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Un grupo de Templarios Negros defiende una capilla de un ataque orko.
SANTUARIO (Parte 1)
La capilla se encontraba semiderruida entre la espesura del bosque, a pesar de la humedad y del musgo que cubría las paredes, el sagrado edificio era un lugar acogedor. Los bancos de madera casi desecha estaban encarados hacia una estatua del Emperador. Era una escultura sencilla, sin ornamentos, pero que transmitía toda la gracia de nuestro señor. Mis pensamientos fueron cortados en seco por el Castellano Alesio:
- Mi señor, debemos reunirnos con el grueso de la compañía, los informes orbitales dicen que un contingente de orkos se dirige hacia este sector.
Durante unos segundos recapacité, algo en mi corazón me decía que no debía abandonar la capilla, que el xenos no debía mancillar aquel suelo sagrado.
- Alesio - dije con calma y rotundidad -, coge a tus hombres y reúnete con el resto del ejército, yo me quedo.
Alesio asintió y cumplió las órdenes que le dí, sabía que no le gustaba la idea de utilizar efectivos para defender un viejo edificio, pero acató la orden con respeto y eficiencia.

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El último informe orbital decía que los orkos llegarían a la mañana siguiente. Organizé la defensa y establecí turnos de guardia. Mientras inspeccionaba las tropas me di cuenta de que mis hermanos, ya de por si fervorosos en el cumplimiento del deber, estaban especialmente motivados, lógico pensé, no hay mayor honor que defender al Emperador.
En la intimidad y la soledad de la capilla me despojé de mi armadura, me arrodillé y recé durante toda la noche.
El sol de la mañana iluminó con fuerza el edificio através del techo derrumbado. La noche de meditación lejos de calmarme me había llenado de inquietudes. Era justo sacrificar vidas por un montón de viejas piedras y una estatua herrumbrosa. El hermano capellán debió captar mis dudas, se acercó y me miró.
- Hermano, ¿ha sido acertada mi decisión?
- Mi señor, numerosas son las ocasiones en las que nos habéis guiado al combate desde que estáis al mando de la cruzada, y en todas ellas vencimos. Mientras Él esté en vuestro corazón no importará ni el enemigo ni el aliado que se presente en el campo de batalla, pues nuestra será la victoria.
- Capellán, no temo al enemigo, sino al inútil sacrificio de mis hermanos.
- Mariscal, con todos mis respetos, a pesar de ser joven para su cargo, sus hombres le respetan, es mas, nunca había visto a mis hermanos tan motivados. Ha dirigido todos los combates en primera línea, y la decisión de defender la capilla ha llenado de orgullo el corazón de todos los templarios.La compañia estaría gustosa de invadir el mismísimo Ojo del Terror si el Mariscal Casandro dirige el asalto.
- Gracias por tus palabras capellán, solo pido que mis hermanos depositen en mí la mitad de la confianza que yo tengo en ellos. La capilla será defendida y sobre ella, conservando cada vieja piedra, se construiría una fortaleza seminario.
Llamé a dos de mis hermanos para que me ayudaran a colocarme la vieja armadura táctica. A medida que se acercaba la batalla me daba cuenta de que la decisión de defender la capilla había sido acertada, mi corazón así me lo decía, y el corazón de un Templario Negro nunca se equivoca. Dedenderíamos la capilla hasta la última gota de nuestra sangre.
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