Migajas de Dioses (II) |
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25-04-2005 23:36
Por: Valente
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Los árboles se elevaban decenas de metros, formando una irregular sucesión de grandes columnas que sostenían una bóveda de ramas y hojas entre la que apenas podían colarse algunos rayos de sol. El heterogéneo grupo de cuatro miembros (cinco si contamos a la cucaracha real Ralthas) avanzaba en completo silencio entre los troncos, comandado por el paso sereno de Baruc.
-Perdone que le moleste, pero ¿dóndeestamosexactamente? –preguntó Marcus, tocando la espalda de El Ungido.
-Estamos en el camino, Marcus –contestó Baruc, que por un segundo pareció que no iba a decir nada más, aunque, tras reconsiderarlo, agregó:- Estamos en la Zarpa, en la zona boscosa más al Norte, cerca de los Acantilados de Almaria.
-Ah –dijo Marcus, con el ceño fruncido y rascándose la cabeza- ¿Esta eso cerca de Pangos?
-A miles de kilómetros –contestó Alejandro, rascándose la barba que empezaba a despuntar en su barbilla, sin ocultar su sorpresa. No había tenido ningún problema en visualizar un mapa de Tartessos y solucionar la duda del campesino- ¿Queréis decir que habéis atravesado toda esa distancia en escasos segundos? ¡Ni siquiera un ferrocarril de fuegovapor a pleno rendimiento es capaz de recorrer ese trecho en menos de dos semanas!
-¿Qué son las distancias para los Dioses omnipotentes, mi descreído amigo? –contestó Baruc, encogiéndose de hombros como si aquel milagro no tuviera importancia alguna.
-Pero… Estamos muy lejos de Pangos, denuestrohogar –protestó Marcus, que seguía con la boca abierta y haciendo grandes aspavientos con sus manos, lo que le hacía parecer como un gran molino- ¿Cómo llegaremos a casa?
-Nuestra casa está con El Ungido –dijo Luara. Con él tendremos todo lo que podemos desear.
-Jovencita, meempiezas a ponernervioso… -Marcus mesó sus cabellos y lanzó un bufido, aunque rápidamente apartó su mirada de la de su hija, que se había detenido y lo miraba con su rostro aniñado cargado de rabia y los brazos apoyados en las caderas.
-Tranquilos –interrumpió la discusión Baruc, dándose la vuelta y alzando los brazos en un gesto de paz-. No os preocupéis ni discutáis. Cuando acabemos este viaje, todos podremos volver a casa, a disfrutar de nuestro merecido descanso. Hasta entonces os pido que me acompañéis sin temor y con alegría.
La petición surtió efecto aparentemente y los aludidos dejaron de discutir y empezaron a caminar de nuevo. Alejandro había observado la escena sin querer intervenir y simplemente se puso en la retaguardia, siguiendo atentamente la manera en la que Marcus arrastraba sus pies, vencido de nuevo por las circunstancias.
Los grandes árboles se inclinaban sobre ellos, ocultando el paso del tiempo y murmurando la letra olvidada de la canción de la naturaleza, que los humanos hacía tiempo que habían olvidado cómo interpretar. El variopinto grupo escuchaba los sonidos del bosque, siguiendo su melodía tranquila y dejando que su mente deambulara por el lugar donde la luz y las hojas se mezclaban formando extrañas figuras. Las primeras hojas del otoño caían sobre el suelo, creando una parda y húmeda alfombra que amortiguaba el sonido de sus pasos; daba la sensación de que el mismo bosque se estaba asegurando de que pudieran escuchar su melodía. Inmersos en un respetuoso silencio, caminaron durante varias horas hasta que Baruc decidió hacer un alto para encontrar algo de comer.
-Mi hija y yo buscaremos algo –dijo Marcus, cogiendo de la mano a Luara y empezando a caminar. Aunque la mujer pareció dudar un instante, finalmente accedió a acompañarlo. Segundos después, ambos desaparecieron tras la recta silueta de los troncos.
Baruc, sin decir nada, se sentó sobre el suelo y cerró los ojos, entrando en su habitual trance. Alejandro, viendo que se había quedado solo, se dedicó a buscar algo de madera por los alrededores, observando de reojo al profeta.
Los dos campesinos se adentraron en el bosque, buscando algo que poder llevarse a la boca. Padre e hija no sabían demasiado de aquel terreno, pero Luara había aprendido mucho de plantas comestibles y Marcus era bastante hábil cazando algunas piezas menores. Nada más llegar a aquel lugar, había preparado un tirachinas con el que estaba seguro que podría abatir algún pequeño animal.
Comenzaron a recoger algunas setas que la mujer consideró comestibles. Por la época del año, otoño, eran abundantes y tenían buen aspecto, por lo que pronto llenaron los amplios pliegues de sus túnicas. A Marcus casi se le cayeron todas cuando divisó una liebre. Se agachó, hincando una rodilla en el suelo y depositándolas sobre el suelo, y sacó de un bolsillo su tirachinas. Dispuso una piedra afilada en el disparador y tensó la goma todo lo que pudo. Tenía muy buena puntería y estaba seguro que a aquella distancia no podía fallar.
Cuando disparó, vio como el proyectil volaba directo hacia su objetivo. Había realizado un tiro casi perfecto, pero nunca llegó a impactar en la cabeza de la pequeña liebre. En su camino se había interpuesto una oscura figura, que recibió el golpe sin inmutarse. Marcus alzó la cabeza para encontrarse con un humanoide, cubierto de hojas y barro. Sus ojos verdes brillaban maliciosamente y su boca sin labios se combaba en una sonrisa abierta y sin dientes, tras la que se abría un pozo de negrura. Pronto llegó hasta el campesino, como un mazazo sobre su estómago, el pútrido olor que desprendía.
Poniéndose de pie de un salto, Marcus comenzó a retroceder, mientras buscaba con la mirada la ubicación de Luara. La muchacha apareció instantes después, llamándolo a voz en grito.
-¡Papá! ¿Dónde estás? ¡He encontrado más setas! Ven a…
Las palabras murieron en su garganta con un bufido de sorpresa. Se había detenido a escasos metros del horrible monstruo y lo observaba muda de asombro y repulsión. La criatura giró la cabeza hacia ella sin mover el cuello y su sonrisa pareció ensancharse un poco más, aunque seguía siendo incapaz de transmitir sentimiento alguno: era como si un par de ganchos la mantuvieran antinaturalmente abierta.
-¡Luara, corre! –gritó Marcus. Pero la muchacha estaba completamente paralizada, mirando como aquel monstruo comenzaba a andar hacia ella con un brillo lascivo bailando en sus ojos. Contempló con horror como una lengua bífida surgió de su boca, relamiéndose el rostro.
Luara quería escapar de allí, salir corriendo, pero el terror había paralizado sus piernas y soltado sus intestinos. Tenía ganas de llorar mientras veía como aquel repulsivo homínido se acercaba relamiéndose paso a paso hasta ella, alargando su mano para alcanzarla. El fétido olor que desprendía hubiera bastado para hacerle perder la conciencia, pero la adrenalina la mantuvo en pie, dolorosamente consciente de su situación.
Marcus saltó sobre la criatura, derribándola y cayendo sobre ella, consiguiendo además que la joven recuperara el control sobre sí misma. El campesino había embestido como un toro al ver a su hija en peligro y ahora se golpeaba frenéticamente el cuerpo de su enemigo con sus enormes puños. Luara se acercó y trató colaborar con su padre propinándole patadas a la apestosa criatura, al mismo tiempo que gritaba pidiendo ayuda.
Marcus hundía sus nudillos una y otra vez en el húmedo y pegajoso rostro de la criatura, completamente deformado por los impactos. Su piel tenía la consistencia del barro, aunque por el olor parecía como si estuviera compuesta de excrementos. A pesar del castigo, que probablemente hubiera podido matar a un ser humano, la criatura no emitía quejido de dolor alguno y ni siquiera sangraba. Sus ojos verdes permanecían ocultos bajo los pliegues de barro que los cubrían y únicamente su boca, todavía deformada en aquella horrible sonrisa, seguía manteniendo el mismo aspecto.
Marcus se apartó de la criatura, creyendo que la había matado o dejado inconsciente, pues estaba completamente quieta. Aquel horrible olor había impregnado todo su cuerpo, inundando sus sentidos. En la tensión del enfrentamiento no había sido completamente consciente de él, pero ahora el insoportable hedor se introducía por sus fosas nasales, llegando hasta su estómago y revolviéndolo como un golpe físico. Sintió una potente arcada y sin poder aguantarlo más, vomitó sobre el suelo.
Luara contuvo sus propias arcadas y fue a auxiliar a su padre. En aquel momento, el monstruo abrió los ojos y deformó su cuerpo para ponerse en pie a una velocidad asombrosa. Marcus, incapacitado por las fuertes convulsiones de su estómago, no pudo evitar el puñetazo que le propinó en la sien y cayó al suelo como un fardo. Mientras que su cuerpo era blando, las manos de aquel humanoide parecían estar hechas de piedra.
Eliminado su mayor contrincante, el ser de excrementos centró de nuevo su lúbrica atención en la joven, lanzando una mano y cogiéndole el brazo para impedir que escapara. Lanzando una vaharada de fétido aliento sobre su rostro, trató de rasgarle la túnica.
Luara, que hasta entonces no había entendido cuáles eran las verdaderas atenciones de la criatura, comenzó a gritar completamente desesperada, tratando de librarse de aquellas manos que trataban de desnudarla. Luara trató de abrir la mano que sujetaba su antebrazo, pero era como una tenaza de piedra. Cercana a la locura y al puro instinto de supervivencia, contempló con completo horror como algo crecía en la entrepierna de la criatura y un resorte saltó en su cabeza, proporcionándole una extraña lucidez. Decidió lanzar sus dedos contra los ojos de la criatura que apartó su rostro con facilidad, evitando el ataque. Sin embargo, el arañazo sólo había sido una distracción. El parpadeo involuntario de su enemigo había dado a la mujer una oportunidad única para lanzar un certero e inevitable rodillazo entre sus dos piernas.
La rodilla se hundió completamente en la corrompida carne, destrozando y aplastando a su paso cualquier cosa que allí hubiera existido segundos atrás. El profundo rugido de dolor que lanzó la criatura demostró que esta vez sí que había sentido el golpe; cayendo al suelo, comenzó a bramar, retorciéndose sin control en terribles espasmos.
Libre de la presa, Luara escupió con rabia a la gimiente criatura y corrió hasta su padre para ayudarle a levantarse. Tardó unos segundos en conseguir que el campesino se incorporara sobre una rodilla y finalmente se levantara. La joven observó con preocupación el hilillo de sangre que brotaba de una herida de su pómulo, pero se sintió más tranquila al comprobar que el hombre era capaz de mantenerse en pie.
Marcus seguía atontado y tardó en darse cuenta de que debían huir. Empezó a corretear torpemente, sin ser capaz de controlar sus piernas. El bosque entero daba vueltas en su cabeza, como si un niño travieso hubiera agitado la urna del mundo. Las palabras que su hija le gritaba se perdían bajo un agudo silbido que emitían sus oídos y únicamente se limitaba a asentir, siguiéndola con dificultades.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Todavía estamos en el comienzo |
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30-05-2005 20:09 |
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Un segundo capítulo muy interesante. La acción de la lucha está muy bien llevada, pero espero que seas consciente de la duda que has inducido en el lector sobre la honorabilidad de Baruc. El hecho de que no les ayude le ha dejado en mal lugar.
Por lo demás, mantiene el nivel de calidad y engancha. No se puede decir nada más porque, en realidad todavía estás presentando a los personajes, pero nada de la historia.
A ver el siguiente capítulo.
Eso sí, hay unos detallitos que corregir:
Creo que quedaría mejor el diálogo de Marcus si unieses las vocales en una sola y te comieses alguna letra, de esta forma:
En vez de: "Perdone que le moleste, pero ¿dóndeestamosexactamente? –preguntó Marcus"
poner:"Perdone que le moleste, pero ¿dóndestamoxactamente? –preguntó Marcus"
La frase se entiende perfectamente y define mejor la voz atropellada de Marcus.
"El campesino había embestido como un toro al ver a su hija en peligro y ahora <<se>> golpeaba frenéticamente el cuerpo de su enemigo con sus enormes puños."
El <<se>> sobra.
"Luara, que hasta entonces no había entendido cuáles eran las verdaderas <<atenciones>> de la criatura, comenzó a gritar completamente desesperada, tratando de librarse de aquellas manos que trataban de desnudarla."
Querías decir <<intenciones>>, ¿no?
"Supo que en breve serían suyos. Sus manos pétreas se cerraron con fuerza, dispuestas a <<asentar>> un golpe en cuanto se pusieran a su alcance."
¿No quedaría mejor <<asestar>>?
"Tratábamos de recoger algo de comida como nos había pedido Baruc y apareció. Estábamos tan ocupados que <<no>> nos dimos cuenta de que se acercaba hasta que estaba casi a nuestro lado"
Te faltaba ese <<no>>
Pues eso, un saludo
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30-04-2005 19:13 |
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Como ya te ha comentado gutxi esos pequeños errores en ese pasaje, no voy a decir nada al respecto. Tambien jerjes tiene razon, describes dos veces el ataque de alejandro, provocando una confusion en el tiempo de la historia, que me ha parecido como si hubiese vuelto al parrafo anterior. De todas formas esta escrito con muy buena calidad y no le falta de nada aunque los acontecimientos, a mi parecer, van un poco lentos. Espero la proxima entrega.
Un saludop.
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mmmhh... ^____^ |
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29-04-2005 05:02 |
a ver, valente...
antes de nada, aclarar que me parece muy bueno...
pero...
Argumentalmente creo que está muy bien, vas desarrollando la historia con interés y me gusta lo que voy leyendo...aunque creo que Baruc se me aparece en este capítulo totalmente diferente a como lo hacía antes... parece como si de repente hubieras decidido que alejandro es el bueno a mitad de novela...
Además, creo que te falta una revisión bastante profunda. He visto repeticiones, bastantes fallitos y una redacción que en ocasiones no me ha convencido demasiado, no tan cuidada como suele serlo la tuya, sobre todo en la parte del bosque. La pelea no es tan fluida y la explicación de las inhubestias se hace un poco forzada...
Pero que conste que te juzgo en función de lo que espero de ti
Como muestra un botón:
Marcus saltó sobre la criatura, derribándola y cayendo sobre ella, consiguiendo además que la joven recuperara el control sobre(DE) sí misma. El campesino había embestido como un toro al ver a su hija en peligro y ahora se(SE? CREO QUE SOBRA) golpeaba frenéticamente el cuerpo de su enemigo con sus enormes puños. Luara se acercó y trató (FALTA UN DE) colaborar con su padre propinándole(LE, A LA CRIATURA SE REPITE, NO?) patadas a la apestosa criatura, al mismo tiempo que gritaba pidiendo ayuda.
Pero te repito que me ha encantado y muchas gracias por compartirlo! ^_______^
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GENIAL |
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27-04-2005 13:45 |
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Muy bueno, en la línea del primer capítulo. Me he quedado con ganas de saber más porque apenas ha avanzado la historia.
Como pega, te diré que el ataque de la criatura me ha parecido un poco largo, aunque no llega a hacerse pesado.
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Muy bueno |
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28-04-2005 12:09 |
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Me ha gustado mucho esta parte. Parece que tienes encarrilada la novela, con buen ritmo y personajes bien definidos. La escena de acción está bien, pero no entiendo por qué explicas dos veces el ataque de Alejandro, si ya estaba claro. En mi opinión es un pasaje innecesario.
Esperaremos con ansia la tercera parte.
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Vaya festín que me voy a dar, je, je |
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27-04-2005 15:10 |
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Hmm, se estaba pasando la hora, pero por suerte ya tenemos el segundo capítulo, así que lo leo y te cuento. Un abrazo, brother.
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