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Te dejaría de amar, pero entonces necesitaría dejar de pensar; dejaría de pensar, pero no quiero dejar de amarte.
Te vi por primera vez,
Mi corazón dejó de latir,
No creí lo que veía; creí soñar,
No encontré que decir,
no supe que pensar.
Quise escapar de tu presencia
Pero mi espíritu quería contemplarte,
Quería mi alma sentir tu esencia;
Querían mis manos tocar tus manos,
Quería besar tus labios
Y ansiaba decir: “te amo”.
Tú eres mi sueño,
Por quien mi corazón suspira,
Por quien mi alma se ilusiona;
Al estar contigo se apasiona...
A quien mis ojos quieren admirar
Y ver que no solo eres lindura,
Pues presumir podrías de ser virtuosa;
Que una rosa, más hermosa.
Pues ésta no compara su candor
Con la nobleza de tu alma
Y la pureza de tu amor,
Ni su aroma puede ser tan grato
Como la fragancia de tu encanto
Y el perfume de tu cuerpo
Que declara a tu favor.
Para mi tú eres valiosa;
Más, aún, que piedra preciosa;
Quien no tiene ocasión de medirse
Con la elegancia de tu figura
Y la seducción de tu mirada.
Tu belleza excede la hermosura de la rosa
Y tu valor al de la piedra preciosa;
Pues dura es ésta gema;
Siendo tú la más gentil
E igualmente bondadosa.
Aún la rosa tiene espinas
Teniendo tú, mi musa, solo pétalos
Que rocías con tus lágrimas
y alimentas con tu amor.
Y siendo delicada tú, mi amada
Cual mariposa en primavera
Que arrebata mi cariño
y se queda con mi amor.

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