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El Demonio Rojo recorrió pasillos de lava hasta que vislumbró a un fornido demonio, de musculosos brazos y piernas, cuernos de toro que emergían de sus sienes y una robusta espalda. Una cola roja y puntiaguda salía de su trasero, enfundado en un taparrabos de cuero, única prenda que llevaba. El color de su piel era de un gris rosáceo.
-Saludos, poderoso Rötar, me alegro de verte –mintió.
El demonio se dio la vuelta para ver a su interlocutor y le permitió ver sus facciones. Le miró con unos ojos tan rojos como los suyos, le olió con su nariz de cerdo y abrió su horrible boca para hablar.
-Llegas tarde –dijo bruscamente.- El Señor de la Oscuridad te está esperando en su trono. Sé que no habitúa ir allí, pero éste es un caso especial. Ve a verle inmediatamente.
-Ahora voy –respondió el Demonio Rojo.
-Pues no pierdas el tiempo con tus estúpidas palabras –replicó Rótar, y volvió rápidamente la espalda para continuar con su trabajo.
-¡Simpático! –murmuró el Demonio Rojo cuando se alejó un poco.
El monstruo cambió de dirección y se adentró en un nuevo pasadizo que poco a poco fue perdiendo el tono rojizo de las paredes y del suelo por un gris marmóreo. Pronto observó que la zona estaba ricamente decorada con horribles figuras de oro representando a demonios y otras criaturas satánicas. En el suelo había una larga alfombra roja con bordes dorados. En frente del tapiz había un trono negro con la figura de la calavera de un demonio en el respaldo. Sentado en el trono estaba la figura fantasmagórica que había visto en la Ciénaga Maldita, aunque ahora era sólido y no un simple espectro. Sus ropas eran grises como la roca, tenía un casco con cuernos de toro que contaba con una ranura que sólo dejaba ver sus ojos rojos y sus brazos desnudos eran tan negros como un cielo nocturno, despejado y sin estrellas. Era el Señor de la Oscuridad. El poderoso demonio giró la cabeza hacia el Demonio Rojo y le indicó con un ademán de su oscura mano derecha que se acercara. El monstruo obedeció la orden sin rechistar y se postró ante él.
-Levántate –le ordenó el Señor de la Oscuridad con una retumbante voz cavernosa.- Hemos de acabar este asunto con rapidez.
-Sí, señor –dijo el Demonio Rojo tras incorporarse.- ¿Para qué me ha hecho venir, mi señor?
-Lo único que necesito es información –respondió su superior.- Pero quiero oírtelo decir a ti en persona, no a través de visiones o terceras personas.
-Claro, señor –dijo el Demonio Rojo, sumiso.
-¿Y bien? –repuso el Señor de la Oscuridad.- Estoy esperando…
El Demonio Rojo miró temeroso a su amo y empezó a hablar con voz vacilante. No le gustaba en absoluto cómo iban las cosas, pero confiaba en poder arreglar las cosas con su saber hablar.
-Bueno –empezó-, la verdad es que es algo difícil de creer, pero he sido derrotado por un humano.
-¿Un humano? –estalló el Señor de la Oscuridad-, ¿cómo es posible que te dejes derrotar por un asqueroso y vulgar humano?
-Si me permite –dijo el Demonio Rojo con muchísima educación-, le contaré todo lo que pasó.
El Señor de la Oscuridad miró impaciente a su vasallo y le hizo un ademán con la mano derecha para que prosiguiera.
-El problema de ese humano –prosiguió el Demonio Rojo-, es que tenía la espada de La Gran Bestia. No sé cómo la consiguió, pero la tenía. Al saber que posiblemente era el elegido sobre la leyenda de la invocación, envié a mis demonios para que acabaran con él, pero finalmente llegó al Bosque Gris y recuperó el poder de La Gran Bestia. Cuando me enfrenté a él, fui traicionado por uno de mis guerreros y el humano pudo invocar a La Gran Bestia. El resto, supongo que se lo imaginará.
El Señor de la Oscuridad se recostó en su trono, pensativo. Ése sería un problema para su diabólico plan, pero todavía estaba a tiempo de solucionarlo. Miró finalmente a su siervo y le preguntó:
-Ese humano, ¿tiene nombre? ¿Cómo se llama?
-Claro que tiene –replicó el Demonio Rojo-, se llama Lance.
-Y, ¿cómo es posible que consiguiera invocar a La Gran Bestia? –dijo el Señor de la Oscuridad.- ¿Acaso no te entrené suficientemente en las Artes Oscuras? ¿Cómo pudiste fracasar de esa manera?
El Demonio Rojo retrocedió ante la súbita ira de su amo, pero rápidamente recuperó la compostura y se preparó para dar una respuesta que el consideraba idónea para arreglar las cosas.
-Nunca le he fallado, mi señor –dijo-, pero lamento no haber conseguido lo que usted me encargó. No me imaginé que Lance consiguiera jamás recuperar el poder de La Gran Bestia. Creo que tuve un exceso de confianza. Sin embargo, ahora le conozco muy bien, y creo que si usted me concediera más poder, sería capaz de derrotarle –concluyó con una cordial sonrisa.
El Señor de la Oscuridad se levantó lentamente y miró al Demonio Rojo. Entonces gritó coléricamente:
-¿Me tomas por estúpido? ¡Jamás volvería en confiar en ti una misión! ¡Ya no te necesito para nada, gusano!
El Señor de la Oscuridad alargó una mano hacia el Demonio Rojo y lo pulverizó con un rayo rojo. Poco a poco, el monstruo se alejó del trono y miró las cenizas que habían sido hasta hacía poco tiempo su brazo derecho. El Señor de la Oscuridad sonrió gozoso y llamó a Rötar con un agudo aullido.
Desde su puesto, Rötar oyó la llamada de su amo y desplegó sus alas de gárgola. Rápidamente llegó al lugar donde se hallaba, volando, y aterrizó en frente de él, arrodillándose respetuosamente. Rötar miró todavía postrado a la cabeza del Señor de la Oscuridad y le preguntó:
-¿Me ha mandado llamar, mi señor?
-Sí, mi fiel Rötar –dijo el Señor de la Oscuridad.- Primero te haré una advertencia –señaló a las cenizas.- Eso es todo lo que queda del Demonio Rojo. Si me fallas igual que él, acabarás igual.
Rötar tragó saliva y siguió expectante, esperando el mensaje de su señor.
-Te preguntarás por qué te he llamado –dijo el Señor de la Oscuridad.- La verdad es que he decidido que es el momento para la Gran Conjunción. Dentro de unos pocos días será el alineamiento de los planetas. Ése es el momento en que he decidido empezar con la Gran Conjunción.
-Y, ¿qué tiene eso que ver conmigo? –preguntó Rötar.
-Todavía hay un factor que puede hacer fracasar la Gran Conjunción –respondió el Señor de la Oscuridad.- Ese factor se llama Lance. Con el poder de La Gran Bestia puede hacer fracasar nuestros planes. Quiero que me ayudes a matarlo.
Rötar miró a su amo y asintió. Poco a poco, fue consciente de la situación y empezó a reír con maldad. Por fin se acabaría la rutina. Un poco de acción le vendría bien para probar su nueva fuerza, fruto de las almas que había absorbido en su puesto de trabajo.
-Estaré encantado de ayudarle, mi señor –respondió.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Annihilator |
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23-07-2007 22:39 |
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wena
esta super wena la historia
que pena que el Demino Rojo se murio
camino para asarkarse a su fin
y el demonio rojo como se llamaba
tiene que tener un nombre
no puede llamarse solamente demonio rosa
hojala que vuelva a la vida
porke la historia se estava centrando en el
y el señor de la oscuridad osea yo
tiene que ser mas sadico por algo es el señor de la oscuridad
weno, eso es mi aporte
igual 0aporte
adios espero la 3 parte
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Descripciones |
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15-11-2005 13:28 |
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Una nueva entrega de esta saga que nos sirve de resumen de la saga anterior. A mi parecer la redacción ha mejorado bastante y está más centrado el adónde quieres ir.
Sin embargo, creo que deberías prestar más atención al qué describes y por qué. Cada una de las descripciones tiene que tener un sentido y no sólo servirte a exponernos tus gustos estéticos.
Las descripciones tienen que situar al lector en el punto adecuado para que los momentos de tensión -muerte del Demonio Rojo- se sientan como tales.
También les daría un significado más "diabólico" a sus acciones y a su modo de expresarse, porque quedan demasiado "cotidianos", aunque creo que el efecto es intencionado.
Un saludo
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RE: Descripciones |
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24-11-2005 11:02 |
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Sí, la forma de expresarse tan cotidiana de los demonios es a propósito, porque pretendo darle un enfoque más humorístico que en la historia del Demonio Rojo.
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