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El declive del Imperio (II): ¿un nuevo compañero?


Relatos

09-04-2005 00:44
Por: ladyagatha


--¿A qué se debe mi presencia ante vos, milord? --preguntó Edver alzándose.

--Han llegado unos informes que corroboran lo que siempre hemos estado temiendo, Edver. Noticias desconcertantes para el Imperio. Puede que te sientas feliz al escucharlo, pero no es bueno para la estabilidad de nuestro reino --dijo mientras le daba la espalda y miraba el Mapa Imperial, colgado en el muro de atrás--. Nuestros espías informan que en el bosque de Dido se asienta el último bastión de la raza de los dragones en el Oeste --dijo con firmeza el Emperador. Edver estuvo a punto de saltar de alegría, pero en las palabras del Emperador, había algo más--. Te necesito a ti, Edver, para que llegues hasta ese lugar.

--No veo en que puedo serviros de esta manera, Mi Señor.

--Aun no he acabado. Necesito que me ayudes en esta empresa. Quiero que te infiltres entre los dragones, que evalúes la situación estratégica y traigas informes positivos sobre la posibilidad de acabar con esa colonia --dijo tajante. A Edver esas palabras hicieron que se le cayera el alma a los pies. Acababa de hallar la oportunidad de encontrarse con sus semejantes. Trató de pensar rápido, pero su vacilación no pasó desapercibida para nadie--. Sé que esto que te pido es duro, pero has de saber que el Imperio peligra.

--¿Quién os ha otorgado esa información, mi Señor? --preguntó Edver, por si acaso podía conocer al maldito chivato de turno. En cuanto lo supiera, no dudaría en acabar con él.

--He sido yo --dijo una voz desde la puerta de la sala. Al parecer nadie se había percatado de que un Alto Elfo llevaba un rato escuchando. Entró en la sala sin apartar la vista de Edver, que lo aniquiló con la mirada.
Edver sintió un repentino ataque de furia y tuvo que controlarse antes de cometer algún acto imperdonable. Se trataba nada más y nada menos, que de Pronais Adurei, el legendario cazador de dragones. Alto, muy delgado y fibroso, su aspecto resultaba amenazador en conjunto. Su cabello largo y negro, casi siempre ocultaba su mirada, una mirada que había visto morir a decenas de dragones. De tanto matar y asesinar, el iris de sus ojos se había vuelto rojo como la sangre. Pero lo peor de todo, era esa sonrisa constante en su cara, una sonrisa cínica. Una sonrisa de suficiencia que siempre llevaba puesta. Pero sabía guardar las formas cuando le convenía, y ahora estaba muy serio y muy solemne. Pronais era lo único que quedaba de una magnifica familia de legendarios Altos Elfos, la antigua Casa Adurei, extinguida hace mucho tiempo a causa de una guerra contra los Dragones Sagrados. Como venganza por la muerte de sus semejantes, Pronais dedicó su existencia a aniquilar cualquier vestigio dragón que pisara suelo imperial. Se había ganado una reputación intachable como matador de dragones. En su haber, destacaba sin duda el amuleto de escamas de dragón que siempre llevaba enrollado a la muñeca. Una escama por cada dragón muerto. Pero no de cualquier dragón. Para Pronais, no todos los dragones merecían su respeto. Eran escamas de Dragones Patriarcales, los más peligrosos, los más despiadados y los más fieros seres que pisaron antes la tierra de este mundo. El amuleto debía rondar la centena. Era comprensible que a Edver le entraran impulsos asesinos. Ambos se tenían un odio mutuo. Pronais deseaba sin duda acabar con Edver, ya que era el único dragón al que aún no había matado, y éste deseaba ensartarle palmo y medio de acero por el pecho.

--Mi noble emperador, ya sabe vuestra alteza que conmigo puede contar para lo que vuesa merced desee, yo solo vivo para servirle. Más si su benevolente persona pudiese explicar los motivos de su interés, le quitaría la curiosidad a este humilde siervo vuestro --dijo inclinado la cabeza, desesperado por la suerte de los dragones y la suya propia. Vio de reojo como Pronais sonreía burlándose de su comprometida situación.

--Veras Edver, el Imperio se sostiene gracias a la estabilidad económica y social de sus reinos, que han aceptado a este Imperio como su gobernante. --El Emperador seguía de espalda a él. El territorio conquistado por el Imperio, se cortaba en las Shegarkhas, unas montañas que impedían el avance hacia el Este. Suspiró y siguió hablando--. Pero si estos reinos no aceptan lo que por designios divinos se les ha concedido, el honor de pertenecer a una gran familia, se crea un conflicto. El Imperio se desestabilizaría. Empezaría a fragmentarse, y todo derivaría en caos. Lo que el Imperio ha conseguido es poner orden al desorganizado mundo repleto de seres extraños. ¿Acaso deseas ver a tus amigos sin esperanza, por no pertenecer a ninguna patria? En este momento los dragones son peligrosos para la estabilidad del imperio.

--No necesariamente, su alteza. ¿Me permite dar mi opinión al respecto? --preguntó Edver con cautela.

-- No interrumpáis, pues no he acabado, Caballero.

--Lo lamento, milord. Prosiga, por favor --dijo mordiéndose la lengua.

--Por lo tanto para el bienestar de estas gentes es necesario acabar con el problema y en eso te necesito amigo mío. En ti confío para que logres dar estabilidad al Imperio --dijo posando una mano sobre el hombro del caballero. Edver no se había dado cuenta de que el Emperador se le había acercado. Levantó la vista y se encontró con los ojos del hombre que dominaba medio mundo. Pero no halló en su mirada, ambición, como esperaba encontrar, sino una infinita tristeza y agotamiento mental. Y Edver se sintió muy deprimido. Tragó saliva con dificultad antes de encontrar las palabras para seguir hablando.

--Le agradezco enormemente que deposite su confianza en mi, milord, mas antes de decidir nada, le ruego que me permita exponer la opinión de este caballero vuestro, que solo desea lo mejor para el Imperio al cual sirve.

De repente, en ese momento, una luz se encendió en la cabeza de Edver.

--De acuerdo, oigamos lo que tienes que decir entonces.

--Alteza, yo opino que los dragones no amenazan a la estabilidad del Imperio, si se les utiliza bien. Podríamos atraerlos a la causa imperial. Imagínese, milord --dijo tratando de parecer emocionado--. Un campo de batalla, nuestros hombres luchando a brazo partido, y de repente aparecen decenas de dragones desde el cielo, que sueltan enormes lenguas de fuego que arrasan a nuestros enemigos. El imperio no tendría rival en ninguna parte, y la conquista del Este seria fácil. ¿Qué le parece, milord?

--Me parece que los dragones del bosque tienen forma humana como tú. ¿De que nos sirven si no vuelan ni escupen fuego? --dijo de repente Pronais, con una sonrisa maliciosa en el rostro. Edver lo fulminó con la mirada, pero este seguía sonriendo, feliz.

--Puede que tengas razón Edver --dijo de repente Wulfgar--. Pero los dragones son una raza demasiado noble como para traicionar a los suyos. No veo el motivo por el que quieran luchar a nuestro lado.

-- Con el debido respeto, no todos los dragones comparten la misma opinión, General. Algunos dragones rebeldes si que han osado atentar contra el Grandioso Imperio. Pero otros dragones solo quieren sobrevivir. Eso podemos usarlo en nuestro favor. A cambio de seguir con vida, que sirvan a la causa del Emperador.

--Duro es escucharlo de tu propia boca, dragón --dijo Pronais. Edver cerró los puños con fuerza para no tener que arrancarle el corazón allí mismo.

--Y además, Pronais, un guerrero dragón no se necesita exclusivamente de su habilidad como dragón para ser un rival temible. Y yo digo que un dragón siempre es peligroso, tenga la forma que tenga. Eso lo sabrás tú mejor que nadie.


techLlegados a este punto, la aventura da comienzo. Al caballero Evder se le ha encomendado una ter
A Pronais se le borró la sonrisa de la cara. Edver calmó sus nervios, y se dirigió al Emperador.
--Deme la oportunidad de parlamentar con el líder de los dragones, de esta forma, podremos tener a un poderoso aliado a nuestra causa. Confíe en mi, milord. No le defraudare.

--Muy bien, caballero. Partid entonces hacia allí, enseguida. Pero antes, necesitareis de toda la ayuda posible para lograr vuestro objetivo. Por eso, es necesario que alguien os acompañe.

--Mi Señor, creo que yo solo podré llevar a cabo esta misión que me encomendáis --terció Edver, pues para lo que iba hacer, debía hacerlo solo--. ¿Acaso no confiáis en este caballero vuestro?

--Claro que sí, Edver. Aún así, la misión estaría más segura si no fuerais solo --el Emperador se volvió hacía Pronais, y Edver pensó que debía tratarse de una broma--. Pronais, quiero que acompañes a Edver en su misión. Tu juicio sobre la situación será valioso.

Aquello era lo último que a Edver se le había pasado por la cabeza. Pero al parecer la noticia los cogió a ambos desprevenidos. Pronais dejó de sonreír, pero Edver tampoco quiso replicar. No deseaba darle esa alegría a Pronais. Tan solo supo en ese instante, que sus problemas no habían hecho más que comenzar.

Continuará.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Interesante
09-04-2005 21:31
Te esta quedando una historia muy interesante y despierta mi curiosidad enormemente ya que los dragones son mis criaturas preferidas y al darles otro aspecto me gustaria concerlos mejor, asique por favor sigue con la historia.

Un saludop.

   Me ha encantado
11-04-2005 16:41
Te ha quedado muy bien redactado a la vez que interesante, a lo que si además sumamos mi admiración por los Elfos y Dragones..., jejeje.
En cuanto a la ambientación, perfecta.

Aguardo con seria impaciencia el próximo capítulo ;-)

   Muy bueno
11-04-2005 10:23
Es una historia muy buena, la has escrito bastante bien, se hace muy amena de leer. Y yo que se el resto de la historia, digo a los que lean esto que todo no ha echo mas que comenzar, y se pondra muy pero que muy interesante... jejejeje.

Arriba Edver, nuevo Líder supremo del Mundo!!;-)

   Gracias a todos
11-04-2005 10:23
Muchas gracias por darme animos para continuar. Aún estoy trabajando en el siguiente capítulo que voy a tener que recortar dado que ocupa muchas páginas. A ver si tengo suerte y me sale redondo.
Continuaré...

   Bueno
10-04-2005 16:26
Creo que es bastante bueno, me ha gustado más que la primera parte. Sigue así.



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