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Cuando todo parece ir mal para los compañeros, no queda sino escuchar lo que un gnomo y un trasgo tienen que decir.
-Espero que te expliques –dijo Neigeborne, con el ceño fruncido, mientras dirigía su mirada a Finzo. Pero el mago sostuvo la vista. No tenía nada que ocultar.
-El colgante del Lobo es una poderosa gema milenaria, tallada en adamantita, el metal más duro del mundo. Se dice que fue creada por un poderoso mago que intentaba ayudar a un amigo. En cualquier caso, la gema permite a un licántropo fundirse con su otra personalidad, haciéndose más poderoso pero manteniendo su mente intacta.
-Aún más –continuó Rekhar, sonriendo-. El colgante es un talismán protector. El licántropo que lo porte se volverá casi invulnerable a cualquier ataque, incluso las armas de plata le afectarán menos. Además, la talla no puede fundirse y tampoco destruirse mediante magia.
El gnomo asintió durante toda la explicación. Si se preguntaba por qué un trasgo sabía tanto de objetos mágicos, no lo dio a entender. Pero Durgin sí.
-¿Y como sabes tú eso? ¡Creo que nos quieres llevar a una trampa!
-Bien, piensa lo que quieras –contestó el trasgo-. Pero creo poder afirmar que soy el único que ha visto esa joya... y que conoce el camino para llegar hasta ella, por añadidura.
-Piénsalo bien, Durgin ¡con el colgante del Lobo podríamos salvar a Thalia! –contestó Finzo-. Yo lo sabía... por algo que me dijo Pook. Creo que él también sabía lo que ella es –el mediano se sonrojó-. Fue uno de los motivos del viaje, ya te lo he dicho. Pero la marcha fue demasiado dura, y por eso llegamos tarde.
Corvos puso lo ojos en blanco y resopló. Había esperado algo más... interesante. Que el gnomo solo quisiera ayudar a una amiga le parecía estúpido y, por desgracia, sincero. Por un momento pareció que iba a decir algo, pero Lurien le dirigió una mirada furibunda, y el semiinfernal decidió que lo mejor por el momento sería callarse. Sin embargo, la mueca de desprecio seguía marcada en su rostro.
-¡Ya confiamos una vez en ese trasgo, y nos engañó! –gritó el enano. Tenía la cara roja de furia, y los puños, fuertemente apretados, comenzaban a quedarse blancos por falta de sangre-. ¿Ha visto el colgante? ¿Cómo? ¡Seguramente está aliado también con ese Naukhell!
-Eso no me preocuparía, Durgin –contestó Finzo, en un murmullo-. Naukhell Alma Gélida es un liche, si sabes lo que eso significa. Nunca se aliaría con un ser vivo.

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El silencio que siguió a estas palabras fue casi sepulcral. Ni siquiera Lurien, que conocía los ejércitos de esqueletos y zombis de su enemigo, tenía conocimiento de lo que el gnomo había revelado. Esperaba un nigromante... un nigromante poderoso sí. Pero no un liche. Nunca un liche. Sumida en sus reflexiones, casi tuvo que esforzarse para escuchar la aguda vocecilla de Pook.
-¿Qué es un liche?
-Algo peor que un demonio –le contestó otra voz. Pero no era Finzo, como el mediano había esperado... sino Corvos. Estaba sonriendo y una extraña luz iluminaba sus ojos verdes-. Y créeme, sé de lo que hablo. Es un poderoso mago, o un clérigo, que renunció a su vida y su alma (su esencia vital, su yo, o como quieras llamarlo) en pos de un poder absoluto. Murió, y se alzó de entre los muertos como un ser de ultratumba, mil veces más terrible, para ser un señor de la no-vida. Dirige esqueletos, zombis y espectros, incluso vampiros. No tiene sangre que corra por sus venas. No se le puede matar, por que no está vivo. Si su cuerpo es destruido, volverá. Si lo queman y esparcen las cenizas, volverá. No me atrevo a imaginar bajo qué forma, pero volverá. El terror se abre camino a su paso, surgiendo desde el interior de su ser. Dicen que nadie puede mirarlo a la cara. Que nadie puede soportar mirarlo a la cara.
El semiinfernal calló tan súbitamente como había empezado, y dirigió su mirada hacia su hermana.
-La misión se complica ¿no crees?
Los compañeros guardaron silencio. Cada uno de ellos estaba sumido en sus pensamientos, incluso Pook. Si el liche era solo la mitad de terrible de lo que el semidemonio había dicho, entonces era el enemigo más poderoso al que jamás se hubiesen enfrentado.
-Aún falta una última pieza por encajar –objetó, de pronto Durgin-. ¿Por qué quiere Gablag el colgante? ¿De qué le sirve a él?
Rekhar sonrió tristemente, y dirigió su mirada a Finzo, que tenía la cabeza gacha. Era obvio que el gnomo había comprendido.
-Hombres-tigre... –dijo el pequeño mago, repitiendo la frase que había pronunciado hacía solo unos pocos días, que parecían siglos. Cuando Thalia aún estaba con ellos, mirándolos con sus ojos amarillos-. Corren rumores de que habitan por estos lugares, y nosotros comprobamos que era cierto... ¿recordáis?
Lurien miró al gnomo, y luego a Neigeborne. La semidrow tenía la cabeza caída. Ninguna de las dos habían visto a Gablag, pero ambas habían conocido su fuerza, su bestial furia, de labios de Finzo. Y entonces...
-No es posible –dijo la paladín-. No quieres decir lo que estás diciendo.
Pero el gnomo asintió tenuemente.
-Las heridas de Rekhar las había hecho un tigre. Tenía la marca de sus zarpas. A Gablag lo han mordido, ahora también él es un licántropo. Y si consigue el colgante del Lobo, será un enemigo tan terrible como el liche... o incluso más.
***
-Ya hace unos años, recorrí estas tierras hacia el norte, para tratar de pactar una alianza temporal con Naukhell, en el nombre de Gablag –dijo Rekhar-. Éramos una patrulla entera, casi doscientos trasgos, y llevábamos huargos con nosotros, que transportaban provisiones y ropas de abrigo. Aún así, las duras condiciones acabaron con la mitad de nosotros antes de que consiguiésemos llegar hasta la entrada al castillo. Y, además, nos dirigía un idiota, que se llamaba Grign. Cayó en la primera trampa.
El castillo no tiene una entrada en las murallas superiores, si no que está excavada en la base del peñasco sobre el que se alza, y sube hacia arriba como un laberinto de piedra. Está protegido por los guardianes que el liche dejó allí. Recuerdo grandes esqueletos de minotauro, que se alzaban de entre los muertos cuando pasábamos. Recuerdo trampas que se abrían en el suelo, y que combinaban tecnología y magia. Y recuerdo un grito. Yo apenas lo escuché, por que estaba lejos, pero muchos de los nuestros murieron, con la cara pálida y la boca abierta, como si hubieran muerto de miedo.

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Fuimos pocos los que llegamos hasta el castillo, y aún menos los que entramos en él. Dentro de las murallas se alza un bastión, y dentro del bastión un templo, con el símbolo de una guadaña y una calavera monda labrados encima de la puerta. Recuerdo que, aunque estaba tallada en la piedra, la calavera te seguía con la mirada de sus ojos vacíos, y la perpetua sonrisa de los muertos descarnados. Dentro, podía leerse el nombre de Nerull en grandes letras rúnicas, y más adelante,el de Naukhell, escrito con las mismas letras, como si se creyese a la misma altura que el dios de los muertos. Se oían risas vacías, y ni siquiera nosotros podíamos ver en la oscuridad reinante. Algunos huyeron. Nunca los volví a ver. En el centro del templo, había una enorme sala circular, iluminada por el blanquecino resplandor de miles de huesos, que brillaban bajo la luz de los fuegos fatuos. En el centro, había un altar y sobre el altar un colgante con la forma de la cabeza de un lobo, tallado en metal. Uno de los nuestros, Kheahhg el Fuerte, se adelantó un paso para intentar tomar la joya. Y, entonces, apareció él.
No puedo describirlo, por que no vi sino una sombra. Cuando él llegó, sentí miedo, un miedo terrible, como si se me oprimiese el corazón, y tuve que bajar la cabeza. Oí los gritos de agonía de Kheahhg, pero no pude mirar. Él los mató a todos, uno a uno, con un gesto de la mano. Y entonces, llegó hasta mi. Y me miró. No le vi los ojos, pero sentí que me miraban, que me taladraban la nuca. No pude moverme.
-Rekhar, hijo de Drikker –me dijo-. Te llaman el Valiente, pero a mi no me lo pareces. Quizá te favoreciese más el nombre de “el Afortunado”, por que no muchos pueden llegar al templo de los Muertos y vivir para contarlo. Has visto el colgante del Lobo, mi posesión más valiosa, pero no la única, por cierto. Toma, ponte esto. Así podrás salir de aquí. Dile a tu amo que no necesito aliados, y llévate esto, también. Solo como recordatorio.
Pasó mucho tiempo antes de que me diese cuenta de que se había ido. Me había dejado con vida, para que le dijese a Gablag cuan poderoso era. Y cuando me atreví a levantar la cabeza, pude ver sus regalos. El primero era un segundo colgante metálico, este con la forma de una mano garruda, pintado en oro y carmesí. Naukhell sabía que no hubiese podido volver a Garad por mis propios medios. El segundo regalo, el recordatorio dirigido al viejo Ojotuerto, era la cabeza de Kheahhg.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Je, je |
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11-02-2005 03:02 |
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Si me preguntan por qué no suelo leer muchos relatos de fantasía es un poco por lo repetitivo que a veces me resulta el género. Sin embargo, aquí debo admitir que me he quedado de una pieza. Peor aún, me estoy preguntando por qué tuvo que llegar al capítulo 10 y recién me enteré de esta joyita. Bue, de pura suerte lo he encontrado y aquí estamos. Un aplauso, bro. Joroschó, como diría el viejo Alex.
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RE: Je, je |
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11-02-2005 03:04 |
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Como de costumbre... |
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31-01-2005 14:15 |
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...Muy buen escrito!
Sólo me puedo quejar de un detalle, y quizás me equivoque, pero la descripción que da Finzo de la gema de metal me regañó, y si bien asumiría que es un error del personaje, ese error no se lo creo a Finzo o a un Enano...
Primero, creo que "gema" se refiere sólo a las piedras preciosas... Al hablar de una talla completa, creo que sería mejor hablar de "joya" o algo por el estilo.
Segundo, creo que las joyas metálicas no se tallan, siendo este proceso algo más acorde con madera o piedra, donde vas quitando poco a poco los sobrantes... Me imagino que una joya metálica se moldea, modela, o algo así...
Sigo esperando al príncipe, pero sigo disfrutando la espera...
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RE: Como de costumbre... |
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31-01-2005 16:18 |
Menos mal que no se puso a hablar de la climatología, que si no te veo disertando sobre los cumulus limbus y los estratos no se qué... Relájate hombre, que es un relato y de fantasía para más inri!
A más ver!
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RE: Como de costumbre... |
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05-02-2005 00:27 |
deus101 dijo: Menos mal que no se puso a hablar de la climatología, que si no te veo disertando sobre los cumulus limbus y los estratos no se qué... Relájate hombre, que es un relato y de fantasía para más inri!
A más ver!
Los ornamentos de metal se suelen forjar o hacer con un molde, no obstante raras veces una joya es metal "desnudo"(a nivel histórico, por supuestro, no pienso entrar en consideraciones de orfebrería art-decó)
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RE: Como de costumbre... |
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11-02-2005 00:30 |
Raukhalion dijo: Los ornamentos de metal se suelen forjar o hacer con un molde, no obstante raras veces una joya es metal "desnudo"(a nivel histórico, por supuestro, no pienso entrar en consideraciones de orfebrería art-decó)
Muy instructivo
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Excelente |
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01-02-2005 13:44 |
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Creo que esta vez te has superado, para mí el mejor de todos hasta ahora. Y con tanto giro se me va a romper la cintura...
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