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La forja de un guerrero (Parte 1/3)


Warhammer Fantasy

08-09-2005 15:56
Por: Osc@r93

En esta historia, relatada en tres capítulos, describo la batalla que tuvo lugar entre altos elfos y humanos por la posesión de un poderoso artefacto mágico elfo en manos humanas. Espero que os guste.

LA FORJA DE UN GUERRERO


techEn esta historia, relatasda en 3 capítulos, describo la batalla que tuvo lugar entre altos elfo
Todo era caos.
Allí, cerca del bosque de Liech, al Oeste del Imperio, se les había asignado la misión de reestablecer la conexión con el puesto de vigilancia que construyeron nuestros ancestros cuando aún dominábamos el mundo. Un estandarte sagrado de la mil veces bendita reina eterna yacía en dicho asentamiento, su poder mágico estaba casi extinguido; no obstante, un adepto de la torre de Hoeth había detectado su presencia. Un artefacto ancestral elfo había sido por fin encontrado, sellado durante más de cuatro mil años, justo antes de que los elfos oscuros empezaran la guerra civil que acabó con las vidas de tantos de los elfos. Aunque no pudieron llevarse el preciado estandarte por la culpa de las patrullas fronterizas enanas, las cuales vagaban por doquier, decidieron sellarlas para siempre con la esperanza de que algún día se pudiese recuperar, jurando morir antes de revelar el paradero de dicho objeto.

Ahora podrían conseguirlo.
Los antepasados elfos no pudieron llegar jamás a Ulthuan, debido a que los malignos enanos los detectaron. Fueron sometidos a los interrogatorios de esos rudos medio hombres, pero ninguno de ellos manchó su honor, de modo que nadie rompió el juramento que hicieron, por lo que los enanos, sedientos aún de sangre élfica, asesinaron a nuestros hermanos como animales, quienes ni en los peores momentos dieron muestra alguna de temor, ni se encorvaron un instante. Si habrían de morir, lo harían como nobles elfos, orgullosos, listos a empezar a recorrer el sendero de la muerte y encontrarse con el brillante rostro de Asuryan, y la pálida luz de Lileath. Que Isha les condujese a su regazo, para tratarlos en la muerte como los héroes que fueron en vida.

Después de este descubrimiento, el Rey Fénix, Finubar El Navegante envió un destacamento de magos y guerreros para hacerse cargo de la situación: recuperar un objeto sellado mágicamente para situarlo en el lugar en el que debería estar: El palacio de Alarielle, la actual Reina Eterna. El Rey Fénix, en su infinita sabiduría sabía que sería posible encontrarse con problemas, ya que ¿quién sabe de lo que eran capaces esos humanos con tal de defender su territorio?
Leandir ya había tenido encuentros con los humanos otras veces, pero sus conversaciones con ellos sólo han durado un minuto como máximo. En su juventud, había viajado mucho, por todos los lugares del viejo mundo, desde la lejana Catai a las montañas del fin del mundo, y siempre que se encontraba con humanos les decía lo que quería, se lo daban, pagaba por ello, y continuaba su camino. El resto de las situaciones han sido en combate, y dado que él seguía con vida, huelga decir que sus destinos acabaron cuando se enfrentaron a Zenith, su espada mágica, la cual le fue regalada por su hermano Asea, el elfo que la encantó para él, cuando cumplió los cien años y se graduó con honores en la más sagrada de las órdenes: la de los maestros de la espada, y fue elegido para recibir el honor de comandar su propio regimiento, sus compañeros de armas, sus iguales, sus amigos.
Es una magnífica espada, con la empuñadura dorada, con adornos a base de esmeraldas y rubíes, la hoja resplandece como el Sol al mediodía, debido que es del Ithilmar más puro, el metal más noble de todos. Ha sido este espléndido mandoble el que le había salvado en multitud de ocasiones, ya que es tan ligero, que puede usarse con la misma facilidad que si fuera una daga.
Pues bien, hace ya dos meses que partieron de la sagrada Ulthuan, y habían viajado miles de leguas hasta llegar a territorio humano, a esa tierra abandonada por el pueblo elfo hacía milenios, L’Angile. Es territorio al cual los humanos han dado el nombre de Bretonia. La presencia élfica pasó casi inadvertida, ya que por estas fechas, en Bretonia se celebran unas justas para decidir quién es el hombre más diestro con la lanza.
Así pues, sin peder tiempo, se enfrascaron en sus asuntos rápidamente, y partieron hasta la tierra conocida como el Imperio.
Allí tardaron unos días en encontrar todo lo necesario para la expedición. Eran demasiados como para que un pueblo de campesinos pudiera abastecerlos, de modo que se trasladaron a la ciudad, y cuando consiguieron todo lo necesario para su empresa, partieron. Fue a las dos semanas de viaje cuando divisaron un jinete solitario, el cual portaba una bandera blanca, cosa que sorprendió bastante a los elfos, ya que no acostumbran a atacar a nadie por las buenas, al menos, sin avisar. De todos modos, dijo que quería parlamentar con el general del ejército, cosa que Leandir aceptó y lo llevó ante Tanceus, el elfo a cargo de la expedición. El joven humano decretó que este era territorio de su padre, el Conde Elector de Ostrance, y que habían entrado en sus dominios sin su permiso, por lo que exigía que nuestras tropas abandonasen la tierra de sus antepasados inmediatamente, bajo pena de muerte para el advenedizo que desobedeciese la autoridad suprema del soberano.
Para ser sinceros, a todos los presentes les pareció una grosería empezar con una amenaza así una petición formal propia de un Conde de cualquier lugar del mundo; no obstante, el general se comportó muy poco diplomático ya que estuvo cinco minutos hablándole al joven como si fuese un estúpido, cosa que enfureció al chico, que se marchó al escuchar la última frase de Tanceus:
“Dile a tu padre que no se inmiscuya en asuntos de los elfos, haremos lo que hemos venido a hacer, cogeremos lo que hemos venido a buscar y nos iremos, así que por vuestro bien, alejaos de nuestro camino”
Leandir comentó a su general que no le había parecido correcto hacer justamente eso, ya que no habían viajado tan lejos como para meternos en problemas voluntariamente, pero éste le tranquilizó y le dijo que se relajara, que el ejército era sólo por si acaso. No obstante, el tiempo le dio la razón, ya que a los dos días, dos Guardianes de Ellyrion, montados en sus nobles corceles, afirmaron ver a un gran ejército de hombres acercándose hacia la posición del ejército elfo, más o menos a un día de camino: llevaban cañones y armas de pólvora, aparte de caballeros y milicia ciudadana. Parecía ser que habían pagado caro la arrogancia de Tanceus, el cual, al enterarse de las noticias, montó en cólera, y en vez de parlamentar con los humanos, preparó nuestra fuerza para el combate.


******

Los ejércitos se enfrentaron con las primeras luces del alba, con el puesto de vigilancia élfico en ruinas como escenario. Tanceus puso a Leandir al mando el flanco izquierdo del ejército, y tenía a sus órdenes dos unidades de los hijos de los nobles más famosos de toda Ulthuan, los Yelmos Plateados, llamados así por sus yelmos, relucientes como la superficie de un espejo, aurigas de Tyranoc, algunos veteranos reclutados voluntariamente y a un regimiento de la melancólica guardia del Mar, nuestros guías en el Viejo Mundo, además de sus fieles Maestros de la Espada, junto con su compañero de armas Hallar, ahora capitán de dicha guardia, dado que él debía comandar al resto de tropas, era la persona en el ejército en quién más confiaba el príncipe élfico, y sabía que no lo haría nada mal. Sólo necesitó ver su cara antes de la batalla para saber que estaba ansioso por demostrar su valía, juntos habían hecho tantas hazañas como años tenían, sus familias eran casi hermanas la una con la otra, con lo que ambos sentían unos lazos de amistad muy fuertes, más que el tiempo y la distancia.
Se miraron al mismo tiempo que se les daba la orden a los arqueros de disparar, Hallar respondió con una sonrisa y un inclinamiento de cabeza.

¡Vamos!-Le dijo.


******

El avance de la unidad fue ágil y veloz, la infantería avanzaba a la par que la caballería tomaba posiciones en el flanco y los exploradores se internaban en un bosque de dimensiones mínimas para tratar de flanquear a los humanos, tenderles emboscadas, y hostigarlos de sobremanera. Leandir sonreía con amargura, los sombríos podían calificarse de crueles por la mayoría de los elfos, pero nadie era mejor que ellos en los ataques relámpago y las luchas de guerrillas. Decidió centrarse en la batalla, su aguda vista ya podía identificar los humanos que tenía delante, su semblante decidido, a la par que con cierta ansiedad, deseando derramar la valiosa sangre élfica sobre la llanura. Era extraño, pero la mayoría de las tropas enemigas estaban uniformadas de la misma manera, pero la que se encontraba delante de ellos iba casi con ropa casual, por lo que Leandir dedujo que debían ser menos que mercenarios, cazadores de fortuna o milicia ciudadana, dada la heterogeneidad de su armamento. Cuando apenas faltaban veinte metros para alcanzar a los humanos, uno de ellos sacó una pistola del cinto y apuntó al príncipe. Por un momento el pánico se apoderó de él, pero juró que nunca retrocedería, lo juró con sangre el día en que entró en la Orden, y nunca lo haría. Si caía, caería a su manera, de cara al enemigo, no huyendo como un cobarde. Apretó los dientes y corrió con más velocidad. El hombre disparó, pero el tiro se desvió e impactó en el hombro de Hallar, que soltó un gruñido de rabia, pero que no aminoró el paso: Leandir se sintió orgulloso de él. El avance elfo fue recibido con insultos y amenazas, pero no respondieron y dejaron que sus armas hablasen por ellos. Dieron buena cuenta de esa chusma, sin perder a ninguno de los nobles guerreros el enemigo fue
techEn esta historia, relatasda en 3 capítulos, describo la batalla que tuvo lugar entre altos elfo
castigado sin piedad, Leandir se las arregló para situarse en un de los flancos de la unidad y empezar a tajar a cualquier hombre que se interpusiera en su camino. Tal demostración de fuerza, fiereza y habilidad no pasó inadvertida para los enemigos, los cuales casi a los diez segundos de haber llegado hasta ellos ya titubeaban, cosa que aprovecharon los elfos rápidamente para seguir presionando su moral, con lo que consiguieron finalmente minarla y que se retirasen aullando y pidiendo ayuda como posesos. Leandir vio por el rabillo del ojo cómo Hallar corría detrás del hombre con la pistola y le obligaba a mirarle a la cara, después le insertó su mandoble en el estómago y mientras el hombre se retorcía de dolor, intentando que sus tripas no se le saliesen del cuerpo, Hallar sacó la espada de su vientre y le decapitó limpiamente. Había veces, durante su juventud, que le sorprendía cuánto podía cambiar la gente de la vida cotidiana a la batalla. Los inexpertos dirían que florece la crueldad innata de los elfos, pero no era así. La emoción de perderlo todo es lo que hace tan destructivos a los elfos. Las demás razas no pueden entenderlo, no son tan longevas como ellos, así que luchan como quieren, lo dan todo por el combate, y el placer de cortar el flujo de la vida a alguien es simplemente como tener el poder más destructor y más poderoso dentro de cada uno de ellos.

 

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techEn esta historia, relatasda en 3 capítulos, describo la batalla que tuvo lugar entre altos elfo
techEn esta historia, relatasda en 3 capítulos, describo la batalla que tuvo lugar entre altos elfo

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Ta chulo
20-09-2005 16:11
Ma gustao el relato, pero me perdi en un par de cosas, xq tenian los elfos que aprovisionarse en una ciudad humana?
Por lo demás es un relato bueno, a mi humilde parecer.

   RE: Ta chulo
03-12-2005 11:38
Perdona mi tardanza en contestar. Lo dice en las primeras lineas del relato. Quieren recuperar un estandarte de los tiempos de la guerra de la barba. ;-)

   no hay na ma 3 personas en warhammer
19-09-2005 22:38
pa k sirve el estandarte y el musico

   ayuda e empezado a jugar con el imperio
17-09-2005 18:39
si alguien me puede ayudar qe me agrege
Antonio1993@hotmail.com


gracias

   Está bien OK
08-09-2005 18:35
Bajo mi humilde opinión creo que un enano jamás torturaría a nadie: son demasiado orgullosos para admitir que alguien sabe más que ellos. Además, no sé cuándo pasa lo del principio, pero hasta la guerra de la barba, los elfos y los enanos eran pueblos amigos.
Además, la vida de los elfos vale demasiado ya que se están extinguiendo y creo que jamás iniciarían una incursión tan masiva sobre bretonia: cada vida de elfo que cae es un paso más hacia su final (lease el libro de Gilead). Si quieren recuperar ese artefacto creo que irían una pequeña fuerza de apenas unos pocos guerreros, sigilosos y rápidos.
De todas formas está claro que lo que quieres es enmarcar en un referente historico el por qué de un ejército elfo en bretonia. Cada uno pone sus ejércitos donde quiere y los enfrenta contra quien quiere: por algo eres tú el que escribe la historia. Muy lejos de desanimarte por la opinión de un general enano, sigue escribiendo.
Y por cierto, o narras en pasado o en presente. Hay veces en las que me pierdo. Pasas de narrador omnisciente a narrador en primera persona sin avisar. Pon unas comillas o algo que la gente se de cuenta.

¡¡Un saludo y a ver cuando salen las siguientes partes!!

   Me ha gustado mucho.
08-09-2005 23:29
Coincido con Ff en que el narrador no queda definido e incluso pierde al lector. También añado que deberías poner algún signo de puntuación más (este trozo es una prueba) y simplificar las frases:

"Tal demostración de fuerza, fiereza y habilidad no pasó inadvertida para los enemigos, los cuales casi a los diez segundos de haber llegado hasta ellos ya titubeaban, cosa que aprovecharon los elfos rápidamente para seguir presionando su moral, con lo que consiguieron finalmente minarla y que se retirasen aullando y pidiendo ayuda como posesos."

Por último decir que me ha dejado impresionado el final, aún no sé si para bien o para mal pero es chocante que diga que su orgullo es muy importante y luego remate el combate así.

De todos modos admito que escribes bastante bien y que te ha quedado wapo :-) !



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