|CINE Y DVD| VIDEOJUEGOS | MÚSICA| LITERATURA | COMICS | MANGA|TECNOLOGÍA|TIEMPO LIBRE
|    DRAGONMANIA     |   Juegos de rol   |   Miniaturas   |   Juegos de cartas   |   Literatura  |  Juega y Fórrate 
| Publicidad | Concursos | Foros |
  Noticias |  Artículos |  Batallitas |  Opinión |  Guía del Rol |  Juegos de Rol |  Módulos |  Análisis |  El Saco de Dados |  Actividades |  La Galería |  Juegos para tu móvil |  Tienda Rol

El declive del Imperio (IV): El pacto de los traidores


Relatos

11-07-2005 22:36
Por: ladyagatha

Creyendo ingenuamente que de alguna manera puede salvar a la hija del Emperador, Edver ha enviado a sus caballeros a rescatarla. Mientras tanto, él viaja hasta el bosque de Dido para encontrarse con los suyos, desconociendo por completo las verdaderas intenciones de sus propios aliados...

El próximo capítulo: La batalla de Anthilión


El declive del Imperio (IV)
- Edver, ¿dónde nos has metido?

Hacía dos días que habían salido de la capital, desviándose al sur del camino principal.

- ¿Pero de qué te quejas Pronais? Tú eras el guía. Dijiste que conocías un atajo.
- Perdona, pero yo no dije eso.
- Perdona, pero ¡sí! que lo dijiste.
- Sí, todos decimos muchas cosas inútiles cuando se nos sube la sangre a la cabeza. ¿Acaso todavía vais a la escuela o que? Dejar de comportaros como críos.

- Tendríamos que haber seguido el camino principal hasta pasar el Vado de DeMorgan. Una vez allí, marchar hacia el norte, el bosque no tiene perdida – explicó Pronais.
- ¿Y por que no lo dijiste antes? – gritó Edver.
- Por que nadie lo preguntó.

Anji tuvo que detener el caballo de Edver antes de que se tirara encima de Pronais.

- Maldito seas, dijiste que tú conocías el camino y que te siguiéramos. Yo no sé dónde está ese bosque, nunca he ido más allá del río Ëride.
- Así que además de dragón eres tan tonto que no sabes ni leer un mapa. No sé como puedes ser el jefe de esta expedición si ni siquiera conoces tu propio reino.
- Atrévete a repetir eso, y no llegaras vivo al bosque.
- Vale. Eres tonto. Si eres el jefe, no tienes por que hacerme caso. Tienes que hacer lo que te dé la gana.

Edver desenvainó la espada tan rápido, que Anji no pudo detenerlo. Pronais sonrió con malicia y detuvo con su cimitarra la estocada del caballero.

- De nuevo ese temperamento tuyo tan susceptible vuelve hacer mella en ti, dragón – susurró con malevolencia. Pero apenas si tuvo tiempo de pronunciar nada más, por que Edver se le tiró encima y los dos cayeron al suelo. Como si fuera una madre que separa a sus hijos, Anji los apartó de un tirón.

- El próximo que vuelva a hacer un comentario sarcástico, o vuelva a desenvainar la espada, le reviento la cabeza, ¿está claro? – dijo crujiéndose los nudillos.

- Cristalino – dijo Pronais levantándose y recuperando su cimitarra. Edver refunfuñó algo entre dientes y envainó la espada. No iba a caer otra vez en la tentación de asesinarlo.

- Bien, ahora por favor, sigamos. Si al otro lado del río se encuentra el bosque, hay que buscar ese vado. Cuando seguimos caminando hacia el Oeste, el camino principal giraba al sur, por lo que el Vado de DeMorgan se encontrará un poco más al sur. Así que vamos a seguir el curso hasta que encontremos el dichoso vado – dijo Anji llevando sus pasos al sur. Pronais le sacó la lengua a Edver mientras montaba en el caballo y se alejaba para no darle tiempo a reaccionar.
- Contrólate, Edver. Cálmate o tendrás problemas. ¿En que estaría yo pensando para venir aquí?

- Socorro… – se escuchó a un lado.

Los tres se volvieron. Edver sintió como si algo chocara contra su pierna y sorprendido miró abajo. Una pequeña criatura trataba de recomponerse del impacto y cuando alzó la vista hacia el caballero, se quedó sin habla. Una mirada de terror apareció en sus ojos y parecía a punto de echarse a llorar.

- Tranquilo, no llores, no voy a hacerte daño – trató de explicarle. Cuando la criatura supo que no iba a correr peligro, se levantó y se escondió debajo de la capa de Edver, asomando tan solo la cabeza. Temblaba de pies a cabeza y parecía bastante asustado. – Espera, ¿Qué haces? Sal de ahí. ¿Cuál es el problema? ¿De que tienes miedo? – pero antes de obtener una respuesta coherente, una persona cayó de bruces a sus pies. Parecía que llevara un buen rato corriendo y se hubiera tropezado con algo.
- Ayúdame, por favor – gritó jadeando cogiéndole la capa.

Se oyó un griterío a lo lejos. Una banda extraños seres armados con cimitarras cortas, lanzas y arcos, corrían hacia ellos. Iban vestidos con trozos de piel de algún animal, con la cara pintarrajeada y un montón de huesos colgando de sus cinturones. Sus rostros eran de facciones angulosas, de piel lisa de color verde oscuro y marrón. El que más cabello tenía sobre el cráneo, tenía cuatro pelos contados. Gritaban histéricos, babeando, mientras saltaban como locos.

- ¿Cobols? – se sorprendió Edver. Eran lo más parecido a un orco en miniatura. Prácticamente unos seres inofensivos, pues apenas si levantaba un metro del suelo y se asustaban con facilidad. Supuso que la criatura y el humano huían de los pequeños guerreros, así que sacó el cuchillo para ahuyentarlos.

Pero apenas si se acercaron, cuando de repente el caballo de Pronais apareció entre ellos, y uno de los bichos acabó debajo de sus patas. El grupo entero de alimañas se detuvo, paralizado de terror ante la diabólica presencia del cazador.

- ¿Quién es el siguiente? – preguntó Pronais con esa sonrisa que ponía los pelos de punta. El grupo temblaba de miedo. Tenían los ojos muy abiertos, y estaban paralizados del horror. – ¡Oh, maná, origen de toda magia... – comenzó a convocar.

- ¡Pronais espera! – intentó detenerlo Edver.

Demasiado tarde. Una luz cegadora seguida de un gran estruendo estalló ante Pronais. Edver y Anji tuvieron que taparse con la capa, para evitar la onda expansiva y los pedazos de tierra, roca y carne que salieron volando por todas partes.

La mano de Pronais aún echaba humo. Delante de él, un enorme cráter se había apoderado del lugar donde antes había un puñado de cobols aterrorizados. Ahora, tan solo quedaba uno, tumbado en el suelo, que temblaba como una hoja con la mirada desencajada, tratando de comprender que donde antes estaban sus compañeros, ahora solo quedaban restos humeantes. Miró horrorizado a Pronais, y este le devolvió una mirada endemoniada y una sonrisa. El cobol lazó un chillido y salió corriendo en dirección contraria. Pronais bajó del caballo como si no hubiera hecho nada. Lentamente, se agachó a recoger una lanza y la tiró con fuerza. La lanza atravesó el pecho de la pobre criatura antes de que se diera cuanta. Tranquilamente, Pronais subió al caballo. Edver lo miró furioso.
- ¡No tenias porque matarlos! – gritó encolerizado.

- No hace falta que me des las gracias - dijo Pronais sonriendo. – Sigamos con nuestro camino, o no llegaremos nunca – dijo echando a galopar hacia el sur.

- ¿Estas bien? – preguntó Anji al joven que aún estaba en el suelo, con las manos sobre la cabeza. Era un joven de mirada más divertida que alegre y pelo oscuro muy corto y puntiagudo.

- Creo que no me han roto nada – dijo el muchacho palpándose todo el cuerpo para asegurarse de estar entero. – Tengo los brazos, las piernas, las orejas, los ojos, los dedos. Sí, esta todo. Entonces estoy bien, ja ja ja ja - se echó a reír alegremente.

- Y tú, pequeño, ¿estas bien? Pero sal de ahí, ¿o es que piensas quedarte a vivir? – preguntó Edver alzando la capa para buscar a la criatura.

- Graciaaaaas – gritó saltándole al cuello y dándole un fuerte abrazo.

- Vale, vale, no seas tan efusivo y suéltame que me vas a ahogar – dijo llevándolo al suelo. Apenas media más de medio metro, si es que llegaba a él. Su cara era muy redonda, como un sol. Sus diminutos ojos negros irradiaban fortaleza y determinación, y su nariz era tan chata, que no se distinguía. Sus mejillas rosadas le daban un aspecto muy infantil. Vestía un montón de ropa una encima de la otra: un jubón, un pantalón, un chaleco, una capa con sobrecapa y un sombrero de ala ancha que se le había caído y le colgaba del cuello. Completaban su atuendo unas botas más grandes que sus piernas y unos guantes que parecía que se le fueran a caer en cualquier momento de lo grandes que eran.


El declive del Imperio (IV)
- Eres un grigor – dijo sorprendido Anji. Se agachó para ponerse a su altura (algo imposible), y el pequeño retrocedió y volvió a poner cara de echarse a llorar, aterrado ante la enorme envergadura del monje. Anji lo observó como si fuera un raro espécimen en peligro de extinción
- Tranquilo, no te asustes, todo lo que tiene de grande lo tiene de inofensivo – dijo Edver cínicamente. – Él es Anji, y yo soy Edver.

- Encantado – dijo con media sonrisa, aún si fiarse de ninguno de los dos. – Yo soy Sagara, aprendiz de hechicero y … ¡Mi báculo! – gritó de repente. Echó a correr en dirección a los restos del cráter y andando de puntillas buscó como un loco el objeto en cuestión.

- ¿Y tu eres…? – preguntó Edver. El chico se levantó, carraspeo, irguió la cabeza e hizo una profunda reverencia con una rapidez increíble.

- Yo soy Xelandro Allebo Reiyob Hiljela Valandur Azgal IV – dijo con voz potente. – Pero podéis llamarme Xelan, que es más corto, ja ja ja ja – dijo al ver las caras de asombro de los otros. – Soy juglar, trovador, bardo, poeta, escritor, historiador, cronista, cuenta cuentos y otras muchas cosas. Toda la información que pidáis estará a vuestro servicio gracias a mi gran red de divulgación que hay en el mundo. Por cortesía de Xelan “el informador”. Ja ja ja ja – volvió a reír como sin nunca antes lo hubiera hecho. Llevaba colgando en bandolera del hombro derecho una cuerda que sujetaba un gran libro de tapas rojas y azules, con el dibujo de una salamandra de fuego en la portada. De la parte inferior colgaba un saquito atado, del que sobresalían las puntas de un montón de plumas. Cruzado con otro cinto, pendía una cítara, cuyas cuerdas estaban bastante desmejoradas. Vestía unas ropas de color rojo que se mezclaban en espirales. Sobre ella llevaba un chaleco de color granate, sujeto a la cintura con un cinto, y del que colgaban una espada corta, que servía más bien de adorno.

- Queréis mover el culo de una vez – gruñó Pronais impaciente.
- ¡Por que me tiras una piedra a la cabeza! – increpó Edver.
- No sé. Por que me apetecía. Vete tú a saber…

- Edver, ya basta, vuelve a envainar la espada. Relájate, o vas a acabar teniendo un grave problema. Solo lo hace para que te enfades con él, y tenga una excusa para decir que te atacó. Y entonces aprovecharse y matarte. Y si sigues por ese camino, lo va a conseguir. Mira, cuando lleguemos al bosque, si quieres lo dejas en manos de esos dragones, que le tendrán muchas ganas, te lo aseguro – Anji le daba palmadas en la espalda para tranquilizarlo. Edver respiró hondo varias veces y volvió a envainar.

- ¡Aquí está, por fin lo encontré! – gritó Sagara saltando de alegría con su báculo recién hallado.


El declive del Imperio (IV)
- Me alegro de que por fin lo hayas encontrado. Y ahora que estáis bien, si nos disculpáis, debemos partir cuanto antes. Espero que volvamos a vernos. Hasta otra – se despidió Edver montando al caballo.

Pero no había caminado ni tres metros cuando Xelan y Sagara, se arrodillaron delante de su caballo poniendo cara de súplica.

- ¿Podemos ir con vosotros? – rogaron los dos a la vez.

Edver sintió la mirada de Anji y de Pronais mientras trataba de asimilar lo que le estaban pidiendo.

- Pues, lo lamento amigos, pero no puedo…
- Por favor – insistieron de nuevo a la vez. Sus miradas eran demasiado suplicantes. Los ojos de Sagara eran tan brillantes y sinceros, que resultaba imposible decir que no.

- Sabes que no puedes dejarles venir, caballero. Vamos en misión secreta a matar dragones.

- Gracias, Pronais, ahora ya no es secreta – dijo Edver asesinándolo con la mirada. – Esta bien, podéis venir – dijo volviendo a ponerse en marcha. Xelan y Sagara dieron un grito de alegría, riendo y dando saltos. - Pero os advierto que no es un viaje de placer – amenazó. Los dos se callaron de golpe y se pusieron muy serios.

 

| < 1 > | 2 | Siguiente >>

El príncipe de las mentiras (Trilogía Avatar 4)
El príncipe de las mentiras (Trilogía Avatar 4)
Precio: 20,00 €
 Imágenes
El declive del Imperio (IV)
El declive del Imperio (IV)

 Vota este artículo


 Recomienda
 Emails separados por comas
| Formato imprimible |
Comentarios Votos Estrellas
7 6 ****
 
 
COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Es otro texto de fantasía.
11-07-2005 23:22
Los diálogos entre los personajes, me parecen inservibles, no aportan nada nuevo, y los cliches, están a la ordén del día. Por lo que me parece un relato mediocre. Pero no te desanimes, las descripciones, las pocas que hay, están bien hechas.

Un saludo, pero uno nada más.

   RE: Es otro texto de fantasía.
12-07-2005 13:55
¿Cielos, todo eso has visto en el relato? ¿Tendré que replantearme mi carrera literaria???
Bueno, gracias, por lo menos la has leído para sacar esas conclusiones. Pero no sé que hacer, unos me dicen que hace falta dialogo para agilizar la acción y poca descripción, y otros me dicen lo contrario. Que hago???
Bueno, tampoco es que pretenda ganar el premio planeta escrbiendo estas cosas (me habría dedicado a otra cosa), pero vaya, que solo es una partida rol, nada más, hago lo que puedo. Me esmeraré más la próxima vez.
Gracias.

   RE: Es otro texto de fantasía.
01-08-2005 19:57
Está perfectamente así, no le des mas vueltas.

   pues...
14-07-2005 12:34
Pues para cuando lo publiquen, yo ya lo he mandado

   a mi me gusta...
13-07-2005 17:15
Está claro que no es como los primeros, ya que aquí, el relato es monotema... Pero, a mi me ha gustado!
Una pregunta para ladyagata:¿Para cuando una segunda parte de apotasía?

   Jur, jur, aquí hay amor ^^
12-07-2005 16:36
No está mal, cierto que los anteriores contenían más argumento, pero claro, si salen de viaje... pues tampoco puede avanzar mucho la cosa mientras están de camino.
El capítulo cumple con su cometido, que es el narrar lo que acontece entre un punto importante y otro, no es tan emocionante como los otros... pero no ta mal gracias a la aparición de dos nuevos personajes y las rencillas entre Pronais y Edver y la confrontación Pronais-Anji, aunque si que es verdad que puede haber faltado un poco de chispa a los diálogos.

Eso sí, cada vez se llevan "mejor" Pronais y Edver, jajajajaja, vaya dos, si en el fondo no sabrían que hacer si uno no chinchase al otro ^^

   Me alegro.
12-07-2005 21:07
Me alegra mucho, que no te sintieras ofendida. Bien, he aquí uno de los detalles, cuando terminas de hacer el dialogo, a veces no especificas quién es el que "dialoga", por lo que prestas a confusiones.

De inmediato noté que se trataba de una partida de rol, por que incluso jugando al rol, caemos en los clichés fácilmente. Me gusta que lo hayas escrito, en referencia a una partida de rol, pero me gustaría aún más que le dieras más personalidad a los personajes, y es que como te digo, a veces parece un soliloquio.

Ah, y que también especificaras de que raza son, por ejemplo: dijo Gwertas, el mago humano. Aun que sea sólo una vez, para que no nos resulte tan confuso.

Un saludo.



Otras webs de Planeta Ads Network:

MANGA - OCIO JOVEN | ULTIMAS NOTICIAS - ADN | Cursos a distancia - CEAC | CURSOS DE INGLES - HOME.ES | SERIES INFANTILES - PLANETA DIRECTO | NOTICIAS MADRID - ADN | CRUCEROS - OCIOCRUCEROS | FOTOGRAFIA - CONOCIO | Naves StarWars - PLANETA DeAGOSTINI | ADMINISTRACION DE EMPRESA - e-DEUSTO

Publicidad: Rolex - American Tax Relief - Personals - Mortgage - Personal Loans
Copyright Ociojoven Networks Publicidad Sobre nosotros Pobladores Aviso legal Trabaja con nosotros