Migajas de Dioses (I) |
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28-02-2005 23:28
Por: Valente
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El primer Capítulo de Migajas de Dioses, donde muchos se encuentran sin haberlo deseado.
Si queréis saber cómo empieza este desvarío, pásate por
-Prólogo, primera parte
-Prólogo, segunda parte
Capítulo 1
Las grandes columnas sostenían aparentemente impertérritas la amplia cúpula de la biblioteca. Entre ellas, recorriendo las paredes de la bóveda, se alzaban hasta cuatro niveles de grandes estanterías, ordenadas numéricamente. En el centro de la sala se disponían casi treinta mesas en seis filas, rodeando a la mayor de todas ellas, que sobresalía como una montaña de madera entre colinas. Había caído la noche hacía algunas horas y sólo algunas antorchas, que usaban aquel novedoso combustible que no se veía ni se podía tocar, seguían encendidas. Lanzando tenebrosas y alargadas sombras, las teas habían sido movidas para iluminar la gran mesa central y un par de estanterías.
Alejandro pasó una página del manuscrito. Las manos le temblaban y lanzaba nerviosas miradas a un lado y otro. Sabía que apenas tenía tiempo antes de que uno de los vigilantes mecánicos que custodiaban la biblioteca lo descubriera, pero su instinto, afilado a lo largo de años de investigaciones, le decía que estaba cercano a encontrar lo que buscaba. La modificación que trataba de hallar en aquellos textos sin duda sería casi imperceptible, una auténtica obra de arte de la falsificación, pero él sabía como encontrarla.
Su mirada recorrió rápidamente algunas líneas más, deteniéndose en un punto concreto del rugoso papel. Allí estaba. Repasó con las yemas de los dedos la superficie para cerciorarse de que estaba en lo cierto. Sí, no había duda, allí estaba. Sus sospechas se habían confirmado. Ahora tenía que salir de la biblioteca sin ser visto, por el mismo camino que había utilizado para entrar. Recogió los papeles e instrumentos a toda prisa y se puso en pie, lanzando un último vistazo a la mesa. Dominado por la urgencia, no percibió el ligero y creciente zumbido hasta que fue demasiado tarde.
Alzó la cabeza, con el gesto de terror ya impreso en el rostro. Una pequeña esfera metálica, no mayor que su cabeza, flotaba a un par de metros sobre el suelo emitiendo su engranaje suaves chasquidos, mientras sus sistema de impulsión chisporroteaba mágicamente para mantenerla estable en el aire. Alejandro vio su reflejo en la enorme lente que cubría casi la mitad del ingenio. Con un agudo silbido mecánico aquel ojo enfocó su rostro y se ocultó en un par de ocasiones tras un párpado mecánico.
Alejandro sabía que el haberse disfrazado con las ropas de la orden de los Restauradores sólo le ocultaría unos segundos antes de que los sensores que le estaban analizando lo identificaran como un intruso. En efecto, de aquel aparato volador surgió un fuerte pitido de alerta y su lente se iluminó, proyectando un haz de luz sobre su pecho. En pocos segundos, estaría rodeado por varios engendros mecánicos y guardias y su vida habría acabado. Así actuaba la organización de los Restauradores con aquellos que tenían la osadía de escarbar en sus asuntos.
Apretando el libro y sus apuntes contra el pecho, como si quisiera esconderse tras ellos, dio un par de pasos hacia atrás. A su espalda escuchó los pesados pasos de lo que debía ser el enorme ferroguardián de vapor que custodiaba aquella sala. El pequeño robot vigilante daba vueltas a su alrededor, pitando con frenesí y lanzando haces de luz multicolor. Hasta que desapareció. O se movió hacia la nada. Era complicado de explicar, pero Alejandro tuvo la impresión de estar en el mismo lugar en dos momentos distintos y poco después en dos lugares distintos en el mismo momento. Cuando su mente fue capaz de intentar asimilar lo que estaba ocurriendo, la migaja se estaba desperdigando por la biblioteca.
Segundos después, el lugar que ocupaba el monje estaba completamente vacío.
El guardián observador lanzó un silbido desconcertado ante la prodigiosa desaparición. Con un par de parpadeos, trató de volver a localizar al intruso, pero finalmente, al no encontrarlo, continuó su ronda, como si nada hubiera pasado.
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Marcus se afanaba en recoger madera antes de que cayera la noche, meditando las razones por las que había acabado en mitad de aquel espeso bosque junto a tan extraña compañía. Sus hermosos tomates se iban a descuidar. ¿Y si uno de aquellos estúpidos y entrometidos sacerdotes Supresores trataba de estropearle la cosecha? Aunque, bien pensado, eso poco podía importarle. La magia se había perdido y con ella el milagro de su huerto. Debería estar desolado, pero las circunstancias superaban ampliamente cualquier tipo de preocupación por las hortalizas.
Observó de reojo el lugar donde, sentado sobre el suelo, esperaba el que muchos conocían en Tartessos como El Ungido. El hombre parecía mirarlo fijamente, pero en realidad debía estar inmerso en el extraño trance en el que solía caer a menudo y que, según él, le servía para entrar en contacto con los Dioses. Al lado de éste, con una cara de adoración que Marcus hacía años que no veía, se encontraba Luara, su hija, que asaetaba a preguntas al profeta sin que ninguna de ellas recibiera respuesta.
Cuando consideró que había recogido madera de sobras, fue andando lentamente hasta el improvisado campamento que había preparado para pasar la noche. Le costó algo más de lo habitual encender el fuego, debido a que la madera estaba bastante húmeda y a que sus manos temblaban ligeramente, pero por fin lo consiguió. Durante todo este tiempo, no había mirado al hombre al que su hija Luara idolatraba. Había algo en él que le ponía nervioso. Seguramente esa mirada de ojos negros que atravesaba la piel para adentrarse en lugares que nadie tenía derecho a ver. O tal vez era la capacidad que poseía para manejar extraños poderes que escapaban a su comprensión. O su voz suave y profunda, siempre controlada y segura.
Suspiró y, echando algunos leños gruesos a las llamas, se sentó frente a El Ungido, interponiendo el fuego entre ambos. Carraspeó incómodo y llamó a su hija para que se pusiera a su lado. Ésta lanzó una de sus cautivadoras sonrisas y obedeció a su padre, que pasó su pesado brazo sobre sus hombros para abrazarla. Realmente, era él quien necesitaba sentir la cercanía de su pequeña. Se sentía torpe y pequeño en aquella situación, al ocntrario que ella, que parecía controlarla y disfrutarla.
-Bueno, eh, ¿qué decía usted que estábamos haciendo aquí? –preguntó Marcus, sintiéndose momentáneamente reconfortado por el abrazo de Luara. A pesar de que tenía la manía de hablar tan rápido que apenas vocalizaba, esta vez trató de esforzarse en resultar claro.
-Esperar –dijo El Ungido mirando fijamente al campesino, tras unos largos segundos de silencio, que había aprovechado seguramente para salir del trance-. Pronto tendremos visita.
-Ya, peroveráusted… -dijo Marcus, olvidándose de vocalizar. Tragó saliva, sintiendo como aquellos ojos negros se clavaban sobre él y le arrastraban a su interior. Tuvo que cabecear para evitar mirarle y continuó hablando-. Veráusted, eh, ¿qué esperamos?
-Tranquilo, mi buen amigo, con un poco de paciencia pronto lo descubrirás.
-Papá, tienes que confiar en él, ya verás, sabe lo que se hace. –dijo Luara, apretando el brazo de Marcus. En la voz de la chica, el campesino detectó el tono de sincera admiración que utilizaba con él cuando había sido una niña y era realmente su único héroe. Sintió una punzada en el corazón y bajó la mirada, murmurando algo ininteligible y haciendo un gesto de aquiescencia. Su sempiterno ceño se apretó todavía un poco más. Su problema era que nunca había sido excesivamente pertinaz; su mujer se lo había reprochado siempre. Suspiró de nostalgia y escarbó con una rama entre los leños ardientes. A la palpitante luz del fuego, sus encallecidas manos parecían aún más toscas y torpes: llenas de sombras y nudos.
¿Qué hacía allí? Sólo dos días atrás estaba cultivando sus tomates; en sus tierras, donde todo era mucho más sencillo. Había unos horarios, unas labores fijas y marcadas, una rutina con la que vivir. Era un agricultor normal, salvo por el detalle de su piel rojiza y su pelo verde. No tenía grandes preocupaciones y sus emociones se podían resumir en el precio que alcanzarían las hortalizas en el mercado. Hasta que apareció Él. El campesino levantó la cabeza y sus pensamientos volaron hasta los acontecimientos ocurridos en los últimos días.
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Su hija ya le había hablado en varias ocasiones de ese orador de la provincia que estaba causando tanta agitación, pero había cometido el error de no prestar demasiada atención. A pesar de que Luara se mostraba cada día más entusiasmada, consideró que era la típica pasión adolescente y sonreía cada vez que ella llegaba a contarle lo que había visto y escuchado, cabeceando comprensivo de vez en cuando para dar la impresión de que estaba atento a todo cuanto le decía. Cuando ella le dijo que El Ungido pasaría por el pueblo, también lo dejó pasar, al fin y al cabo ¿Qué tenía que ver un orador iluminado y sus prédicas con el campo y las verduras?
Por supuesto, tenía mucho más que ver de lo que jamás se hubiera imaginado. Si hubiera estado más atento a las conversaciones que su hija, habría sabido que El Ungido pensaba visitarlo debido a su contacto directo con las migajas divinas.
Cuando Luara entró días después de aquella conversación, seguida de cerca por el profeta y decenas de sus seguidores, no tuvo más opción que aceptar que tendría que haber prestado más atención a todo cuanto le había dicho su hija y no asentir estúpidamente a cualquier pregunta que le planteaba. A los pocos minutos ya se sentía terriblemente incómodo por haberse convertido en uno de los centros de atención debido a su piel rojiza y su pelo ligeramente verduzco, productos ambos de la influencia divina. Así que, en cuanto consiguió reunir a todo el mundo en un lugar donde no pudieran romper nada, llevó a su hija aparte para pedirle que se deshiciera de sus amigos lo antes posible. Ella ni siquiera le dejó hablar. Se lanzó a su cuello, agradeciéndole que le hubiera permitido organizar las prédicas de El Ungido. Por supuesto, aquel abrazó aplastó las quejas que tenía preparadas.
Asistió al discurso a regañadientes por satisfacer los deseos de Luara, que le había pedido que se quedara. Como un perro acorralado, se había situado en una esquina, sin saber dónde mirar. Sólo detuvo su atención en su hija, para darse cuenta de cuánto había crecido en los últimos meses. Tanto que había dejado de ser una niña. Sus ojos verdes seguían llenos de vida e inocencia, pero el resto de su cuerpo parecía contradecir aquella mirada dulce. Aquella revelación había conseguido provocarle un genuino suspiro de nostalgia, acallado al instante por una anciana de rictus riguroso situada a su lado, que al parecer no quería padecer interrupción ninguna en el discurso que estaba escuchando. Agachó la cabeza, mientras seguía dándole vueltas a la imagen de Luara.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Genial |
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11-06-2005 19:40 |
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Bueno, la verdad que Migajas, es lo primero que leo de Valente, y debo decir que cumple las expectativas. Me gusta mucho el estilo que tienes a la hora de escribir, directo y descriptivo, y a pesar de la opinión de muchos, creo que la forma atropellada de hablar de Marcus es un acierto, pues, como comentas, con decir que habla rápido no suele ser suficiente.
El único fallillo que le encontraría, como ya han comentado también, es que el Ungido es algo arquetípico, pero por lo demás, como ya dije, simplemente genial.
Saludoooooos
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en tres palabras: mu-im-presionante |
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03-04-2005 17:05 |
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No había leído nada tuyo, de hecho nunca había entredo en esta sección porque la fantasía no me llena en exceso, pero he de decirte que me alegro de haberlo leído porque me ha hecho pasar un buen rato.
Me ha gustado el "aura" con el que rodeas a los personajes, la fluidez con la que enredeas y desenredas la trama... plas plas plas... me quito el sombrero (ese que sólo me pongo para sentir el placer de quitérmelo ante obras como ésta...jeje)
La idea de juntas palabras en boca de Marcus me ha parecido muy acertada. Y no creo que te debas preocupar en exceso por el hecho de que no se entienda del todo porque precísamente quieres dar esa impresión no?
Ánimo y seguiré las andanzas de tus personajes.
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Notable |
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18-03-2005 14:39 |
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Me encanta la historia que creo que tiene mucho gancho y que además es lo suficientemente original para atraer la atención del lector. Pero, ¿Para cuando la segunda entrega?...
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Comienza una aventura |
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09-03-2005 23:10 |
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Después de toda la discusión previa que vimos en el foro respecto de Migajas, era natural que se crease algún tipo de expectativa. Ignoro si todas las cosas planteadas durante febrero encontrarán algún asidero en la obra, aunque ahora, al leerla, se me hace difícil imaginar dónde podría ser eso.
Este, digamos, primer capítulo, abre más expectativas aún. He quedado sumamente enganchado con la historia, que bien podría haberse enmarcado también como una novela de CF, basta ver cómo comienza, con el elemento de los robots guardias, pasando después a un terreno un poco más de fantasía, algo así como una mezcla de épocas y portales dimensionales, magnífico.
Los protagonistas, Alejandro, el tomatero, su hija Luara y este Ungido, están bien delineados, quizá éste último presente los mismos clichés del género, como una especie de Yoda o Gandalf, pero no afecta al conjunto. Me parece bien de todos modos, sobre todo la forma en que se enlaza la aparición de Alejandro juntándolo con el resto.
Ya no recuerdo si detecté una que otra erratilla, veamos si logro rescatar algo de mis apuntes, pero hasta el momento creo que tenemos una de las obras más macizas que hayan pasado por la página. Seria competencia para las aventuras de Jerjes, otro maestro en ciernes de la fantasía. Un abrazo, brother.
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RE: Comienza una aventura |
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09-03-2005 23:11 |
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Muy bien |
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08-03-2005 00:30 |
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Un gran relato del gran Valente, con su inconfundible sello: humor, situaciones inesperadas, y esa ansia que le queda a uno de que se publique la siguiente parte para ver cómo continua la historia.
Hay algunas cosas que no me gustan: lo de juntar palabras para representar la tartamudez de Marcus no me convence. Por otro lado, este personaje es mucho más interesante que el Ungido, que me parece algo plano y tópico. Vamos, el maestro que lo sabe todo que te encuentras en cualquier novela de aventuras. Supongo que el protagonismo de la historia lo llevará Marcus; lo contrario me parecería un error.
Otra cosa que no me gusta es la escena del intento de captura del Ungido. Es irrelevante y no aporta nada a la historia. Si la mujer de tez pálida no vuelve a aparecer en la novela, creo que sobra totalmente.
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RE: Muy bien |
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08-03-2005 10:40 |
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Hola jerjes, ¡muchas gracias por leerlo y comentarlo!
Tengo que ver si realmente gusta lo de pegar las palabras para representar lo rápido y mal que habla Marcus. Pensé que podía quedar bien y que resultara muy gráfico. No sé. La verdad es que con decir que habla rápido no suele ser suficiente para que el lector se haga una idea y pensé que era una buena manera de conseguir que siempre que hablara Marcus, la gente se imaginara al hombre comiéndose las palabras o atropellándose.
Otra manera que había pensado es que en sus diálogos se comiera algunas palabras o balbuceara, pero la verdad es que me lo tengo que pensar.
-"Pe¿qué usted?" para decir: Pero ¿qué dice usted?
o
-"Pero ¿qudiusted?"
El problema de estas dos formas es que realmente en muchas ocasiones no se sabría lo que dice Marcus, lo que creo que acabaría siendo bastante cansino y confuso. Otra solución sería:
"Pero ¿qué dice usted? -dijo Marcus, aunque realmente sonó como "peroquedited". Pero esta fórmula, además de resultar a la larga algo pesada, puede cortar mucho el ritmo. En fin, que quiero encontrar la manera y me pareció que la mejor era la que he utilizado. ¿Alguna idea?
Sobre El Ungido, espero que su personalidad guste más a medida que avanza el libro. De momento pretende ser el maestro sabio, pero ¿quién sabe?
Marcus será un protagonista indiscutible, probablemente sea el personaje que cargue con mucha novela a sus espaldas, pero no será el único. La mujer de la tez pálida aparecerá reiteradas veces. Quiero mezclar tópicos y darles una vuelta de tuerca, además de presentar cosas innovadoras. Ya veremos qué tal sale.
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Engancha. |
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06-03-2005 16:34 |
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Ya me había leido tus prólogos, pero me gustó más este primer capítulo. Aunque debo reconocer que sin ellos no habría entendido gran parte de la historia.
El comienzo está muy logrado. Me gustó la caracterización del tomatero, muy original la ausencia de espacios para describir su forma de hablar.
Por otra parte tienes algunos fallitos que entorpecen la lectura. Estaría bien que revisaras el texto. Algunos son:
"Alzó la cabeza, con el gesto de terror ya impreso en el rostro. Una pequeña esfera metálica, no mayor que su cabeza"
Si encuentras otro símil para describir el tamaño de la esfera evitaras repeticiones.
"Cuando consideró que había recogido madera de sobras"
"de sobra" es la expresión correcta.
"Si hubiera estado más atento a las conversaciones que su hija, habría sabido que El Ungido pensaba visitarlo debido a su contacto directo con las migajas divinas."
"de su hija", ¿no?
"Se sintió como un niño aturdido que no sabe porque está resbalando y gesticula inútilmente para evitar la caída."
"por qué" es lo correcto.
"A pesar de que los rasgos de su rostro correspondían a una joven y bella mujer, la expresión de su rostro era tan severa que imponía respeto. En su rostro afilado..."
Repites tres veces la palabra "rostro" en muy poco tiempo. Yo cambiaría alguna de ellas por cara, tez, semblante, etc.
A pesar de todo se deja leer muy bien.
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RE: Engancha. |
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08-03-2005 10:46 |
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Hola Mik, ¡muchas gracias por pasarte!
Me alegra que el efecto de juntar las palabras con Marcus te gustara. La verdad es que como le he comentado a jerjes, es algo que me trae de cabeza. Tengo que ver si merece la pena seguir con ello.
Si consigue enganchar, el objetivo está conseguido, así que no me podías haber realizado mejor comentario. Sobre los fallos que me has indicado no te diré nada, porque simplemente tienes razón. XD Así que simplemente me limitaré a corregirlos. Es curioso que a pesar de revisar un texto siempre se escapan erratas. ¡Muchas gracias, de verdad!
Y nada, a ver si las siguientes partes te acaban de convencer.
Un saludo.
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Muy...MUY BUENO, Valente ^____^ |
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04-03-2005 04:34 |
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La verdad, simple y llanamente: ME HA ENCANTADO.
Original, divertido, una muy buena presentación de los personajes. Un soplo de aire fresco con mucha calidad. Se lee del tirón y siempre con una sonrisa.
Espero que sigas adelante con este proyecto y que no se quede sólo en Ociojoven!
Muchas gracias por compartirlo!
agutxi @
PS: Sin entrar en un análisis detallado de erratas: de sobraS = de sobra, es lo que más me ha llamado la atención.
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Sin palabras |
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03-03-2005 22:11 |
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Pues eso, la verdad es que esta muy bien, me ha gustado mucho y sobretodo entretiene y da jugo en personajes
sigue así!!
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RE: Muy...MUY BUENO, Valente ^____^ |
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08-03-2005 11:00 |
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Jejejej, muchas gracias Agutxi, vas a hacer que me sonroje. No es para tanto, de verdad. Aunque me gusta saber que entretiene, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Espero ir aprendiendo poco a poco a escribir mejores historias.
Espero que seguir contando con tu ayuda y apoyo en siguientes entregas. ¡Muchas gracias de nuevo!
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RE: Sin palabras |
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08-03-2005 11:04 |
Me alegra que te haya gustado, Aure, veremos si consigo que el resto de capítulos sea entretenido, aunque será complicado. Espero que siempre me ayudéis a conseguir que el escrito salga más redondo.
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Opinión |
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01-03-2005 18:33 |
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Muy bueno, entra muy bien en la cabeza de los personajes, y a diferencia de muchos relatos de aquí, describe los pensamientos y sentir de los personajes, cosa que no está de más. Creo que no hay nada negativo, alguna faltilla por ahí, pero siempre se escapa alguna.
Espero más entregas, y para hacer boca me leeré los prólogos, aunque creo recordar que ya leí el primero, que iba sobre el tal Marcus, con una historia sobre unos tomates y no se que más.
Saludos
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RE: Opinión |
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08-03-2005 11:07 |
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¡Hola! Muchas gracias por el comentario.
La verdad es que quería conseguir que el lector conociera a los personajes, excepto a uno, al que quiero mostrar lentamente para que sorprenda más. Por eso será fácil saber qué están pensando o cómo se sienten, aunque trataré de que no se rompa demasiado el ritmo para que sea fácil de leer. El primer capítulo siempre es el más sencillo, por lo que lo complicado viene ahora.
Un saludo y muchas gracias por leerlo y comentarlo.
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Bien |
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01-03-2005 18:50 |
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La verdad es que este relato promete. Realmente me ha gustado y me he quedado con las ganas de leer más.
Date prisa en continuar que me tienes intrigado.
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RE: Bien |
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08-03-2005 11:13 |
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Pues muchas gracias Dersu, espero tener la siguiente parte preparada en breve. A ver si hay suerte y este misma semana la puedo mandar, que estoy convencido que sí.
Muchísimas gracias por leerlo y comentarlo. Eso me anima todavía más a seguir escribiendo.
Un saludo.
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