El día que el sol se escondió |
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03-09-2005 11:54
Por: Dersu
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¿Qué pasaría si el más allá fuera todo lo que odias?
El día que el sol se escondió, yo esperaba impaciente su salida. Desde que tengo memoria no recuerdo haber visto jamás un amanecer, así pues, aguardaba ansioso que llegase el momento. Sin embargo, no llegó. Largo tiempo aguanté hasta que comprendí lo que ocurría. Para entonces era ya mediodía, y la gente, astuta, llevaba mucho preguntándose por qué prevalecía la oscuridad cuando era el sol quien debía ocultar a la luna. El desconcierto invadía nuestras tierras. Los campesinos maldecían, los ladrones gozaban, al igual que las jóvenes parejas. Pero quienes más complacidos estaban eran los vagos, porque suponía una alegría inmensa no tener que abandonar el lecho y dormir hasta que el sol se dignase a mostrarse de nuevo.
Recuerdo que cuando llegué a mi casa, tropezaba con todos los muebles, sin embargo, mi madre, siempre previsora, se percató de mi problema y me acercó una vela, aunque procuró no alejarse demasiado, pues temía mi torpeza y pensaba que tal vez le quemase la casa. No obstante, la mayor dificultad no fue desplazarme por mi casa (ya que, al fin y al cabo, tenía una idea vaga de donde estaba cada cosa), sino el hacerlo fuera de ella. Sería un espectáculo lamentable narrar cómo volví de la colina en la que me encontraba cuando desapareció el sol, o más bien cuando no apareció. En realidad, ni siquiera puedo atribuirme el mérito de ser yo quien halló el camino de retorno, pues fue un amigo quien me halló a mí. Lo que ocurrió desde que comencé a bajar la colina hasta dicho encuentro, prefiero guardármelo, por mi bien y el de mi familia.
Pero quienes peor lo pasaron fueron los niños, aterrorizados a causa de la predominante oscuridad. Aquellos días, sin embargo, eran una bendición comparados con los días venideros. Yo sufrí directamente, aunque el mal fue leve, los efectos de la primera hecatombe, pero aquellos que me afectaron de manera indirecta supusieron un gran cambio; no sólo en mi vida sino también en la de quienes me rodeaban.
Así pues, a continuación narraré lo ocurrido durante aquel día fatídico para la humanidad. Yo dormía plácidamente, no soy capaz de precisar si en horario diurno o nocturno, cuando percibí un ligero temblor en la rama del árbol sobre el cual descansaba. Caí al suelo y me lastimé el brazo, mas tuve suerte. Mientras yo batallaba con las ramas que me cayeron encima, las casas se derrumbaron, aplastando a las personas que se encontraban en su interior, se abrieron agujeros en el suelo, cayeron las montañas, se desbordaron los ríos, inundando cuánto encontraban a su paso, olas gigantescas procedentes del mar arrasaron vastos territorios... y estas desgracias fueron protegidas por la oscuridad, que impedía a los humanos percatarse de la gravedad de la situación. Parecía que el universo entero había confabulado para lograr la extinción de nuestra raza. Sin embargo, a estas conclusiones llegué después, en aquel instante reaccioné con calma. Traté de dirigirme a mi casa, pero la devastación y la poca habilidad para orientarme me guiaban en direcciones erróneas que me obligaban a retroceder una y otra vez.
Fue entonces cuando llegó la sorpresa. El sol reapareció en el horizonte y descubrí que me hallaba en la cima de la colina donde esperé el amanecer en vano, como si el tiempo no hubiese transcurrido desde aquella noche. A mi lado, un anciano andrajoso observaba apenado la llegada del viajero extraviado, mientras sacudía la cabeza en señal de negación.
−El rojo sol augura muerte y caos −me espetó.
Yo le miré extrañado, sin comprender. Para mí el temblor significaba sólo un brazo dolorido; así pues, era incapaz de imaginar la visión que se me mostró de mi propia ciudad. No quedaba rastro de vida. Ninguna construcción en pie, ni total ni parcialmente. Era como si un ser de poder inconmensurable hubiese alzado nuestro mundo hasta su cara y lo hubiese barrido con un leve soplo, arrojando así viento de divina fuerza sobre nosotros.
No obstante, ante tal desconcertante momento, yo sólo pude pensar una cosa: el anciano andrajoso era realmente extraño. Se asemejaba a los viejos locos que piden limosna y, sin embargo, su seguridad a la hora de hablar, cual la de un profeta venido de tierras lejanas, delataba una voluntad inquebrantable. Fue imposible reaccionar, no sabía si quedarme a observar para percatarme de cuántos lograban escapar de la prisión que constituía ahora su hogar, o huir lejos de aquel loco que trataba de emparejarse con un sabio. Pero, antes de poder tomar una decisión, él se me adelantó.
−Creo que, tal vez, deberías ayudar a quien pueda quedar con vida −me dijo, tras lo cual se alejó, advertí, cojeando. −Extraño personaje, pensé, a la vez que me reprobaba por no haber tenido la idea de acudir en ayuda de los más necesitados.
La ciudad se encontraba, como ya había advertido desde la colina, en un lamentable estado de desolación. Los escombros se esparcían por ella cual fieras ansiosas por saciarse, las piedras se apilaban tratando de imitar a las construcciones de las que habían formado parte, edificios míticos, cuyos nombres eran conocidos en los lugares más remotos, habían desaparecido. Mi mansión había sido derruida también. Creo que no fue hasta ese momento cuando me percaté de la magnitud de la destrucción que contemplaba, todo mi mundo pareció empequeñecer ante la horrible visión de mi hogar, que gozaba de tan buena salud hacía pocas horas. Entendí que ya no vería más a mi madre ni a mis hermanas, y no las busqué. Sabía que yacían muertas bajo aquella mole de ladrillos que las había protegido hasta hacía poco.
Aunque podía haber jurado que el andrajoso y yo éramos los únicos seres vivos de los alrededores, no era cierto. Otro ser había sobrevivido, ocultándose de mi vista hasta el presente. Y se trataba de alguien conocido. Por desgracia, o fortuna, no era ningún amigo mío, o sí, según se mire; era mi caballo, Relámpago. Mi alegría al verlo fue inmensa y supuso un gran alivio en aquel triste instante. Monté a Relámpago y cabalgué durante todo el día. Al anochecer, y rezando para que hubiese un amanecer, me detuve, preocupado por la ausencia de humanos en el sendero habitualmente más transitado de nuestro reino.
A la mañana siguiente recé de nuevo por el deseo concedido. Sin embargo, me hubiese guardado mis plegarias si hubiera sabido lo que conllevaban. Esta vez, cambiaron las tornas; ahora el sol resplandecía y era la luna quien no osaba mostrarse ante mí. Al contrario de lo que esperaba, de hecho en un principio me alegré, el día eterno podía resultar mucho más mortífero que un mundo de sombras. El calor se hizo insoportable, el sol atacaba con fuerza renovada conforme avanzábamos. Pronto comencé a tener visiones y debí ser cuidadoso con la bebida de Relámpago para evitar desfallecimientos por su parte. Fue tal la atención que le dediqué que, finalmente, yo fui el primero de los dos en rendirse, pero Relámpago, mi fiel y fuerte animal, me llevó en su lomo hasta un arroyo, donde pude recuperarme un poco. Nos quedamos allí unos días, protegidos por la copa de un amable árbol. Sin embargo, un día el arroyo fue portador de aguas rojas y cabezas de cadáveres. Para empeorar la situación, junto a mí, alguien susurró:
−Las rojas aguas auguran muerte y caos.
Evidentemente, se trataba del andrajoso, ese ser, no humano, despreciable. Quise gritarle, preguntarle por qué me estaba siguiendo y por qué hacía esas predicciones. Pero no lo hice, al contrario, monté a Relámpago y me marché porque no quería ver más al andrajoso. Seguí el curso del río, que me condujo a un valle donde, incomprensiblemente, las casas habían sobrevivido al horror. Soy incapaz de expresar con palabras el júbilo que sentí al ver aquel pueblo perdido. Grité como un niño que ha encontrado el juguete extraviado, pero aquel estado de excitación duró poco, el andrajoso reapareció ante mí, advirtiéndome de que no era prudente proseguir. Yo, enojado, traté de apartarlo de mi camino, sin embargo, la tierra comenzó a temblar, impidiéndome cumplir mi objetivo. El pueblo despareció, fue tragado por la tierra, junto con el valle, y, si me descuido, lo hubiésemos acompañado también el andrajoso y yo, o mejor dicho, si se descuida Relámpago, que es quien nos sacó al galope de allí.
Una vez salvados, quise, de nuevo, gritarle al andrajoso, preguntarle por qué me estaba siguiendo y por qué hacía esas predicciones, y por qué eran ciertas. Pero, otra vez, no lo hice, aunque en esta ocasión fue él quien se marchó, y yo lo vi alejarse, con su andar patoso, hasta perderlo de vista.
Entre deprimido, por haber perdido la oportunidad de reunirme con un pueblo entero, y esperanzado, por saber que si ese pueblo había sobrevivido bien podía haber ocurrido lo mismo con algún otro en un lugar aislado, proseguí mi viaje en busca de algún vestigio de vida humana más reconfortante que el andrajoso. Sin embargo, no encontré ningún pueblo ni ningún humano ni ningún animal. Pero sí encontré algo: al andrajoso. Reapareció, no sé si para importunarme, esperanzarme o hacer otra de sus predicciones inventadas que más tarde, por motivos desconocidos, adquirían un carácter verídico.
Se aproximó a mí, con ese andar patoso que lo caracterizaba, yo le miré, como siempre, extrañado y con repugnancia, mientras él dejaba escapar de sus labios la siguiente alocada predicción que tenía en mente:
−El rojo amanecer augura el fin de los días. −Yo, ya incapaz de contenerme, pregunté:
−¿Qué días? −Ahora cambiaron las tornas, fue él quien me miró extrañado cuando terminé de formular mi pregunta, aunque pronto recuperó su actitud habitual.
−Guluphatep te espera −dijo, tras lo cual desapareció.
Me quedé perplejo. Guluphatep. El dios que todo lo ve, el que trajo la vida, animal y humana, a esta tierra, el que otorga poder a los soberanos y valor a los guerreros, el mismo que, según mi madre, creó a la mujer superior al hombre y la deja embarazada (a lo cual siempre respondí que Guluphatep debía estar muy ocupado por las noches) para que de ella dependa la supervivencia de la especie. Ese dios cuyas memorias están compuestas por un conjunto de relatos que narran la historia de todos y cada unos de los humanos nacidos en nuestra tierra. El todopoderoso Guluphatep me esperaba a mí.
No lo pensé dos veces, monté a mi fiel Relámpago y cabalgué en busca del lugar en que la tierra cesa su expansión y se extiende el abismo, es decir, el fin del mundo. Mas no fue necesario, pues la tierra nos apresó y nos tragó para llevarnos ante el gran Guluphatep.
No pudo ser mayor mi decepción. El otro mundo, lejos de ser el paraíso bello y repleto de seres queridos prometido, es un lugar más espantoso aún que el mundo real, es un lugar descolorido donde las casas, ruinosas, evocan tus miedos más profundos. En el otro mundo predomina la oscuridad y el caos, los muertos esperan en largas colas de cientos de años para solicitar el empleo de ángel de la guarda, en la mayoría de los casos, dado el elevado número de difuntos desde el principio de los tiempos, denegado, y la gente es infeliz.
El todopoderoso Guluphatep no es ese anciano con larga barba blanca sabio y justo, ataviado con una lujosa túnica, sino un apuesto joven arrogante que se deja arrastrar por sus pasiones, y además, andrajoso (allí todos lo son). Quise debatirme, gritar, y lo hice, le pregunté por qué debía destruir el mundo cuando yo aún vivía, por qué dejarme contemplar el horror para después matarme, por qué hacerme sufrir con mortíferos rayos solares y apariciones fugaces... y por qué tenía yo de ángel de la guarda a un incompetente anciano andrajoso.
Hoy aún espero en la cola de ángeles de la guarda, ataviado con ropajes de lujo, para destacar, acompañado de mi fiel Relámpago, a quien solicitaré como compañero, pues es mi ser más querido, mi más fiel ayudante, mi más preciado colaborador. Puesto que el mundo humano ha desaparecido, los empleos disponibles tiene como destino un extraño planeta donde habitan seres diminutos, con cara de león y cuerpo de serpiente, que cuando crecen mutan y se convierten en algo parecido a nosotros, y son, por cierto, andrajosos.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Un puntito especial |
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30-10-2005 15:21 |
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Detalles:
-Creo que el que llegue a casa y después la historia salte hacia atrás, más que ayudar a la sensación de estar en un sueño, despista y corta la lectura
-Lo que ocurrió desde que comencé a bajar la colina hasta dicho encuentro, prefiero guardármelo, por mi bien y el de mi familia---¿cómo? ¿Por qué tropieza o algo parecido? Incluso contando con que sea un sueño no le veo mucho sentido a esto.
-Así pues, a continuación narraré lo ocurrido durante aquel día—creo que también corta un poco y se podría haber omitido
-delataba una voluntad inquebrantable---si se deduce de las palabras no hace falta decirlo. En todo caso, creo que tampoco me has hablado del tono como para que yo piense esto.
-cesa su expansión y se extiende el abismo, es decir, el fin del mundo---me gusta el juego de palabras… pero me fastidia la explicación.
-Me molesta un poco la insistencia en lo de “el andrajoso”
En fin, esto es un sueño, ¿no? Porque si no hay muchas partes que no concuerdan (Desde que tengo memoria no recuerdo haber visto jamás un amanecer//en la rama del árbol sobre el cual descansaba…). Como tal me ha parecido muy interesante, y creo que la redacción, a pesar de los saltos y detalles ya mencionados, se sigue.
Y la historia, con lo que es el puntito de la fantasía onírica, me gusta y considero que se han usado bien algunos elementos, sobre todo sensaciones. Pero quizá ahí también haya un pequeño defecto porque, aunque sea un sueño, si metes demasiados elementos que no se cierran o de carácter surrealista más que sorprender, despistas, y eso hace que te puedas alejar un poco del texto.
En fin, pese a todo, me llamó la atención, me gustó, y me mantengo en la opinión de que tu textos tienen un puntito especial.
Y esa es mi opinión.
Un saludete.
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RE: Un puntito especial |
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31-10-2005 12:13 |
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Gracias por pasarte, Canijo. Tomo nota de lo que me señalas.
Como bien dices, hay cosas que no encajan porque se trata de un sueño. De lo contrario, no tendría sentido que, por ejemplo, el protagonista duerma en un árbol ¿cómo ha llegado hasta allí si ni siquiera es capaz de andar por su casa sin tropezar?.
En fin, me alegro de que te gustase el relato.
Nos vemos.
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Curioso |
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22-10-2005 15:01 |
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Un relato tan abstracto y onírico que más parece un sueño que una historia. Lo mejor el final. Un planeta de seres diminutos que mutan y se vuelven andrajosos. Abstracto a más no poder.
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Bueno está bien |
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15-09-2005 11:31 |
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El principio no me gustó, me lié bastante y hasta entrado el relato no me situé, los adjetivos los repites demasiado y quizás, en mi opinión, llegas a expresar la desesperación que él debe tener por no encontrar a nadie y el dolor del haber perdido todo y parece un personaje muy frío y eso no me gusta. Pero termina bastante bien y eso a veces compensa.
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RE: Bueno está bien |
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03-10-2005 16:38 |
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Gracias por pasarte, Caza.
Nos vemos.
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YA veras... |
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10-09-2005 22:42 |
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La Leche de relato, ya verás como viene alguien y lo jode.
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Muy original |
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06-09-2005 20:50 |
Es un relato entretenido, me ha resultado muy interesante.
Está en general bien narrado, aunque alguna vez me ha resultado repetitivo.
Pero bueno, ¡a practicar!
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RE: Muy original |
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10-09-2005 20:45 |
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Gracias por leerlo y por el comentario. El relato es un poco irregular, pero me alegra que te gustase.
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Gran confusión temporal |
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05-09-2005 16:58 |
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El tema del sol, la luna y los días no lo has llevado demasiado bien. Es confuso y, por lo menos una vez, contradictorio.
Hay repeticiones excesivas de adjetivos para caracterizar a los personajes y uno no se entera de donde está hasta bien entrado el relato.
No me ha convencido. Lo único que salva el relato, a mi parecer, es la descripción de la otra vida, ya que es bastante original. No sé, creo que necesita una corrección a fondo.
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RE: Gran confusión temporal |
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06-09-2005 16:15 |
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Please, please, no me dejes así ¿dónde está la contradicción?
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RE: Gran confusión temporal |
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06-09-2005 17:17 |
Dersu dijo: Please, please, no me dejes así ¿dónde está la contradicción?
Mea culpa por lo haberla apuntado. Creo que era ésta, pero no me hagas mucho caso porque no me lo he releído
"El sol reapareció en el horizonte y descubrí que me hallaba en la cima de la colina donde esperé el amanecer en vano, como si el tiempo no hubiese transcurrido desde aquella noche."
Si es ésta, tal vez no se trata de una contradicción en el estricto sentido de la palabra, sino de una mala utilización del verbo esperar -había esperado sería el correcto-. Tampoco es correcto "aquella noche", a mi parecer, porque no respeta el punto temporal en el que estamos. Puede que simplemente me haya perdido yo. ¿Acaba de anocher -es decir, noche cercana- o qué?
Espero que te sirva de ayuda este intento de aclaración. Si te resulta de gran importancia puedo hacerte un comentario de texto más exhaustivo en un word. Un saludo
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RE: Gran confusión temporal |
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06-09-2005 21:22 |
Akhul dijo:
Dersu dijo: Please, please, no me dejes así ¿dónde está la contradicción?
Mea culpa por lo haberla apuntado. Creo que era ésta, pero no me hagas mucho caso porque no me lo he releído
"El sol reapareció en el horizonte y descubrí que me hallaba en la cima de la colina donde esperé el amanecer en vano, como si el tiempo no hubiese transcurrido desde aquella noche."
Si es ésta, tal vez no se trata de una contradicción en el estricto sentido de la palabra, sino de una mala utilización del verbo esperar -había esperado sería el correcto-. Tampoco es correcto "aquella noche", a mi parecer, porque no respeta el punto temporal en el que estamos. Puede que simplemente me haya perdido yo. ¿Acaba de anocher -es decir, noche cercana- o qué?
Espero que te sirva de ayuda este intento de aclaración. Si te resulta de gran importancia puedo hacerte un comentario de texto más exhaustivo en un word. Un saludo
Si no he intrepretado mal tus palabras, creo que te perdiste al principio del relato.
Al inicio, después de que el sol no aparezca, el protagonista vuelve a su casa. A continuación, durante unos días (indeterminados) predomina la oscuridad. Entonces tiene lugar la hecatombe, y el protagonista, alarmado porque un repentino temblor de tierra, trata de volver a su casa, pero, cegado por la oscuridad, se equivoca de camino y llega a la colina donde, días antes, esperó la salida del sol.
En el fragmento que mencionas, "esperé" y "aquella noche" hacen referencia a la noche en que el protagonista esperó la salida del sol y éste no apareció.
Tal vez la manera que escogí de narrar el relato, con escasez de detalles y visión deformada de la realidad, no fuese la más apropiada y quede un poco confuso.
Probé varios principios antes de enviar el relato a OJ, pero los descarté porque las descripciones sobre el pueblo y sus alrededores hacían avanzar la historia lentamente y no me convencía.
De todas maneras, revisaré el principio y quizá pueda quedarme un poco menos confuso.
Un saludo. Y muchas gracias por tu comentario.
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RE: Gran confusión temporal |
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07-09-2005 10:42 |
Dersu dijo:
Si no he intrepretado mal tus palabras, creo que te perdiste al principio del relato.
Totalmente correcto. De hecho, gracias a tus aclaraciones he encontrado perfectamente el punto donde me había perdido: no me había dado cuenta de que había vuelto a la colina.
No hay contradicción.
No obstante, creo que sí que sería mejor revisar los tiempos verbales o añadir algún complemento de tiempo que ayudase a orientarse al lector -o al menos a los lectores como yo. Gracias por tomarte tantas molestias.
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RE: Interesante relato. |
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06-09-2005 16:05 |
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Gracias por leerlo y comentarlo. Me alegro de que te gustase.
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muy curioso!! ^________^ |
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04-09-2005 09:19 |
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pues sí!
muy interesante!!!
me ha gustado bastante y está muy bien llevado...
hasta el final!... no sé, pero el final me ha dejado un poco indiferente... esperaba algún tipo de revelación o conclusión o...
de todos modos, gracias por compartirlo!
agutxi @
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RE: muy curioso!! ^________^ |
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06-09-2005 16:13 |
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Gracias por el comentario. Lo del final, no sé si te refieres a que no te gusta la idea o que esperabas otra cosa.
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