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Elfentanz (III)


Relatos de Fantasía

04-06-2005 21:38
Por: Oscuridad

Tercera entrega de Elfentanz. No fue escrito para ser dividido en entregas, así que disculpen si se corta el ritmo entre una y otra.

E L F E N T A N Z (III)


techTercera entrega de Elfentanz.  No fué escrito para ser dividido en entregas, así que disculpen
—Te digo, Hans, que deberíamos ser más cuidadosos con los visitantes furtivos. Por la mañana a menudo se encuentran rastros de personas que vienen a invadir nuestra propiedad.
—La policía no hace nada, Dieter. He hablado con ellos de esto y se encogen de hombros. Una vez los convencí de venir a observar las huellas de una celebración que aparecieron en la parte norte hace unas semanas. Uno de los policías casi me hace la señal contra el mal de ojo. La gente de por estas partes es supersticiosa.
—Jóvenes, de eso se trata. Maleantes que vienen a emborracharse y quién sabe a qué cosas más. Deberíamos cercar la propiedad.
—Pues yo sé qué remedio aplicarles si me encuentro con ellos en mis tierras —dijo Dieter, haciendo el gesto de preparar una escopeta.
—Yo sé quiénes son -dijo tímidamente el joven Leo, desde la mesa del desayuno.

Los dos hombres se volvieron a mirarlo.

—Es la gente que viene a bailar en la noche. Vienen a hacer la Ronda. Mi amiga Yrina me dice que vienen de todas partes.
—Piensa en esto con mucho cuidado, Leo —dijo Dieter con suavidad—. ¿Qué gente? ¿Quién es esa Yrina?

Leo vaciló. No quería que Dieter disparara su escopeta contra Yrina, si llegaba a encontrársela en el bosque. Yrina era su amiga.

—Sólo alguien con quien hablo en el bosque —dijo cuidadosamente Leo—. Ella me dice que vienen de todas partes, del río y de los árboles, y que algunos hasta vienen volando. Por la mañana se encuentran sus huellas en la hierba, huellas demasiado pequeñas para ser de pies humanos.

Dieter asintió, como diciendo "me lo esperaba", y se volvió para proseguir su conversación con Hans.

—Este niño ha escuchado muchas historias de los sirvientes- fue su comentario final.

* * *


techTercera entrega de Elfentanz.  No fué escrito para ser dividido en entregas, así que disculpen
Leo no pensó que encontrar de nuevo el río le resultara tan fácil. Pero había llegado en unos treinta minutos. Le pareció recordar que él se había bañado muchas veces en este preciso lugar, en compañia de su amiga...
Detuvo sus pensamientos, desconcertado. ¿Qué amiga? El no había tenido ninguna amiga o amigo de su edad cuando había vivido aquí. Sin embargo, el suave murmullo del río parecía traerle recuerdos de una risa argentina y el sonido de una flauta.
Un objeto encima de una roca llamó su atención. Sin saber claramente lo que esperaba encontrar, Leo se aproximó a la roca con cautela.
Un preservativo. Usado. Leo se cubrió la boca, para ahogar un sonido a medio camino entre una risita y un gemido de repulsión. Con la punta de su zapato, lo pateó al río para que fuera arrastrado por la corriente. ¿Qué les parece, amigos ecologistas?
Eso era todo. Nada de amigas misteriosas. Sólo unos jóvenes vagos que venían a...

—¿Viniste a visitar a las ondinas?

Leo se volvió rápidamente. De nuevo Ylysse. El extraordinario don de esta niña para acercarse sin ser percibida le ponía a Leo los nervios de punta.

—Supongo que tú no sabes nada de esto —le dijo Leo. Ylysse era muy joven, pero él había escuchado historias... La comparación con su hija le produjo un aguijonazo de dolor.
—Yo sé algo de todo lo que ocurre en estas tierras— replicó la niña.
—No lo dudo. ¿Dónde vives?
—Aquí —dijo Ylysse, abarcando con un gesto todo el bosque—. Debajo de una hoja caída por el otoño. En la rama de un árbol. En el destello de la Luna entre el follaje.
—Oye, chiquilla, ésta es mi tierra y no estoy para bromas.
—¡Qué pretensión! ¿Dices que ésta es tu tierra? Con qué derecho, cuando otros seres ocupaban esta tierra mucho antes de que tú llegaras. Mucho antes de que existiera un Markwort. Mucho antes de que...
—¡Cállate! —le ordenó exasperado Leo. La niña lo estaba haciendo perder el control.
—Esta noche volverá a haber Ronda. Puedes venir, si recuerdas el lugar. Creo que te resultará muy instructivo.


techTercera entrega de Elfentanz.  No fué escrito para ser dividido en entregas, así que disculpen
Después de estas palabras, Ylysse se alejó corriendo. Con una exclamación, Leo salió tras ella. Estuvo corriendo por varios minutos, pero no logró alcanzar, ni siquiera ver, a la niña. Cuando desistió, se había perdido, y tardó mucho tiempo en encontrar el camino de regreso a casa.

* * *

Ylysse tenía razón. Leo debería acordarse del lugar de la Ronda. Porque él mismo lo había visitado, mucho tiempo atrás.
Una noche, el joven Leo se había escabullido de la casa para seguir los cantos que escuchaba a menudo. Las palabras de la canción no estaban en su idioma, pero él podía entenderlas de alguna forma. Algo sobre hadas, elfos y gnomos, de rondas que terminaban en la alborada y espíritus que eran invisibles a los hombres.
Había seguido los sonidos hasta un claro en la parte noreste del bosque, bastante alejado de la casa. Extrañamente, cuando estuvo prácticamente en la fuente del sonido, notó que su volúmen no era mucho mayor que el de una conversación normal. No debería haber podido escucharlo desde tan lejos.

------------------------------
¡Apresurémonos, seres de la noche! Concluyamos nuestros asuntos con premura, Que el Sol, tan traicionero, ya se asoma Y viene a marcar el fin de nuestra hora. Terminarán las amorosas reuniones, Terminará nuestra fiesta desenfrenada. Que de los hombres, y de los hijos de los hombres Es el tiempo que comienza ahora. Elfenlied, canto XXIV ------------------------------

El joven Leo observó maravillado la escena. Una enorme cantidad de personas estaban congregados en el claro, cantando y bailando. El grupo estaba compuesto por hombres y mujeres de apariencia etérea y sobrenatural. Todos estaban dotados de una belleza que arrebató los sentidos del niño. Algunos, en las alocadas revoluciones de la danza, se separaban del suelo y no volvían a bajar. Algunos estaban solos y otros en parejas. Las parejas se componían de individuos del mismo sexo o de sexo opuesto. Las vestimentas de los bailarines, aunque opacas y cubriéndoles la mayor parte del cuerpo, parecían ligeras y vaporosas.
En su afán por observar más, Leo abandonó la cubierta de los arbustos tras los que se había estado escondiendo. La mayoría de los bailarines no le prestó atención, entregados como estaban a su celebración, pero el grupo que estaba más cerca del muchacho lanzó una exclamación al verlo.

—¡Un humano! —dijeron, y Leo no supo cómo logró entender el idioma. Parecía que estuvieran aún cantando—. ¡Un hombre, hijo de los hombres!
—¡Devorémoslo! ¡Es muy joven, será un bocado digno de un rey!
—¡Coloquémosle un encantamiento y enviémoslo de regreso!
—¡Un encantamiento de buena fortuna, para que nos agradezca su felicidad!
—¡No! ¡Un maleficio, para castigar su curiosidad!
—¡Carguémoslo de dones y hagamos de él uno de los hombres prominentes de su tiempo!
—¡Enviémosle al pasado de hace cien años, para jugarle una broma!
—¡Déjenlo! —dijo de repente una voz familiar—. ¡Es mi amigo!
Leo no se sorprendió al ver a Yrina... o Yelyena... que acudía en su defensa.
—¡Es un humano! —dijeron los otros—. ¡Es un hombre, hijo de los hombres!
—Es un Markwort —replicó Yvigenia—, el hijo de los amos de la tierra.
—¡Puede vernos! ¡Ha pasado tanto tiempo desde que un humano es capaz de vernos!
—Es mi amigo —concluyó Ytresse—. A él le concedo la gracia de la visión. Le doy la licencia de la curiosidad. Le permito la libertad de la danza.
—¡Que dance, entonces! ¡Vamos, humano, únete a la fiesta!


techTercera entrega de Elfentanz.  No fué escrito para ser dividido en entregas, así que disculpen
Y Leo había danzado y había cantado junto con los demás, sin saber bailar y sin conocer la canción. Había bailado mayormente con Yelyena, que se entregaba a la celebración con frenética alegría. Las ondinas, sus amigas que vivían en el río, habían jugado y reído con él. Las hadas lo habían alzado en sus alas. Las dríadas le habían explicado el complejo equilibrio de la naturaleza.
Entonces un gallo había cantado, y todos los nuevos amigos de Leo habían desaparecido. El muchacho se encontró de repente solo en el bosque.
Pero, cuando puso rumbo a la casa, descubrió que no estaba tan lejos como había pensado.

* * *

(Continuará)

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Estoy un poquito resfriado
04-06-2005 21:45
Y bueno, me arranqué como pude al ciber más cercano para así poder publicar esta entrega, así que espero me perdonéis si no he estado muy afortunado con las imágenes. De hecho, las que estoy usando provienen de las otras dos entregas. Pero, de todas formas, y tal como decía un poblador cuando comentaba el segundo capítulo, el efecto de este relato se diluye si las entregas no son publicadas con cierta cercanía una de la otra, así que esperaré a lo más una semana y publico la otra, ¿OK? Un abrazo.

   RE: Estoy un poquito resfriado
04-06-2005 21:53
Y tanto... Han pasado más de dos meses desde la última entrega. Ya me empezaba a preocupar.

Gracias por el esfuerzo en publicarlo. Lo de las imágenes, creo que no influye en el escrito, pero sí me hubiera gustado que el Canto hubiera salido bien identado...

Bueno, pues no importa. Publicado al fin, y que lo disfruten!

   RE: Estoy un poquito resfriado
04-06-2005 21:46



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