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Este es un homenaje al cine negro y a sus protagonistas.
En cuanto deje de llover, entraré y lo mataré.
Una puerta chirría y se cierra de golpe.
No hay rabia en mí, tal vez ni siquiera indiferencia. Es mi trabajo. Para eso me pagan, y lo hacen bien.
La puerta chirría y golpea de nuevo.
No sé su nombre ni su aspecto físico. Sólo sé que está ahí dentro, esperándome.
Después del aviso hice mis propias averiguaciones. No pudieron ocultar que otros como yo lo intentaron antes, pero no lo consiguieron. Por eso estoy yo aquí. ¿Soy el último, o quizás el siguiente?
En cuanto deje de llover, entraré y lo mataré.
Chirrido. Golpe.
Colgado del retrovisor se mece un rosario. El sol le ha hecho perder su color, pero me gusta. Lo conservo ahí más por superstición que por fe. No creo que llegado el momento me libre de una bala que lleve grabado mi nombre.
La espera se estira y acomoda como una parte de mi. Ya no miro el reloj: el ritmo de los truenos marca el tiempo.
¿Quién será? ¿Tendrá familia? ¿Alguien llorará por él cuando muera? ¿Morirá?
En cuanto deje de llover, entraré y lo mataré.
Chirrido. Golpe.
Aunque me apetece, sé que no puedo encender este cigarro. Jugueteo con él dentro del bolsillo. Se deshace. Luego tendré que dar la vuelta al forro.
La lluvia arrecia. Respiro hondo y me acomodo en el asiento. ¡Qué demonios! Me acerco el cigarro a la boca. Aprieto el encendedor y espero.
La puerta chirría y golpea al otro lado, detrás la lluvia. Su gemido me recuerda a él, a mi padre. Salió sin despedirse, sin mirar atrás, como hacía siempre. El crujido de un arma al cargar, el disparo y la masa de su cuerpo contra el suelo. Eso fue todo. Eso nos libró de él.
El chirrido de la puerta tras la lluvia. Golpe.
Tal vez por eso no bebo, por las palizas, por los huesos rotos, por madre. Lo hubiera matado mil veces. No me atreví. Aquella puerta, como esta, se abre y golpea. Nos abrazamos. Ya está aquí. No papa, la vas a matar, déjala.
La puerta chirría. Ha dejado de llover. No hay golpe. Pasos. Me mira al otro lado de mi ventanilla. Salta el encendedor. ¡Mi revolver! El crujido de su arma al cargar. Un disparo.
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