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El declive del Imperio (II): ¿un nuevo compañero?


Relatos

09-04-2005 00:44
Por: ladyagatha

Llegados a este punto, la aventura da comienzo. Al caballero Evder se le ha encomendado una terrible misión. ¿Será capaz este dragón de llevarla a cabo? ¿Que le ronda por la cabeza?


techLlegados a este punto, la aventura da comienzo. Al caballero Evder se le ha encomendado una ter
Edver se separó de Anji a la salida de la taberna, pues tenía unos asuntos que resolver aquella misma mañana y temprano: el Emperador de Akraleuka había reclamado su presencia. Dio instrucciones a Anji de que no armara revuelo y se cambiara el atuendo para no llamar demasiado la atención. Lo envió a un lugar seguro, en casa de unos camaradas para que permaneciera allí oculto. Quedaron en reunirse cuatro horas más tarde en la Puerta de Ëride, la salida al Oeste de la ciudad.
Fuera de la taberna, el sol brillaba como suele hacerlo en un amanecer: una impresionante esfera roja se elevaba sobre el próximo objetivo del Imperio: el Este. Edver miró al sol, y este le devolvió la mirada avivando su rostro helado. Sus ojos color ámbar brillaron con intensidad, reflejándose los rayos de luz en sus dorados iris. Edver era un dragón, y a pesar de pertenecer a la esta antigua raza, el Caballero Blanco de Akraleuka tenía el aspecto de un humano. Las diferencias con las personas corrientes eran visibles tan solo en su aspecto externo. En el rostro, unas imperceptibles escamas de color pardo y verde, nacían en las sienes y se extendían por las mejillas. Nimios detalles que podían pasar por alto, como unos colmillos algo más afilados de lo normal, o unas orejas picudas, completaban el aspecto de este joven caballero al servicio del Imperio. Era alto, no tanto como Anji, pero lo bastante como para mirarle a los ojos; de aspecto que inspiraba respeto. Un aire a sabio distraído; de carácter quizás demasiado risueño para un comandante. Todo el mundo pensaba que Edver debía ser una criatura especial, por parecerse mucho más a un ser humano, que a una lagartija gigante con alas que escupe fuego. Y él también lo pensaba, pues a pesar de haber viajado durante mucho tiempo, y haber visitado muchos lugares, jamás había visto a otro dragón como él. A veces se sentía un poco triste por no haber podido conocer a sus semejantes, próximos a la extinción gracias a la ambición del Imperio.

Edver echó a andar en dirección a la Ciudadela de Piedra, el imponente castillo fortificado que servía de baluarte al Emperador, mientras trataba de pensar en cosas alegres. Se estrujó la cabeza, maquinando una estrategia, y pensó cual debía ser el punto débil de la ciudad, pues estaba seguro de que más tarde lo iba a necesitar. Pero tras mucho pensar y conseguir un dolor de cabeza tremendo, desistió por lo imposible que resultaba. La ciudad entera, no solo el castillo, era una fortaleza inexpugnable. Akraleuka estaba rodeada por cuatro murallas de piedra y mármol blanco. Las dos primeras, estaban juntas, una detrás de otra. Entre las murallas exteriores y una de las interiores, una gran llanura vacía, donde se instalaba el campamento de entrenamiento militar, para formar a los nuevos guerreros que ayudarían en la expansión del Imperio. La última muralla, rodeaba la ciudad y el castillo, conocido como la Ciudadela de Piedra. Era de planta octogonal, que antaño construyeran los desaparecidos Caballeros de la Orden de la Verdad, pero sus murallas se habían construido de nuevo. En cada vértice, se alzaban torres circulares, más grandes y más altas que los muros. La torre del Homenaje sobresalía de todo el conjunto. En lo más alto se encontraba la Sala de Estrategia. Un lugar que ha visto mucho: ha contemplado maquinaciones, victorias y derrotas. Una sala a la que tan solo puede entrar el Emperador y algunos nobles.

Pensando todas estas cosas, ya había llegado a puerta de la torre del homenaje sin darse cuenta. Reconoció unos pasos y sus músculos se tensaron. Pertenecían a una dama hermosa, de una belleza tan embriagadora, que a Edver se le iba siempre el pensamiento a otra parte, el corazón se le aceleraba y sus piernas le temblaban. De cabellos dorados, ojos verdes, delgada y de curvas exóticas. Vestía una armadura blanca y plateada, con una cruz dorada sobre el pecho. Una bella espada de vaina de marfil colgaba de un cinto que sujetaba una cadera sublime. La miró detenidamente antes de que ella llegara a su altura.

--Caballero Edver, el Emperador no te esperaba hasta mas tarde. ¿Acaso quieres causarle buena impresión? --dijo ella deteniéndose.

--Mi señora, querría que vuestro padre me atendiera pronto. Aun tengo unos asuntos que resolver esta mañana antes del almuerzo, y no quiero que se acumule el trabajo para mas tarde --dijo Edver inclinándose respetuosamente sin perder la calma, cosa que resultaba imposible si ella le hablaba de esa manera.

--¡Oh!, veo que nunca estas ocioso, Caballero. Ya que estáis aquí, hacedme un poco de compañía. Justo ahora yo también iba a ver al Emperador. ¿Vamos? --dijo, regalándole su más hermosa sonrisa, tan radiante, que parecía que su rostro brillara como el sol. Edver estaba azorado.
-- No veo por que no –dijo, sonriendo.

Y los dos caminaron juntos y en silencio hasta llegar a su destino: la Sala de la Estrategia. Solo entonces pudo respirar tranquilo, cuando ella se alejó unos pasos. Las grandes columnas sostenían impasibles el amplio techo de la Sala. Entre ellas, recorriendo los muros de la habitación, se alzaban numerosos tapices, que mostraban bellas escenas de la Antigua Religión. En el centro de la sala se disponían numerosas sillas, rodeando una mesa circular de madera negra, que sostenían unas robustas patas de plata azul. El Emperador estaba reunido con sus hombres de confianza. Edver observó a los presentes. Allí estaba, como siempre a la derecha, Wulfgar, el Gran General Imperial. Él estaba al mando de todos los ejércitos que poseía el Imperio. Era un conquistador formidable y un guerrero imbatible. Jamás había perdido una batalla. Esbelto y musculoso; alto, pero sin serlo demasiado. Su presencia y esencia física eran envidiables. De rostro hermoso, de una belleza que inspiraba temor, casi divina, y a la vez diabólica. Sus cabellos eran largos y oscuros, y cuando la luz incidía sobre él, arrancaba destellos azulados imposibles de captar por una mirada mortal. Amado, respetado, temido y odiado al mismo tiempo por todo el Imperio. Era el mejor, un espejo donde mirarse para alcanzar la Gloria. Edver sentía gran admiración por aquel formidable General. Era un gran guerrero capaz de vencer al mal, allá donde estuviera. Con él cerca, nada malo podía pasar.

--Los últimos informes son concluyentes. El Maestro Nigromante Abadón ha sido eliminado de las tierras del norte. Ahora ya nadie podrá continuar con sus estudios sobre la Resucitación de los Huesos --decía uno de los comandantes bastante satisfecho.

--Pero parece que este maldito vampiro tenía una amante a la que ha transmitido todo su saber. Una valkiria oscura --dijo otro de los principales.

--Pero no tenéis que preocuparos por nada, Emperador, Roziel se encargó de ella personalmente -- terminó el primero. Edver sintió compasión por aquella pobre valkiria oscura, aunque no la conociera. Puede que fuera una despiadada nigromante, pero el hecho de morir a manos de Roziel despertaba la compasión en cualquiera. Roziel era un mercenario asesino, que trabajaba a la sombra del Imperio.
techLlegados a este punto, la aventura da comienzo. Al caballero Evder se le ha encomendado una ter

-- Buenos días, Edver. No os esperaba tan pronto --dijo el Emperador ignorando los últimos comentarios de los comandantes. Todos los presentes se levantaron de la mesa para recibirles. A pesar de todo, Edver era uno de los Caballeros más apreciados por el Emperador. Hincó una rodilla en tierra, e inclinó la cabeza en señal de respeto. --¡Oh!, Gabriela, hija mía, buenos días --dijo yendo hacia ella y besándole la frente.

--Buenos días, padre --dijo recibiéndole agradablemente--. Caballero --dijo saludando a los presentes--. Solo venía a deciros, que mi caravana partirá hacia las fronteras de Anthilión, dentro de tres horas, como ordenasteis.

--Tú siempre tan responsable. No hacía falta que vinieras a recordármelo, habría ido a despedirme de ti igualmente --dijo el Emperador sonriendo. Cuando el Emperador se volvió, Edver observó la terrible mirada de tristeza que se dibujó en el rostro de Gabriela. La angustia y la frustración de su mirada desconcertó tanto a Edver, que creyó que la muchacha se desmayaría. Pero fue tan solo un segundo. Después volvió a sonreír.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Interesante
09-04-2005 21:31
Te esta quedando una historia muy interesante y despierta mi curiosidad enormemente ya que los dragones son mis criaturas preferidas y al darles otro aspecto me gustaria concerlos mejor, asique por favor sigue con la historia.

Un saludop.

   Me ha encantado
11-04-2005 16:41
Te ha quedado muy bien redactado a la vez que interesante, a lo que si además sumamos mi admiración por los Elfos y Dragones..., jejeje.
En cuanto a la ambientación, perfecta.

Aguardo con seria impaciencia el próximo capítulo ;-)

   Muy bueno
11-04-2005 10:23
Es una historia muy buena, la has escrito bastante bien, se hace muy amena de leer. Y yo que se el resto de la historia, digo a los que lean esto que todo no ha echo mas que comenzar, y se pondra muy pero que muy interesante... jejejeje.

Arriba Edver, nuevo Líder supremo del Mundo!!;-)

   Gracias a todos
11-04-2005 10:23
Muchas gracias por darme animos para continuar. Aún estoy trabajando en el siguiente capítulo que voy a tener que recortar dado que ocupa muchas páginas. A ver si tengo suerte y me sale redondo.
Continuaré...

   Bueno
10-04-2005 16:26
Creo que es bastante bueno, me ha gustado más que la primera parte. Sigue así.



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