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Un reunión ha de ser celebrada para decidir qué hay que hacer con el androide y las futuras acciones que han de ser llevadas a cabo contra el Imperio Galáctico.
Capítulo 4: La reunión
Nah Klawks salió del laboratorio acompañado de Raúl Sánchez. Durante la entrevista con PX-32, el general no había mostrado signos de sorpresa. Sólo cuando se dio cuenta de que no era un androide fabricado por el Emperador, fue cuando se mostró asombrado. ¿Quién podría haber construido a aquel robot? Una cosa estaba clara: quien quiera que lo hubiera hecho, conocía a la perfección la arquitectura de los modelos imperiales, pues los movimientos y la constitución de Flick eran semejantes a éstos. Bueno, quizá PX-32 parecía algo más inteligente que los androides imperiales. Semejantes pensamientos atravesaban el cerebro del cazarrecompensas. Nah y Raúl llegaron de nuevo a la sala de espera, donde Marie seguía sentada junto al mostrador. Cuando los vio, la chica alzó la cabeza y los llamó, aunque sólo había nombrado al general.
- General Sánchez – dijo -, le esperan en el puente – miró al cazarrecompensas -. Su habitación está lista, señor Klawks.
- Gracias – murmuró Nah.
Raúl también agradeció el mensaje a Marie y se volvió a Klawks.
- Bueno – dijo -, ahora tengo que irme. Puedes dar una vuelta por la base y relajarte. No te aconsejo que te vayas a acostar ahora. El consejo se celebrará dentro de unas pocas horas y quizás te quedes dormido.
- Gracias – respondió Nah -. Creo que me quedaré en esta sala. Tengo donde sentarme y quizás pueda echar una cabezadita.
- En fin – suspiró Raúl -, eso lo decides tú. Hasta luego, nos veremos en el consejo.
El general Sánchez se despidió al modo militar y abandonó la sala. Sin más que hacer, Klawks se sentó en un sillón y se desparramó en él, esperando. Marie le miró, sonrió y dijo:
- Señor, si se aburre, puedo traerle algunas revistas.
- Eso estaría bien – accedió el cazarrecompensas -. Un poco de lectura me distraerá.
La chica volvió a sonreír y pulsó un botón. Inmediatamente, el suelo se abrió delante del sillón ocupado por Nah y una mesilla surgió de su interior. Sobre ella había gran número de revistas. El cazarrecompensas rebuscó entre ellas y después de desechar algunas extintas revistas de moda y del corazón, por fin encontró lo que buscaba. Nah seleccionó algunos cómics que encontró entre el amasijo de revistas y los miró. Todos eran del siglo veinte, aunque magníficamente conservados. Leyó con interés títulos de la Marvel como Spiderman o Conan, y no hizo ascos al manga.
Mientras leía, Marie le miraba, divertida. Klawks se dio cuenta de que la chica le observaba y dejó a un lado un cómic de Batman y le devolvió la mirada, con seriedad.
- Con esa cara parece usted un tipo duro – dijo Marie, riendo -. Sonría un poco, por favor.
- ¿Se puede saber qué le hace tanta gracia? – respondió Nah, ignorando el comentario de la chica.
- Bueno – murmuró Marie -, primero llega usted a esta base como todo un guerrillero, duro y frío. Y ahora le veo disfrutar como un niño con esos tebeos.
- Esto, señorita – replicó Klawks -, es arte. Es un reflejo de la cultura del siglo veinte, y veo alguno anterior aún.
- ¡Vaya! – exclamó Marie, fingiendo estar sorprendida -, ¿no me diga usted que es un cazarrecompensas culto?
Nah miró furioso a la chica. Estaba perplejo y dolido. Parecía que a Marie no le gustaban los cazarrecompensas, pero le lastimaba que le hablase de aquel modo sin apenas conocerle.
- Mire, señorita – dijo Nah, intentando mostrarse sereno -. Según veo, los cazarrecompensas no son de su agrado, pero eso a mí me da igual. Usted no me conoce, y por eso no tiene ningún derecho a juzgarme.
- ¡Ya lo creo que lo tengo! – replicó Marie -. La gente como usted sólo se mueve por dinero. La gente como usted no tiene moral ni respeto por nadie. La gente como usted no es capaz de ayudar a nadie sin cobrar.
Klawks esperó pacientemente a oír los argumentos de la chica y después respondió con tranquilidad:
- Señorita, voy a responder a sus tres argumentos. 1.- ¿Quién no tiene hoy en día un negocio? Incluso los jefes de las bases más rebeldes tienen alguno para financiar sus actividades y, aún más importante, para vivir. Eso ya es moverse por dinero; 2.- ¿Dice usted que no tengo moralidad? Sin no la tuviera, créame si le digo que aceptaría de muy buen grado trabajos para el Imperio. Y respeto a la gente más de lo que se imagina; 3.- Señorita, he ayudado sin cobrar un solo crédito a gente necesitada, y no poca.
Marie titubeó un poco antes de contestar.
- Puede que usted sea un caso aparte –dijo -, pero no es lo mismo en todos los cazarrecompensas. Es un colectivo que conviene evitar.
Nah negó con la cabeza y cerró los ojos.

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- Si conociera la verdadera historia de los cazarrecompensas, no hablaría de ese modo – murmuró.
- ¡Por supuesto que la conozco! –exclamó Marie, irritada -. Surgieron debido a un grupo de guerreros y mercenarios que únicamente querían enriquecerse.
- No – dijo Klawks, moviendo la cabeza de un lado para el otro en señal de negación -. Los cazarrecompensas de ahora tienen poco que ver con aquellos de los tiempos de la Unión Estelar, que se extinguieron. Los nuevos cazarrecompensas eran un grupo de guerreros que únicamente querían ayudar a derrotar al Imperio, pero no tenían ni los medios ni el armamento necesarios para hacerlo. Ése fue el motivo de que empezaran a aceptar misiones para el que ofreciera más dinero, pero nunca aceptaron trabajos imperiales. Este dinero lo usaban únicamente para fabricar y comprar armamento para sus misiones y para sobrevivir en un mundo tan cruel como en el que vivimos actualmente. Sin embargo, siempre hubo aprovechados que no dudaron en sacar ventaja de la situación y aceptaron misiones de todo tipo con el único motivo de sacar tajada y enriquecerse. Esos son los que conviene evitar y la lacra de este universo nuestro, como aquel Cambista de Forma que casi logra su objetivo de entrar en esta base. De no ser por mí, claro.
Marie se quedó un largo rato observando a Nah sin decir nada. Por un momento, el cazarrecompensas pensó que la chica se iba a echar a llorar. Pero, en lugar de eso, sonrió.
- ¡Vaya! – exclamó -. Desconocía todo eso. Creo que tendré que pensar mejor lo que diga sobre los cazarrecompensas, y también le debo una disculpa.
- ¡Bah, no se preocupe! – replicó Nah mientras sacaba un puro del bolsillo de sus pantalones y se lo metía en la boca -. Las experiencias vividas en estos tiempos nos hacen muy desconfiados y reticentes. ¿Se puede fumar aquí?
- Pues mire – dijo Marie -, normalmente no se puede, pero por ser usted haremos una excepción.
Klawks sonrió de gratitud y, tras encender el cigarro, le dio una buena bocanada y expulsó el humo en pequeños anillos, que se fueron expandiendo hasta volatizarse.
- Verle sonreír le hace parecer otra persona – comentó la chica -. Parece más amable y menos amargado.
Nah miró fríamente a Marie y le dio una profunda calada al puro.
- Señorita – dijo el cazarrecompensas mientras escupía el humo -, tengo muchas razones para estar amargado, pero no le hablaré de ninguna de ellas.
- Como quiera – dijo la chica, encogiéndose de hombros -, pero no es bueno que se deje afectar por esas razones.
- Para usted es muy fácil decirlo – dijo Nah Klawks -. Seguro que no tiene la edad suficiente para comprender estas cosas.
Marie arqueó las cejas.
- Y, ¿cuántos años tiene usted? – preguntó.
- 27 años y medio.
La chica echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada tan fuerte que sobresaltó al cazarrecompensas.
- ¿Qué le hace tanta gracia? – preguntó Nah.
- Pues que usted sólo me lleva dos años – respondió Marie -. Yo tengo 25.
En ese momento, una suave alarma les hizo a ambos mirar hacia arriba.
- ¡Oh! – exclamó Marie -, ¡cambio de turno! Si me permite, me voy a descansar. Nos veremos en la reunión.
- ¿En la reunión? – preguntó Nah, sorprendido -. ¿Qué va a hacer usted en…?
- ¡Ya nos veremos! – gritó Marie mientras corría hacia la puerta.
Inmediatamente, un hombre entró en la sala y se acomodó detrás del mostrador. Miró con reproche al puro del cazarrecompensas, pero no dijo nada. Nah siguió fumando el cigarro, ignorando completamente al hombre y, cuando lo acabó, se guardó cuidadosamente la colilla en un bolsillo y se recostó en el sillón, donde cogió un sueño ligero.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Hmm |
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12-01-2005 19:48 |
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Son tantas las cosas que se me ocurren, brother, y tan poco el tiempo, pero a ver si consigo plasmar en parte lo que me ha producido tu relato. Veamos, me parece que su principal problema es que no es original ni de lejos, o sea, tenemos a un imperio del mal y a una alianza rebelde, que bueno, puede ser tomada como motivo central, pero en lo que falla es precisamente en el tratamiento. Luego, lo del cazarrecompensas, que tampoco aporta nada al género, lo del robot es insufrible, si mal no recuerdo PX32 era, o el modelo de esa especie de cadillac volante que usaba Skywalker en Tatooine o TX32 era el modelo de esos cazas con forma de Y que se vieron en Star Wars. O sea, por donde se vea, hasta aquí no he visto nada que se salga de lo ya conocido, y eso, como verás mi buen amigo, a la hora de escribir CF es un poquitín grave.
Ahora, lo de Nah Klawks y su afición por los comics del siglo XX hace pensar como si la única temporada que valió la pena en toda la historia de la Humanidad fuera la que acaba de pasar (aquí habría estado mejor inventarse una película multisensorial que pudiera experimentarse con el uso de unos lentes especiales, no sé, algo por el estilo).
Uff, se me acaba el tiempo, amigo, y bueno, me di el trabajo de leer y comentar precisamente para apoyar tu arte, pero debieras pensar, como escritor, en que tu labor también implica un deber, que es entretener a tus lectores. De momento me están entrando ganas de aparecerme con un bate en tu casa, je, je, je. Un abrazo, brother.
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RE: Hmm |
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12-01-2005 19:50 |
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RE: Hmm |
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12-01-2005 19:49 |
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ta bien |
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27-12-2004 19:25 |
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en la line de los otros me gusta como va
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Está bien |
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23-12-2004 10:21 |
Pues yo también lo he leído. Está bien, en la línea de los anteriores. Un saludo
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Lo he leido |
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21-12-2004 18:53 |
Pues eso, para el autor. Que lo sepa
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