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The Great Lady of Angmar


Relatos

18-04-2005 10:51
Por: Ilirio

Este texto es una traducción de un relato fantástico que encontré en una página americana de fans de Tolkien mientras buscaba un dibujo del Rey Brujo de Angmar. Su título "Lady of Angmar" me sedujo y comencé a leerlo. A pesar de que no se ajusta en absoluto a la historia de cómo el Rey Brujo fue seducido por Sauron, esta versión me pareció bonita y bien escrita por lo que me propuse traducirla. Así pues ni la idea ni el estilo, que intenté mantener, son míos pero sí el lenguaje y las pequeñas adaptaciones que he realizado para que "sonase bien" en la lengua de Cervantes.

Os dejo con esta versión alternativa de la caída del Rey Brujo. Espero haber hecho un buen trabajo.

Nunca me gusto el frío. Nací y crecí con él. Me dio su primer beso en mi nacimiento e hizo ondear mi cabello el día de mi boda en el gran salón del castillo donde fue celebrada. Me ha visto crecer, de inocente niña a muchacha soñadora; de alocada joven a mujer firme y leal. Y sin embargo jamás llegó a gustarme. Se cuela entre mis ropas hasta morder los mismos huesos estremeciéndome, burlándose de las más gruesas pieles con las que me envuelvo tratando de protegerme. Siempre ha hecho frío aquí en el Norte, en el Reino de Angmar.
Me gusta asomarme por la ventana de mi habitación, contemplar las afiladas cumbres de las montañas que emergen de la tierra a poca distancia de mi balcón. Angmar es una tierra dura, bella en cierto modo, pero áspera, fría y hostil por encima de todo. Se podría pensar que un gigante la forjó a cincel, hendiendo la tierra sin consideración hasta esculpirla tan abrupta y salvaje como las mandíbulas de las bestias que la pueblan.
Mi marido la rige. Yo soy la Reina, aunque no puedo evitar pensar que tan elevado título no es más que una mera formalidad. Mi marido está rodeado de cortesanos aduladores, que le llenan los oídos de consejos y alabanzas por lo que rara vez pide mi opinión para asunto alguno de política del reino. Tampoco me importa demasiado. Dispongo de más tiempo para pasear, leer o cazar liebres con halcón, pasatiempos con los que realmente disfruto. Confío en que el Rey tomará decisiones sabias.
Muchos dicen que mi marido es un hombre cruel. Y quizás lo sea, siempre elegirá el hacha cuando le sea reclamada sentencia para un criminal. Pero hay que tener en cuenta que ningún rey blando conseguiría gobernar esta tierra desolada, y a pesar de lo que se oye, sus súbditos parecen dispuestos a servirle, pues aprecian la seguridad que su fuerte carácter les garantiza. Por otro lado, jamás ha mostrado crueldad alguna hacia mí. De hecho, siempre me ha tratado de un modo muy próximo a la ternura que siempre esperé de mi príncipe cuando era más joven.
También es un hechicero, muchos ya le han condenado por dedicarse a este arte que él emplea en la defensa y protección de nuestro reino. Yo le admiro por ello. Pocos son los que pueden enfrentarse a los impredecibles efectos del saber arcano y, por lo que yo sé, mi marido es especialmente diestro en la magia. En sus ratos libres me ha enseñado algunos trucos, pero es muy celoso de sus conocimientos y ni siquiera puedo llegar a imaginar el verdadero alcance de sus habilidades.
Alguien llama a mi puerta y me retiro de la ventana para recibirle en mi estancia. “Pasad”.
Es una de mis doncellas, una chica tímida de unos dieciséis años, estimo. Se alisa la rígida tela del austero vestido negro mientras esboza una reverencia. “Mi Señora, el Rey requiere vuestra presencia en el Salón del Trono”, musita terminando con otra inclinación. Asiento con un leve movimiento de cabeza. “Dadme un instante”. La doncella me brinda una última reverencia antes de retirarse, cerrando la puerta tras ella. Me giro hacia el espejo, en él veo una dama iluminada por los rayos del débil sol del Norte que se cuelan por la ventana que hay a mi espalda. Mis ojos, sorprendentemente oscuros, muestran la marca de las últimas noches en blanco. Recurro al maquillaje para darle color a mi piel, no quiero incomodar a mi marido.

Paso dos dedos por mi rostro. Muchos me dicen que soy hermosa, pero en mi interior sé que sólo es cortesía. Creo que mis pómulos son demasiado prominentes y mis ojos demasiado grandes para ser bella. Una melena de pelo oscuro, rizado enmarca mi pálida tez cayendo libre sobre los hombros hasta rozar tímidamente la cintura.
literatura, fantasía
Me deslizo dentro de mi más lujoso vestido, una preciosa pieza de seda brillante de color vino que mi marido me regaló el día de nuestra boda. Una capa de armiño, ajustada con una discreta cadena de plata cubre mis hombros. Me recojo el pelo y lo sujeto con una diadema de diamantes. Un collar y unos pendientes terminan de darme el porte real que exige mi marido cuando me convoca ante su Corte.
Los corredores desiertos devuelven el sonido de mis pisadas, cortas y rápidas. Recuerdo cuando no era más que una niña de mejillas sonrosadas y corría por estos mismos pasillos jugando con otros chiquillos de mi edad. De cuando en cuando me cruzo con algún sirviente, que se detiene a mi paso para saludarme con una reverencia a la que contesto asintiendo sin detenerme.
Finalmente llego a las enormes puertas que dan acceso al Salón del Trono. Dos guardias cubiertos por elaboradas armaduras de malla y finos terciopelos la custodian. “La Reina” anuncian mientras tiran de las aldabas incrustadas en las moles de madera para franquearme la entrada. Entro en la sala sintiendo como mi pulso se acelera, como siempre ocurre cuando el Rey me convoca. No sé que tendrá en mente, nunca lo sé.
- Mi Reina – dice observándome desde el elevado sillón dorado que constituye el trono –, estáis muy bella esta mañana.
- Mi Señor es muy amable – contesto con una ligera reverencia que parece complacerle.
- Venid y sentaos conmigo, dama mía. Tenemos importantes asuntos que tratar.
Inmediatamente hace una seña a los soldados que vigilan la estancia y éstos se retiran en silencio. Asciendo al estrado donde se encuentra el trono levantando ligeramente mis ropas para evitar que arrastren y ocupo la silla junto a mi Rey. Mis manos recorren la falda compulsivamente buscando pliegues indeseados que eliminar, delatando mi nerviosismo con su frenético movimiento.
- No debéis temer, mi Reina – me dice casi en susurros mientras me coge el brazo con firmeza –. No habéis hecho nada malo. Alguien tan maravilloso como vos no podría deshonrarme jamás. Estad tranquila entonces. Os he mandado llamar para discutir un asunto de la máxima importancia.
Eso me sorprende, casi nunca me habla de tales cosas. No puedo evitar sentir una profunda curiosidad mezclada con una pizca de impaciencia por desvelar tanto misterio.
Sin más preámbulos me muestra un rollo de pergamino que descansa sobre el brazo izquierdo de su trono.
- Acabo de recibir una asombrosa carta de Sauron el Grande, señor del meridional reino de Mordor. Me envía saludos y… mejor leedlo vos misma.

Rey Brujo de Angmar, Hechicero y Gran Señor de Angmar

Saludos Majestad,

Ha llegado hasta mis oídos noticia de vuestras proezas y poder, atravesando medio continente hasta estas lejanas tierras del Sur abrasadas por el Sol. Y sólo por ello ya os habéis hecho merecedores de mi profundo respeto y deseos de bienaventuranza para vos, vuestra esposa y vuestra gente.
Como muestra de tal reconocimiento me gustaría poder recompensar tal ejemplo de perseverancia y dedicación con un maravilloso presente que espero podáis aceptar. Hace no mucho, grandes herreros elfos bajo mi tutela forjaron anillos mágicos de increíble poder. Mi voluntad es que sean distribuidos entre los más dignos, poderosos y sabios gobernantes de cada pueblo de la Tierra Media. Tres fueron entregados a los Reyes Elfos, siete a los Señores Enanos y nueve han sido reservados para los Hombres. Diez de estos anillos ya están en manos de los destinatarios que elegí para ellos. Estoy seguro de que vos sois el más digno candidato para ostentar el honor de recibir el primero de los destinados a los Reyes de los Hombres, el más poderoso de los Nueve. Por lo tanto, si así lo deseáis, no tenéis más que extender vuestra mano y tomarlo. Si vuestras habilidades mágicas ya son asombrosas merced al esfuerzo que habéis realizado, con este artefacto podrían alcanzar cotas nunca soñadas por ningún Hombre. Vuestra vida mortal sería prolongada hasta la eternidad y ningún enemigo osaría ya desafiar vuestros dominios.
Meditadlo con calma, Majestad, y enviadme vuestra respuesta tan pronto como os sea posible.

Sauron el Grande, Rey de Mordor y Señor de Barad-dûr.

Mi marido toma el pergamino de mis manos, lo enrolla cuidadosamente y lo deja de nuevo sobre el brazo del trono. A continuación se gira de nuevo hacia mí.
- ¿Qué pensáis, mi Señora?
- Su redacción es impecable– aventuro cautelosa –. Mas no sé nada de este Sauron el Grande, pues los hechos que acontecen en el sur rara vez llegan a conocerse en nuestro frío norte. No creo prudente aceptar presentes de alguien a quien apenas conocemos. Tal vez, podría vuestra merced invitarlo a Angmar de forma que nuestro juicio estuviera más fundamentado.
- Eres sabia, mi Reina – me dice sonriendo –. Sabía que vuestra opinión sería acertada. Así se hará pues.
Un par de palmadas y un hombre de mediana edad y espléndida armadura se presenta en la sala, acercándose hasta donde estamos.
- ¿Mi Señor? – habla al fin, entre profundas reverencias.
- Enviad mis saludos al señor de Mordor, general, y comunicadle mis deseos de tenerle como huésped en mi corte para que mi esposa y yo podamos conocerle.
- Como ordenéis – anuncia tras otra inclinación y abandona la sala.
Cerrada la puerta se vuelve hacia mí.
- Sauron es un hechicero, como yo. Como mínimo debo considerar su oferta. Ahora podéis retiraros – concluye con sequedad regalándome un austero beso en la mejilla. Sus labios están fríos.
- Gracias, mi Señor – acepto.
Me inclino y abandono el solitario salón del trono para volver a mis aposentos. De nuevo los corredores vacíos. Siento un escalofrío y trato de resguardarme entre los pliegues de mi capa. El frío parece más intenso ahora.

***

El Señor Sauron de Mordor ha venido con una comitiva muy humilde. De hecho, si no fuera por el estandarte negro que se agita sobre él y la corona de hierro oscurecido que luce, lo habría tomado por un simple viajero.
Sin embargo, ahora que lo veo más de cerca descubro detalles que impiden confundirlo con un anónimo mercader. En seguida muestra un porte elevado y orgulloso, sin dejar de lado que se trata del hombre más guapo que jamás he visto. Algo dentro de mí me advierte; es un hechicero y podría estar engañando a mis ojos con algún encantamiento. No obstante me cuesta resistir la tentación de contemplar su espléndida figura. Me estoy comportando como una niña insensata. En un ejercicio de fuerza de voluntad retiro mi inquisitiva mirada, después de todo, soy una mujer casada y Reina de Angmar.
Su piel es aún más pálida que la de nuestros súbditos, su largo cabello cae sobre los anchos hombros en negros rizos de azabache. Su afilada nariz parece haber sido cuidadosamente perfilada por un experto escultor en su marmóreo rostro. Viste ropas del Norte, pero creo adivinar que está acostumbrado a ropajes más ligeros y frescos. De cualquier manera, soporta su desagrado excepcionalmente bien. En sus ojos negros, un color poco habitual en estas tierras, arde una llama viva que contrasta con la mortal palidez de su tez libiana. Se inclina para besar mi mano
- Mi Señora, Dama de Angmar – susurra con voz suave.
- Recibid mis saludos, señor Sauron, sentíos en vuestro hogar – le interrumpe mi marido, bajando un escalón para acercarse al recién llegado - Sed bienvenido a mi palacio, he ordenado que se os dediquen todas las atenciones. Espero que encontréis esta morada tan acogedora como la vuestra.
Los dos reyes estrechan sus manos. Mi marido pone su mano sobre el hombro del señor del Sur, parece realmente entusiasmado con la visita.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Comentario de un amigo envidioso:
23-04-2005 15:46
Mereces morir por cosas asi ;-)

Genial tio, me gusta mucho, como todo lo literario que haces!

   Historia, intriga...
22-04-2005 19:12
Esta chulo Ilirio!! No he visto el original asiq no puedo contrastarlo, pero el personaje de la Reina es fascinante, esa áurea de preocupación, ansia de poder y a la vez miedo a ella... que la rodea me gusta, además los relatos en primera persona hace que te sientas más adentro de la historia (por lo menos a mi) ;-) Sigue así!!
Saludos!! :-D

   Un gran trabajo
18-04-2005 10:58
Si bien el tipo de narración en primera persona no es de mis favoritas, hay que reconocer que el texto está bien llevado.

Además Ilirio me permitió leer la versión original y me parece que ha hecho un buen trabajo con la traducción.

   Genial como siempre Ilirio!!!!!
18-04-2005 13:35
Tio la verdad es que esta muy chulo este fragmento , y aunque no se como era el original estoy seguro de que con tu manejo del verbo lo has adaptado fielmente , e incluso mejorado para que resultase mas eficaz su lectura .

Como siempre genial tio , sigue escribiendo!!!!!!!!!!!

SALUDOS HERMANO!!!!!!!!!!! >:-)

   Una historia diferente
18-04-2005 22:46
La verdad es q me a gustado mucho al historia, como encara los acontecimientos de la transformacion del Rey Mago en Rey Brujo desde alguien bien cercano al Rey; la Reina. La verdad es q t acabas preguntando q fue d ella más tarde, cuando el Rey Brujo volvió a Angmar transformado para siemrpe.

   mu chulo
18-04-2005 14:17
muy chulo el texto y una traduccion muy correcta... es interesante verlo desde otro punto de vista y de una forma tan interesante sigue asi amigo mio un fuerte abrazo.....



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