Lo que el lector no ve |
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05-03-2005 16:57
Por: Alexgodmir
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Breve reflexión sobre el abismo que separa lo que el lector ve y lo que realmente hay detrás de una obra.
Hará varios meses, en una charla intrascendente de camino a la playa, surgió una conversación sobre escritores y sus características. Si bien no comenzó exactamente sobre ese tema acabó derivando en ello. Uno de mis amigos me preguntó cómo iba mi segundo libro y yo le respondí que lo tenía aparcado hacía meses, ya que estaba metido en varios textos de muy diversa índole. Entre conversaciones cruzadas sobre libros, y otros temas no relacionados, yo dejé escapar una leve queja sobre lo duro que resultaba a veces encontrar el momento apropiado para escribir y lo cansino que resultaban las revisiones de tus propios textos, ya fuera en referencia a una corrección ortográfica o simplemente localizar fragmentos mejorables, sin olvidar cambios en las características de personajes o situaciones. En ese momento uno de mis compañeros de trayecto, que había permanecido en silencio hasta el momento, soltó un comentario que en principio consideré como una breve pretensión de hacer un chiste sarcástico, pero luego comprendí que el interfecto lo decía en serio. Su comentario fue:
Los escritores de verdad no necesitan revisar sus textos, por eso son escritores.

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Ante tal comentario no pude menos que intentar explicarle que ningún escritor escribía así, que eso era un mito romántico. Incluso las más magnas obras de la literatura necesitaron horas y horas de revisión por parte del autor (o sus colaboradores). Los seres humanos no somos perfectos y hasta el mayor erudito de la Real Academia Española puede inconscientemente cometer una falta gramática u ortográfica. Además nunca se debe olvidar que una persona sola, metida profundamente en una actividad, a veces puede no percatarse de detalles que un profano vería enseguida. Precisamente por eso en la creación y edición de un libro intervienen muchas partes, necesarias para asegurar que una obra literaria sea lo más correcta posible.
Resultó que esta explicación no le bastó para hacerle reconsiderar su opinión, y a modo de ejemplo, le conté la historia de cierto comentario realizado por el famoso autor Stephen King, que había defendido una opinión muy similar. Este escritor de literatura de terror se había tenido que tragar sus propias palabras cuando se supo que él tenía varias personas que se encargaban de corregir, arreglar y darle lógica a sus historias. En resumen, él tan solo era el creativo que daba la idea y la encauzaba, el resto iba a cargo de sus colaboradores. Aun así mi interlocutor seguía en sus trece – si bien yo comencé a sentir que tan sólo pretendía lo que comúnmente se diría en argot callejero como “picarme” –. Continué preguntándole sobre la opinión que le merecía Tolkien. Respecto a dicho escritor me comentó que si era tan popular era porque sin duda su obra era buena, aunque él no la había leido y tan sólo sabía de la existencia del autor por las películas. Ante esto no pude menos que confirmar algo que llevaba tiempo observando, que muchos lectores realmente no leen lo que les interesa, sino lo que les dice la publicidad que deben leer. Sobra decir que, para este personaje, los mejores libros que jamás había leido eran los de Harry Potter y tras estos – sí, detrás – las novelas de Stephen King.
Esto me hizo pensar en lo distintos son los puntos de vista entre un escritor y un lector. Si bien este personaje no es quizás un ejemplo de gran aficionado a la lectura, ya que según me confesó salvando sus lecturas favoritas no ha leido prácticamente nada más, sí lo es de la dinámica que se está viviendo en el sector de la novela en lo referente a lectores.
Hoy en día estamos en una era completamente audiovisual y la imagen de una persona disfrutando de una lectura, en un lugar relajado, es mucho más rara de ver que no alguien viendo la televisión o jugando a un videojuego. Esto es algo malo para los escritores, que nos estamos quedando sin aficionados que nos motiven a crear y moldear nuevas obras. Muchos se están decantando por adaptarse al mercado, haciendo guiones para el cine o la televisión, e incluso para videojuegos. Al fin y al cabo el trasfondo o base de cualquier cosa que salga en la televisión o el cine ha surgido de la mente de un creativo, que no deja de ser un escritor visual.
Pero volvamos a la novela. Hoy en día las novelas que acaparan las portadas de las librerías están claramente diferenciadas. Por un lado tenemos las novelas llamadas históricas, con tintes de aventuras (léase el Código da Vinci, El secreto de los Templarios, El Ocho y demás) y por el otro las novelas de autores de fama mundial que sacan a la luz su nueva creación (Ken Follett, Robin Cook...). Esto no es una crítica al respecto, pues no deja de ser lo normal y habitual. Si algo funciona no hay motivo para no seguir usándolo. Desde el punto de vista del editor siempre será más rentable publicar una novela de Lucía Echeverría, que no la de un desconocido, aunque ambas atesoren calidades similares. Como digo y reitero, lo importante es saber venderse.
Antes de irme definitivamente por derroteros inciertos retomo la cuestión principal: lo que el lector no ve. La mayoría de amantes de la lectura casual, es decir, aquellos que leen para pasar el rato (normalmente en el autobús o el metro) no se sienten impelidos a realizar una búsqueda exhaustiva de obras que les gusten. Se decantan por métodos más rápidos, recomendaciones o acercarse a una gran superficie de libros en busca de alguno que les llame (evidentemente si son aficionados a un género puede que también vayan a librerías especializadas). ¿Es eso malo? No, en absoluto. Es incluso perfectamente comprensible teniendo en cuenta el vertiginoso ritmo de vida que seguimos. No tenemos tanto tiempo libre como para perderlo buscando algo que leer. Pero sigamos esta línea de búsqueda. Lo primero que hallaremos en una gran superficie o una librería será lo que más se venda (o mejor dicho lo que las editoriales importantes han decidido que debe recibir más popularidad). No es extraño ver estantes a rebosar con copias del último Harry Potter o cualquier otra obra de la que ya hayas oído hablar porque sale hasta en la sopa (en la televisión, la radio o los medios escritos). Y quiero dejar claro que no pretendo decir que estas obras no merezcan estar ahí por méritos propios. Si de una cosa estoy convencido es que las grandes editoriales, que son las que colocan estos rimbombantes estantes, no apostarían por algo que no fuera bueno. Pero claro, hay muchas obras que podrían ser calificadas con el mismo adjetivo y no tienen oportunidad alguna de llegar a los lectores. Yo a eso lo denomino “darle de comer al que realmente no tiene hambre”, que es una forma tan buena como cualquier otra de llamarlo.
¿Y los que leen de verdad? Sí, esa gente que recorre librerías en busca de obras concretas, quizás navega por Internet en foros literarios, buscando opiniones y recomendaciones de personas de aficiones parejas. ¿Estos no se dejan engañar por la publicidad? Pues sí, como todos lo demás. Pero son lectores con suficientemente cabeza para intuir qué puede atraerles realmente y qué no, si bien por el hecho de ser humanos también puede verse arrastrados por el vuelco mediático en una obra y hacerse con ella. Yo aprecio a estas personas porque leen lo que quieren leer, no lo que les dicen que deber leer.
Tras esta reflexión, me permito realizar mi pequeña reivindicación. Cuando vayáis a comprar un libro, si no tenéis decidido qué escoger, rebuscad un poco. No digo que paséis olímpicamente de los pomposos estantes donde se exponen las obras importantes, sino que os deis una vuelta por las zonas llenas de libros distintos amontonados y echéis un vistazo a los títulos. Puede que halléis uno que os resulte curioso, quizás la sinopsis se os antoje interesante. Quién sabe, hasta es posible que os topéis una joya enterrada. Yo os aseguro que las hay.
Nota aclaratoria: Este artículo fue realizado con anterioridad a la carta al lector de Jordi Garcia, profesor titular de Literatura Española de la UB, publicada el domingo día 27 de febrero en El Periodico de Cataluña.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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05-03-2005 17:54 |
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Soy la primera en comentar?? :o Eso de “lo que el lector no ve” se lo oí decir una vez a un profesor. Es verdad que mucha gente se cree que ala, coges un bolígrafo y un papel y escribes el señor de los anillos del tirón (por ejemplo). Si alguno de los foreros que rulan por aquí tiene esa capacidad, que lo diga y le hago un homenaje, en serio.
En cuanto al artículo, me ha gustado mucho. Aunque me parece que el título no es muy apropiado porque hablas de bastantes cosas más que de “lo que el lector no ve”.
Ya que me pongo a comentar... Hay varias formas por las que decido qué libro leer:
1.Por recomendación (libros que todo el mundo a leído. Yo también los leo, si, y no me parece mal)
2.Por reseñas y comentarios a libros que se hacen en éste foro.
3.Cuando es la feria del libro, voy siempre con intención de llevarme alguno a casa (¡¡¡Es que son tan baratos!!!) y los escojo leyendo la sinopsis.
4.O, dando vueltas por la biblioteca y cogiendo el que más me llame.
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Interesante |
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06-03-2005 14:10 |
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Me vais a matar pero yo me muevo más por los rastros a la hora de comprar un libro. Por allí no se ve mucha literatura novel, pero se encuentran verdaderas joyas a precios irrisorios.
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¿Cuál es el tema del artículo? |
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06-03-2005 02:21 |
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Es que empiezas hablando del proceso de revisión de una novela y terminas hablando del mercado editorial.
Creo que eso te da para dos artículos totalmente diferentes.
Y si aclaras lo de la carta al director, pues mejor.
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RE: ¿Cuál es el tema del artículo? |
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06-03-2005 09:47 |
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No son dos temas separados a mi parecer y me pareció adecuado presentarlos juntos sin extenderme demasiado en ninguno. Es un artículo para lectores, no para lectores apasionados ni escritores (aficionados o no).
En cuanto a lo de la nota de prensa tomará sentido para quien lo haya leido. Si no es el caso, no debe preocuparte.
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Hola |
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05-03-2005 18:20 |
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Ummmm... ese fanático de Harry Potter no es fanático de Rowling. Ella misma ha dicho hasta el cansancio lo mucho que le cuesta escribir un capítulo de cada libro. Tarda más o menos un mes, y después le dedica unas semanas para revisarlo.
King también habla de lo importante que son las relecturas de su material. El descanso en la mesa de noche. Olvidarse de lo que has escrito. Dejas pasar semanas o meses. Y luego... la reescritura.
Eso sí, no más de una reescritura porque el libro cambia, muta y ya no es el mismo.
Hay escritores que sí, que escriben de corrido y así lo dejan y terminan escribiendo excelente material (Babilonia se pone roja de envidia). Pero... ¿y si se hubiesen dado el tiempo de releer y rescribir? No quiero ni pensar en las obras maestras que nos hemos perdido de estos escritores de corrido con cierto éxito y estilo.
En todo caso, sí creo en la escritura de corrido. Eso lo he dicho antes. Creo en el esquema mental que no hace falta trazar en papel. Lo importante es estar claro hacia donde vas y quienes son, íntimamente hablado, tus personajes. Pero de resto...
Ahora, la escritura y la corrección son dos etapas diferentes. Si bien King ha dicho con orgullo que no usa esquemas y escribe de memoria, incluso en novelas tan complejas y con tantos personajes y subtramas como IT, también ha reconocido que el procedo de corrección requiere tiempo, opiniones y relecturas.
Pero... yo me en eso de corrección de escritos soy un fracaso. Prefiero que otros lo lean y muchas veces me he arrepentido de mostrar un escrito crudo o a medio cocer. Es una lección que no he aprendido, pero la estoy aprendiendo.
Lo que pasa es que hay lectores y hay lectores-escritores. El lector sin ambiciones de escribir lee y punto. El que escribe, aunque sea en ratos libres, lee y va pensando ¿yo lo habría escrito así? ¿Yo habría hecho esto o usado tal o cual personaje? ¿Y si en vez de escribirlo así lo hubiera escrito tal? Va armando y desarmando la novela en su mente.
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