La subjetividad del sogún |
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17-08-2005 05:35
Por: Mik616
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En una sociedad, liderada por el sogún, que se rige por las máximas filosoficas del Hagakure, uno de sus miembros se enfrenta a su primera solicitud de empleo para poder ejercer su derecho a existir.
T. J. necesitaba un trabajo a toda costa, aun sabiendo que no se lo darían. Esperaba con fingida naturalidad a que llegase su turno. Cogía un periódico y pasaba las hojas sin prestar atención a los titulares, cruzaba las piernas, las estiraba, inclinaba el cuerpo hacia delante como si fuese a levantarse y se quedaba mirando el suelo, luego se recostaba de nuevo, se estiraba, lanzaba miradas furtivas al resto de la gente que, como él, dejaban morir el tiempo en la sala de espera, y se mesaba la barba procurando pasar desapercibido. T.J. sabía que no le darían ningún trabajo, sabía que no saldría vivo de allí. Tan sólo deseaba que, por lo menos, le permitiesen hacer seppuku para morir con honor. Aunque no creía que hubiese nadie dispuesto a cortar la cabeza de un bushi contrario al sogún. No tenía miedo. Desde pequeños les habían enseñado a aceptar la muerte, a desearla. Era mejor que te recordasen como un bushi honorable que como un cobarde. Kamakura, su maestro, se lo había enseñado cuando tenía siete años: “Jamás debes sentir vergüenza por tus acciones”, le había dicho. “Cuando llegue el día en que tu comportamiento te avergüence, entonces sabrás que ha llegado el día de tu muerte.”
El edificio de adquisición de empleo era enorme, monumental. El techo, ovalado, decorado con complejos grabados que mostraban, en un estilo con ciertos tintes góticos, la historia del hombre, la gestación de la sociedad y el nacimiento del sogún, reposaba sobre catorce columnas de cinco metros de diámetro. La luz del exterior mudaba de color al atravesar los enormes ventanales de cristal coloreado, bañando a la gente en una atmósfera de recogimiento interior, casi religioso. Un murmullo constante les envolvía, el quejido apagado de la masa, el sonido de muchas vidas compartiendo el mismo espacio, ajenos los unos de los otros, indiferentes, confiados, estoicos. Todos a la espera de un salario que les permitiese seguir existiendo, de un sueldo que les facilitase una vivienda digna, un futuro próspero. Inmensas pantallas de plasma les orientaban, rezaban frases de dudoso sosiego, himnos de oscuro significado:
TODO DENTRO DEL SOGÚN,
NADA CONTRA EL SOGÚN,
NADA FUERA DEL SOGÚN.
A su lado, un hombre de unos 50 años, de pelo blanco, cortado a ras de piel, barba de una semana, mirada severa y mono verde, levantaba los brazos, disgustado.
–¡Esto es una mierrda! Otrra vez llegarré tarrde. Tendrrían que haberrnos llamado hace una horra.
–No se altere, no solucionará sus problemas –recriminó una anciana que se entretenía haciendo punto–, iremos cuando nos llamen. Sólo entonces. Si tiene alguna queja dígasela a los guardias.
–Encargados de la seguridad, señora –dijo T.J. –. Esto no es una cárcel.
–¿Está seguro?
–Estamos vivos, ¿no? Cualquiera con trabajo tiene derecho a existir. Está en la constitución.
–Las cárceles de ahora no son como las de antes, hijo. Cuando era joven había vagabundos por las calles, en los callejones, a la salida de los supermercados. ¿Nunca se le ha ocurrido pensar qué ha pasado con ellos?
–Ya, la leyenda de los sin techo es muy antigua. A mí me la contaba mi abuela. Pobrre mujerr, erra una trrabajadorra nata –dijo el hombre, santiguándose. T. J. frunció el ceño y se levantó para estirar las piernas. De tanto esperar en aquellas ridículas sillas de plástico se le estaban quedando dormidas.
–¿Pobre? –preguntó–. ¿No le gustaba su trabajo?
–No crreo que le gustase. Trrabajaba en la constrrucción. Se cayó de un andamio y se desnucó. Una muerrte dulce, eso dijerron, no sintió absolutamente nada.
–Lo siento mucho –se disculpó mientras observaba con indiferencia los grabados del techo–. Es la primera vez que oigo hablar de los sin techo. ¿Qué eran?
–Bushis como tú y como yo, que no podían o no querrían trrabajarr.
–Unos vagos –recriminó la anciana–. Eso es lo que eran.
–Tú no eres de por aquí, ¿verdad?
–¡Ja! Erres perrspicaz. Nadie es de porr aquí, en realidad. Todos somos del mismo sitio.
–Cuéntame la leyenda.
–Perro antes me prresentarré. Soy M.K., bushi del sectorr 315 norrte. El sogún es el pueblo, camarrada –dijo tendiéndole la mano.
–T.J., bushi del sector 015 ecuatorial. El pueblo es el sogún –respondió estrechándosela.
–Mi abuela me contaba que, hace mucho tiempo, cuando todavía erra una niña, el sogún estaba enferrmo. Debilitado porr parrásitos que se alimentaban de él sin aporrtarrle ningún beneficio. Había de todo, perro los más nocivos, los que iniciarron la revuelta, fuerron los sin techo.
Entrrenarron un ejerrcito de suberrsivos y exigierron la rendición total del sogún. Fuerron tiempos muy durros. Hoy en día se conocen como “Las edades de sangrre”.
–Me suena. ¿Tiene algo que ver con “La revolución de los que están quietos”?
–Clarro. Tú te refierres a “La revolución de los parrados”. Parrado y vagabundo es lo mismo. Si no tienes trrabajo, no tienes derrecho a vivienda.
–Entiendo, entonces conozco parte de la historia. Los parados tenían un líder, ¿no?, y la guerra no la ganó nadie.
–Cierrto. Su nombrre erra Nabeshima, y llegó a un acuerrdo con el sogún.
–Pero nadie sabe que tipo de acuerdo hizo, ¿verdad?
–No exactamente. Se constrruyerron los edificios de adquisición de empleo, como éste, y, con el tiempo, los indigentes desaparrecierron. Se solucionó el prroblema. Fin de la historria. Mi abuela la contaba mejorr, perro clarro, tenía mucha más imaginación que yo.
–No hubo tal acuerdo –dijo la anciana–. Eso es lo que el sogún nos quiso hacer creer. En realidad los exterminaron a todos. Fue una limpieza social, una matanza.
–No se pase, abuela. La historria nos dice que se llegó a un acuerrdo. Fue una solución pacífica.
–La historia la escriben los que ganan. No lo olvide.
Las pantallas parpadearon y las palabras dieron paso al emblema del sogún: seis brazos que emergían del mismo punto, una K con su imagen especular a la izquierda, pegada a ella. La gente comenzó a levantarse, varias puertas se abrieron a los laterales de la sala y el anterior murmullo aumentó de intensidad, hasta alcanzar el nivel de ruido, producto de objetos arrastrándose, toses, exclamaciones y conversaciones ininteligibles. La masa de cuerpos se desmembró en distintos grupos clasificados por edades, siguiendo las indicaciones de las pantallas y las puertas. T.J. se despidió de M.K. con un fuerte apretón de manos. Fue una despedida casi fraternal, propia de dos personas que sabían que nunca más volverían a verse.
Tras subir unas escaleras mecánicas, de cinco metros de ancho, llegaron a una sala circular de tamaño medio, aproximadamente un cuarto de la principal. Sobre sus cabezas una cúpula en forma de ojo les observaba, emitiendo una luz cálida que descansaba la vista y perfilaba los contornos. Alrededor de la sala había cinco puertas y sobre cada una de ellas un signo, un emblema, un símbolo que distinguía a unas de otras. En el centro había una pequeña mesita cilíndrica con el molde negativo de una mano grabado en su superficie. La gente había formado una fila india en su dirección.
–¿Qué significan esos símbolos? –preguntó al que tenía delante, un neopunk de cresta azul marino y piercings por toda la cara.
–No tengo ni idea, amigo. Pero sé que hacen referencia al destino de cada uno.
–Yo no creo en el destino. Creo en el libre albedrío –el chico elevó un dedo índice a la altura de sus labios y bajó la voz.
–No vuelvas a decir eso. Respeto tu opinión pero tienes que entender que ciertos razonamientos no tienen cabida dentro del sogún, por lo que deberás ocultarlos. Es tu primera solicitud de empleo, ¿verdad?
–Si. ¿Qué puede tener de nocivo creer en el libre albedrío?
–En realidad nada, en realidad todo. ¿No leíste el Hagakure? Todo bushi debe poseer un ejemplar que le sirva de guía para su adecuada inserción dentro del sogún. Forma parte de las máximas filosóficas que rigen la sociedad.
–Claro que lo leí, es deber de todo bushi, pero no recuerdo esa parte.
–El Hagakure dice: El grafismo “gen” se puede leer en japonés “maboroshi”, y significa “ilusión”. En japonés a los magos hindúes se les llama “gen shu sushi”, o “ilusionistas”.
»Los seres humanos son como marionetas en este mundo. Por eso se utiliza el grafismo “gen” para sugerir la ilusión de un libre albedrío.(*)
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Como relato muy bien |
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04-10-2005 19:51 |
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A ver, la idea me gusta mucho, el trabajo previo, como siempre, me pone la cara colorada, y la ejecución en sí, también como siempre, me parece muy adecuada… para la extensión del texto. Y este es el único problema que le veo. Al igual que a Semper, me ha parecido que faltan detalles, que necesito más datos y más desarrollo para hacerme a la guerra y al estado de las cosas de después, sobre todo al verdadero papel del sogún respecto al mundo superior; y no es que no hayas metido todos los datos y todo el desarrollo posible, incluso con algún momento puntual donde quizá, sólo quizá, he notado más la intención de dar un dato en lugar de que este surgiera espontáneamente de la conversación o la situación.
En fin, que como relato muy bien, pero que si lo desarrollas más… yo me esperaría algo grande.
Venga, un saludete afectuoso, pisha.
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RE: Como relato muy bien |
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14-10-2005 13:25 |
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¡Gracias por pasarte y por los comentarios, pisha!
Desde luego, el relato puede dar mucho más de sí, me sucedió lo mismo con "Oculus", aunque a diferencia de este último, aquí sí que tengo claro qué podría ampliar para hacerlo redondo. Ahora sólo necesito tiempo.
Lo más difícil de obtener.
Un saludete.
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Un gran relato |
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29-09-2005 23:31 |
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Me ha gustado bastante la forma de llevar el ritmo, explorando la filosofía personal de TJ e introduciendo elementos de ciencia-ficción poco a poco, sólo cuando el relato lo exigía.
El diálogo con el daimyo me pareció algo estereotipado, con un consejero por detrás incordiando, pero no desentona en el relato.
El final también es curioso, aunque recuerda a otras obras de ciencia ficción, como la película THX-2000.
En definitiva, un relato sólido en tema, argumento y personajes.
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RE: Un gran relato |
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14-10-2005 13:18 |
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Vaya, ¡me alegra que te haya gustado, jerjes!
Como bien dijo Akhul, este relato juega con la disertación filosófica como trama principal, pero flojea un poco al no profundizar en el sogún ni en su relación con los "sin techo".
Con que te haya entretenido me conformo.
Un saludo
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Genial |
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27-09-2005 18:09 |
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Muy buen relato, Mik. Como siempre, muy bien escrito, consigues mantener el interés en todo momento. Me gusta cómo describes el mundo que has creado; poco a poco, dejando que el lector vaya descubriéndolo a medida que avanza el relato. El final es bueno, me ha sorprendido.
He visto unos pocos errores:
"enfrente suyo" incorrectos, es <<enfrente de él>>
"Aquel que lo sirve cuando es duro y poco razonable, ese es un bushi" tanto <<aquel>> como <<ese>> llevan tilde
"Dejar que termine de hablar" es <<dejad>>
"Ese fue el error que cometió el sogún" aquí <<ese>> también lleva tilde
Una gran idea escribir un relato de ciencia ficción sobre este tema, uno de los mayores aciertos del relato, creo yo.
En fin, de nuevo puedo decir que otro relato tuyo me ha gustado. Sigue así.
Nos vemos.
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RE: Genial |
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29-09-2005 20:55 |
Hola Dersu,
Gracias por pasarte y comentarlo!! Y por las correcciones, claro.
Me alegra saber que te ha gustado y espero que hayas disfrutado leyéndolo tanto como yo disfruté escribiéndolo.
Un saludo y nos leemos
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muy interesante mik! ^____^ |
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24-08-2005 04:36 |
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una curiosa reflexión sobre las sociedades utópicas!!
se lee muy fácil y engancha en seguida, aunque el principio sí se me ha hecho un poco lento!
gracias por compartirlo!
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RE: muy interesante mik! ^____^ |
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09-09-2005 15:03 |
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Gracias por pasarte, Agutxi!!!
Viéndolo ahora, igual me salió demasiado utópica, la historia.
Me alegra que te haya parecido interesante.
Se ve que tienes tiempo libre, yo todavía tengo que ponerme al día para la votación de mejor relato del mes.
Un saludo
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Fabuloso |
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17-08-2005 12:20 |
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Una utopía muy interesante. Muy bien hilado el relato, muy buena la transición hacia el final. Con breves pinceladas consigues situar al lector sin problemas en el mundo que has creado. Buen trabajo. Los incisos del bushido (¿? perdonarás la ignorancia que sobre estos temas ostento) muy interesantes. Genial. Gracias por compartirlo.
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RE: Fabuloso |
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17-08-2005 22:22 |
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Estoy de acuerdo. Me encantó que relacionaras un tema como ese con la ciencia ficción. Excelente. No sé del tema, pero creo que no es necesario para dejarse atrapar por el relato.
Un saludo.
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Me gusto |
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18-08-2005 19:46 |
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Me ha gustado mucho, muy entretenido y todo muy logrado. Entras en el mundo creado muy fazilmente, no te sientes forzado.
Ya se ha dicho, pero tmb yo lo veo así. El mundo de los indigentes tmpoco es muy justo...
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no sabía que fuera tuyo |
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20-08-2005 02:36 |
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Es original y está bien escrito, aunque no me gusta la sensación de "incompleto" que se da del sogún. Quizá si lo desarrollas más te sirva como futua ambientación para otras historias, por que la verdad es bastante original.
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RE: no sabía que fuera tuyo |
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09-09-2005 15:00 |
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Ahora que lo dices, tienes razón: no profundice nada en la naturaleza del sogun. Podría ser un imposible ordenador lógico, una ideología o un estado anónimo y totalitario, o todo a la vez.
De nuevo, gracias por pasarte.
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Muy chulo |
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18-08-2005 02:16 |
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Siguiendo la filosofía de Shasa puntuaré bien el relato, simplemente porque me ha gustado, sin embargo...
Sin embargo, después de todo, el mundo de la superficie acaba cayendo también en la arbitrariedad al someter a tan difícil selección quién tiene derecho real a vivir en él. En concreto encuentro contradictorio el siguiente párrafo:
“Sólo aquellos que son capaces de dar otra visión del mundo, y de la filosofía del comportamiento, que no sea la del sogún, pero que se guíe también por el Hagakure, tendrán el derecho de transcender y ocupar un puesto en la superficie. Ya verás, aquí todo el mundo tiene derecho a existir aunque aparentemente no tengan ninguna utilidad”
O tal vez sea que yo tampoco merezco salir del Sogún...
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Gracias a todos. |
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19-08-2005 13:52 |
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Yo tampoco estoy muy versado en este tema del "Bushido", Akhul. Mi interés por el Hagakure surgió después de ver la película Ghost Dog (para que luego digan que el cine no incita a la lectura).
Al leerlo me sorprendió su espíritú dictatorial (bueno, no es tan sorprendente si se tiene en cuenta que el Hagakure es como un manual de comportamiento para los Samurays, que debían pleitesía al sogún por encima de todo, y a su daimyo inmediatamente después).
Fue entonces cuando pensé que una sociedad futurista de caracter dictatorial bien podía hacer suyas las máximas filosóficas del Hagakure. Desde luego era un buen argumento para un relato de ciencia ficción (me alegra que pienses igual Babilonia).
De hecho, la frase que define al sogún la dijo en realidad Musolini, definiendo el espíritu del fascismo: Todo dentro del estado, nada contra el estado, nada fuera del estado.
Sin embargo descubrí que ciertas máximas contradecían a otras, ya que no fueron escritas por un único autor (Jocho Yamamoto tan solo se limitó a transcribirlas). Por lo que cada maestro las interpretaba a su manera dándoles mayor o menor importancia en función de sus necesidades.
Esto no es nada nuevo. Sólo hay que ver la enorme variedad de interpretaciones que se le han dado a la biblia, la Torá o el Corán.
Esta fue la motivación que necesitaba para escribirlo, mostrar al lector que todo es relativo y subjetivo. Que uno de los mayores problemas de la humanidad es la malinterpretación de la palabra escrita.
Por otra parte, me interesaba la posibilidad de que aquellos que, por sus ideas y su forma de expresarlas, son despreciados por una sociedad pudieran ser los apropiados para otra sociedad diferente. Después de todo la sociedad es un reflejo del pensamiento de la mayoría. Si vivimos en un mundo capitalista es debido al fuerte sentimiento de posesión que tiene la mayoría de la gente.
Entiendo tu razonamiento, Lacedemonia, compartido por -Mik- (vaya, te llamas casi como yo). La sociedad de la superficie no parece más justa por someter a semejante selección a los habitantes del sogún. No obstante la sociedad de los indigentes y la del sogún son totalmente ajenas. Ese fue el trato que acordaron. El sogún perdió la guerra pero no fue eliminado, los indigentes le condenaron a vivir bajo tierra (quedándose con la mejor parte, claro, a fin de cuentas los vencedores de una guerra siempre salen ganando con el reparto final), y le exigieron que todos aquellos individuos que el sogún considerase no aptos para su sociedad los enviasen a la superficie en vez de eliminarlos. El secretismo es necesario, como podréis imaginar.
Como resultado de dicho pacto, sólo aquellos que no aceptan las ideas establecidas por el sogún son aptos para llegar a la superficie.
En este caso el Hagakure es un elemento meramente circunstancial. Forma parte de la cultura del sogún, como en la nuestra, la religión. No es tan importante el hecho de interpretar las máximas de diferente forma que, simplemente, estar en desacuerdo con las ideas del sogún.
Comprendo que veas contradictoria la frase que has marcado, Lacedemonia.
Verás, me imaginé al hagakure como una religión compuesta por dogmas de fe, y supuse que una persona que ha sido educada en el fanatismo y llega a la conclusión de que algo falla, de que no es correcto todo lo que le han enseñado, y que por ello transciende a un mundo mejor, no puede negar todo lo que le inculcaron de niño. Por ello Shasa no puede espetarle que el Hagakure es una bonita forma de lavarle el cerebro, el cambio debe ser gradual, dejándo que sea él quien se de cuenta.
Nada de esto lo introduje en el relato, porque consideré que supondría alargarme demasiado, sin embargo lo escribí teniéndolo muy presente.
De todas formas, me alegro de que os haya gustado.
Un saludo
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