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Una noche de Geheimnisnatch


Warhammer Fantasy

12-09-2005 17:36
Por: Earil

La historia de Konrad, un humilde campesino, tratando de sobrevivir en el despiadado mundo de warhammer.

Konrad escrutaba la oscuridad de la noche desde una frágil muralla de madera, tiritando de frío… era el invierno más cruel que había experimentado hasta ahora. Además, con un reciente brote de peste en la zona, varios de los centinelas estaban enfermos, así que a él y a otros tantos desgraciados les tocaba hacer doble turno de guardia. Agarró firmemente el arcabuz con sus manos enguantadas como si eso pudiera ahuyentar al frío… “Armas nuevas” pensó “Y bien caras nos han costado”.

Hacía un mes un numeroso grupo de orcos y goblins había descendido de las montañas negras, o eso le habían dicho al menos, y aparentemente se dirigían hacia Averheim. El Capitán Schuvaltz había insistido en dirigir un ejército con el cual repeler a los pielesverdes invasores, quizá con la esperanza de ser ascendido si lograba una victoria.

Schuvaltz contaba con algunos arcabuceros, lanceros y un grupo de espaderos, todos ellos cedidos por la ciudad de Averheim. Además, había contratado a todas las compañías libres que pudiera encontrar, incluyendo a todos los hombres disponibles de los pueblos que se encontraban entre la ciudad y los orcos, a los cuales les prometió pagarles en oro y armaduras. Armaduras que fueron la paga previa al servicio. Konrad se encontraba entre ellos y había recibido con gran satisfacción una barata armadura de cuero, si bien le cubría solamente el pecho y los hombros, era mejor que estar desnudo.

Unos días más tarde, el campesino pudo observar al ejército orco momentos antes de empezar la batalla y, contrario a lo que le habían contado mientras marchaban hacia ellos, había pocos goblins en sus filas… suponía que los orcos se los habrían comido por el camino.


techLa historia de Konrad, un humilde campesino, tratando sobrevivir en el despiadado mundo warhamm
Los arcabuceros del Capitán abrieron fuego contra el avance de los orcos y luego les ordenaron a los milicianos cargar contra ellos. Extrañamente Schuvaltz y sus tropas originales se quedaron atrás mientras ellos chocaban contra los bloques de infantería orca.

Konrad y los demás habitantes de su pueblo formaban un mismo grupo que sufrió la carga de unos brutales orcos armados con rebanadoras, las cuales casi arrasaron la fila frontal. Los campesinos hicieron acopio de valor y atacaron a su vez a los pielesverdes, pero de poco les valió. Konrad pudo asestar con su hacha en la garganta de un orco solo mientras Víctor, un vecino suyo, trataba de detener la rebanadora con su rodela para luego colgarse del brazo y darle tiempo, otros dos fueron abatidos antes de que un nuevo embate orco se cobrara más vidas. Eso fue suficiente para los campesinos, los cuales huyeron presos del pánico, algunos fueron alcanzados por las grandes armas de sus perseguidores y otros se pusieron fuera de su alcance, refugiándose tras los arcabuceros.

El plan de Schuvaltz era diezmar y agotar a los pielesverdes con los campesinos y las compañías libres, para reposicionar a sus tiradores en posiciones desde las cuales podrían seguir causándoles bajas y cargar luego con sus soldados descansados, cosa que hizo. A pesar de que el plan parecía haber dado resultado, los orcos opusieron una gran resistencia y más del la mitad de los soldados de Averheim perecieron, incluyendo uno de los grupos de arcabuceros, eliminados por unos goblins montados en lobos que habían aparecido por sorpresa detrás de las líneas imperiales.

Al finalizar la batalla, la mayoría de los orcos y goblins habían muerto, el resto se había dispersado. Montones de infelices campesinos yacían ahora mutilados en el campo de batalla. El Capitán, pese a todo satisfecho, ofreció el equipo de sus soldados muertos a los campesinos que quedaban, como la segunda mitad de la paga. Ellos aceptaron la oferta, viendo que no verían más oro que el que adornaba la espada de Schuvaltz.

Konrad y los demás supervivientes del pueblo se quedaron con las armas de los arcabuceros asesinados por los goblins y con sus petos de hierro, habían perdido a dos terceras partes de los suyos, pero ahora tenían cosas mejores que piedras y flechas para defender a sus endebles muros de madera.

Eso era lo que había pasado. Esa noche Konrad llevaba puesta la armadura de cuero de ese día, le habían ofrecido un peto de metal, pero eso sólo ayudaba a darle más frío.

No envidiaba a Viktor, la rebanadora que había tratado de detener lo hirió luego en la espalda, lo habían encontrado cuando buscaban supervivientes en el campo de batalla y remataban a los orcos heridos, todavía no sabía cómo había logrado mantenerse vivo luego de semejante herida y, aunque a causa de ella no podría volver a caminar ni a utilizar su brazo izquierdo, ahora estaba relativamente caliente dentro de su casa. Preferiría cualquier cosa en vez de estar haciendo un doble turno de guardia en la noche de Geheimnisnatch.

Segundos después de reflexionar sobre eso pudo divisar a unas figuras humanas que se tambaleaban en dirección al muro… Konrad pensó que eran bandidos o víctimas de la peste, apuntándoles con su arcabuz gritó “¿Quién anda ahí?”… Sólo el sonido de montones de pies arrastrándose y vagos gemidos respondieron a su pregunta.


Marius contempló los muros de madera del pueblo llamado Kriesmann, había planeado el ataque contra este sitio para la noche de Geheimnisnatch, cuando podría captar mejor los vientos de la magia tan necesarios para sostener en pié a su ejército de zombis. El nigromante ansiaba ocupar ese pueblo para llevarle un regalo muy especial a su maestro, quizás de esa manera podría llegar a recibir el tan anhelado Beso de La Sangre que lo libraría de las frías garras de la muerte para siempre.

Había oído hablar del pueblo llamado Kriesmann, llamado así en honor a un fuerte guerrero del mismo nombre que luchó junto a Sigmar en épocas pasadas. Una vez coronado emperador el caudillo Umberogen, el tal Kriesmann partió junto a sus más allegados hombres hacia el sur y se estableció en ese sitio, al morir fue enterrado donde posteriormente se construiría una capilla dedicada a Sigmar.

Marius pensó en convertir a ese individuo en un Señor Tumulario, un sirviente como ese sería una estupenda ofrenda hacia su maestro, se convertiría en el predilecto de sus discípulos… o al menos eso esperaba.

La concentración requerida por el nigromante para mantener el suficiente número de zombis como para asaltar la ciudad le causaba dolores de cabeza, se sentiría aliviado una vez los zombis empezaran a caer…. Y si caían demasiados, todavía tenía un truco bajo la manga.

En ese momento los habitantes del pueblo ya estaban dando gritos de alarma y pánico, Marius se dirigió hacia la puerta principal del pueblo caminando al amparo de la oscuridad, allí se concentraba el mayor número de zombis, golpeando al puerta con un ariete que sus sirvientes sin mente habían cargado desde la torre de su maestro. Abriendo un tomo grueso y gastado que tenía atado a una cadena que rodeaba su cuello, leyó una serie de runas brillantes en la oscuridad e inmediatamente los zombis más cercanos a el empezaron a moverse a una velocidad increíble y el ariete tomó más fuerza… con eso debería bastar para hacer ceder la puerta… y así fue.

Konrad había oído hablar de los No Muertos, pero nunca pensó que se encontraría defendiendo los muros de su pueblo contra una oleada de ellos. Disparó su arcabuz contra el zombi que se encontraba más cerca y trató de recargarlo con las manos entumecidas por el frío… por primera vez en semanas estaba sudando. Al ver que él solo en esa sección del muro no podría hacer demasiado, corrió hacia la puerta, donde varios campesinos trataban de evitar que se abra. Konrad se unió a todos los centinelas y demás habitantes del pueblo que se preparaban para disparar arcabuces y arcos… en un momento la puerta cedió y los zombis empezaron a entrar, atrapando a algunos de los que habían luchado por mantenerlos fuera. Algunos de los campesinos perdieron los nervios y escaparon sin siquiera disparar, otros descargaron sus armas contra los No Muertos y huyeron hacia el fondo de la avenida principal, dispuestos a recargar sus armas. Konrad disparó mientras daba pasos hacia atrás y su bala solo pudo rozar el brazo de un zombi. Trató de recargar su arma pero los nervios hicieron que su saco de pólvora se cayera al suelo. Irritado, tiró su arma al suelo y desenvainó su hacha, uniéndose a los otros campesinos en una carga contra los zombis.

Al verlos de cerca, a Konrad le invadió el olor a podredumbre que emanaban y su visión resultaba aterradora, sentía nauseas… sólo pudo apartar la mirada y lanzar un golpe a ciegas, el cual seccionó la mano de un zombi, el cual lo cogió con al otra por el brazo y estuvo a punto de morder su cuello de no ser por Ernst, el herrero, que lo tiró al suelo con un golpe de martillo en la cabeza. Los dos, viendo como muchos de los suyos eran asesinados por esas descerebradas criaturas, empezaron a retirarse primero lanzando golpes desordenadamente mientras retrocedían y luego huyendo a la carrera.

Konrad corría tan rápido como le permitían sus piernas cuando escuchó un grito a sus espaldas, se volvió sin dejar de correr y pudo ver a Ernst tirado en el suelo y junto a él había tres criaturas feas y encorvadas, cuyas bocas exudaban un limo negro y viscoso al clavar sus dientes en la carne del herrero.

Los necrófagos miraron como el campesino huía hacia la capilla de Sigmar antes de engullir el siguiente bocado.

techLa historia de Konrad, un humilde campesino, tratando sobrevivir en el despiadado mundo warhamm
Marius atravesó las puertas abiertas de Kriesmann con paso lento, la salva de proyectiles y flechas se había cobrado un gran número de zombis… no pensaba que aquel pueblo tuviera acceso a tal cantidad de armas de pólvora, pero eso importaba poco. Recitando palabras en un extraño idioma, el nigromante levantó a varios zombis que hace un momento fueran desesperados campesinos. Varios hombres salían arrastrándose por el suelo o se tiraban por las ventanas que flanqueaban la avenida principal, tras ellos aparecían putrefactos cadáveres andantes o algunos de los necrófagos que había sometido a su voluntad… esperaba que ellos pudieran dar caza a los que intentaran huir.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   ¡Pobres campesinos!
05-10-2005 20:23
Me gusta. El protagonista un pobre campesino reclutado como carne de cañon en lugar del típico héroe. Ademas muere, cosa inesperada. Esta bastante bien narrado, exceptuando pequeños fallos como esta frase algo confusa del comienzo: "Konrad pudo asestar (¿un golpe?) con su hacha en la garganta de un orco solo mientras Víctor, un vecino suyo, trataba de detener la rebanadora con su rodela para luego colgarse del brazo y darle tiempo (¿a que o a quien?), otros dos fueron abatidos antes de que un nuevo embate orco se cobrara más vidas(aqui falta algo también)."
Por lo demás muy bien tio, aunque a mi me gusta que gane el Imperio.

   Vivan los zombiiis!
24-09-2005 13:20
ecxelente narracion, me ha gustao bastante

   Ok
12-09-2005 17:42
Un texto correcto, con algunas faltas y errores de puntuación. A destacar a la repetición de la palabra "zombi" y, sobretodo, la precipitación narrativa del principio, donde se va demasiado rápido, descorcentando al lector. Además, al final de la historia te deja un poco con la sensación de..."¿Y qué?" Una historia suelta, demasiado abierta.

Como punto positivo, destacaría la muerte de Konrad. Protagonista muerto. Sí señor, saliendo de los tópicos, huyendo del "super-campesino". Me ha sorprendido gratamente.

En fin, habría que pulir bastantes partes (algunas son muy confusas), pero te animo a que sigas escribiendo ;-)

   D´ho!
13-09-2005 19:35
Viktor, es que el corrector de Word lo puso automaticamente y lo he pasado por alto.

   Zombis, zombis, zombis.....
12-09-2005 18:24
Si, es verdad, he repetido bastantes veces la misma palabra, en ese momento no se me ocurrían otras maneras de llamarlos aparte de no-muertos y zombis... y he tenido que apurar el principio luego de ver cuanto espacio ocupaba.

Se tratará de mejorar.

   Bastante bien.
13-09-2005 00:48
Pues a mí me ha gustado bastante. Creo que las dos estrellas que de momento te han dado no le hacen justicia al relato.
Es cierto que tienes fallos de puntuación (un punto en lugar de una coma y cosillas así). También es cierto lo de zombi. Además, ¿Victor o Viktor?
Quitando esas tonterias el relato está muy bien. Es verdad que no creo que haya segunda parte por como ha terminado. Espero leer más relatos tuyos.



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