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Rescate (Capítulo 13.- Muerte)


Relatos

28-03-2005 21:46
Por: Criatura del Averno

-Está muerta.

Muerta.... muerta.... La palabra repiqueteó en el cerebro de los compañeros como los tambores de guerra. Había muerto, Tinieblas había muerto. En la mente de Durgin aparecieron mil y más conversaciones junto al fuego de los campamentos, bajo la luz de las estrellas en las que la semidrow reía y le hablaba de su pasado con voz cálida y ojos alegres. Apretó los dientes y su mirada se oscureció. Cuando Corvos se acercó, respetuosamente, trayendo consigo a Dágnal, que aún estaba en poder de la semidrow cuando había llegado hasta ella, Durgin tuvo que morderse el labio hasta que manó la sangre, solo para no echarse a gritar.

Pook cayó al suelo y comenzó a sollozar. Por su cara caían gruesos lagrimones. Conocía a Neigeborne desde hacía ya mucho tiempo. Había convivido con ella la mayor parte de su joven vida, había sido para él su amiga de infancia, más que una hermana Tanto tiempo... que no podía creerlo. Era mentira, tenía que ser mentira. No podía estar muerta. No podía.... ¡ella no podía hacerle eso!

Solo Lurien se mantuvo firme ante el orco. Estaba destrozada por dentro... no había podido salvarla. Con todo su poder, con su sangre celestial, y no había podido salvar a la semidrow. Había salvado a miles de inocentes y no había podido salvar a su propia amiga. Pero se obligó a mantener la mente clara. Las lamentaciones vendrían después. Nunca se perdonaría si dejaba morir también al gnomo a manos del Señor de la Guerra. Nunca.

-¿Qué contestas, paladín? –urgió Gablag-. ¡Vamos! Tráeme el colgante.
-Suelta a Finzo y te lo traeré.
-¿Me crees idiota? Si suelto al gnomo, ¿cómo se que me lo darás? Tu vuelas, eres más rápida. Lo alcanzarías antes que yo.
-Soy una paladín, Gablag. Tienes mi palabra. Suéltalo, y te traeré el maldito colgante.


techLa amenaza de un liche nunca es pronunciada en vano, y la muerte afila su guadaña mientras plan
El orco la miró sorprendido con su único ojo rojo, y luego sonrió. Si... conocía la estupidez de los paladines. Su sentido del honor. Si lo había prometido, lo cumpliría. Era así de idiota. Riéndose ruidosamente, dejó caer su presa sin miramientos. Eso lo haría aún más divertido. Lurien le traería el colgante sin más motivo que el de cumplir su palabra.

Y sin embargo, por un segundo, la semicelestial se sintió tentada de no cumplir lo pactado. En el fondo de su alma, sabía que eso sería lo correcto. Dar el colgante del Lobo a esa bestia lo convertiría en un monstruo de inmenso poder. Crearía a un ser de las tinieblas, más fuerte que el propio liche. Entonces... ¿qué debía hacer?

Lo prometido. El código de conducta no dejaba lugar a dudas.

Caminando con desgana, Lurien alcanzó el altar donde reposaba el colgante. Al tocarlo, sintió su inmenso poder mágico, como si una pequeña descarga eléctrica le recorriese el cuerpo. Desde el final de la cadena, el rostro de un lobo, tallado en brillante metal azulado, la observaba. Le cuestionaba una simple pregunta.

¿Qué vas a hacer, Lurien?, parecía preguntarle.
¿Qué vas a hacer?

Se dio la vuelta y fue hacia el orco. El codiciado colgante del Lobo estaba ahora en sus manos, y Gablag la esperaba. Poco a poco, su pasos la llevaron hasta él. El monstruo sonrió con crueldad, y extendió la enorme zarpa deforme.

Y entonces, la mano temblorosa de Lurien se adelantó y, finalmente, dejó caer el colgante en la palma abierta del Señor de la Guerra, que inmediatamente se cerró. Con un rugido de triunfo, la bestia se puso el colgante alrededor del cuello.

La transformación fue inmediata. El colgante del Lobo comenzó a brillar con un tono azul eléctrico, y Gablag cayó al suelo, de rodillas y aullando de dolor, haciendo astillas el mango del hacha que empuñaba. La hoja cayó inerte a un lado, mientras el orco gritaba. Su único ojo comenzó a brillar con más fuerza de lo habitual, y el vello de sus brazos, pecho y espalda se alargó hasta convertirse en un tupido pelo grisáceo. Las manos se le convirtieron en garras de felino, pero perfectamente prensiles, un monstruoso cruce entre una zarpa y una mano humana. Los compañeros retrocedieron, horrorizados, cuando la cara de Gablag se alargó ligeramente, hasta convertirse en una especie de semi-hocico y la musculatura de los brazos se le hinchó. El orco se hizo más alto, más imponente, si cabe. Sus colmillos de jabalí se trocaron por unos más finos y más agudos. Las piernas se le alargaron, y la articulación de la rodilla se dobló hacia detrás, como las patas traseras de un gato. Se había convertido en un híbrido, una horrible combinación entre la majestuosidad de un tigre y el horroroso cuerpo de un orco. Y no obstante, en su ojo rojo no había rastro de la mirada, casi noble, del cazador felino, si no que brillaba la misma maligna voluntad de unos segundos antes. Seguía siendo el mismo. Seguía teniendo cerebro de orco.

Finalmente, el Señor de la Guerra se alzó. Ahora su estatura se había elevado hasta los tres metros, y sus largas piernas musculosas le daban un aspecto ágil y majestuoso. Pero su rostro seguía siendo de orco casi en su totalidad, y sus brazos eran más gruesos que el tronco de un roble. Gablag se miró las manos, y rugió de placer. Podía sentir el poder, la inmensa fuerza que ahora recorría sus venas. Se sentía grande, magnánimo, la encarnación de un dios. Solo para probarse, pateó el suelo de dura roca. Y este cedió bajo su pie, astillándose con un crujido, y haciéndose añicos.

La semicelestial aferró el cuerpo inconsciente de Finzo y dio un paso atrás, horrorizada. ¿Qué había hecho? ¿Qué era lo que había creado? ¡Por Heironeus!

-Vámonos de aquí, Lurien –murmuró Corvos, a sus espaldas-. Esto no pinta nada bien ¡Vamos!

Durgin había palidecido... ¿de verdad era ese monstruo el mismo contra el que había luchado en la Jaula? Por primera vez en su existencia, el enano dio un paso atrás. Las cosas se estaban poniendo feas... muy feas.

En ese instante, Gablag habló entre risotadas, y su voz sonó como un trueno.

-¿No pensareis iros? ¡Esto acaba de empezar!

Y cerrando el puño, descargó toda su fuerza de su brazo de acero sobre el estómago de Lurien, haciéndola volar a lo largo de toda la sala. La paladín se estrelló contra la pared de piedra. Estaba mareada, y sentía que el golpe la había dañado seriamente. Por un momento, no pudo pensar con claridad. Se sentía perdida, sin comprender como un ser vivo podía tener una fuerza tan colosal. Pero instantes después, Durgin y Pook se estrellaron junto a ella, y la realidad se abrió camino en su cerebro. El enano tenía el pectoral de la armadura completamente abollado, hasta tal punto que le oprimía los pulmones, impidiéndole respirar. Pook estaba tan inconsciente como Finzo.... ¡Finzo! ¿dónde estaba el gnomo?

Y entonces lo vio, tendido en el centro de la inmensa sala, boca abajo. Gablag caminaba hacia él, con una sonrisa cruel en los labios, saboreando el momento de su venganza. Lurien intentó levantarse para protegerlo, pero no pudo. El dolor que sintió en el costado le indicó que tenía más de una costilla rota.

-¡Corvos! ¡Ayuda al mago!

El semiinfernal, desde la otra punta de la sala, la miró con una mueca de incredulidad. ¿De verdad le creía tan estúpido?

Gablag llegó hasta su objetivo. Relamiéndose ante la proximidad del derramamiento de sangre, cerró ambas manos y, juntas, las alzó por encima de su horrorosa testa. Aplastaría la cabeza del gnomo que lo había humillado como si fuese una fruta madura. El orco se mantuvo en esa posición por un instante, y luego dejó caer sus puños empleando toda su inmensa fuerza, en un golpe mortal por necesidad.

Y entonces, el silbido de una flecha cruzó el aire.

La punta de plata, el único metal que en verdad dañaba a los de su especie, se incrustó profundamente en la carne de Gablag, justo bajo la base de su cuello. El orco rugió de agonía y de incredulidad, y tomado por sorpresa, cayó de espaldas, sin completar su golpe.

Lurien, con los ojos muy abiertos, miró al lugar del que había venido la flecha, sin poder creer lo que había ocurrido. En la entrada del mismo túnel por el que ellos mismo habían llegado, se alzaba el arquero que acababa de salvar al gnomo. Un arquero, pequeño y achaparrado, al que conocían bien.

-¡Rekhar!

-Bueno ¿qué se supone que estáis haciendo? –chilló el trasgo, nervioso, mientras cargaba una segunda flecha en su arco-. ¡Vamos, reunios todos! ¡Venga! ¿a que esperáis?

Gablag estaba comenzando a levantarse, pero Rekhar disparó de nuevo, y le clavó otra flecha, esta en la espalda. El orco volvió a perder el equilibrio, y cayó al suelo de nuevo, mientras Corvos aprovechaba ese instante para obedecer la orden del espía trasgo. Abriendo sus alas, sobrevoló la sala y aferró el cuerpo del gnomo, llevándolo (y llevándose a si mismo) junto a sus compañeros.

-Rekhar... –murmuró Gablag, mientras un hilillo de sangre le manaba de la boca, goteando al suelo-. Te sacaré los ojos por esto.

-Primero tendrás que encontrarme –le respondió el trasgo. Y en ese preciso instante, corrió a lo largo de la sala, mientras aferraba la garra que le colgaba del cuello. Corrió hacia los compañeros, tan rápido como se lo permitieron sus cortas piernas, sin mirar hacia el enfurecido Gablag, que estaba jurando con voz tonante que lo mataría lentamente. Pero, antes de que el orco tuviese tiempo de levantarse, llegó hasta ellos y murmuró las frases que activaban la poderosa magia de la mano garruda.

Un instante después, Rekhar, Lurien, Corvos, Durgin, Finzo y Pook habían desaparecido de la sala, dejando solo una pequeña nubecilla de luz verdosa tras ellos.

II

Neigeborne trató de levantar su cabeza dolorida, aunque sabía que era un gesto inútil. Ya casi no le quedaba vida. Había notado como las fuerzas le abandonaban desde que se había partido la columna contra la pared de piedra y había quedado allí tendida. Era una horrible sensación, saber que te morías y no poder hacer nada para evitarlo.

Por un momento había tenido esperanza. Durante un segundo, había creído realmente posible su salvación. Justo cuando había visto a Corvos, de pie, delante de ella. En ese instante de felicidad, creyó que avisaría a Lurien, y que ella la sanaría con su poder. Pero todo eso se desvaneció, en el momento en que Tinieblas alcanzó a ver la mueca burlona de la cara del semidemonio. Sonreía con una mezcla de cinismo y crueldad, y sus ojos verdes chispeaban. Una auténtica criatura de los planos infernales. Instantes después, Corvos se agachó, como para tomarle el pulso, pero en realidad quería susurrarle algo al oído.

-Seguro que ahora te arrepientes de haberme roto la nariz ¿verdad?

Y sin más, agarró el hacha de Durgin, que Neigeborne todavía tenía en las manos, y se alejó sin volver la mirada. Tinieblas le oyó claramente anunciar a los compañeros que ella estaba muerta.

¡Cerdo!

Así que ese era el fin. Ahí se acababa su vida. En algún momento de su agonía, los compañeros se habían marchado, creyendo las palabras del semiinfernal. Gablag también se había ido, ya, y ahora ella estaba sola, en una sala vacía. Iba a morir sola, tan sola como había vivido. Ya comenzaba a notar como la vista se le nublaba...

¿O era niebla de verdad?

De pronto, la sala parecía llena de neblina blanca y opaca, extraña. Había aparecido repentinamente, como por hechizo. Neigeborne dejó de hacer esfuerzos por levantar la cabeza, y se dejó llevar ¿Qué importaba ya, la niebla? ¿Qué importaba ya cualquier cosa?

Por eso, ella no vio la figura que se alzaba en el centro de la bruma y que, lamiéndose los labios ensangrentados, se disponía a acabar con su vida y su sufrimiento, de una vez por todas.

Y, tal vez, ofrecerle la eternidad, más allá de la muerte.

 

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techLa amenaza de un liche nunca es pronunciada en vano, y la muerte afila su guadaña mientras plan
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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Vuelvo a perderme
28-06-2005 10:39
Este fragmento está bastante bien, aunque me ha gustado menos que los anteriores. La redacción es correcta salvo por un par de palabras que utilizas que creo no significan exactamente lo que quieres dar a entender.

Como punto negativo, la muerte de Tinieblas, no solo porque era el personaje que más me gustaba sino porque creo que su muerte se pierde en el fragor del combate y apenas se le da relevancia.

Con respecto a la historia, las idas y venidas del trasgo, dificultan seguir la trama. Inicialmente parece que el objetivo es rescatar a un príncipe. Para ello acaban en una ciudad orca buscando pruebas aunque temen no encontrarlas, de repente aparecen en unas montañas tras un colgante que buscan muchos por no sé que historias extrañas de hombres-tigre. Con la ayuda de un trasgo cuya principal motivación parece la venganza llegan hasta el todopoderoso loche que protege su más preciado objeto. aunque finalmente se va dejando la defensa del colgante en manos de uno de sus esclavos, al final el colgante se lo queda un miserable orco y los compañeros se largan. ¿Dónde está el liche?¿Qué pasa con el príncipe?

Espero que en las siguientes partes eso se empiece a aclarar!!

Y mañana MÁS!!

   la espera me mata
29-04-2005 05:36
realmente me viene gustando mucho la historia y la forma en q lo relatas.....pero no es por presionar ni nada, pero ya me hiciste adicto a tu historia y hace como un mes q no aparece un nuevo capitulo...a decir verdad me estoy preocupando....no nos iras a dejar asi verdad?...
bueno muy buena la historia y aguante el groso durgin (tengo una particular afeccion a los enanos :-D ...)

   relatos de fantasia
26-04-2005 18:19
{message_hidden_body} En el mundo de la fantasia se vale todo, es un relato bien construido, los personajes fabulosos, aunque la verdad le falta un poco de suspenso, los dibujos Excelentes. Felicitaciones

   comunicate
14-04-2005 23:11
yo opino que este relato es muy bueno sobretodo sus imagenes si son bueneas.:_D

   Hmm
10-04-2005 18:05
Lo más rescatable es el elemento del dragón muerto, así como la transformación de Gablag. Sin embargo, la descripción de las escenas de acción se me hizo un poco tortuosa e incluso llegué a perderme al respecto de lo que estaba haciendo cada personaje. En mi opinión, considero que te esfuerzas demasiado en detallar en qué está cada uno, cuando a lo mejor sería más efectivo resumir un poco más las escenas, buscando un común denominador, por ejemplo, que sean dos o tres de los amigos quienes intenten algo al mismo tiempo, otra acción de los restantes más resumida, no sé. Bueno, es sólo una opinión. Un abrazo, colega.

   RE: Hmm
10-04-2005 18:05

   Bueno
03-04-2005 18:32
Me gusta mucho como escribes y la historia realmente es interesante, pero creo que te excedes con las batallas (es sólo mi opinión). Por cierto, muy bueno el final, me has dejado intrigado, así que espero el próximo capítulo con impaciencia.

   RE: Bueno
11-11-2005 15:00
creo ke es interesante tu pagina

   Se te ve bien
01-04-2005 00:02
Me gusta el relato, la pasión por DyD es exelente, si hay muchas batallas, son bien buenas, ademas es algo que se puede compensar con algunos acertijos o trampas cecretas que le den experiencia a tus personajes me gusta el relato y sigue adelante

   como ya te he dicho... ^____^
30-03-2005 06:33
...en anteriores ocasiones, me gusta mucho como escribes y le das mucha emoción al relato.
Lo que no me gusta tanto, y también te lo he comentado , es que desde el capítulo V no han dejado de pelearse con monstruos cada vez más grandes continuamente. Se parece demasiado a una partida de D&D mata-mata :P Hay gente a la que le gusta... a mí no tanto. Pero técnicamente muy bueno, y siempre me quedo con ganas de saber cómo sigue. Muchas gracias por compartirlo!!

   Excelente...
28-03-2005 22:44
¡Pero si me matas a Neigeborne vamos a tener problemas! :-D

Excelente la reacción del Semi-Demonio. Sigue así.



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