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La historia de Burlock.
Llovía, el aire estaba cargado y acababa de aparecer el primer rayo de sol sobre el horizonte, un estruendo se oía a lo lejos, como si la tierra temblara, cada vez se iba acercando más y más, eran montones de enanos marchando a la guerra, los músicos y estandartes con ellos en alto, marchaban delante de sus formaciones, todas organizadas y cada una con un guerrero del clan dirigiéndola, todos estos estaban bajo el mando de Gnorri Grima un veteranísimo Señor de los enanos. Los enanos del clan no eran escogidos al azar, se realizaban enfrentamientos para saber quién era el más fuerte de todos, y uno que destacaba era Burlock Kraskon, también llamado la Bestia Rúnica, le apodaban así porque en su martillo tenía infinidad de runas inscritas por su padre, antaño gran Señor de las runas, con este martillo podía partir un yunque de un solo golpe casi sin inmutarse.
Burlock era rubio y tenía ojos verdes, un color bastante raro para un enano, era ancho de hombros, con un cinturón de oro con gemas, rubíes y zafiros incrustados, con una capa hecha de elegantes escamas de dragón doradas, y unas botas de cuero recogido en las montañas del fin del mundo, su martillo era del tamaño de un hombre, a simple vista muy difícil de manejar, pero en el fragor de la batalla parecía distinto, el martillo tenía vida propia, con una fuerza descomunal dirigía unos ataques certeros a los puntos vitales de sus enemigos con una rapidez increíble para un enano.
Los enanos se sentían inseguros, estaban demasiado lejos de sus montañas, de su oro, y tendrían que andar cuatro días para poder llegar a ayudar a la ciudad de Middenheim, en el Imperio, Karl Franz les había mandado un mensaje en el que decía que las huestes de Archaón, el elegido del caos se dirigían hacia Middenheim.
Por el camino pasaron pantanos, praderas, bosques cuando llegaron a un paso entre las montañas, los elfos oscuros atacaron, los virotes de las ballestas cubrían el cielo, multitud de enanos perecieron bajo esa lluvia de virotes, el Señor de los enanos mandó a los guerreros que se replegaran, pero entre el pánico y los gritos de agonía de los enanos al morir nadie le escuchaba.
Burlock estaba lleno de ira, atacó un batallón entero de ballesteros y estos dispararon contra él ráfagas de virotes, pero un aura invisible parecía detenerlos todos, al terminar la cruenta batalla Burlock seguía sediento de sangre, como si el acabar al menos con cuarenta elfos oscuros no le hubiese saciado, él quería más…
Las tropas estaban extenuadas al llegar a Middenheim, las gentes miraban sorprendidas como batallones de enanos cansados y sangrantes se dirigían a las cervecerías más próximas a beber cerveza. Karl Franz estaba esperando a Gnorri en el palacio, éste llegó cansado a la sala real pero no podía derrumbarse de cansancio delante de Karl , sería una falta de respeto.
Pasaron horas y los dos reyes fueron sorprendidos por los gritos de un vigía en la torre norte, la horda, estaba aquí…
Tardarían por los menos un día en llegar a las puertas de Middenheim, pero había que estar preparados, Burlock estaba ansioso por combatir y decía que no tuvieran piedad alguna, que el azote del caos no tendría piedad con ellos.
Por cada habitante de Middenheim había dos bárbaros del caos, era desalentador.
Karl Franz dijo de inmediato que no había posibilidad alguna de sobrevivir pero que había que dar tiempo a los demás pueblos y ciudades, que se reunieran en una sola ciudad, el último bastión frente a la horda.
La mañana era fría, las primeras hogueras se encendieron por el norte, era Archaón, sin duda, Karl y Gnorri desplegaron sus tropas separadas para que la horda se separara, el horizonte estaba ocupado por el ejército más numeroso que el mundo haya visto en muchos años, los caballeros del caos atacaron destrozando al imperio pero Karl y sus caballeros eran fuertes y consiguieron aguantar la embestida, los arcabuceros disparaban sin cesar, la horda parecía infinita, los hombres caían a cientos y poco a poco la esperanza del imperio se fue desvaneciendo,
La otra parte de la horda cargó contra los enanos, pero estos contraatacaron ferozmente, eran muy inferiores en número, por cada bárbaro que moría caían dos enanos y al anochecer solo quedaba Burlock, Karl y un diminuto grupo de guerreros contra toda la horda, Burlock desató toda su furia arremetiendo contra todo, un golpe seco en la cabeza le hiz perder el equilibrio, era Archaón que con un movimiento de su espada matarreyes le retó a un duelo y Burlock aceptó, sabía que iba a morir pero eso le daba más fuerza y ganas de luchar, durante horas los adversarios intercambiaron estocadas hasta que Archaón durante un descuido de Burlock, le amputó el brazo para posteriormente atravesarlo con una certera estocada, Karl también pereció bajo una marea de cuerpos y las esperanzas del imperio se desvanecían con él.
El bastión que Karl sugirió también cayó y el caos reinó en todo el mundo. Archaón El Señor del Fin de los Tiempos había llegado y había que postrarse ante él o perecer bajo el filo de su espada.
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