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Rescate (Capítulo 9.- Cielo e Infierno)


Relatos

19-01-2005 11:33
Por: Criatura del Averno

Dos nuevos y misteriosos personajes entran para formar parte de la historia... y el destino del mundo.

I
En las blancas estepas, inmaculadas, muy por delante de donde estaban los compañeros, se escuchó un pequeño sonido. De pronto, una pequeña esfera verdosa, del tamaño de un puño, apareció en mitad de la nieve, mientras un pequeño torbellino de energía mágica removía el blanco manto a su alrededor. La esfera aumentó bruscamente de tamaño, y luego hubo una explosión. Inmediatamente después, donde no había nada, aparecieron dos figuras, un gigantesco orco y un pequeño trasgo, que sujetaba un extraño colgante que llevaba colgado del cuello.

-No están aquí, Rekhar –murmuró el orco gigante, moviendo su único ojo rojo a ambos lados-. Te has equivocado.

-No, Señor –se apresuró a contestar el trasgo-. No, tienen que pasar por aquí tarde o temprano. Si van a buscar al hijo del Rey humano, y se que van a hacerlo, tienen que pasar por aquí. No hay otro camino para llegar al castillo de Naukhell.

El orco bajó la cabeza para mirar a Rekhar, que se inclinó para no sostener su mirada. Se consideraba un delito que un simple trasgo mirase a los ojos al Señor de la Guerra. Llevaba todavía la oscura armadura que vistió en la Jaula, pero empuñaba ahora el hacha que arrebató posteriormente del cadáver de Krom, y que, como el difunto, empuñaba con ambas manos. Gablag había jurado venganza contra el gnomo que lo había derrotado, y no cejaría en su intento. Retrasando la guerra contra el Trirregne y DeMoreby, la primera prioridad el monstruo era simple: hacer pedazos a Finzo. Se había valido de Rekhar y su colgante para llegar hasta allí, pero ahora, tendría que esperar.

-¡Maldita sea! –rugió.

Y sin embargo, Rekhar no le escuchaba. Sus ojos amarillos se habían posado, con un gesto de terror, en algo situado a las espaldas del orco. Gablag, extrañado, se dio la vuelta. Y ante él vio un gigantesco tigre, de color blanco, que lo miraba con un brillo de inteligencia en sus ojos de cazador. El Señor de la Guerra aferró el hacha, con desprecio, y se dispuso a acabar con la vida de ese animal, que se le había acercado demasiado. Eso descargaría su frustración.

Pero el tigre esquivó el hachazo y, irguiéndose sobre sus patas traseras y adoptando una postura de terrible humanidad, atacó a su vez.

II
-Mi nombre es Lurien –dijo la dama de cabello dorado.

Durgin trató de que su cabeza no explotase mientras asimilaba todo lo que había ocurrido en apenas unos segundos. Thalia, la joven humana que consideraba una simple hechicera, indefensa en combate cuerpo a cuerpo, había estado a punto de matarlos, pese a ser su aliada. Pook, a quien prácticamente consideraban muerto, estaba ahora mismo dando saltos sobre la nieve, cantando dos canciones a la vez y dando palmas. Y una desconocida, la que había salvado al mediano y la que les había ayudado a derrotar al gigantesco esqueleto sin motivo aparente, estaba de pie ante él, presentándose. Vale. ¿Y que se supone que tenía que hacer él?

-Durgin –contestó el enano, con voz confusa, estrechando la mano que Lurien le ofrecía-. Durgin Armourbreaker.

-¡Lurien! –gritó Pook en ese instante-. ¡Tengo aquí un amigo que necesita tu ayuda!

Finzo, con la mano en el hombro, intentando detener el flujo de sangre, se tambaleaba en dirección a la dama, mientras con sus curiosos ojos, observaba a la misteriosa criatura. Lurien era alta, muy alta para su sangre élfica, que se distinguía en su porte, sus ojos almendrados y sus orejas puntiagudas, pues medía aproximadamente un metro ochenta. Su cabello era largo, dorado y ondulado, y caía copiosamente sobre sus hombros, formando grandes bucles y centelleando bajo la luz de la luna. Su piel era clara, y parecía que, desde su interior, brillase con una luz de un tenue color blanquecino. Su rostro era delgado e indescriptiblemente hermoso, iluminado por sus ojos, de un profundo color verde o turquesa. Vestía un ligero camisote de mallas, de metal blanco, adornado en plata y oro, y portaba a la espalda un arco largo y un carcaj repleto. Y de esa misma espalda brotaban dos inmensas alas blancas, de ave, que como su pelo, resplandecían. Un cinto le cruzaba el pecho, y de él colgaba la vaina vacía de una espada, pues el arma estaba hundida hasta la empuñadura en el cráneo del gigante de hueso. El gesto de Lurien era extraño. Era bondadoso, sí, y puro. Tal vez incluso ligeramente inocente. Y sin embargo, había en él una dureza inusitada, una mirada inquisitiva y penetrante. Era el gesto de un formidable aliado para sus amigos, y un terrible rival para sus enemigos.

Al ver herido al gnomo, Lurien se agachó y colocó sus manos de curadora sobre el hombro del diminuto mago, mientras murmuraba una oración a Heironeous, dios del valor y la justicia. Inmediatamente, la herida se cerró, cicatrizó, y después desapareció por completo, como si nunca hubiese estado ahí. Incluso el sabio mago tenía los ojos como platos.

Neigeborne, todavía mareada por el golpe que le había propinado el esqueleto, se acercó, intentando permanecer estable sobre sus ágiles pies. Aturdida, como Durgin, por todo lo que había pasado, olvidó cubrirse con la capucha.

-¿Eres una clérigo? –preguntó-. Creí que solo ellos podían convocar la magia curativa.

-No –contestó Lurien-. Soy una paladín. Y sin embargo, me sorprende que tú no lo seas. Según tengo entendido las mujeres drows forman parte de las más grandes clérigos de este mundo. Malignas, sí, pero grandes. Ansío enfrentarme a una de ellas.

En ese instante, Tinieblas se dio cuenta de que llevaba el rostro descubierto. Abriendo mucho los ojos, y dando un paso atrás, iba a tratar de preguntar algo. Pero Lurien pareció leer sus pensamientos.

-¿Te sorprende que no me halla asustado, o te haya rechazado por el color de tu piel? –preguntó, con una sonrisa en sus labios-. Yo no juzgo por las apariencias. Soy capaz de leer en el corazón. Y sé que no hay mal en ti... aunque intentes confundirme al no presentarte, cosa que, te recuerdo, yo ya he hecho.

-Neigeborne –se apresuró a contestar la semidrow-. Aunque muchos me llaman Tinieblas.

-Prefiero Neigeborne, si no te importa –rió Lurien-. ¡Tinieblas! ¡Que tétrico!

Pero ninguno de los compañeros rió con ella. Incluso Pook había dejado de cantar. Había notado que faltaba alguien.

-¿Dónde está Thalia? –preguntó con un susurro, aunque no necesitaba respuesta. Sobre ellos, aún brillaba la luna llena.

***


Rescate (Capítulo 9.- Cielo e Infierno)
-Lo siento. No lo sabía –dijo Lurien, cuando le hubieron contado la historia-. Lamento la pérdida de vuestra compañera.

El día comenzaba a clarear. Mientras los compañeros y Lurien guardaban un respetuoso silencio, Thalia, muy lejos de allí, lanzaba su grito de desesperación, dolor y frío.

-¿Perdida? –preguntó Pook, de pronto-. ¿Perdida Thalia? Ah, no. No pienso abandonarla.

-¿Y qué vamos a hacer? –le respondió Durgin-. ¿Buscarla, encontrarla y llevarla con nosotros para que nos vuelva a atacar el día menos pensado? ¡Ya oíste a Finzo! No solo la luna tiene poder sobre ella. La próxima vez puede que no salgamos tan bien librados.

Lurien sacudió la cabeza, ensimismada.

-Soy dada a ayudar a aquel que lo necesita... pero en esta ocasión no está en mi mano. Soy capaz de sanar las enfermedades terrenales, pero la magia es la causante de la licantropía. No puedo hacer nada por ella.

Pero en ese instante, alguien le contestó. Desde la espalda de Lurien, se oyó el sonido de una voz fría y sardónica, pero también dulce y persuasiva.

-No deberías hacer nada por nadie, Lurien –las cabezas de los compañeros se volvieron, como un resorte, para ver quién había hablado, pero la paladín bajó la cabeza, con un extraño gesto que ninguno de ellos pudo llegar a definir-. Malgastas tus energías y tus poderes no son ilimitados. Tenemos una misión ¿recuerdas? ¡ellos no son importantes!

Caminando sobre la nieve, o quizá flotando a unos centímetros por encima, era difícil distinguirlo, había otra criatura. Este era un varón, de aspecto fuerte pero delgado, pues su brazo izquierdo, desnudo, dejaba ver una musculatura poderosa, pero que no abultaba la extremidad, como dibujada a lápiz en la piel. No era tan alto como Lurien, es cierto, pero tenía mucho de su majestuosidad. El pelo largo, que le caía sobre la cara en grandes mechones, era rojo oscuro, casi granate, haciendo que la piel del rostro, ya clara de por sí, tuviese un aspecto pálido. El rostro era anguloso, y semejaba acorde con el resto del cuerpo: fuerte pero fino, de rasgos hermosos, nariz recta y boca pequeña, que daba forma a una irónica sonrisa. Sólo sus ojos, del mismo color verde turquesa de Lurien, y del mismo intenso brillo, revelaban su parentesco con la paladín. Sus manos eran largas y finas, pero hacia la punta de sus dedos, se convertían en garras. No eran como las garras de un reptil, un ave o cualquier otra criatura. Eran extrañas, peligrosas, sí, pero no rompían la armonía de su cuerpo. Y, como a Lurien, de la espalda le brotaban dos enormes alas, pero las suyas eran como las de un dragón, la extensión de unos dedos membranosos. Eran de color oscuro y tenían matices rojos, como si brillasen de carmesí. Vestía unas ropas de negro cuero, y una capa de color rojo y dorado le cubría la parte derecha de su cuerpo, como a un senador romano. Del cinto le pendía una ballesta y dos dagas retorcidas.

-¿Y bien? ¿No vas a presentarme?

-Este es Corvos –contestó Lurien, con una voz extrañamente carente de emoción-. Mi hermano.

Y sin más que decir, la Paladín comenzó a relatar su historia.

***

-Mi nombre, como os he dicho, es Lurien, que en antiguo élfico quiere decir “Iluminada”. Mi madre era una elfa, de origen pobre pero gran sabiduría, que vivía en Quilathe, capital del Bosque de Xennihs, al sur de las Llanuras Ardientes. Ella era una mecenas, una consejera a la que acudían muchos visitantes, incluso provenientes de otros bosques, que buscaban consejo o ayuda. Y mi madre siempre respondía. Fue por eso que, aunque pobre, pronto ganó fama y el respeto de todos los que la conocían.

Supongo que mi nacimiento fue un gran advenimiento, o eso es lo que ella siempre me dijo. Recuerdo que habitualmente me decía que mi padre, al que nunca conocí, descendió una noche del cielo. Una noche en la que brillaban estrellas fugaces. En cualquier caso, mi padre era un celestial, un ángel, como les llaman algunos, venido de otro plano, y una hija de sangre sagrada proporcionó a mi madre aún más fama y renombre. Si un señor del Bien la había elegido para perpetuar su estirpe ¡cuan sabia y bondadosa debía ser ella!

Y así pasó el tiempo. Vivíamos de los regalos y la buena voluntad de aquellos a los que mi madre prestaba consejo, y de la recolección de los frutos que el Bosque nos otorgaba. Los edificios de Quilathe están construidos alrededor de árboles milenarios,. Respetándolos y protegiéndolos, y a diferencia de los humanos, no destruimos la vida empedrando las calles, si no que dejamos que el Bosque crezca a su antojo, así que no era difícil encontrar frutos y bayas que, además, mi madre preparaba exquisitamente.
Pero un desgraciado día, ella no volvió de la recolección. Se había alejado más que otras veces, y pronto me empecé a preocupar. Yo no tenía aún tres décadas (aproximadamente cinco o seis años humanos) y, al principio, no supe que hacer. Al fin, decidí informar a algunos de los guardianes que protegían las fronteras del bosque. Como conocían perfectamente a mi madre, pronto partimos a buscarla. Pero el daño ya estaba hecho.

Cuando la encontramos ya era de noche, y ella estaba medio inconsciente, con la cara arrasada en lágrimas. Tenía la ropa hecha jirones, quemada en algunos puntos, y también ella tenía quemaduras de feo aspecto en su piel. La llevamos hasta casa, y allí le curaron sus heridas (yo era demasiado joven para gozar de ese poder), pero ella nunca volvió a ser la misma. Hablaba poco, y ya no recibía a nadie que viniese a buscar consejo. A veces, sin motivo aparente, estallaba en sollozos. Nueve meses después de aquella fatídica noche en que la encontramos, nació Corvos. Mi madre murió en el parto.

Los elfos valoran la vida más que ninguna otra cosa, pero en aquella ocasión, incluso ellos estuvieron a punto de traicionar sus creencias. Aquel niño tenía, claramente, sangre de infernal. Sabían que existía el mal en su interior. Sería incapaz de traicionar su herencia y, fuese como fuese, acabaría siendo un ser malvado. Por eso estuvieron a punto de matarlo. Pero yo supliqué por su vida. Parecía que yo era la única que comprendía que en el pequeño no solo había sangre demoníaca... sino que también había una parte de mi madre. Era lo único que me quedaba de ella.

Perdonaron la vida de Corvos, y ambos crecimos como hermanos. Cuando alcancé la mayoría de edad a los ciento diez años, Heironeous el Valiente se me apareció en sueños y me dijo que debía partir de mi hogar, y vagar por el mundo sirviendo al Bien y combatiendo al Mal. Ese era mi destino, vivir como una paladín. Cuando desperté, recordaba todo el sueño y lo obedecí sin tardanza. Bajo el emblema de Heironeous, he emprendido gestas y he salvado cientos de vidas. Y Corvos, pese a su sangre, siempre ha estado a mi lado. No tenía razones para no quedarse en el Bosque, supongo, nunca le gustó. En cualquier caso, él siempre me ha acompañado... aunque en ocasiones sea... eh... un poco sardónico.

***

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Nuevo salto, aunque...
21-06-2005 14:14
...parece que la historia comienza a tomar forma.

La aparición de los dos nuevos personajes justifica algo el final de la parte anterior, aunque quizás deberías haberlos mencionado un poco más en el Preludio (estaban, ¿verdad?). No obstante vuelve a pasar lo mismo que en otros fragmentos, la historia salta demasiado entre capítulo y capítulo y la explicación, que en este caso si la hay tarda mucho en llegar. No obstante este capítulo es quizás en el que mejor llevado está todo.

Por otro lado, entiendo que en tu forma de llevar la trama esté el que el lector lo vea todo desde los ojos del grupo y por ello sólo es posible seguir la trama desde la perspectiva de Finzo, es imposible entrever cual será el siguiente paso hasta que Finzo lo enuncia y lo explica (porque de otra forma cuesta entender porque hacen algunas cosas). Sin embargo, esto choca con los saltos entre las diferentes escenas en las que se pasa a tener una visión muy por encima del nivel del personaje. Resulta muy chocante.

En cuanto a la expresión, comentarte que me siguen cautivando las descripciones aunque hay un símil que me ha parecido un poco fuera de lugar, cuando hablas de Corvos y dices que llevaba la capa como un senador romano. Estar sumido en un mundo de fantasía y que de repente te hablen de senadores romanos rompe un poco el contexto.

Aún así, no quiero que pienses que me disgusta, trato de ofrecer una crítica más completa que el "sigue así" o "muy bien tío". La historia me gusta, la he recomendado y seguiré devorándola con avidez mientras me queden fragmentos.

Mañana más!!

   Buenas!
28-01-2005 11:08
Bueno, hacia tiempo ke no se te veia por aki, me alegro de ke te continues tu saga.Como ya sabes, es mas facil criticar los errores de una novela ke sus puntos buenos, asi ke voy a empezar a sacarlos (los puntos buenos y los malos):

"...el hacha que arrebató posteriormente del cadáver de Krom, y que, como el difunto, empuñaba con ambas manos."<---Esto me parece informacion innecesaria, y en el caso de aun asi kerer usarla para k el lector se entere, kedaria mejor ponerlo entre parentesis, dandole un aire de algo ke ya se presupone.

"Pook...cantando dos canciones a la vez y dando palmas"<---Esto no es critica,sino curiosidad...se pueden cantar 2 canciones a la vez?

"El gesto de Lurien era extraño. Era bondadoso, sí, y puro. Tal vez incluso ligeramente inocente. Y sin embargo, había en él una dureza inusitada, una mirada inquisitiva y penetrante."<---Cuando dices gesto, te refieres a su cara,verdad? es que con lo de "gesto" suena como si estuviera haciendo muecas mientras la describes,jeje.

"Era el gesto de un formidable aliado para sus amigos, y un terrible rival para sus enemigos."<---No kiero ofender,pero esto me suele sonar a patraña, es la misma descripcion ke suelen usar los creadores de juegos como EQ2 para describir las profesiones (o clases). Hubiera sonado mejor,creo yo,algo como:"Era el gesto de alguien cuya bondad con sus amigos era solo comparable con su fiereza con sus enemigos." con esto estoy diciendo lo mismo k tu pero dandole un toke mas épico, mas llamativo (a mi parecer),si no estas de acuerdo, sin problema, es solo un consejo (constructivo) =D

Seguramente podria sacar mas cosas, pero keria sobretodo comentarte de k he vuelto a notar una gran mejoria en tu forma de escribir y expresarte. Es cierto de ke estas sacando demasiadas demasiada intriga, pero tambien es cierto ke le has pillado el trankillo a como sacarlas, es tipico ke cuando alguien le pilla el trankillo a algo, lo uso todo lo ke puede para ke se le kede grabado.

Y veo ke tambien te has acostumbrado a cambiar de escenas, aumentando un poco la intriga o la curiosidad de ese modo, al estilo Tolkien, aunke aun falta depurar cosas, esta claro.

Bueno,me he cansado de escribir,jeje.

Saludos

PD:Sigue asi,y a ver si te seguimos leyendo por aki.

   RE: Buenas!
28-01-2005 13:57
("...el hacha que arrebató posteriormente del cadáver de Krom, y que, como el difunto, empuñaba con ambas manos."<---Esto me parece informacion innecesaria)

A lo ke me referia era a la parte de "y que, como el difunto, empuñaba con ambas manos".

Nada mas (por ahora,Muahahah)

Saludos

   RE: me gustó más el principio...
21-06-2005 14:19
Creo que a mí me pasa lo mismo, aunque empatizo mucho con los personajes principales y por eso sigo queriendo saber que es de ellos, pero como comenté en mi comentario completo, la trama se está disparando.

   me gustó más el principio...
26-01-2005 09:09
la interacción de los personajes, las intrigas y la trama, e incluso la descripción fluida, me gustaron mucho más al ppio, sobre todo sobre el cap IV-V... sin embargo, los he leído todos, pero ya se me antoja demasiado fantástico y la verdad es que no me gusta tanto el giro que ha tomado el argumento... parece un poco el típico juego de rol japo de ordenador... pero no está mal, sólo que para mí ha bajado el nivel... un saludo!

   Buena historia...
25-01-2005 03:17
Saludos me e leido la historia y la verdad es que me a gustado, mas que nada escribia para preguntar si hay que hacer algo en especial para poder mandar relatos a este rincon, y a donde hay que mandarlos y con que nombre... la verdad es que tengo como hobby escribir de vez en cuando, pero necesito una motivacion para acabar mis historias (que segun conocidos que las an leido son entretenidas) asi que me gustaria saber si podria enviar alguna y a donde para poder incentivar mis horas en algo de probecho ^^ en fin sigue escribiendo que la historia esta bien, Gracias por contestar (si contestais ¬¬ xD ) namarië

   Excelente!
19-01-2005 14:11
Muy buena continuación de una muy buena historia. Mi mayor queja va hacia el tiempo que te has tardado en publicarla. Me he tenido que releer la octava entrega, para acordarme.

Sólo por curiosidad, ¿Por cuánto tiempo piensas continuar las publicaciones? En lugar de atar cabos, o cerrar algo la trama, cada vez la complicas más y más, y añades más personajes... Te sugiero que comiences a terminar algunos de los temas abiertos para mantener el interés.

   Lo sientooooo
19-01-2005 20:32
Siento la tardanza, pero juro que no es culpa mía. La culpa es de mi ordenador, que reventó (literalmente). No volverá a pasar (espero).

¿Cuanto va a durar la trama? Pues, ahora ya no mucho. Pronto se empezarán a atar cabos... al menos, los de esta primera parte. Pero luego se abrirán otros nuevos... ¿o es que ya os aburrís de estos personajes?

Gracias por tu comentario, Oscuridad. Al menos se que a alguien le gusta lo que escribo.



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