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Migajas de Dioses (II)


Relatos de Fantasía

25-04-2005 23:36
Por: Valente



techAlejandro se une al peculiar grupo de apóstoles El Ungido. La peregrinación verá interrumpida p
Mientras trataban de poner distancia entre el ser que les había atacado y ellos, éste ya se estaba recuperando. Se había puesto en pie, y aunque seguía rugiendo encolerizado, había logrado controlar el dolor. Se lanzó a la carrera, devorando a una velocidad endiablada los metros de distancia que lo separaban de aquellos dos enemigos que tanto dolor le habían causado.

El ser saltó con facilidad un tronco derribado, dando muestra de una impresionante agilidad. Recortando metros a sus presas a cada zancada, volvió a relamerse con su lengua viperina. Esquivó con un escorzo imposible un imponente tronco y vio por primera vez a Marcus y a Luara a escasos metros de distancia, sin que nada se interpusiera en su camino. Supo que en breve serían suyos. Sus manos pétreas se cerraron con fuerza, dispuestas a asentar un golpe en cuanto se pusieran a su alcance.

Cuando sólo faltaban unos metros para llegar hasta los dos, Alejandro surgió frente a él y lo golpeó en el rostro con una gran rama. Escondido tras un grueso árbol, el monje había esperado el momento idóneo para lanzar su ataque. El madero se estampó a la altura de sus ojos y detuvo su carrera en seco. O al menos la de parte de su cuerpo, ya que sus piernas siguieron la inercia, mientras su tronco superior se quedaba clavado. El resultado fue una ruidosa y poco elegante caída de espaldas.
Con una velocidad sorprendente, Alejandro volvió a blandir la estaca para clavarla en esta ocasión en el pecho de la postrada criatura. El arma atravesó las diversas capas de barro, haciendo crujir algo en su camino y se clavó en el suelo con fuerza.
Si bien el primer golpe sólo había tenido la virtud de detener el camino del oloroso monstruo, el segundo sí que dio resultados más evidentes. Gritando de dolor y frustración, éste trataba sin éxito de arrancarse el trozo de madera, pataleando y lanzando sus garras, tratando de herir a Alejandro.

El monje observó la escena lanzando un resoplido nervioso, controlando el quejido de su estómago cuando el infecto olor llegaba hasta su nariz. No podía creer que le hubiera salido bien aquella jugada. Cuando escuchó los gritos de auxilio esperó alguna reacción de Baruc, pero éste seguía sumido en un profundo trance y ni siquiera se inmutó cuando se confundieron los gritos de aviso con los de puro terror.
Viendo que no podía esperar nada de El Ungido, agarró la primera rama que encontró en su camino. Escuchó los sonidos de la pelea y el agudo grito de Luara y poco después aquel gutural rugido que reconoció de inmediato y que le sirvió para saber cómo debía actuar. Vio a Luara y a Marcus huir y, siguiéndoles de cerca, a la criatura de fango y excrementos. Se escondió tras el árbol y espero a que padre e hija pasaran a su lado. Era cuestión de suerte que aquella bestia escogiera aquel mismo camino: jugó y ganó. Cuando escuchó los pasos hundiéndose entre las hojas, saltó y lanzó el ataque que tenía previsto y había que admitir que le había salido a la perfección.

Pero no había tiempo que perder. Buscó una gran piedra en las cercanías y tras lanzar un rápido vistazo la encontró.
-¡Marcus, ven! –gritó, viendo que la roca que había encontrado era demasiado grande y pesada para él.
El campesino y su hija acudieron temerosos a su llamada. Aunque habían visto la maniobra que había dejado aparentemente indefensa a su implacable perseguidor, seguían observando con recelo sus pataleos y estertores. Finalmente, Luara empujó suavemente a su padre y le conminó con la mirada para que se acercara al sacerdote, que esperaba de cuclillas junto a la piedra.

Marcus dio unos pasos hacia la roca, sin dejar de mirar a la agonizante criatura ensartada en el suelo. Dio un salto hacia atrás cuando pareció que podría llegar a soltarse, pero pronto comprendió que la estaca debía haber atravesado algún punto que la dejaba prácticamente inmóvil. Ganando algo de confianza, llegó hasta Alejandro y observó la túnica manchada de barro y excrementos que éste se había arremangado sobre sus piernas para que no le molestara a la hora de levantar la piedra. Sus piernas, finas, blancas y de poco pelo, quedaban al descubierto. Por alguna razón que desconocía, a Marcus la escena le resulto graciosa y aunque trató de reír, su garganta sólo dejó escapar un carraspeo nervioso. Finalmente, se agachó y coordinando su mirada con la de su compañero, izaron la roca. El resto estaba claro. La roca debía pesar treinta o cuarenta kilos, tal vez algo más.
Se acercaron a la bestia de barro, que viendo sus intenciones trató en vano de retorcerse y escapar con las exiguas fuerzas que le quedaban. No sirvió de nada. La pesada piedra cayó sobre su cabeza, haciéndola estallar en una nube de fétidas deposiciones y légamo. El resto de su cuerpo se disolvió formando una apestosa montaña residual. La única prueba de la forma que había adquirido segundos atrás era un esqueleto de madera, quebrado en el lugar por donde la estaca lo había atravesado y lo que parecía un palpitante corazón de piedra.
-¿Os encontráis bien? –preguntó Alejandro, limpiando las salpicaduras de cieno que se habían adherido a su barba y su piel. Una vez muerta la criatura, el repulsivo olor había desaparecido en parte, pero seguía siendo desagradable respirar en las cercanías de los restos. Los tres se alejaron unos metros.


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Marcus se derrumbó, apoyando la espalda contra un árbol y lanzando un profundo suspiro. Su pómulo había dejado de sangrar, pero a cambio se estaba hinchando como un globo.
-Bueno, veo que estáis bien, salvo algún golpe que otro. Tenéis suerte, estas criaturas son tremendamente fuertes y bastante astutas. Un encuentro con ellos suele tener peores resultados. ¿Cómo os la encontrasteis?
-Por casualidad –contestó Luara, arrodillándose junto a su padre y pasándole con cariño la mano por la frente. La joven tenía su larga melena negra llena de barro y el forcejeo que había mantenido con la criatura le había dejado algún pequeño corte en los brazos, pero a grandes rasgos se encontraba perfectamente-. Tratábamos de recoger algo de comida como nos había pedido Baruc y apareció. Estábamos tan ocupados que nos dimos cuenta de que se acercaba hasta que estaba casi a nuestro lado.
Luara detuvo su narración con un carraspeo. Su voz se volvió más dubitativa y parecía ciertamente avergonzada.
-Quiso violarme, creo –dijo con un hilillo de voz. Marcus la miró pero no dijo nada: se limitó a abrazarla. El campesino parecía demasiado impactado por la experiencia como para hablar sobre ella.
-Oh –acertó a decir Alejandro-.Vaya, sabía que estas criaturas eran puro instinto, pero nunca pensé que tuvieran ese tipo de deseos.
-Pero ¿qué son exactamente? –dijo por fin Marcus, pidiéndole a su hija que le ayudara a ponerse en pie.
-Bueno, son lo que has visto. Un esqueleto animado, sobre el que se arremolinan, a modo de piel y músculos, algunos elementos residuales. Supongo que sabréis lo que son las corrientes mágicas ¿no?
-Poco. Algo hemos escuchado del curandero del pueblo –dijo Luara, frunciendo el entrecejo, como si estuviera estrujando su cabeza en busca de recuerdos.
-Bueno, a grandes rasgos, las corrientes mágicas atraviesan el mundo. Hay dos tipos de corrientes: las de magia positiva y las de magia negativa. Cuando dos corrientes opuestas confluyen se crean unas poderosas borrascas mágicas, que son las principales causantes de que estas criaturas, llamadas inhubestias, nazcan. Para que una inhubestia sea creada hace falta que la borrasca mágica active unas piedras de contención que se encuentran por todos los rincones de nuestro mundo. Cuando estas piedras quedan cargadas, muestran unas características prodigiosas. La más destacable de todas ellas es que alcanzan una especie de conciencia, que les sirve para construir a su alrededor un cuerpo, a imagen y semejanza de los seres vivos que han pasado junto a ellas, gracias a una especie de memoria visual. En nuestro caso, nos hemos encontrado con una inhubestia de tierra, que además era capaz de desprender un mal olor considerable.
-¿Cómosabestodo esto? –preguntó acelerado Marcus. El campesino tocaba con sus manazas la herida de su pómulo, para comprobar si le seguía doliendo. Por el quejido de dolor que emitió, estaba claro que sí.
-No lo sé, esto forma parte de los recuerdos que conservo, pero no sé dónde lo aprendí o cómo –contestó Alejandro, encogiéndose de hombros. El monje parecía cansado después del combate. Se rascó la incipiente barba castaña, como si no estuviera acostumbrado a ella.
-¿Hay más inhubestias de esas por esta zona? –preguntó preocupado Marcus.
-No lo sé, aunque a veces estas criaturas pueden llegar a formar pequeñas tribus, su propia naturaleza hace difícil predecir dónde te puedes encontrar con ellas. Sé que este lugar tiene una alta concentración de piedras argénteas, las que les sirven de corazón, por lo que es más probable encontrarse con ellas.
-¿Dónde está El Ungido? –preguntó Luara. La muchacha había conseguido ya tranquilizarse y sus pensamientos volaban hacia el profeta. A pesar del barro que cubría su rostro y las perlas de sudor que se deslizaban por la blanca piel de su cuello, Alejandro no pudo evitar pensar que era verdaderamente hermosa y sus grandes ojos verdes cautivadores. Se rascó la barba, molesto por estos pensamientos, y chasqueó los labios antes de contestar.
-Cuando me marché seguía sumido en ese extraño duermevela que le asalta de vez en cuando. No sé si se habrá dado cuenta de nada.
-Sí que lo he hecho, mi querido amigo –contestó Baruc, apareciendo detrás de un árbol. Apenas había hecho ruido alguno al acercarse. Sus ojos negros resplandecían tranquilos, tan fríos como una veta de obsidiana. En aquel momento se mostraban como los de un gato distraído y pasota. El profeta se acercó al grupo y apoyó su mano en el hombro de Luara, la cual sonrió con adolescente adoración-. Me ha gustado como os habéis de defendido contra la criatura. Ahora sé que puedo confiar en vosotros.

Alejandro alzó una ceja, mostrando una expresión sorprendida y enojada al mismo tiempo.
-¿Quieres decir que sabías lo que estaba ocurriendo y aun así no has hecho nada?
-Oh, vamos, mi buen Alejandro, no seas tan suspicaz –Baruc alzó las manos, como si quisiera pedir una tregua-. No supe que Marcus y Luara podrían estar en peligro. Estaba hablando con Ellos. Pero cuando todo ocurrió supe de inmediato lo que había pasado, pues me fue desvelado. Los Dioses os pusieron a prueba y habéis sabido superarla. Deberíais sentiros exultantes.

Si Alejandro pensó en contestarle, finalmente se lo pensó mejor. Cabeceó con irritación y se dio la vuelta, alejándose de la escena, mientras farfullaba unas pocas palabras ininteligibles.

Marcus observó la escena sin decir nada. Le enfurecía que el profeta no hubiera hecho nada cuando Luara estaba en peligro, pero estaba demasiado cansado y asustado como levantar la voz. Decidió esperar a que se presentara una ocasión más propicia. De momento, sabía que su hija no admitiría marcharse, pero confiaba en que pronto abriría los ojos y se daría cuenta con que clase de demente se estaban mezclando. Porque si algo tenía claro Marcus era que Baruc estaba mal de la cabeza y era peligroso para los que lo rodeaban: la criatura de fango y los Supresores eran suficiente muestra de ello. Por mucho apoyo que Los Dioses pudieran darle.
El campesino fue a recuperar los troncos que había recogido antes del encuentro con la criatura de cieno. Se rascó el pelo verde, lleno todavía de restos de barro. Necesitaba un buen baño para quitarse aquel hedor.

+++

Dos días después, sin haber tenido más incidentes que contar salvo algunas ampollas y dolores en las articulaciones, el heterogéneo grupo llegó a las puertas de Tenas. Habían dejado atrás el bosque unas horas antes y atravesado los extensos campos de cultivo de los que se abastecían los habitantes de la urbe.

Los altos muros de la ciudad estado rodeaban una amplia colina. Los marmóreos edificios trepaban por la falda de la elevación, hasta la cúspide, donde el magnífico edificio de la gobernación parecía vigilar la llanura. Si las historias que contaban eran ciertas, desde su torre más alta, una enorme espiga que debía alcanzar casi los setenta metros de alto, podían verse todas las tierras de Tenas y así advertir a sus habitantes de la eventual llegada de cualquier enemigo.

Marcus observó los níveos edificios con la boca abierta. Desde su perspectiva, la ciudad parecía una blanca colmena de piedra. Cuando su mirada se posó sobre los robustos muros del edificio que coronaba la colina, dejó escapar un silbido de admiración.
-La blanca Tenas… –dijo Alejandro, observando la reacción de Marcus. El monje frunció el ceño, como si tratara de recordar algo. Finalmente se acarició los pelos de su barba castaña y suspiró. La ciudad resplandecía como una estrella a la luz del sol.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Todavía estamos en el comienzo
30-05-2005 20:09
Un segundo capítulo muy interesante. La acción de la lucha está muy bien llevada, pero espero que seas consciente de la duda que has inducido en el lector sobre la honorabilidad de Baruc. El hecho de que no les ayude le ha dejado en mal lugar.

Por lo demás, mantiene el nivel de calidad y engancha. No se puede decir nada más porque, en realidad todavía estás presentando a los personajes, pero nada de la historia.
A ver el siguiente capítulo.

Eso sí, hay unos detallitos que corregir:

Creo que quedaría mejor el diálogo de Marcus si unieses las vocales en una sola y te comieses alguna letra, de esta forma:
En vez de: "Perdone que le moleste, pero ¿dóndeestamosexactamente? –preguntó Marcus"
poner:"Perdone que le moleste, pero ¿dóndestamoxactamente? –preguntó Marcus"
La frase se entiende perfectamente y define mejor la voz atropellada de Marcus.

"El campesino había embestido como un toro al ver a su hija en peligro y ahora <<se>> golpeaba frenéticamente el cuerpo de su enemigo con sus enormes puños."
El <<se>> sobra.

"Luara, que hasta entonces no había entendido cuáles eran las verdaderas <<atenciones>> de la criatura, comenzó a gritar completamente desesperada, tratando de librarse de aquellas manos que trataban de desnudarla."
Querías decir <<intenciones>>, ¿no?

"Supo que en breve serían suyos. Sus manos pétreas se cerraron con fuerza, dispuestas a <<asentar>> un golpe en cuanto se pusieran a su alcance."
¿No quedaría mejor <<asestar>>?

"Tratábamos de recoger algo de comida como nos había pedido Baruc y apareció. Estábamos tan ocupados que <<no>> nos dimos cuenta de que se acercaba hasta que estaba casi a nuestro lado"
Te faltaba ese <<no>>


Pues eso, un saludo

   ...
30-04-2005 19:13
Como ya te ha comentado gutxi esos pequeños errores en ese pasaje, no voy a decir nada al respecto. Tambien jerjes tiene razon, describes dos veces el ataque de alejandro, provocando una confusion en el tiempo de la historia, que me ha parecido como si hubiese vuelto al parrafo anterior. De todas formas esta escrito con muy buena calidad y no le falta de nada aunque los acontecimientos, a mi parecer, van un poco lentos. Espero la proxima entrega.

Un saludop.

   mmmhh... ^____^
29-04-2005 05:02
a ver, valente...
antes de nada, aclarar que me parece muy bueno...
pero...

Argumentalmente creo que está muy bien, vas desarrollando la historia con interés y me gusta lo que voy leyendo...aunque creo que Baruc se me aparece en este capítulo totalmente diferente a como lo hacía antes... parece como si de repente hubieras decidido que alejandro es el bueno a mitad de novela...

Además, creo que te falta una revisión bastante profunda. He visto repeticiones, bastantes fallitos y una redacción que en ocasiones no me ha convencido demasiado, no tan cuidada como suele serlo la tuya, sobre todo en la parte del bosque. La pelea no es tan fluida y la explicación de las inhubestias se hace un poco forzada...

Pero que conste que te juzgo en función de lo que espero de ti ;-)

Como muestra un botón:
Marcus saltó sobre la criatura, derribándola y cayendo sobre ella, consiguiendo además que la joven recuperara el control sobre(DE) sí misma. El campesino había embestido como un toro al ver a su hija en peligro y ahora se(SE? CREO QUE SOBRA) golpeaba frenéticamente el cuerpo de su enemigo con sus enormes puños. Luara se acercó y trató (FALTA UN DE) colaborar con su padre propinándole(LE, A LA CRIATURA SE REPITE, NO?) patadas a la apestosa criatura, al mismo tiempo que gritaba pidiendo ayuda.

Pero te repito que me ha encantado y muchas gracias por compartirlo! ^_______^

   GENIAL
27-04-2005 13:45
Muy bueno, en la línea del primer capítulo. Me he quedado con ganas de saber más porque apenas ha avanzado la historia.
Como pega, te diré que el ataque de la criatura me ha parecido un poco largo, aunque no llega a hacerse pesado.

   Muy bueno
28-04-2005 12:09
Me ha gustado mucho esta parte. Parece que tienes encarrilada la novela, con buen ritmo y personajes bien definidos. La escena de acción está bien, pero no entiendo por qué explicas dos veces el ataque de Alejandro, si ya estaba claro. En mi opinión es un pasaje innecesario.

Esperaremos con ansia la tercera parte.

   Vaya festín que me voy a dar, je, je
27-04-2005 15:10
Hmm, se estaba pasando la hora, pero por suerte ya tenemos el segundo capítulo, así que lo leo y te cuento. Un abrazo, brother.



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