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Creí que soñaba un mundo en perpetua regresión. Todo era ser burbujeante, criatura quebradiza que con una mirada se difuminaba en aire gris. El cielo enrojecido traía consigo vientos de acidez; la imagen al horizonte de una gran ciudad flameaba a causa del sofocante calor. En verdad, ya sabía que aquél no era mi Mundo, no el que contemplaba por las mañanas con un café y un cigarrillo del que apurar el filtro. Mi Mundo de Allí era más… no encuentro la palabra exacta… tal vez la recuerde más tarde. En el sueño, mi Mundo estaba ajado y la tierra tenía la apariencia agrietada del cauce de un río ya sin vida. En mi Mundo el agua se pagaba a precio de oro, y el oro a precio de oxígeno limpio.
–ARENA EN LA GARGANTA–
Creí que soñaba un mundo en perpetua regresión. Todo era ser burbujeante, criatura quebradiza que con una mirada se difuminaba en aire gris. El cielo enrojecido traía consigo vientos de acidez; la imagen al horizonte de una gran ciudad flameaba a causa del sofocante calor. En verdad, ya sabía que aquél no era mi Mundo, no el que contemplaba por las mañanas con un café y un cigarrillo del que apurar el filtro. Mi Mundo de Allí era más… no encuentro la palabra exacta… tal vez la recuerde más tarde. En el sueño, mi Mundo estaba ajado y la tierra tenía la apariencia agrietada del cauce de un río ya sin vida. En mi Mundo el agua se pagaba a precio de oro, y el oro a precio de oxígeno limpio.
Yo estaba echado decúbito prono en un desierto, mi cuerpo deshidratado, no más que un pedazo enteco de carne, hueso y sudor, enceguecido, e intentaba llegar hasta algún lugar arrastrándome como mejor podía.
CASI NO PODÍA RESPIRAR.
Esta sensación la tengo clavada bajo mis uñas. También la sensación de una mano sarmentosa tirando de mí cuando el arrastrarse se había convertido ya en una tarea infructuosa, aplicándome un paño húmedo en la frente que me devolvió parte del sentido, fugado de mi mente desde sólo el tiempo sabe cuántos días atrás. Me susurró una voz cálida, que sabía disimular los tonos agrios de la vejez. Preguntó:
¿ME ESCUCHAS?
Pero llegaba algo lejana, atenuada por las paredes de una cueva. Intenté estirar un brazo para poder tocar el rostro que me hablaba, sin conseguir nada más que un profundo dolor en el hombro pelado por el sol. El paño pasó otra vez por mi frente.
¿ME ESCUCHAS?
Yo respondí que sí, que le escuchaba, si una tos espasmódica puede considerarse aserción. La arena metida en la garganta me impedía hablar con nitidez, haciendo en cada apurado respirar un rasgueo de cuerdas vocales. Difuminado por las lágrimas podía ver a aquél anciano, a aquella figura que se semejaba más al reflejo en un lago; tenía el atezado torso desnudo, y llevaba un colgante en forma de cruz. Un símbolo religioso que logré identificar con rapidez, a pesar de mi condición atea.
–¿Me escuchas? –ahora me llegaba más nítido–. ¿Estás ahí?
Sentí que me abofeteaban las mejillas. Balbucié algo más entendible, aunque seguían siendo palabras abstrusas que no pretendían llegar a ningún oído, fútiles muestras de lasitud. Estoy aquí… puedo oírte… puedo hablar… De lo que mis labios salió se podría describir mejor como aqu.. edo.. rte… blar..
El individuo me cogió por los pies y me condujo a lo que sin duda debía ser una cabaña de fabricación propia, por adolecer de todas las comodidades de las que disponen las casas convencionales. Adiviné los contornos de las vasijas, la tosca chimenea y los parcos utensilios culinarios; el sol se colaba por entre las ramas, pero grosso modo el ambiente era fresco. Mi rescatador se afanaba en cocer algo que bullía en una perola, yendo de aquí para allá en busca de algunas especias que, amontonadas en decrépitos estantes, esperaban pacientes su turno. Reconocí algunas hierbas, romero, clavo, mas algunas me resultaban extrañas.
Me reincorporé; la cabeza latía con vehemencia, y un ruido de motores reinaba en el silencio. Mi protector buscaba en los estantes y no se dio cuenta de que estaba yo sentado, indagando acerca de mi ignoto paradero.
–¿Dónde estoy? –pregunté, anteponiendo a mis palabras un carraspeo para llamar la atención del anciano.
Éste siguió rebuscando y hasta que no tuvo lo deseado encerrado en su puño no se dignó a contestar.
–¿Ya te has despertado? –dijo, mirándome como si fuera un perro–. Me alegro. Creí que estabas muerto. Unos segundos más y hubieras sido pasto de las arenas de este desierto. Ten, toma un poco, te sentará bien.
Me tendió un cuenco al que añadió una cucharada del contenido de la olla, un sopicaldo que, a pesar de todo, no olía mal. Lo tomé con precaución para no quemarme; mi estómago dijo que se podía quedar.
–Estás –continuó, sirviéndose una ración– en el último lugar donde te gustaría pasar la noche. Un punto indeterminado en un lugar indeterminado. Una reserva en medio del desierto, sólo eso, sólo para nosotros.
–No entiendo –dije, secándome el sudor–. ¿Qué me ha pasado?
–Tuviste una insolación. Es la maldita Gripe, no deja títere con cabeza.
–¿La gripe? ¿A qué te refieres?
–La Gripe, muchacho –pareció sorprenderse–. ¿Es que no estás al corriente? Hace sólo cuestión de días empezó arrasando China y ahora es imparable. Yo también estoy contagiado; de lo contrario hubiera dejado que te pudrieses allá afuera. Pero tengo esto, esto me ayuda.
Cogió la cruz y empezó a estamparle besos. Se sentó entonces a mi lado, doblando las piernas como si pretendiese alcanzar el nirvana.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Excelente |
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20-11-2005 14:40 |
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Maravilloso relato, me has dejado sin palabras.
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Me ha gustado mucho |
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04-10-2005 23:31 |
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Vaya, gran atmósfera, sí señor. La verdad es que el relato es de esos que son “más experiencia que lectura”. Aparte de eso tiene tu sello en la redacción, muy elaborado, aunque para mi gusto creo que ha quedado un poco “durillo”, no entra con tanta facilidad.
Creo que la búsqueda de un mayor número de vocablos utilizados durante la escritura ha estado bien o muy bien en algunos momentos, aunque algo fallida en otros, y aparte de eso he notado algunos despistes (atenuada por las paredes de una cueva---que yo sepa las paredes de una cueva suelen producir eco, y eso no es atenuar/De lo que mis labios salió se podría describir mejor como aqu.. edo.. rte… blar..---esto está mal construido/En el desconcierto asomé la napia por la puerta---“napia” no era la aplabra/Envuelto en terremoto dejé que mi garganta---demasiado arriesgado para mi gusto/ y algunas otras más, sobre todo pasajes quizá algo más confusos de la cuenta a pesar de ser un sueño).
En fin, quizá una ligero “suavizado” de la redacción sería necesario para que la sensación llegue mejor, pero aún así me ha gustado mucho.
Y esa es mi opinión.
Un saludete.
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bien |
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27-09-2005 23:59 |
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Misma impresión que Semper: un inicio pesado y desconcertante, pero va cogiendo ritmo hasta el final. Un relato que hay que leer dos veces para disfrutar plenamente. En general me ha gustado.
"Balbucié" ¿Balbucí?
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De cinco estrellas |
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27-09-2005 17:15 |
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¿Qué puedo decir que no te hayan dicho ya? Un relato fabuloso, fascinante de principio a fin. Te atrapa y no te deja escapar.
Esta muy bien redactado, únicamente le he visto dos errores (de poca importancia:
"Difuminado por las lágrimas podía ver a aquél anciano" ese "aquel" precede a un sustantivo, por tanto, no lleva tilde.
"Unos segundos más y hubieras sido pasto de las arenas de este desierto" un error muy común en el uso del condicional; no es "hubieras" sino "habrías".
No suelo puntuar con cinco, pero tu relato se lo merece. Excelente.
Nos vemos.
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Increíble |
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02-09-2005 07:53 |
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Increíble. me ha resultado sobrecogedor. me ha enganchado hasta el final.
No me ha resultado nada dificil leerlo. Muy ameno.
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Hola Barón de la birra |
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24-08-2005 05:12 |
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Esta semana sí salió bien publicado.
El relato me pareció bastante atrapante desde el comienzo. Me gusta el aire onírico que le das, como un sueño que no se sabe muy bien si lo es o no.
Muy bien redactado, se nota que eliges las palabras con cuidado.
Me encantó.
Saludos!
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Fregao! |
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27-08-2005 00:21 |
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¡Pues vaya un fregao que se montó! Os agradezco el trabajo, sobre todo en lo que atañe a la maquetación, las imágenes son soberbias, muy bien escogidas.
Napia es nariz, pero me he equivocado porque es en plural: "Asomé las napias por la puerta". Me sigue sonando extraño [está fuera de contexto porque le da al relato un tono demasiado vulgar].
Una cosa, babi, ¿por qué en esta segunda versión se ha usado una imagen distinta de la que yo envié?
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¡¿¡¿¡¿¡¿Napia?!?!?!?! |
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24-08-2005 13:19 |
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Cuando una única palabra chirría en todo el relato es que se trata de un trabajo formidable. Estoy impresionado.
Hacía tiempo que no leía un texto con el léxico tan escogido y, al mismo tiempo, tan bien escogio -porque no tienen porque ser cosas que vayan unidas y, de hecho, rara vez lo hacen-.
La historia en sí me ha gustado mucho y creo que has elegido muy bien el modo narrativo en cada fragmento.
¡Excelsior!
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está muy bien |
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25-08-2005 03:53 |
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aunque a veces hay partes que me han parecido un pelín recargadas, pero en general me ha gustado mucho y el ambiente está muy bien logrado. Gracias por compartirlo.
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Está muy bien! |
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25-08-2005 18:00 |
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Tiene razón Babilonia, el relato te atrapa hasta el final, aunque reconozco que algunas palabras tuve que buscarlas en un diccionario porque no las conocía.
Un saludo
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extraño |
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24-08-2005 13:25 |
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Al principio me parecio pesado aunque luego ganó en agilidad, por otra parte, aunque muestras un lenguaje rico y variado, hay palabras mal escritas.
Por otra parte has puesto tantas reflexiones que el texto se me hace algo lento, no pesado, pero si lento. Aunque me gustan las relfexiones sobre el papel de colores, me parece muy cierta.
En cuanto al argumento, simplemente me ha gustado.
Hasta mas ver!
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