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Girando


Otros Relatos

04-09-2005 12:15
Por: JorgitoBécquer

Cuando perdemos a alguien, siempre se nos dice que el mundo sigue su curso. Pero no para nosotros...

−El día de mi muerte –solía decir−, el mundo seguirá girando.

Juan jugueteaba nervioso con sus dedos, intentando abstraerse del color negro de su traje. Sentía que empezaba poco a poco a asimilar que ella se había ido por fin, y la ansiedad subía por su pecho, maltratando su consciencia. Miró a su alrededor, algunos vistazos rápidos y tímidos por encima del hombro. El motor del autobús ronroneaba melancólicamente, sin acabar de imponerse del todo al silencio instalado entre los viajeros. Algunos miraban de forma discreta hacia aquel viejecito triste y encogido, que frotaba sus manos como esperando un genio que le devolviera la sonrisa.


techCuando perdemos a alguien, siempre se nos dice que el mundo sigue su curso. Pero no para nosotr
El día que se casaron, el tren pasó de largo. Mientras el último vagón se alejaba haciendo crujir las vías, le abordó ese sentimiento de pérdida que embarga siempre al que se queda en la estación. El día de su boda, no lo podía creer. A su espalda sintió de pronto el traqueteo del autobús, y corrió gritando “¡Espere, espere!”, mientras el conductor le miraba divertido. Juan se detuvo junto a la puerta y, mirando hacia la posición elevada del simpático empleado, se llevó la mano a la espalda intentando recuperar el aliento.

−Por favor, ¿este para cerca de la iglesia de Santa Ana?
−Sin duda lo que me faltaba por ver –rió el conductor−, ¡un novio llegando tarde y en autobús a su propia boda! Suba, le dejaré lo más cerca que pueda.
−Dios se lo pague.
−Mejor me lo paga usted –dijo el hombre guiñando un ojo−. Son dos pesetas.

Juan pagó y avanzó lentamente por el estrecho pasillo del vehículo buscando un hueco libre. Los otros pasajeros le miraban entre curiosos y divertidos, y sintió que se sonrojaba. Por fin encontró un asiento vacío, y empezó a cruzar y descruzar sus manos nerviosamente, con la mirada fija en el regazo y el estómago lleno de mariposas.

Poco a poco, aquellas manos jóvenes y fuertes acusaron los años pasados, y el susurro del motor tendió un quebradizo puente entre aquellos dos momentos, desde el que Juan divisó con miedo el abismo de recuerdos que amenazaba su paso. Apartando a un lado la cortina azul, contempló el paisaje sombrío de su tierra natal, que tomaba el gris del cielo, formando un cuadro homogéneo y depresivo bajo la lluvia de invierno.

El día de su boda, sin embargo, nada era igual. Juan arrimó levemente la cortina para poder contemplar el paisaje sin cegarse con el destello del sol. El traje le agobiaba y sentía que empezaba a sudar, pero descomponer su impecable atuendo habría sido un craso error. Habían hecho falta varias horas para conseguir que pareciera un novio como Dios manda, y no estaba dispuesto a tirar por los suelos tanto tiempo de trabajo. Poco a poco se acercaba el gran momento. Después de algunos años duros, en los que Juan había esquivado como había podido los envites de la dama de la guadaña, decidieron casarse. En aquella España que sucumbía al terror de un caos fraticida, las historias de amor valían por dos y, por fin, iba a poder afirmar ante Dios y el mundo que la suya sería eterna.

Pero el sacerdote no repite fórmulas sin sentido y al final la muerte separó, como asumieron aquel día, sus caminos. Juan sentía el calor en su cara, y su vista se empañó de pronto. Ni siquiera sintió ánimos de secarse las lágrimas, y una a una comenzaron a abrirse paso entre sus arrugados rasgos. La lluvia golpeaba furiosa el cristal del autobús, y las ruedas salpicaban los arcenes al pasar sobre los enormes charcos que se habían formado en el piso irregular de la calzada. A su derecha, una mujer joven miraba pensativa al frente. Su pelo negro rizado caía suavemente sobre sus hombros, y unos labios gruesos y suaves culminaban un perfil que, de no haberse acompañado de una expresión tan decidida, muchos habrían tomado por el de una presa de la vanidad. Pero Juan sabía ver en aquella chica cosas que para cualquiera habrían pasado desapercibidas. Al fin y al cabo, Ella también era así.

La recordó radiante, caminando lentamente hacia el altar. El padre sonreía ufano a los presentes mientras la novia, su novia, le miraba fijamente a los ojos. ¡Estaba tan guapa! La esbelta figura, revestida de un blanco inmaculado, coronaba su belleza con una modesta cinta azul y marrón, que ella misma había trenzado, sujetando su melena a ambos lados de la cara. En sus manos resplandecía un sencillo ramo de flores blancas y, tras ella, marchaban torpemente dos chiquillos que apenas levantaban tres palmos del suelo, intentando sostener su parte de la cola. Juan se fijó un momento en los dos pequeños. Aunque diminutos, ambos parecían conscientes del importante papel que jugaban en aquella ceremonia “de mayores” y caminaban con el rostro serio y afectado, con una solemnidad casi sacerdotal. Pensó entonces Juan que la inocencia sí mueve el mundo. Quizá no altere el nuestro, pero desde luego rige el suyo. ¿Qué es lo que nos hace huir de nuestro país de Nunca Jamás?
techCuando perdemos a alguien, siempre se nos dice que el mundo sigue su curso. Pero no para nosotr
La voz del sacerdote le sacó de sus pensamientos. La miró de nuevo un momento y, llorando, se puso lentamente de cara al altar, mientras escuchaba la voz profunda y calmada del clérigo.

−Sí, quiero –contestó ilusionado, y el reloj comenzó a correr.

Un reloj que, hasta entonces, no se había detenido. El viejo descansó un momento su cabeza en el frío cristal y, reprimiendo un sollozo, tragó con dificultad la poca saliva que engrasaba su garganta, atenazada por el llanto. Sin torcer el gesto, giró los ojos y dirigió su mirada hacia delante, por el hueco que separa las filas de asientos del cristal. Todo el mundo guardaba silencio, en un inconsciente luto por Ella. Nadie parecía conocerse, o por lo menos, nadie parecía tener nada que decir. Un poco más allá, la mujer de los rizos de azabache abría un libro de Baudelaire, y en sus ojos palpitaba la pasión del que encuentra en la lectura otra forma de vivir, caminando de la mano de un verso, de un héroe romántico, de un Don Quijote o un pobre diablo.

El autobús dio un brusco frenazo, y todos miraron asustados por el pasillo central, hacia la luna delantera. Un perro se encontraba parado delante del gigante de hierro, ladrando sin parar, inconsciente (o imprudente) como sólo algunos animales pueden serlo. El conductor hizo sonar el claxon repetidas veces, pero aquello no parecía disuadir al perro. No fue hasta que un aldeano tiró del collar del chucho mientras hacía señas de disculpa, que este se movió de su firme posición. Sólo Juan había permanecido inmóvil en su asiento. Tantos años subido al autobús le habían enseñado que esas cosas merecían tanto su atención como cualquier otra, y aquel día la dirección de su mente era única e inalterable.

Porque no todo lo que hace ruido merece la pena, sus vidas pasaron despacito, de puntillas, sobre la atención del mundo, que sólo de vez en cuando volvía su cabeza para hacerles un guiño. Nunca pudieron tener hijos, y los años maduraron un amor que creció con ellos, hasta que la complicidad que se adivinaba en sus ojos era tal que nadie, excepto el otro, sabía lo que pasaba por la cabeza de cada uno. Luego llegó la enfermedad. Como un polizón odiado e indestructible, el cáncer se apoderó de su dama, y ya nunca la abandonaría. Desesperado, Juan removió cielo y tierra para salvarla, pero la respuesta siempre era la misma: “Ya es tarde”. Y el tiempo, hasta entonces un espectador más, dejó claro que era el enemigo.

−¿Qué voy a hacer yo sin ti? –lloraba Juan cada noche.
−Lo mismo que haces conmigo, cariño. ¿De verdad crees que alguien aparte de ti me recordará en unos años?
−Pero… −Juan apreciaba que ella intentara disimular, pero sabía perfectamente cómo se sentía –.
−El día de mi muerte –solía decir entonces−, el mundo seguirá girando.

Y mientras el pobre anciano lloraba en silencio su ausencia, el mundo, como las ruedas de aquel autobús, siguió girando, ajeno siempre al dolor de sus hijos.

techCuando perdemos a alguien, siempre se nos dice que el mundo sigue su curso. Pero no para nosotr

 



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techCuando perdemos a alguien, siempre se nos dice que el mundo sigue su curso. Pero no para nosotr

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Gracias de nuevo
31-10-2005 17:19
Muchas gracias a todos por comentar, en serio. Además, el hecho de tener aquí a todos los pesos pesados de Literatura es una lección impagable, por la cantidad de enseñanzas que se pueden extraer.

Aunque suene a tópico, me apunto todas y cada una de las cosas que no os han gustado (y las que os han gustado, también ;-) ). A ver si la siguiente...

Un saludo

   Me ha gustado mucho, pero...
31-10-2005 13:16
Detalles:
- la ansiedad subía por su pecho, maltratando su consciencia---un pelín exagerado para mi gusto
- y el estómago lleno de mariposas.---quizá hubiera sido mejor evitar el tópico
- y el susurro del motor tendió un quebradizo puente entre aquellos dos momentos, desde el que Juan divisó con miedo el abismo de recuerdos que amenazaba su paso.---esto me encantó
- de no haberse acompañado de una expresión tan decidida, muchos habrían tomado por el de una presa de la vanidad.---¿Por qué las personas decididas, o con expresión decidida, no pueden ser vanas? De acuerdo con que el texto es tuyo, pero en este tipo de conclusiones no se puede usar criterios tan personales
- Pensó entonces Juan que la inocencia sí mueve el mundo. Quizá no altere el nuestro, pero desde luego rige el suyo. ¿Qué es lo que nos hace huir de nuestro país de Nunca Jamás?---interesante aunque muy conocido; pero, teniendo en cuenta que te saltas montones de partes de la historia, ¿es esto más importante que, por ejemplo, contar un poco más de la enfermedad o el asunto de no poder tener hijos?
-Aparte, creo que te has dejado más de una tilde por ahí, pero me da a mí que tu sigues el criterio de la RAE de dar libertad para ponerlas o no, así que…

La verdad es que a mí también me ha quedado la impresión de que, más que usar la redacción para contar la historia, has usado una historia para mostrar tu redacción. De todas formas el resultado creo que es muy bueno, o al menos a mí me ha agradado mucho, especialmente el que los saltos de presente a pasado y viceversa encajen muy bien.

Y la historia… Pues más que molestarme el que la dejes un poco a un lado en este texto, me quedo especulando cómo podría haber sido esto a poco que hubieras profundizado algo más en la imposibilidad de tener hijos, la enfermedad y muerte de la mujer, y alguna pinceladita sobre aquellos años de posguerra, transición y demás…

En resumen, que me ha gustado mucho, aunque lo que te has dejado atrás…

Y esa es mi opinión.

Un saludete.

   bien
20-10-2005 13:50
Como ya ha comentado Tori, no hay mucho más que añadir. Yo veo algo de historia, de estructura argumental al final del relato, cuando se nos habla de la enfermedad, pero no es suficiente.

Ya he comentado que esto está siendo muy común en los relatos de ociojoven. Tenéis un tema interesante y queréis convertirlo en un relato. Pero un tema por sí solo no hace una historia, por mucho que lo queráis estirar como un chicle. Necesitáis además personajes, argumento, hechos, acciones a través de los que se desarrolle el tema.

En cualquier caso, la impresión de este relato ha sido buena.

   Vaya
11-09-2005 17:13
El de abajo es mi comentario, no sabía que otra vez se podía publicar como anónimo.

   La impresión es buena
11-09-2005 17:10
Como ya hemos comentado los fallos que he encontrado, sólo dejar testimonio de que la sensación que queda tras leer el relato es la de una suave melancolía y el deseo de no dejar volar los días sin darles un significado, porque siempre nos faltarán.

   Bien
08-09-2005 15:43
Saludos,

Ya que has puesto un anuncio en Parques, me he pasado por aquí. El texto no está mal. Lo mejor es, por supuesto, la estructura que creas con corrección y lo tierno del sentimiento de la historia. Me ha gustado, además, la coherencia del autor en cuanto a la delineación del personaje, Juan. Dos frases íntimamente relacionadas en una distancia relativamente larga, al menos lo suficiente como para olvidar la primera y reencontrar con sorpresa la segunda que afianza una primera imagen son, por ejemplo, ese "Dios se lo pague" con la posterior "... que pareciera un novio como Dios manda...". También me ha gustado que se enmarcara la historia personal en la mundial, en este caso con la referencia a la Guerra Civil.

Hay dos aspectos negativos que querría comentarte. El primero, menos importante, lo conforman algunos errores de sintaxis propios de cierta ascendencia poética que adivino en el autor. El seguno es, por supuesto, la falta, reitero: para mí, de algo que contar. Encuentro la historia tierna, emotiva pero ciertamente vacía. El símbolo más poderoso del relato, el autobús, lo encuentro claramente desaprovechado en cuanto a su finalidad. Por ejemplo: si bien en el pasado su destino era Santa Ana, en el presente ¿cuál es? ¿Quizás, para redondear, el cementerio? No lo sé... creo que falta cerrar esa puerta. Un detalle más: el pequeño episodio sobre la inocencia que mueve al mundo tiene el añadido filosófico de la pregunta sobre Nunca Jamás. Creo que es un poco tomada por los pelos teniendo en cuenta el marco temporal (Barrie creó al personaje de Peter Pan a principios de siglo) que daría poco margen para que una persona joven, supongo que Juan era joven cuando se casó, adquiera sin más explicación esa sagaz mención a la obra del autor escocés. Igual de breve, la referencia a Baudelaire, citado para nada: ¿dónde va la pasión por la lectura?

Resumiendo: gusto a poco. Creo que alargando algunos cabos de la historia y redondeándola con un final acabado, con algo de "chicha" si el autor me permite la expresión, tendremos un relato mejor alejado del carácter típico/tópico que tiene ahora y cercano a... a donde el autor quiera acercarnos: siempre hay algo detrás de cada historia de amor.

Toritaka.

   OK!
23-10-2005 18:35
Ortografía: cooorrecto.
Estilo: cooorrecto.
Historia: quizás este aspecto sea el más criticable; si bien en cuanto a ortografía y estilo sales airoso y vencedor, un relato de cinco estrellas necesita un poco más de originalidad, aunque no niego que este sea un tema del cual siempre pueden surgir buenos relatos.

Cuatro estrellacas para ti.


PD: Cuando alguien muere, la rueda sigue girando; a este paso, ¡la rueda acabará por salirse de su eje!

   RE: Bien
08-09-2005 22:56
Gran, gran honor para mí. En serio :-)

Veamos, ante todo muchas gracias por la crítica. La verdad es que como ya dije en otro post no esperaba tan buena acogida (o tan poco mala).

El asunto de la falta de "guión", es decir, la falta de consistencia en el argumento del relato era algo que ya me preocupaba a mí. De hecho, era uno de los factores que creía capaces de perjudicarme. De cualquier manera es un error difícil de retocar, y me llevará algún tiempo.

En cuanto al autobús, di por supuesto que se entendía el viaje al cementerio (el protagonista va de luto, lo que ya sé que no es inequívoco, pero ayuda). En lo que respecta a las menciones literarias, es evidente que son fallos míos. No siempre uno está todo lo atento que debería a ese tipo de detalles, que ayudan considerablemente a redondear la narración. Ahí no tengo excusa :-)

Gracias por resaltar los aspectos tópicos de la obra, y por darme un poco de caña. Y, ante todo, gracias a ti y a todo el mundo por pasaros y comentar el relato. Tendré estas cosas en cuenta para mejorar ;-)

Saludos

P.D.: ¿Te importaría señalar esos errores de sintaxis?

   RE:
04-09-2005 17:02
Me ha gustado.

   Me encanta
04-09-2005 17:52
Recuerdo que me lo pasaste cuando estaba recién empezado, y me encantó. Y ahora, terminado, me gusta mucho más. Eres un crack :-)

Un beso

   RE: Me encanta
04-09-2005 17:53
dijo:
Recuerdo que me lo pasaste cuando estaba recién empezado, y me encantó. Y ahora, terminado, me gusta mucho más. Eres un crack :-)

Un beso!

   Muchas gracias...
05-09-2005 22:35
...a todos, de verdad. No esperaba que tuviese tan buena acogida. Es curioso, pero es una de las pocas cosas que he escrito que he basado en sentimientos propios. Será eso...

Gracias de nuevo por pasaros, y por comentarlo.

   Tierno y emotivo
05-09-2005 17:10
Me ha encantado esta mirada a los pequeños secretos de la vida. La técnica utilizada, además, ha sido magistral. Muy bueno. Enhorabuena

   Fantástico.
05-09-2005 16:23
Me has arancado lágrimas. Es una historia preciosa.

   Inmejorable...
05-09-2005 18:11
Una técnica excelente usada para narrar un escrito bellísimo.

No, no lloré... Y me molesta no haberlo hecho.

   Vaya...
04-09-2005 17:16
Me gusta como entrelazas el pasado y el presente, y la forma de describirlo hace que veas las escenas delante de tus ojos. Genial.

Ya casi habia empezado a olvidarme de como escribes... Y a sentir ese pequeño nudo que no se deshace hasta que no acabo de leer... ;-)

Un saludo

   RE: Vaya...
04-09-2005 17:29
Muchas gracias Sve, yo casi me había olvidado de lo que me gustaba ver tu avatar :-)

Creo que la transición en la que se mira las manos me quedó bastante cinematográfica, síp. Eso es ("Vanidad de vanidades...") lo que más me gusta a mí del relato.

Gracias a Aristo y a todos los demás por leerlo y/o valorarlo.

Un saludo



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