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Rescate (Capítulo 11.- El templo de Nerull)


Relatos

16-02-2005 11:57
Por: Criatura del Averno

Avanzando siempre, hacia la guarida del liche y la boca del lobo. Aún desanimados por la aparente traición de Rekhar, los compañeros deberán seguir para conseguir salvar la vida del joven príncipe de Hinnuvel.


Rescate (Capítulo 11.- El templo de Nerull)
-Suerte que tengo una cabeza bastante dura –murmuró Durgin, aturdido, mientras se levantaba. Todavía estaba mareado por el golpe, pero no había llegado a quedarse inconsciente. Sacudiendo la cabeza para aclararse las ideas, el enano miró a su alrededor. Habían ido a parar a otro túnel de roca, pero este no era como el anterior. Estaba recubierto de tallas, por todos lados podían verse escritos en un alfabeto que el guerrero no conocía. Y sin embargo, inspiraban en él un sentimiento de precaución. Como si conviniese mantenerse alerta.

Al cabo de unos instantes, el enano recordó a sus compañeros. Pook, Neigeborne y Finzo estaban tendidos en la fría roca. Ninguno se movía, pero los tres respiraban. Maldiciendo su total ignorancia en medicina, Durgin decidió dejar que despertaran por si mismos. ¡Por Moradin! si le hubiesen hecho caso, y le hubiesen permitido abrir la cabeza de Rekhar de un hachazo, esto no habría pasado. ¡Maldito trasgo!

Un ruido ¿qué había sido eso? Un arañazo, en la roca. Algo que crujía.

La poderosa visión en la oscuridad del enano le permitió distinguir formas más allá de las tinieblas del túnel. Hubo un destello blanquecino, y un nuevo sonido. Y después, todo el cuerpo del monstruo pudo verse claramente, como si hubiese sido iluminado por un rayo de luz. Era un esqueleto, de nuevo, aunque no se parecía mucho al de el inmenso gigante al que se enfrentaron. Aún así, este sobrepasaba los tres metros de altura, y su enorme caja torácica revelaba la constitución de una criatura tremendamente musculosa en vida. Sus articulaciones rechinaban. Portaba un hacha, fuertemente aferrada entre sus manos, lo bastante grande como para partir en dos a Durgin de un solo golpe. Y su cabeza (su cráneo) era alargado, como de animal. De detrás de sus cuencas oculares, emergían dos grandes cuernos de marfil, que se curvaban hacia delante. Parecía la cabeza de un toro, pero los dientes que aún le quedaban en las poderosas mandíbulas eran tan afilados como los de un felino.

Un minotauro. Como Rekhar había dicho.

El monstruo avanzó un paso, y dirigió una mirada de sus vacías cuencas hacia los compañeros, tirados en el suelo. El esqueleto podía percibir la vida, podía sentirla. Mata a todo el que entre, le habían dicho. Y eso iba a hacer. Eso había hecho desde su muerte... hacía dos siglos. Pero esta vez, Durgin estaba en medio.

-¿Los quieres? ¡Pues ven por ellos!

El minotauro retrocedió un paso, bajo su enorme calavera, hasta que su cuello formó una línea recta con la columna vertebral, como un horrible ariete. Y entonces embistió. No resopló, como un toro, por que no tenía aliento. Rodeado de silencio, sin más sonido que sus grandes zancadas y el crujir de las articulaciones, cada uno de sus pasos le acercaba más al cuerpo del enano, que había echado un paso atrás y alzaba el escudo, mientras sujetaba su hacha con la mano diestra. Otro paso más y el minotauro pudo oler la sangre del guerrero. Otro más... y los poderosos cuernos llegaron a la altura de su oponente.

Con un último salto, el minotauro se lanzó, buscando arrebatar la vida de Durgin con un golpe de su cabeza ósea. Pero el enano se echó a un lado en el mismo instante en que el minotauro golpeaba el aire donde había estado, y descargó su ataque a su vez. Hundió el hacha justo detrás del cuerno izquierdo de la bestia, y luego empujó, desprendiendo la cabeza del cuerpo con un asqueroso chasquido. El muñón óseo quedo iluminado por un segundo por las llamas de Dágnal, mientras el horrendo cráneo se hacía astillas contra la pared. Cuando el esqueleto se volvió hacia él, aún sin cabeza, Durgin le golpeó en los pies lanzando un barrido con su escudo. El monstruo se ladeó, y luego se derrumbó sobre si mismo, como había hecho el gigante. Solo que, en esta ocasión, el enano se aseguró de hacerle trizas la columna vertebral, una vez el esqueleto estuvo en el suelo.

-No hay quien se levante si no tiene con qué levantarse ¿verdad? –murmuró el guerrero, con una sonrisa.

-¡Durgin!

El enano levantó la cabeza, mirando hacia el lugar del que venía la voz. Lurien estaba descendiendo desde la cima del agujero. Sus blancas alas brillaban, aún en la oscuridad.

-Sabía que vendrías. Creo que los demás necesitan un poco de tu poder curativo, aunque no creo que tengan nada grave.

La paladín se posó con un grácil movimiento sobre el suelo de la gruta y asintió levemente. Después, se arrodilló cerca de los compañeros y extendió sus manos sobre ellos. Se oyó un batir de alas. Corvos seguía a su hermana.

***
-Bien, parece que finalmente, Rekhar nos ha traicionado –dijo Neigeborne, mirando al suelo-. Durgin estaba en lo cierto.

Por un momento, el enano hinchó el pecho. Ya nadie podría discutir que el tenía razón y todos los demás estaban equivocados. O al menos, eso creía.

-No necesariamente –murmuró Finzo, pensativo-. Lurien... ¿qué te dijo el trasgo? ¿te dijo que lo sentía?

La paladín asintió afirmativamente –Parecía arrepentido por lo que iba a hacer. Estaba temblando.

-Rekhar está aterrado por el liche –concluyó el mago-. Por eso se aseguró de marcharse justo cuando nadie podía hacer nada por impedírselo. Pero eso no quiere decir que no nos pusiese en el buen camino. Habló de esqueletos de minotauro ¿recordáis? Quizá deberíamos seguir este pasillo en lugar de volver arriba.

-¡Eh, chicos! –murmuró la vocecilla aguda de Pook.

-¿Vamos a seguir los consejos de esa maldita bestiecilla? ¡Maldita sea, ya nos ha traicionado tres veces! –exclamó Durgin-. Hay que estar muy loco para...

-Chicos...

-Estoy de acuerdo con el enano –dijo Tinieblas, un tanto avergonzada, pero decidida-. No creo que sea una buena idea seguir haciéndole caso a Rekhar.

-Pero yo sigo creyendo en él –afirmó la semicelestial, irguiéndose. Sus blancas alas se abrieron a los lados-. ¿Cómo podemos afirmarnos dignos de confianza si no confiamos en los demás?

-¡Hemos confiado en él demasiadas veces, ya!

-¡Chicos! ¡¿Vais a escucharme o no?!

-No es por interrumpir vuestra absurda discusión –dijo Corvos-. Pero creo que el pequeñajo tiene algo interesante que decir.

Los rostros de los compañeros se volvieron al unísono hacia el mediano, que al verse rodeado de tanta expectación, se sonrojó y enmudeció.

-¿Qué demonios quieres, Pook? –gritó Durgin.

El ladrón mediano tragó saliva y señaló hacia el lugar del que había emergido el esqueleto del minotauro. Por primera vez, los compañeros escucharon el rítmico golpear que podía percibirse claramente por toda la caverna. Neigeborne enrojeció. La discusión la había distraído. Escuchar era, al fin y al cabo, su trabajo.

-¿Dijo Rekhar cuantas de esas bestias había aquí abajo? –preguntó Pook.

Más de un centenar de pies caminaban hacia ellos.

***


Rescate (Capítulo 11.- El templo de Nerull)
El trasgo se cubrió la cara con las manos. ¿Rekhar el Valiente? ¿el Valiente? ¡Esa gente lo había curado, lo había salvado! Él estaba en deuda con todos ellos (incluso con el enano). ¿Y como se lo pagaba? ¡Los abandonaba! ¡Los dejaba a su suerte, perdidos bajo la montaña! ¿Cómo iban a saber ellos...? Lo más probable es que a estas alturas ya estuviesen muertos.

Por un segundo, el trasgo se planteó volver allí. Llegaría para ayudarlos, y para volver a guiarlos en las entrañas del laberinto de Naukhell. Sin duda lo perdonarían. Por primera vez en mucho tiempo, tal vez por primera vez en toda su vida, lo habían ayudado sin pedir nada a cambio. Nunca un trasgo hubiese hecho lo mismo. Y él los había traicionado. No... ¡No! Tenía que volver allí, tenía que rescatarlos.

Y entonces recordó los ojos del liche. Y Rekhar se dejó caer sobre la fría nieve de la ladera montañosa, sollozando.

***

-¡CORRED! -gritó Lurien, mientras abría sus alas para salir de allí a la mayor velocidad posible. Aunque no tenía la menor intención de dejar atrás a sus compañeros-. ¡Vamos, vamos! No podemos hacer frente a esto.

Todos los compañeros alcanzaron a la semicelestial, mientras se preparaban para la precipitada huida. Es decir todos, menos uno. Durgin se había plantado frente a la oscuridad. El fuego recubría a Dágnal, e iluminaba la figura del enano, allí plantado como la estatua de un rey que esperaba que ardiese la ciudad que la había erguido.

-¡Durgin! ¡Vamos! –gritó Lurien-. No puedes hacer frente a esto.

-Lo se –respondió el enano. En sus ojos brillaba una llama.

-Salid de aquí –dijo Finzo, entonces –Guíalos, Lurien, te necesitan.

La paladín le echó una mirada extrañada, pero el gnomo estaba decidido. Sabía perfectamente lo que iba a hacer. Sin comprender, la semicelestial aferró a Pook (que miraba embobado el lugar desde el que se oían los resolutos pasos) y ordenó la retirada. Corvos la siguió, y Neigeborne también lo hizo, aunque no podía dejar de mirar atrás. Tenía la horrible sensación de que nuca iba a volver a ver al gnomo y el enano.

Finzo caminó decididamente y se sentó junto a Durgin, mirando hacia la oscuridad. No podía ver nada allí, y su oído no era lo bastante fino como para saber exactamente a que distancia estaban los esqueletos. Pero no dudó un solo instante.

-Bien, Durgin. Parece que aquí acaba todo.

-¿Qué demonios estás haciendo? –le respondió el guerrero-. ¿Qué haces? Tú puedes volar... ¡Vete de aquí! ¡Vamos!

-Me iré cuando tu te vayas, amigo mío. Hemos pasado mucho juntos, demasiado como para abandonarte ahora.

-Este es mi final, gnomo. Acabaré con tantos minotauros pueda y luego moriré con honor. Nunca he huido de un combate... y no pienso hacerlo ahora. Pero tú puedes irte. ¡Tienes que irte!

-Si tu te quedas, yo también.

-¡Maldito gnomo cabezota! Escúchame Finzo, yo no soy un buen corredor. No haría sino retrasar a los demás, más aún con esta armadura. Los minotauros me alcanzarían de todos modos. Prefiero quedarme y morir como un héroe, que morir corriendo, como un cobarde. ¿Es que no lo entiendes?

-Yo también moriré como un héroe, entonces.

El primero de los minotauros surgió de las sombras. Su esqueleto descarnado produjo a Finzo una desagradable sensación en el estómago, pero no reculó. En seguida, vio aparecer un segundo, y un tercero.

-¡Se lo que intentas gnomo! ¡No lo vas a conseguir! –gritó Durgin. Pero el diminuto mago sonreía.

-¿Ah, no?

-¡No huiré para salvarte! ¡SI QUIERES MORIR CONMIGO, ENTONCES QUÉDATE!

-Eso es precisamente lo que estoy haciendo –le respondió Finzo.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Excelente
01-03-2005 03:28
Hace una semana recién empecé a leer tu historia y ya estoy esperando la próxima parte, es increible.

Pero tengo una duda: en el primer capítulo decís que es una partida de rol. Entonces, es realmente una partida de rol y Finzo, Durgin y el resto fueron jugados por personas reales o es una novela ambientada en D&D?

De cualquier forma, cuándo publicás la próxima parte?

Suerte, y seguí así,

Pab

   RE: Excelente
01-03-2005 18:09
Aunque he hecho algunos pequeños cambios, casi todos los personajes que ves en esta historia son personajes jugadores interpretados por amigos míos (y por mi mismo). Por eso le tengo un especial cariño a esta historia y a muchos de los personajes.

Espero que los siguientes capítulos te sigan gustando.

Se despide:

Criatura del Averno

   eres un crak
22-02-2005 19:54
Ola! en primer lugar felicitaret por tus relatos, e de decir qe me los e leido todos i son una pasada!!

I en segundo lugar que para serte sincero, en este capitulo deverias haber hecho luchar a finzo, porque es mi preferido.

De todas formas sigue asi, ya espero que publiques la continuacion....muxas felicidades por esta obra tan buena!!!

EL EJECUTOR DEL MAL

   Excelente!
16-02-2005 14:32
Tras la sorpresa de ver que estaba publicada la nueva entrega de Rescate, y verificar que aún no me ha llegado el mail de aviso, procedí a leerlo, para quedar, como de costumbre, encantado.

Este capítulo me ha gustado mucho más que los últimos. No sé por qué, pero así ha sido. El ritmo es excelente, los personajes tienen cada uno el tiempo y la atención que merecen... Inmejorable.

El pináculo del capítulo es cuando el gnomo se queda con el enano, hasta hacerlo salir corriendo. ¡Sencillamente, lo disfruté demasiado!

Sólo un comentario te toca: Si yo fuera un liche, y llenara el camino a mi fortaleza de centenares de minotauros no-muertos... Creo que me aseguraría de ponerlos ENTRE los visitantes y mi fortaleza, y no de manera que los persigan HACIA la misma. ¿Suena lógico, no? ;-)

   Unas cuantas excusas
19-02-2005 12:28
Veamos... expondré mis explicaciones ante tu aguda observación, oscuridad:

1.- Los compañeros no llegan al pasadizo hacia la guarida del liche por la "entrada principal", sino por una entrada secreta, guiados por Rekhar (y tienen un buen chichón para demostrarlo).

2.- El liche, pese a su suprema inteligencia, es también un demente orgulloso, que podría pensar en enfrentarse personalmente con cualquiera lo bastante avispado como para esquivar a los minotauros y derrotar a su banshee.

3.- Si los minotauros hubiesen estado delante y no detrás... ¡se hubiese acabado la historia!

Vale, no son más que un montón de excusas, pero espero que lo acepteis. ¡Uno no puede estar en todo!

Se despide...

Criatura del Averno

   Buen texto
16-02-2005 15:12
muy buena historia, con todos los elementos: suspense, acción...
Es el primer "rescate" que leo, pero me parece que me he engaxao jejeje.

   La caña de españa
17-02-2005 21:46
Muy buena historia a ver cuando sacas la siguiente. Lo mejor cuando el gnomo se queda con el enano.

   RE: Buen texto
16-02-2005 22:39
Pues si quieres saber cómo empieza la historia te sugiero que eches una mirada a la sección de relatos de fantasía de Dragonmanía.

A más ver



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