|
|
 |
|
---Es cierto ---dijo Nah, pensativamente---. Fue hace mucho tiempo, pero lo recuerdo como si fuese ayer. En fin, acepto vuestra proposición.
---Excelente ---dijo Jhon Krane---. Bueno, tengo cosas que hacer. Os dejo por ahora. Hablad de vuestras cosas mientras se prepara Marie.
El profesor saludó efusivamente y dio media vuelta. Cuando Jhon se perdió en la distancia, Flick miró al cazarrecompensas.
---De acuerdo ---dijo---. Ya que ahora eres el jefe, ¿qué planeas hacer al principio?
---Bueno ---suspiró Nah---, mi idea era ir al planeta Merm y recoger algunas mercancías que no he pagado aún. Tengo un muy buen amigo allí, y diseña unas máquinas absolutamente impresionantes.
---No se hable más ---respondió Flick---, eso es lo que haremos.
---Flick ---dijo Nah, tras unos momentos de silencio---, por favor, me gustaría saber a qué clan perteneces y quién es tu creador.
El androide miró a Klawks, aunque pronto apartó la vista y clavó su mirada en el suelo.
---Ya te he dicho que no puedo contarlo ---dijo---, al menos a alguien en quien no confío plenamente. No me gustaría darle la información a la persona equivocada.
---¿Eso significa que no confías en mí?
---No plenamente, señor Klawks ---dijo Flick---. Aunque pareces honesto, y buena persona. Quizás te lo termine contando, pero de momento no.
---Deja de llamare señor Klawks ---replicó el cazarrecompensas---. A partir de ahora, llámame Nah.
---De acuerdo, señor Kla..., quiero decir, Nah.
En ese momento, oyeron unos pasos detrás de ellos y, mecánicamente, ambos miraron en dirección al lugar donde oyeron el ruido. Entonces, vieron que Marie, vestida con una bata científica y ropas de viaje, se acercaba a ellos con firmeza.
---Buenos días, Nah y Flick ---dijo la chica, animada.
---Buenos días ---dijeron a la vez el androide y el cazarrecompensas.
Marie se quedó mirando durante un largo rato la nave y, de repente, exclamó:
---¿¡Vamos a ir en esto!? ¡Menudo montón de chatarra!
---¡Eh! ---replicó Nah, molesto---. Esta nave es de lo mejorcito que hay en la galaxia. Tiene mal aspecto, es verdad, pero eso es debido a las modificaciones y a estar construida con piezas de diferentes naves.
---¡Venga, Nah! ---dijo Marie, entre risas---. No te lo tomes tan mal. Ya descubriremos su funcionamiento en cuanto despeguemos.
La risa de la doctora contagió al cazarrecompensas y pronto se unió a ella. De repente, Flick empezó a emitir un extraño zumbido que hizo que Nah y Marie le mirasen, preocupados.
---¿Te ocurre algo? ---preguntó la doctora.
---¡Claro que no! ---replicó el androide---. Yo también tengo derecho a reírme, ¿no?
---¿Te estabas riendo? ---exclamó Nah, arqueando las cejas---. Es la primera vez que conozco a un cyborg capaz de reír.
---Y no soy el único, puedo asegurártelo.
Los tres compañeros siguieron charlando durante largo rato hasta que el profesor Krane regresó a la nave de Nah. Jhon iba acompañado del general Sánchez, que saludó a Klawks con la cabeza y sonrió a Marie.
---Bien ---dijo Jhon---, es la hora. Debéis partir ya. Recordad que el destino de las galaxias ocupadas está en vuestras manos. Creo que Raúl os quiere decir algo.
---Así es ---respondió Sánchez---. Sólo quería desearos suerte y rogaros que tengáis cuidado. Recordad que los esbirros del Emperador están por todas partes. Mantened los ojos abiertos y no os fiéis de los desconocidos. Ya conocéis las coordenadas donde nos encontramos. En cuanto cumpláis la misión, enviadnos un mensaje.
Raúl calló y el profesor Krane le dio una leve palmada en el hombro antes de dirigirse a los tres misioneros.
---Bien, creo que ya está todo ---dijo, y miró repentinamente a Nah. Jhon cogió una pequeña bolsita y se la lanzó al cazarrecompensas---. Se me olvidaba, ahí tienes la mitad de tu recompensa, 500.000 créditos.
---¿500.000 créditos? ---exclamó Klawks---. ¡Eso hace un total de 1.000.000 de créditos! Es excesivo, profesor Krane.
---No, no lo es. Te juegas mucho en esta misión, hijo. Esa recompensa es justa.
---En fin, gracias, profesor Krane ---dijo Nah.
Jhon se atusó la barba y mirar con orgullo a Nah, Flick y Marie.
---Bueno ---dijo---, es la hora. Tenéis que partir ya. No nos podemos demorar por más tiempo. Vosotros sois la última esperanza que nos queda. Recordad que nos mantendremos en contacto. Buena suerte.
Klawks inclinó la cabeza respetuosamente y se adentró en el interior de su nave, seguido de Flick y Marie, quienes también se despidieron de Jhon Krane y de Raúl Sánchez. Nah conectó el generador central del vehículo y los propulsores respondieron con un rugido y una llamarada azul. Rápidamente, la nave se elevó unos metros sobre el suelo y giró en redondo hacia la puerta, que permanecía cerrada. Cuando Jhon, Raúl y las demás personas que estaban en el hangar se retiraron, las puertas se abrieron y permitieron a la nave salir de la base e internarse en el espacio, rumbo al planeta Merm.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|