él tenía al príncipe en sus manos ¿quién si no? Su lógica, su inteligencia y, por qué no, su magia, todo apuntaba en una única dirección.

¿El nombre de tal criatura? El’Melaer Faerz’ol, o al menos, ese había sido su nombre cuando todavía vivía. Ahora se había llamado a sí mismo Naukhell Alma Gélida. Un nombre del todo inapropiado, según Finzo. Por qué Naukhell no tenía alma. La había perdido para ganar más poder. Más poder del que la vida pudiese otorgarle.

***

La escalada era difícil y penosa. Los compañeros, acostumbrados a un clima más cálido, tiritaban, aun cubiertos con las mantas que utilizaban para dormir, mientras la roca dura y afilada les hería las manos cuando se apoyaban en ella. Durgin a duras penas podía ya abrir un paso en la nieve, ni siquiera con la ayuda de Dágnal, y él era el más resistente de los compañeros. El resto, apenas podía ya dar un paso. Casi había pasado una semana desde el duelo contra el Señor de la Guerra, y la marcha se había vuelto más dura, el clima más frío y el camino más empinado a ritmo constante desde entonces. Neigeborne, apenas recuperada del veneno, notaba como sus dedos y la tez de su cara comenzaban a congelársele. Había palidecido, su piel parecía más gris que negra, y las ocasionales ventiscas alzaban la nieve contra su rostro, causándole rasguños y pequeñas marcas de congelación. Además, el hambre estaba haciendo mella en ella. Por que, de nuevo, habían tenido que racionar las provisiones, para que aguantasen, al menos, dos semanas más. Si tras ese tiempo, no habían salido de allí, estarían muertos. No tenían muchas esperanzas de encontrar un pueblo entre esas montañas.


Rescate (Capítulo 8.- El Despertar del Lobo )
Y, aun así, Tinieblas estaba en buenas condiciones si se la comparaba con algunos de sus compañeros, pues su ligereza la ayudaban en este trance, podía moverse con más facilidad en el entorno nevado, hundiéndose menos que sus amigos y sin necesidad de utilizar las manos en momentos de dificultad. Thalia, sin embargo parecía haberse congelado por completo, y se desplazaba pausadamente, con movimientos mecánicos y la mirada vidriosa al frente. Las manos le sangraban, pero el rojo fluido se cristalizaba al entrar en contacto con el ambiente. Estaba al borde de la hipotermia, pues sus ropas (incluso sus ropas de abrigo) eran finas. La hechicera nunca había pensado que necesitaría otras, pues nunca había creído estar tan loca como para adentrarse en mitad de la montaña. Y menos de aquellas montañas. Las más altas de todo el continente.

Y Finzo... Finzo era quizá el que peor lo estaba pasando. Su corta estatura, de poco más de un metro, hacía que caminase con su cabeza por debajo del nivel de la nieve, a través de la huella que abría Durgin. Demasiado aturdido, sin energías y sin poder conciliar el sueño, el gnomo no tenía fuerzas suficientes para recurrir a sus hechizos. Solo su constitución fibrosa y su fuerza de voluntad lo capacitaban para continuar su camino, siguiendo los pasos del enano. De todos modos, trataba de mantener la mente ocupada. Comentaba para sí mismo que el veneno paralizante del khuul, del que todavía conservaba un pequeño frasco, se estaba comenzando a convertir en un poderoso ácido. Hablaba de sus hechizos, escritos en el enorme libro que llevaba consigo. De sus estudios. De cualquier cosa. Cualquier cosa excepto de la nieve blanca que lo cubría todo. La nieve, lo único que Finzo podía ver además de sus compañeros y de las nubes que recorrían el cielo, ocultando la luz del sol.

Pook había caído definitivamente en la inconsciencia. Aunque el frío clima retrasaba sus funciones vitales y, con ellas, la extensión de la putrefacción de su herida, colgaba inerte de Durgin, con la cabeza a un lado y los ojos cerrados. El enano no podía evitar pensar que cualquier día el mediano dejaría este mundo, y él ni siquiera se daría cuenta hasta que pararan por la noche. Lo enterrarían en la nieve. En la nieve. Por que no podían cavar la roca y otra cosa no había en aquel lugar. Nieve y roca. Nada más

El mismo Durgin estaba agotado. Pook no pesaba mucho, pero aun así era un peso adicional al de su armadura, su equipo y su arma. Era el más duro, sí, pero también cargaba con mucho más que cualquier otro de los compañeros y, además, tenía que ir abriendo el paso. La nieve le llegaba a la altura del pecho, salpicándole toda la barba y haciendo que cada paso adelante fuera una verdadera proeza. Su armadura estaba prácticamente congelada, hasta tal punto que era un suplicio moverse. Pero era otra capa más de ropa, y prefería un esfuerzo adicional que soportar el terrible frío. Dio un paso más, desplazando la nieve semiderretida por su hacha. Con un gruñido, siguió caminando. Más que su resistencia, era su testarudez la que le forzaba a seguir adelante. No lo iba a derrotar una montaña. No se iba a rendir ante un montón de hielo y piedra. No... ¡antes muerto que rendirse!

***

Poco tenía de campamento la zona donde los compañeros se acostaron. No había una hoguera, porque no tenían leña que pudiesen usar. Solo Durgin estaba levantado, de guardia, pero nadie dormía. El viento aullaba en sus oídos, como un lobo gigantesco, bajo las nubes. Una noche sin estrellas y sin luna.

-Tinieblas, es tu turno... –dijo Durgin, como una rutina, por que sabía que iba a seguir despierto aunque cambiase la guardia. Pero Neigeborne se alzó y ocupó su lugar, cubierta aún por la manta, mientras el enano se dejaba caer sobre su saco de dormir.
La semidrow se frotó las manos bajo la manta, intentando entrar en calor, mientras sus agudos ojos recorrían la estepa. Estaban en la ladera de una alta montaña (Finzo no había mencionado su nombre), que iniciaba el mazo principal de la cordillera. Hacia el Oeste, las montañas seguían y se perdían tras el horizonte, como la columna vertebral de una gigantesca criatura muerta. Recordando algo de geografía, la ladrona recordó que allá, en algún punto al otro lado de los Picos Nevados se extendía el Océano del Norte, hasta más allá de lo que la vista pudiese alcanzar. A vuelo de pájaro, estaba tan solo a unos kilómetros... pero a pie, estaba tan lejos que a Neigeborne le parecía que necesitaría toda una vida para llegar hasta él.

De pronto, sus oídos captaron algo, antes de que su vista lo encontrase. Casi totalmente camuflado por el rugido del viento, la semidrow distinguió el crujido de la nieve. Había algo caminando sobre ella, podía distinguir cada paso. En seguida, lo vio. Al principio le pareció un montón de nieve que se movía rápidamente sobre la ladera. Pero al fijarse mejor, pudo reconocer los detalles. Era un tigre, un enorme tigre blanco, que corría sobre ella. No parecía haberlos visto, pero sus pasos lo llevaban inconfundiblemente hacia ellos. Había en sus movimientos tal ligereza que podía moverse sin hundirse apenas en el manto blanco, más rápida y elegantemente que la propia Neigeborne.

De pronto, y ante los atónitos ojos de la semidrow, el tigre se alzó sobre sus patas traseras, alzando su cuerpo en una postura casi humana. Sus ojos, que brillaban en la oscuridad de la noche, detectaron a los compañeros. Dando un paso atrás, el tigre, o lo que fuera esa criatura, volvió a ponerse a cuatro patas y se alejó de allí, sin demasiada prisa, pero sin mirar atrás.

-¡Finzo! –murmuró ella, desconcertada-. ¿Has visto eso?

Pero el gnomo no necesitó responder a la pregunta. Lo había visto perfectamente.
-Era un hombre-tigre. Corren rumores de que habitan por aquí, pero nunca se había confirmado, hasta ahora supongo. ¡Que curioso! ¡Quien sabe donde encontrarán comida, en estos parajes!

El gnomo parecía entusiasmado, e incluso su voz había dejado de tiritar. Pero Neigeborne siguió hablando.

-¿Un hombre-tigre? ¿Es como un hombre-lobo?

Finzo asintió, y si había notado el sobresalto de Thalia cuando la semidrow hubo pronunciado esas palabras, no dijo nada.

-¿Cómo un hombre-lobo? –la voz de la hechicera temblaba y no solo debido al frío-. ¿De que estás hablando? Hoy no hay luna llena.

-¿Cómo sabes que no? –preguntó Durgin, extrañado-. ¿Acaso puedes ver la luna a través de las nubes?

Thalia se sonrojó y volvió la cabeza. Por un momento, pareció que el enano iba a decir algo, pero el mago continuó hablando, congelando sus palabras.

-Ella tiene razón, Durgin, hoy no hay luna llena. Pero la luna no es la única razón por la que un licántropo puede adoptar su forma animal –Finzo se había puesto una mano en la cadera, y la otra la movía con un dedo levantado hacia el cielo, como lo haría el maestro de una escuela-. Una herida grave, o un humor realmente malo también puede conseguirlo. Algunos seres han nacido ya con la maldición de la licantropía, y pueden controlar sus cambios a la perfección. Son muy escasos sin embargo, pero...

-¡Sí! Ya me hago una idea –cortó Durgin-. Si no te molesta voy a intentar dormirme. Pero si ese tigre, o cualquiera de esas cosas viene por aquí, tendrá que probar mi hacha.

Y dicho esto, se acurrucó con la manta y cerró los ojos, malhumorado. Finzo se encogió de hombros y le imitó, pero Thalia tenía los ojos muy abiertos.

***

La tormenta estalló sin previo aviso. Una masa de nieve, granizo y rayos caían del cielo, cubierto por negras nubes, mientras el viento aullaba con renovadas fuerzas. El tiempo no parecía tener sentido, mientras la nieve era cubierta por una nueva y blanca capa, y removida por pequeños torbellinos.

-¡Tenemos que movernos! –gritó Durgin, tratando que su voz se oyese por encima del viento.

Pero a duras penas podían, por que la huella que abría el enano era rápidamente borrada por la tormenta, y si Neigeborne podía moverse como un gato por encima de la nieve, Finzo y Thalia no eran capaces de hacerlo. El gnomo a duras penas podía conjurar una esfera de calor que rodease sus manos para intentar fundir la masa blanca, pero la nieve lo estaba empezando a cubrir, y el viento amenazaba con alzar sus pies del suelo.

-¡No podemos seguir así! –grito la humana-. ¡Será nuestro final!

-¡Entonces párate y deja que la nieve te cubra! –le respondió Durgin, tozudo-. Yo no pienso hacerlo.

Pero lo cierto era que ni siquiera el enano podía dar un paso más. El peso extra de Pook le tiraba de espaldas, y no podía luchar contra la nieve y el viento al mismo tiempo.

Neigeborne avanzó rápidamente, haciendo un esfuerzo sobrehumano para sobreponerse a la tormenta, para inspeccionar la zona. La nieve la cegaba, pero incluso en estas circunstancias su vista era especialmente aguda, y más adelante...

-¡Hay una pequeña cueva, allá en la roca! ¡Podemos guarecernos allí hasta que pase la tormenta!

Los compañeros escalaron por la fría piedra, para llegar a una gruta practicada en la propia pared de la montaña, a aproximadamente cuatro metros por encima de donde ellos estaban. La primera fue Tinieblas, que subió ágilmente, casi como una araña, encontrando asideros para manos y pies con una facilidad pasmosa, y les lanzó una cuerda a los demás. Pronto, los aventureros se habían guarecido en el interior, alumbrados únicamente por el fuego de Dágnal. Allí dentro hacía frío, sí, pero era más soportable, y era roca, y no nieve, la capa sobre la que los compañeros se acostaban. Finzo no fue el único que deseó que la tormenta no acabase nunca. Por primera vez en más de una semana, lo asaltó el sueño

***

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Luces y sombras
20-06-2005 12:48
El fragmento en sí me ha gustado, tanto en lo literario como en la historia. Me ha absorbido como los otros y ya por eso mereces mi aplauso.

Sin embargo hay dos detalles de la trama que no terminan de convencerme. El primero es que la conexión con el anterior fragmento es totalmente inexistente. Es posible que en la partida fuera así, pero tú deberías haber rellenado ese hueco con un flashback, algo completamente inventado incluso por el bien de la coherencia de la historia. Cuando he empezado a leer he pensado que me había saltado un fragmento, de una jaula de lucha hemos pasado a frías montañas sin saber como. Esperaba que lo aclarases más adelante pero me he quedado con las ganas. El otro punto que no me ha gustado es lo del mediano. Independientemente de lo que pasara en la partida, si no ibas a matarlo era de nuevo el momento de adaptar la historia. Una curación milagrosa habría quedado sorprendente pero más creíble que la aparición de un celestial. E incluso podría haber dado pie a futuras explicaciones o justificaciones.

No son más que mis sensaciones leyendo. Me ha gustado y seguiré con la historia.

Mañana más!!

   RE: Luces y sombras
20-06-2005 19:48
Bueno, Ilirio, hasta ahora no había hecho ningún comentario porque todas tus opiniones me han parecido acertadas pero, como podrás comprobar, la aparición del "celestial" (no es exactamente eso, o al menos, no totalmente) no está únicamente destinada a salvar al mediano. Ni mucho menos.

Espero tus comentarios en el próximo capítulo

   ha perdido un poco de interés..
03-12-2004 05:59
aunque los personajes siguen interesando, creo que la trama y el hecho de que esté basado en una partida de rol, hacen que resulte una sucesión de combates que llega a cansar y se pierde el juego de intrigas, las deducciones de finzo, que parecen sacadas de la manga, como te han apuntado...
Está muy bien, pero creo que ha bajado un poco el nivel.
Gracias por compartirlo!

   Como tu has dicho, Oscuridad...
01-12-2004 19:55
...la historia está BASADA en una partida de rol, y no es la propia partida. De todos modos, te diré que no hubo ningún dedo indicador del master... sencillamente, los jugadores decidieron una dirección al azar... y fue la dirección correcta. Si en el trasfondo de la partida, Finzo se distinguía por su genialidad, sobre la mesa de juego se ditinguía por su POTRA. Nunca he visto más suerte reunida en un solo jugador. Pero a la hora de escribir, no me gustaba que los personajes resolvieran sus problemas por pura suerte. En cuanto a Pook... bueno, si comienzo a hablar de muertes y resurrecciones extrañas, la historia pierde credibilidad. Y en el caso de nuestro mediano... bueno, dejémoslo en que se trataba de de muertes y "resurrecciones" MUY EXTRAÑAS (y, sí, resurrecciones va entre comillas, pero no quieras saber porqué), así que prefiero una larga convalecencia que una muerte física, como fue el caso.

Por último, me disculpo humildemente por las faltas de ortografía (lo siento... lo siento... lo siento...) para las cuales, lo reconozco, no tengo excusa posible.

Gracias por vuestros comentarios y por vuestro apoyo.

Criatura del Averno

   ¡Muy bueno!
26-11-2004 13:31
Sigue siendo una saga digna de ser leída. Sólo que, esta vez, te daré un par de comentarios:

Ortografía: "Por qué Naukhell no tenía alma." -> "Porque Naukhell no tenía alma." Y creo que "aun" -> "aún".

Trama: "Pero Finzo no había aconsejado en vano esa dirección.". Disculpa, pero me ha parecido sacado de la manga... ¿De dónde se sacó el gnomo esa información? Según comentas, esta es la narración de (o basada en) una partida de rol. ¿Ese fué el dedo del Narrador señalando la dirección a los jugadores que se habían perdido?

Rol: El Halfling lleva rato herido y muriendo... ¿Cómo se traduce eso en el sistema de juego?

¡Sigue con el buen trabajo!

   RE: ¡Muy bueno!
30-11-2004 11:39
Hmm,coincido contigo en todo.
Sobretodo en lo de Pook...se supone ke han pasado semanas desde lo de gablag y tal...Y ahora,al fin,parece ke muere...no se...

Se ke los halflings son un poco mas duros de lo ke parecen...pero tampoco tanto.Me parece ke kien sea el Master esta teniendo demasiada piedad por el jugador.RemATALO,PiSaLO!

Algo asi como k os kedais ya sin comida ni nada y decidis comeros al halfling XDDD.Seguro ke uhanxi o el otro orco (como se llame) estarian de acuerdo en ke seria un buen tentempie :P .

PD:Como ya dije en el anterior,has mejorado bastante en cuanto a narracion,aunke a veces te cuelgas en detalles k el lector no necesita saber (solo tu como narrador,o el master,en todo caso)



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